El plan de la villana Roxanne – Capítulo 22: Dos años en dos pasos

Escrito por Polly

Asesorado por Grainne

Editado por Shiro


El día de campo fue agotador, si era que pudiese llamarle así. En realidad pasé un gran momento, pero jamás hubiera esperado lo que me iba a encontrar cuando Katherine abrió la puerta.

Los sirvientes dejaron caer papeles de colores y pétalos sobre nosotros mientras todos gritaban a coro las palabras: «¡Sorpresa! ¡Feliz Cumpleaños!». De hecho, no llegué a procesar o analizar lo que estaba ocurriendo.

Necesité un momento para poder deshacerme del impacto reflejado en mi cara. Mientras los sirvientes me sonreían, Katherine se acercaba a mí para poder tomar mis manos. Entonces susurró tiernas palabras a la par que mi familia me miraba con una expresión que podría considerarse de orgullo. Después de tantos de problemas, idas y vueltas, confusiones, además de toneladas de estrés, había olvidado que hoy cumplo seis años.

Claro que cuando eres una mujer adulta como yo, te olvidas por un momento que cumplirás de nuevo los tres, cuatro, cinco… En el momento que sobrepase mi expectativa de vida cuando, basándome en la edad que llegué como Lori, ahí será cuando esté en verdad emocionada. 

De cualquier manera, ver aquella fiesta sorpresa hizo que mi corazón se acelerara y mis ojos se llenaran de lágrimas. En verdad mi familia había hecho eso para mí, por eso mi padre había cambiado tan rápido de idea sobre la fecha del picnic y había conseguido que John llegara a la casa.

—¿Roxanne? —preguntó mi padre despacio en un susurro a mi oído, cosa que me hizo girar para poder ver su rostro. Supe que estaba llorando cuando pasó su pulgar por mi mejilla, recogiendo unas gotas del agua salada.

Si cada vez que me preparen una fiesta sorpresa voy a llorar, creerán que no me gusta.  

—Perdón, papá, pero es que estoy muy feliz. —Le sonreí ampliamente antes de darle un abrazo por el cuello. Todos a mi alrededor empezaron a aplaudir y celebrar.

Después de eso, comí con mi familia. Había un enorme pastel de chocolate con fresas y los regalos comenzaron a llegar. Mi hermano John me trajo un par de zapatos rosados con un moño a los lados, algo muy adorable que combinaba con la imagen que tenía de mí. George me dio una daga dorada con un rubí incrustado, el regalo alarmó a Katherine pero creo que tenía sentido, combina bien con mi hermano. En cuanto a mi padre… No debí sorprenderme, pero lo hice cuando un poni blanco fue metido dentro de la casa.

Jamás fui de las niñas que soñaron con tener un poni, pero tampoco pude evitar emocionarme al ver el hermoso animal. Decidí llamarlo Pinky. Nadie entendió por qué ese nombre tan extraño.

Todos se habían esforzado para poder darme una fiesta increíble. Alexander se tomó el trabajo de comprarme un vestido turquesa, era hermoso aunque algo llamativo. Ronan me dio un ramo de flores, quizás temía comprarme algo que no me gustara, pero las flores eran perfectas. Incluso me llevé una grata sorpresa al ver que Kalie me había mandado un oso de peluche y su hermano mayor me había enviado un hermoso listón color violeta con unos bordados de flores. Y lo que hizo que todos se quedaran impactados, sobre todo mis hermanos y mi padre, fue un pequeño obsequio del príncipe, que era una cajita donde dentro había un cisne de cristal.

Más tarde, al momento en que Katherine me llevó a mi habitación para poder ponerme la pijama, cepillar mi cabello y arroparme para dormir, me dio un un pequeño paquete que tenía dentro un par de guantes blancos que ella misma había estado tejiendo para mi.

Así que esto se siente ser querida. 

♦ ♦ ♦

Después de ese cumpleaños, decidí estar más atenta, no se me pasaría ni una sola fecha frente a los ojos. Dicen que mientras más consciente eres de la vida, mientras más la disfrutas, más rápido se pasa.

En un parpadeo ya habían pasado dos años, y de nuevo era mi fecha más importante, pero no se trataba de un cumpleaños número ocho como cualquier otro. El séptimo fue divertido, y pude invitar a Kalie a mi hogar para pasarlo junto a mi familia, no fue una sorpresa que asistiera con la suya.

Aunque por supuesto, mi padre fue quien se encargó de las invitaciones. Esto no era como en mi mundo donde los niños daban tarjetas en forma de un personaje de televisión donde se le decía a los niños que estaban invitados a su cumpleaños. Esa fue la primera vez que tuve invitados en mi fiesta: Kalie, Aldelois y sus padres. Tengo que decir que lucían como una pareja muy agradable.

Pero ya estaba a la vuelta de la esquina mi octavo cumpleaños, y con él una bomba que no me estaba esperando. Bueno, en realidad, aún no era el día de mi cumpleaños, sino casi un mes antes durante el desayuno que estaba teniendo con mi padre y mi hermano George, quien, de manera positiva, logró llegar a una etapa de madurez bastante agradable en los últimos dos años. Parecía estar tomando ese atractivo masculino con el cual lo describían en la novela.

—Vamos a hacer la fiesta para ti, ya es momento de presentarte en sociedad. —La voz de mi padre resonó en el silencio del comedor y mis manos se quedaron congeladas inmediatamente después. En ese momento, sentí cómo mi corazón parecía estar a punto de salirse de mi pecho.

Ya hacía dos años había pasado exactamente lo mismo. Era verdad que en ese momento tenía seis años y que luego de eso logré una mayor madurez pero no lo sé, no estaba segura de enfrentarme de verdad a la sociedad de este libro, donde tu posición en la escala social te definía.

—Padre, yo, muchas gracias. En verdad, pero yo… quizás no me sienta segura. ¿Te parece bien que tenga una fiesta? ¿No crees que pondré en vergüenza a nuestra familia?

Era mentira, sabía que yo era capaz de comportarme perfectamente frente a la sociedad. La señora Alvor era una maestra excelente, y ella afirmaba que yo era una de sus mejores alumnas. Sumado a esto estaba, además, el hecho de que tenía muy buena relación con el príncipe y la familia Aldelois.

Pero no quería hacerlo, no me gustaban las reuniones sociales. Cuando eres presentado, todos empiezan a tener la excusa de hablarte o invitarte a otras fiestas. Mi padre era una de las personas más influyentes, y sin duda alguna todos querrán comenzar a acercarse a mí, además de que Roxanne siempre fue criticada por ser hija de una desconocida.

—No, estás preparada para poder hacerlo. Todos van a poder ver cómo es mi hija perfecta.

Quizás era exagerado, pero eso mismo dijo el duque sin una pizca de gracia en su sereno rostro. Lo decía en verdad.

Maldita sea.

—Está bien, padre, si es en verdad lo que crees, yo daré mi mayor esfuerzo para que se sienta orgulloso de mí. —Lo miré con mi más grande sonrisa cuando le respondí, intentando ocultar mi desagrado. Solo quería salir corriendo y aferrarme a la falda de Katherine para que ella pudiera ocultarme de los planes exagerados del duque.

Entonces George se acercó a mí para poder revolverme el cabello, mis pobres trenzas se estaban desarmando.

—Todo saldrá bien, boba. Padre lleva meses organizando todo para que tengas una buena fiesta. Esta semana solamente debes probarte el vestido para que lo ajusten —dijo para aliviar mis nervios.

La revelación de mi hermano me tomó con la guardia baja, no podía creer lo que estaba pasando. Habían estado preparando la fiesta durante tanto tiempo y no me había dado cuenta en ningún momento. Siempre pensé que era una mujer que se fijaba en los detalles y que era lo suficientemente inteligente, pero aun así se me escapó algo tan importante como la organización de una enorme reunión en mi honor.

—Señorita, hoy mismo vamos a ir con la costurera para poder probarle su vestido y ver los ajustes. Le encantará, su padre tiene un gran gusto por la ropa para usted. —Cuando Katherine dijo eso, fue que me di cuenta que todos habían estado organizando esa enorme fiesta para mí.

En estos años estuve bajando mi guardia por la comodidad y ahora todos me veían con calma. En ese momento me di cuenta que no era más que una muñequita preparándose para ser vestida. No tenía sentido resistirse, a veces era mejor dejarse llevar por la corriente y pedirle a Dios que todo salga bien.

—Ya quiero ver el vestido que padre eligió para mí.

♦ ♦ ♦

Los siguientes seis días estuve viendo el fruto de meses de conspiración para mi fiesta. Ninguna persona estaba exenta de trabajos, todos estaban moviendo mesas, sillas, cambiando cortinas, manteles, incluso vi flores ser entregadas y desechadas, según mi padre era porque tenían un pétalo torcido o no lucían lo suficientemente frescas.

Todo debía ser perfecto. Me daba miedo llegar a meterme en el medio para dar mi opinión. Quizás el duque podía llegar a morder como un perro rabioso en ciertos momentos, pero fuera de eso, era lindo saber que alguien se tomaba tantas molestias por mí.

Katherine también estaba más que emocionada. Me hizo un sinfín de peinados para probar cuál quedaría mejor. Por supuesto, en cada uno de ellos dijo que me quedaba perfecto. Al final, la elección fue mía y traté de que se mantuviera lo más sencillo posible.

Una trenza corona decorada con un colgante de rubí en forma de diamante que quedaba en mi frente fue la elección perfecta para llevar con el vestido que mi padre había arreglado con la diseñadora. Mientras que yo me estaba esperando el vestido más pomposo y exagerado que fuese posible, en cambio, me encontré con una grata sorpresa.

El vestido era rosa, no podía esperar menos de un vestido para una niña, pero era un corte tranquilo. Los pliegues le daban un poco de volumen en la falda mientras que las mangas, decoradas con unos encajes de flores en los puños, caían suavemente sobre mis brazos sin tener que apretarlos. No tenía estampados sino unas rosas de telas que decoraban un lado de la cintura en un manojo de tres solamente, dando la sensación de que llevaba un pequeño buqué colocado allí. Por último, la parte superior era de corte recto con el mismo encaje que tenía en los puños y unos trazos en hilos de oro en el centro en forma de arabescos. Era elegante, sencillo y hermoso.

—Señorita Roxanne, su padre está aquí y los invitados la están esperando. —La voz de Francis sonó del otro lado de la puerta de mi habitación mientras que Katherine me daba una cálida sonrisa, seguramente notando los nervios que se reflejaban en mi cara.

Ya era momento del show.

—Está bien, pasen —dije en voz apenas audible, y mi puerta se abrió.

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