El plan de la villana Roxanne – Capítulo 21: La nobleza y la tierra no se mezclan

Escrito por Polly

Asesorado por Grainne

Editado por Shiro


—¡John, eres tú! —Sonreí de mejilla a mejilla mientras la tierna mano de mi hermano se pasaba por mis cabellos dorados, en verdad él estaba allí. No era por nada pero John era mi favorito, por lejos.

—Padre me mandó a llamar y vine lo más rápido posible. Estaba esperando poder venir a verte, y cuando llegó la carta pidiendo que viniera un fin de semana con ustedes por temas familiares fue lo mejor… Me dijo que quería ir a… ¿a un picnic? ¿Es así?

Entonces lo entendí, mi padre había cancelado los planes para poder llamar a mi hermano mayor y que pasara tiempo con nosotros. Él lo hizo por lo que yo le había dicho, en verdad ese hombre era algo increíble. 

—Sí, quería que pudiéramos salir todos… Padre quería que hiciéramos una enorme fiesta, pero yo prefería que saliéramos juntos a comer.

—¿Padre? ¿Quería una enorme fiesta? No suena a algo que él haría claro que… —Sus ojos verdes se encontraron con los míos, dándome una tierna y devastadora sonrisa—. Teniéndote a ti, no me sorprende que quiera presumir en una enorme fiesta, mi dulce Rosy… Pero creo que tienes razón, salir a comer nosotros es mucho mejor. Así paso tiempo con ustedes, me gustaría que estuviéramos en un lugar tranquilo para charlar.

Su mano revolvió con cuidado mis rizos y me ayudó a salir con cuidado de la cama. Había mejorado poco a poco, pero después de más de un mes sin vernos, pude ver que el cambio era abismal. Su piel tenía un tono más sano y brillante, además tenía la fuerza como para poder levantarme, y eso que me gustaba comer postres.

—Espero que me regales más bolsitas de hierbas, Rosy… A mi compañero de cuarto también le gustaría una, pero no le iba a entregar la mía. Haces cosas increíbles, seguro que podrías abrir tu propio negocio cuando tengas edad.

¿Mi propio negocio? No suena mal, tener mi propia tienda, vender ungüentos, mezclas secas para infusiones, aromatizantes… Si funciona en mi época, ¿por qué no funcionaría aquí? 

—Está bien, te prepararé todos los que necesites. —Tomando su mano, y con mis pies hundidos en las pantuflas, caminé despacio fuera de mi habitación. En la entrada estaba Francis haciendo guardia, y Katherine mirándole fijamente con una taza humeante y de suave aroma a jazmines.

—¿Kath?

Cuando llamé su atención con mi suave voz, solo sentí la mano de John soltarme un poco para luego cargarme con sus finos brazos.

—Le pedí a Katherine que te preparara algo de té de jazmines para que te sientas mejor. ¿Qué dices si mejor lo tomamos en mi cuarto como cuando eras pequeñita?

—Me encantaría. —En cuanto sonreí para él, me correspondió de la misma manera. Katherine no lucía feliz con que mi hermano me llevara en brazos, pero ella solo nos dedicó un suave asentimiento con la cabeza antes de levantar el mentón frente a Francis, dándose media vuelta y caminando tras nosotros.

Es raro, nunca es así… creo que ella y Francis no se llevan para nada bien. 

—Padre y George estaban muy preocupados cuando llegué, pero creo que podemos dejar que se preocupen un poco más. Quizás así aprendan a ser más cuidadosos contigo. —Como era de esperarse de mi personaje favorito, tan tierno como inteligente. Estoy segura de que él hubiera podido ser un gran duque de haber tenido la oportunidad.

—Señorito John, ¿acaso no quiere que le informe a su padre sobre la condición de la señorita? —Kath lucía preocupada al hablar, quizás le asustaba la idea de ocultarle algo a mi poderoso padre.

—No estoy diciendo eso, solo que esperemos un momento hasta que él se pueda dar cuenta solo de ello —dijo con una sonrisa llena de ese carisma de un pequeño genio malvado, quizás tenía más del duque de lo que había imaginado.

Ya sin decir ninguna palabra solo caminamos al cuarto de mi hermano mayor, que seguía tal cual lo había dejado antes de marcharse a la escuela. Las sirvientas solo entraban eventualmente para poder limpiarlo, dejar que el aire corriera y colocar algunas flores para darle un mejor aspecto.

—Queremos tomar el té en mi balcón. —John dio una mirada a Katherine y ella solo asintió con suavidad antes de adelantarse para abrir el ventanal que tenía el cuarto de mi hermano, con una perfecta vista hacia el jardín de la mansión.

Con calma, nos dirigimos a las sillas blancas que se prepararon para nosotros, el sol aún no llegaba a esa zona, por lo que no nos iba a molestar, además de que había una brisa muy agradable que estaba recorriendo las hierbas y haciendo que las hojas se mecieran.

Kath me dio mi taza de té con una de sus dulces sonrisas y ese aroma floral abrió mis fosas nasales, dándome un momento de paz mental. Con cuidado, di unos pequeños sorbos; tenía la temperatura perfecta para no quemarme, pero no estaba frío.

Estos eran esos pequeños momentos de paz, de gustos que eran tan sencillos que le daban a la vida ese sabor dulce que la hace agradable. En verdad, cuando era Lori tenía esos pequeños momentos, me gustaba salir de clases, comprar un café en un pequeño puesto frente a la universidad y luego, sentarme en la banca frente a la fuente central del parque, para solo mirar la vida pasar frente a mis ojos mientras disfrutaba de mi bebida caliente.

Creo que extraño el café, pero quién le daría a una pequeña cafeína. 

—¡John! ¿Estás aquí? —dijo una voz que se escuchó luego del impacto de la puerta del cuarto de John. Él entró presuroso, mirándonos fijamente a ambos. Se veía que estaba emocionado; aunque no le gustaba admitirlo en voz alta, también extrañó a nuestro hermano.

—George, ¿padre no ha hablado contigo respecto a entrar de esa manera en las habitaciones? —Mientras hablaba, la voz de John era suave y tranquila, pero sin duda su mirada fija en el hermano del medio solo era interpretada como un duro regaño.

Dejando salir un «ah», George salió despacio del cuarto, cerrando de nuevo la puerta. Entonces se escuchó un pequeño golpeteo antes de que se escuchara el leve sonido de las bisagras rechinando, tras lo que mi hermano se asomó con la cara de un perrito regañado.

—Con permiso.

—Adelante —dijo John, dejando salir una pequeña risa. Finalmente, los hermanos se reunieron, era algo tierno ver como George se acercó despacio a él, guardando respeto. La novela se equivocaba mucho, en verdad se tenían mucho cariño, y no era la intención del menor quedarse con el puesto del ducado.

—Veo que has cuidado muy bien de Roxanne, gracias.

Ambos estaban teniendo su momento, y yo no quise interrumpirlos, solo seguí bebiendo de mi taza de té mientras que compartía una sonrisa con Katherine, que al parecer estaba pensando igual que yo.

♦ ♦ ♦

Ya estábamos sobre un carruaje que nos estaba llevando a un campo abierto para poder ir a comer en un picnic. Había una carreta solo para llevar las cosas para comer, lo que me pareció excesivo, pero el duque derrochaba excesos. De igual manera, estaba dispuesta a disfrutar un día al aire libre, aunque debía decir que podía llegar a ser mejor si mi pequeña y joven compañera de juegos estuviera allí, pero era verdad que padre hizo suficiente con traer a mi hermano mayor.

—Toma, John, quiero que te pongas esto —le dije asomando un tarro de pomada que había hecho.

—¿Qué es esto? —preguntó tomándolo con cuidado. Era mi mezcla patentada para ahuyentar a los insectos. Al abrirlo sintió el aroma, pero probé todo lo posible para poder aromatizarlo y que no tuviera el aroma a veneno.

—¿Es una de tus cremitas?

—Es para que los bichitos no molesten a mi hermano John. —Cuando compartí una sonrisa con él, pude sentir los ojos del duque y de George sobre nosotros, como si estuvieran reclamando que a ellos no les diera. No era tan fácil hacer repelente cuando se tenía cinco años, ni siquiera me dejaban acercarme al fuego de la cocina.

—Entrégamelo, John —dijo la voz firme del duque mientras extendía su mano frente a mi hermano mayo. Era demasiado infantil hasta con sus propios hijos. Era más que obvio que a él no le preocupaba que los mosquitos se llegaran a acercar, probablemente hasta los insectos se asustarían antes de llegar a él; solamente le molestaba que no le hubiese dado nada.

Sonriendo ampliamente solo agité un poco mis pestañas para poner mis manitas sobre la mano extendida de mi padre, logrando captar su atención de nuevo.

—¡Está bien, papi! Preparé suficiente para todos, así todos estaremos protegidos de los bichitos. —Miré solo un momento a John, y él me devolvió la mirada, como si se sintiera satisfecho de que lograra domar a mi padre, sin dudas él era el mejor aliado que podría tener. ¿Qué podía decir? El sabía reconocer el potencial cuando lo veía, quizás por eso éramos hermanos, ya que éramos listos.

Con cuidado, pasé mis dedos por la cremita para poder pasarla por la mano de mi papá mientras le sonreía. De esa manera, pasamos el resto del camino hasta que los carruajes finalmente pararon en un enorme campo lleno de flores, pasto y algunos árboles. Algunos de ellos eran de nueces, por lo que pediría permiso para poder recoger algunas, tenían aceites que le hacen bien al cuerpo.

Los sirvientes comenzaron a preparar todo, prácticamente armaron una mesa con un juego de sillas, manteles bordados y luego muchos platillos. Había vino, seguramente para mi padre, jarrones con jugos, emparedados, canapés, carne mechada, e incluso postres. Si hubieran traído otro carruaje, seguramente hubiera sido la cocina con el chef para poder preparar un banquete.

Katherine se acercó a mí para poder seguirme con un paraguas de color rosado, seguramente quería poder protegerme de la luz del sol. Era verdad, a los nobles no les gusta asolearse, aunque el sol era fuente de vida, creería que a estos paliduchos podría matarlos. Aun así, se podía disfrutar del lugar.

La tarde la pasamos como una familia, casi normal. Después de todo, en un día de campo común, la gente podía sentarse en el suelo sobre una sábana y comer emparedados, hacer juegos de pelota, descansar mientras le encuentran formas a las nubes, o al menos eso fue lo que vi que hacen en las películas.

Nosotros éramos nobles, George se puso a practicar con su propia espada contra un árbol mientras que los sirvientes preparaban la mesa para nosotros; y mi padre tenía una conversación adulta junto con John, sentados ambos en unas sillas acojinadas. Por mi parte, solo recibí ayuda de Katherine y de Francis en recoger algunas nueces de unos árboles cercanos, también encontré algunas avellanas. Se que aquí no debían estar familiarizados con las propiedades de los frutos secos, pero sabía que podía hacer unos aceites muy buenos con ellos.

—Pareces una ardilla juntando todas esas cosas.

En cierto momento, George se acercó a nosotros, enfundando su espada para poder asomar su rostro y mirar el canasto que traía en mis manos.

—¿Qué piensas hacer con eso?

 —¡Es un regalo para todos! —Al sonreír y cerrar los ojos, supe que todas las miradas estaban sobre mí. Conocía a esa gente, y sabía que amaban mis obsequios, era una pequeña y adorable niña que hacía regalos que iban más allá del dibujo deformado de palitos o una vasija de cerámica sin forma; lo que hacía era útil.

De cualquier manera, ya sabía que mi familia me quería, y no por mis regalos. Nunca lo hubiera imaginado, pero era lindo ser mimada aunque fuera por un duque malvado, un joven enfermizo y un niño grosero.

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