La Legión del Unicornio – Capítulo 24: Tiempo de aventureros

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


—Cierto —Una vez que la conmoción inicial del caballero pasó, de repente reveló una expresión muy curiosa—. Así que sólo la ducha cuesta…

—Unas cuatrocientas monedas de oro —asintió el enano.

Las orejas del elfo se sacudieron violentamente, al ver esto, el caballero de repente enterró su rostro en la almohada y comenzó a reír en silencio, su cuerpo temblaba.

—Dios… parece que… el duque Elmond… es realmente… tacaño… Cuatrocientas… monedas de oro… Jajaja… Un… cuarto de baño…

El enano miró al caballero un poco confundido.

— ¿Eso es una broma? Lo siento, señor Frank, no entiendo realmente la cultura humana. ¿Es descortés que no me ría?

El temblor del caballero empeoró.

— ¡¡Ca…in!! —El elfo prácticamente gritó el nombre del caballero con los dientes apretados.

—Lo siento, Ellen… no quise… pero… Ay, me duele…

—Si te ríes de nuevo, volveré a buscar a los hermanos Joseph y los invitaré a unirse al equipo. Luego designaré a Titán para que duerma en la misma cama que tú.

—Capitán, no puede… eso es intimidar a un compañero herido.

—Si aún recuerdas que estás herido, recuéstate rápidamente y permanece en silencio.

El caballero se recostó obedientemente. El elfo lo miró por un momento y suspiró.

—Tomaré la primera guardia de la noche, ustedes deberían dormir primero.

—Llámame en dos horas —dijo con voz apagada el caballero cuya cara aún estaba enterrada en la almohada.

El elfo ignoró sus palabras y se volteó hacia el enano.

—Julian, contaré contigo para la segunda mitad de la noche.

—Sí, señor Ellen —Los ojos del enano se iluminaron—. Hacer la guardia nocturna… ¡realmente se siente como si fuera un aventurero!

—No es se siente como si fuera un aventurero —el elfo sonrió débilmente—. Eres un aventurero.

— ¡Sí, señor Ellen! —El enano se enderezó—. ¡Intentaré acostumbrarme rápidamente! ¿Tiene alguna otra orden?

—Por favor, deshazte del señor.

— ¡Sí, señor! Ah, no, quiero decir, ¡sí, Ellen!

♦ ♦ ♦

Era entrada la noche. Aparte del crujido ocasional de la leña, todo estaba en silencio.

Tomando prestada la luz del fuego, el elfo miraba el mapa, pero en lugar de decir que estaba haciendo planes, debería decirse que simplemente estaba disfrutando de la sensación. La sensación de ser un aventurero.

Algunas personas eran domésticas, otras vagaban sin rumbo. ¿Quién podía decir cuál estilo de vida era mejor o peor? Pero si se trataba de sí mismo, entonces definitivamente sería un adicto sin remedio a vagabundear. Simplemente sentado frente al fuego, sabiendo que sus compañeros estaban durmiendo profundamente en la tienda, le daba una sensación de cálida seguridad.

Este era el entorno con el que el elfo estaba más familiarizado o tal vez, este era su único estilo de vida familiar.

Si no hubiese sido por el Dragón de la Muerte, tal vez todavía estaría en la Legión del Unicornio, viendo crecer al equipo y cambiar de miembros, hasta que finalmente un día, muriera en algún campo de batalla por no haberse preocupado de algún grave accidente.

Unos pasos interrumpieron los pensamientos del elfo. El caballero salió de la tienda, sonriendo en cuando vio al elfo darse la vuelta.

—Salí a responder una llamada de la naturaleza. Por cierto, ¿no es hora del cambio de guardia?

—No es nada, me quedaré un poco más —El elfo sacudió la cabeza—. Me siento un poco… insomne.

—No te fuerces.

—He dormido durante trescientos años —Sonrió el elfo—. Una o dos horas menos no es la gran cosa.

El caballero sacudió la cabeza con desaprobación y se acercó para sentarse junto al elfo.

—Cada vez que era el turno de Todd de hacer guardia, siempre escribía en ese diario —El elfo levantó la cabeza y miró la sombra de las montañas en la distancia—. Siempre pensamos que sólo estaba sacando cuentas. Si… hubiésemos sabido que pensaba eso, tal vez no le habríamos pedido que se quedara en Elvira.

El caballero no respondió.

—Julian no se parece mucho a él y tampoco habla tanto, pero probablemente son bastante similares en el interior.

—Julian es un buen tipo —dijo finalmente el caballero, luciendo un poco pensativo—. ¿Pero no le has estado recordando todo el día?

— ¿Mmm?

El caballero parecía haberse dado cuenta de algo, volteó el rostro un poco avergonzado.

—Nada, olvida lo que dije.

El elfo miró su perfil, sonriendo gentilmente al comprender algo.

— ¿Todavía pensando en la diferencia en el trato?

—No me importa eso, quiero decir —el caballero tosió—. Ser amable con un compañero nuevo es normal.

El elfo pensó por un momento, llevándose las manos hacia su cuello para quitarse algo. Seguidamente tomó la mano del caballero, colocando solemnemente algo en esta.

— ¿Será esto aceptable?

Los ojos del caballero se abrieron desmesuradamente.

—Una piedra lunar —dijo el elfo enérgicamente—. Se dice que usarla aumenta un poco tus poderes mágicos, una vez que se agota se puede recargar con luz lunar. Pero como no tengo poderes mágicos, siempre me olvido de hacerlo. No estoy seguro de si esto sería un reemplazo adecuado para tu cruz.

—Ellen… realmente sólo estaba bromeando — el caballero sonrió débilmente, mirando la cristalina piedra en su palma—. Esto… es muy valioso, ¿verdad?

—No, ¿cómo decirlo… es defectuosa? Y, su valor sentimental es mayor que su practicidad real —El elfo sonrió, disculpándose un poco—. Lo siento, soy muy pobre, no tengo nada que dar. Has elegido un amo bastante poco confiable.

—Ellen, si Dios me desterró de su bando —El caballero cerró los dedos, sosteniendo el cristal en la palma de su mano—, fue para poder conocerte. Creo que él es bastante generoso, de verdad. Realmente quisiera presumirles esto a todos.

—Presumir… No se lo digas a Shelly, si viene pidiéndome un trato igualitario, me temo que sólo podré darle esto —El elfo señaló el arete en su oreja izquierda, diciendo impotente—. Aunque tenga trescientos años de antigüedad, darle sólo un lado sería demasiado tacaño.

—No sabía que los elfos tenían la tradición de usar aretes.

—No la tienen —Asintió el elfo—. Esto… cómo decirlo, podría considerarse un error de juventud.

—Un error de juventud —El caballero reveló una sonrisa discreta—. Eso suena muy romántico. ¿Una historia de amor?

—No, una historia de estupidez —Sonrió el elfo—. Cuando tenía quince o dieciséis años, un grupo de mercaderes humanos pasó por el bosque. Ese grupo se especializaba en arte corporal, como tatuajes o piercings. Como resultado, los niños de la tribu no pudieron resistirse a ir a verlos. Era algo que nunca antes habíamos visto, por lo que era especialmente atractivo.

—Entiendo, eso sería bastante atractivo incluso para niños humanos —pensó el caballero por un momento antes de responder—. Si no fuera por mi disciplina, probablemente yo también me hubiese hecho un tatuaje.

—Sí, algunos de los más valientes realmente volvieron con tatuajes, principalmente en el rostro y la frente. Al final, sólo pudieron difundir el rumor al exterior de que era una tradición tribal.

— ¿Eres uno de los más valientes?

— ¿Yo? Yo fui uno de los más cobardes. Sólo me escabullí para perforarme las orejas, esperando que mis padres no se enterasen.

— ¿Y…?

—Por supuesto que me descubrieron —El elfo extendió las manos—. Estuve castigado durante un mes, sin permitirme ir a cazar. Luego me volví más honesto, pero no pude evitar dejar los aretes como un recuerdo.

— ¿Siempre fue sólo uno?

—No, originalmente eran un par, pero cuando desperté sólo me quedaba uno.

El elfo extendió una mano, tocando la oreja derecha vacía con un poco de pena.

—No sé cuándo lo perdí. Es imposible encontrarlo después de trescientos años. Además, ya sanó. Incluso si lo encontrara ahora, no podría volver a usarlo.

—En realidad, es muy hermoso —Sonrió el caballero—. Realmente no se puede considerar un error.

—A decir verdad, duele bastante. No te recomendaría que lo pruebes. Por cierto, ¿qué pasó con la llamada de la naturaleza?

—Era sólo una excusa, en realidad salí por unos dulces —El caballero agarró el cristal en su mano nuevamente—. Voy a volver a dormir. ¿Quieres que despierte a Julian?

—Claro —el elfo miró por última vez al cielo, poniéndose de pie.

—Mañana… será un buen día.

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