La Legión del Unicornio – Capítulo 9: La primera historia

Traducido por Kavaalin

Traducido por Nemoné


Cuando el elfo encontró al sireno, este se encontraba acurrucado en una esquina de las murallas de la ciudad, aparentemente tratando de esconderse. Este era uno de los lugares que poseía el menor tráfico de personas en la ciudad. Al pensar en esto, el elfo fue capaz de encontrarlo.

El joven sireno parecía haber recuperado un poco de su compostura cuando vio al elfo, incluso le dio una sonrisa forzada.

En este momento parecía que sería inútil decir algo, solo podía esperar hasta que decidiera hablar. Por lo que el elfo se sentó en silencio junto a él.—Ellen, me he vuelto extraño. —Después de lo que parecieron un par de siglos, el joven sireno comenzó a hablar en voz baja—. Podía escuchar al Duque Elmond hablando. Él… Él no está aquí, ¿verdad?

—Los vampiros no aparecen de día. —El elfo respondió con certeza.

—Quizás el efecto del hechizo que te lanzó todavía perdura, no pienses demasiado en ello.

A pesar de que era una especulación sin mucha evidencia para corroborarlo, después de que el muchacho la escuchó, dejó escapar un gran suspiro de alivio, incluso revelando una pequeña sonrisa.

—Estoy bien ahora, vamos a casa. —Se puso de pie, pero se detuvo, mirando al elfo con una ligera vacilación.

— ¿Le causé muchos problemas a Caín…? ¿Podrías ayudarme a disculparme?

—Las disculpas solo valen si lo haces por ti mismo. —El elfo sonrió y le dio una palmadita en la cabeza—. Si es posible, espero que puedas contarme toda lo que pasó. Por supuesto, esperaremos hasta que estés listo.

—Puedo contárselos ahora —El joven asintió levemente—. Si lo hago, ¿podrías encontrar al Duque?

—Posiblemente.

—Pero había otra persona, ¿podrías encontrarlo también? —El chico extendió su mano, tirando de la manga del elfo.

El elfo lo miró sorprendido.

—Solo puedo preguntártelo a ti —dijo el joven, su voz temblaba pero su mirada era firme—, no necesito un juicio, después de encontrar a esa persona, ayúdame a matarlo.

—No confíes en los humanos —Continuó el joven pero su tono era como si lo hubieran hipnotizado—. No te enamores de un humano, Ellen, ni siquiera si es Caín.

En ese momento, el elfo sintió como si pudiera escuchar el quedo murmullo de la voz del Duque Elmond.

Al regresar al Hogar de los Mercenarios, Caín ya los estaba esperando adentro. Este notó un ligero cambio en su estado de ánimo, pero no preguntó nada.

El sireno no se disculpó con él, simplemente se sentó allí y comenzó a contar su historia, como si él fuera sólo un espectador.

—La mayor parte del tiempo la dieta de una sirena consiste en peces y crustáceos, excepto durante la temporada de apareamiento, las hembras abandonan sus territorios en busca de barcos. Ya que se dice que, el niño será más sobresaliente si se comen a un humano.

Me refiero a las hembras, porque las sirenas son una raza con una gran proporción de mujeres sobre hombres. Los machos nacen con dos piernas, pero casi no tienen habilidades de caza. Su esperanza de vida también es mucho más corta en comparación con las de las hembras. Por lo tanto, en una tribu, normalmente hay un solo hombre. Así que, si nacen más machos, los más débiles son abandonados.

En mi caso, la situación era un poco más inesperada. Yo había nacido con un gemelo y era hijo de la jefa, por lo que en términos de linaje, no era posible distinguir nuestra fuerza. Por casualidad, el año en que nací hubo una gran abundancia de alimentos, por lo que decidieron criarnos a los dos para que, una vez que creciéramos, determinarían cuál debería quedarse.

Todavía faltaba algo de tiempo antes de llegar a la adultez, pero la temporada de apareamiento estaba por comenzar. Así que decidieron empezar a cazar barcos. Mi hermano estaba muy entusiasmado con esto, ya había comenzado a llegar a la pubertad y en términos de apariencia, él era mucho más fuerte que yo. Pero la habilidad en la magia ilusoria no podía determinarse sólo por lo superficial, por lo que se me permitió quedarme, al menos, hasta que mi hermano desarrollara la habilidad de empezar a reproducirse.

Encontraron un barco adecuado y quisieron llevarlo a una isla desierta. El plan casi se arruinó, ya que uno de los marineros podía ver a través de las ilusiones de las sirenas, pero su posición en el barco era baja, por lo que no pudo evitar que el capitán cometiera un error.

Debido a que tenían que esperar hasta la temporada de apareamiento, los marineros estaban siendo conservados. Ya habían sido seducidos, pensando que se habían varado en una isla, habían sido salvados por la tribu local y que podrían continuar con su viaje una vez que su barco hubiera sido reparado. La jefa decidió que tenían otros usos aparte de servir como comida, así que todos los días frente a nosotros, con los marineros, ellas… querían enseñarnos a aparearnos.

En cuanto al marinero incontrolable que podía ver a través de sus ilusiones, lo mantenían encerrado. Creían que un humano que era inmune a las ilusiones sería una buena comida, por lo que no fue asesinado de inmediato.

En ese tiempo, no dudaba que yo perdería ante mi hermano, por lo que no me preocupaba mucho. Solo esperaba que llegara la temporada de apareamiento sin pensarlo mucho. En ese momento llegaría mi muerte, así como la muerte del marinero. Probablemente debido a la similitud de nuestras circunstancias, comencé a desarrollar una especie de compañerismo con él.

Iba a verlo todos los días. Al principio él era muy frío conmigo, pensaba que solo iba a revisar la comida. Pero después de que le conté de mis circunstancias, nuestra distancia se redujo. Sabía mucho, al menos para mí, que nunca había experimentado la sociedad humana, parecía que lo sabía todo. Lo acosé y le pedí que me contara cómo era en tierra firme, cómo vivían los humanos.

Por supuesto, también le contaba sobre la vida en la tribu. Pero pronto me di cuenta de que, en comparación con la de los humanos, mi experiencia era demasiado escasa. Cuando me esforzaba al máximo por buscar una historia interesante entre los recuerdos de mis diez años de vida, él siempre respondía fácilmente con una historia que lo era aún más.

Empecé a anhelar ese tipo de vida. Utilizando mis poderes en secreto y, de acuerdo con sus descripciones, creé interminables llanuras, castillos que llegaban hasta las nubes y calles abarrotadas. Pero nadie podía decirme si mis ilusiones eran precisas o no.

Cuando se lo conté, él se rió alegremente y sacó una mano de la jaula, para acariciar mi cabeza.

—Entonces continúa trabajando duro, si tus ilusiones son capaces de atraparme, entonces yo podría confirmártelo, ¿no? —fue lo que me dijo.

Por eso empecé a practicar desesperadamente. Las demás pensaron que finalmente había despertado ante mis instintos masculinos, se volvieron mucho más amigables conmigo. Aproveché esta oportunidad para pedir la libertad del marinero. La jefa estuvo de acuerdo, ya que esta era una isla desierta, no podría escapar y además estaba feliz de que sus hijos estuvieran decididos… a matarse entre sí. Ya solo faltaban unos días para el comienzo de la temporada de apareamiento. Nunca lo medité demasiado, simplemente pensé, que al menos antes de morir, podría completar esto.

Finalmente lo logré. Al principio era algo pequeño, comencé con transformar mi imagen y después el entorno. Creé a partir de sus descripciones, su ciudad natal, la Capital de Oro Elvira. Nos paseábamos por la ilusión, ajustando y corrigiendo todo tipo de detalles, según sus recuerdos. Cuando no sabía qué hacer, él lo dibujaba para mí. Eran solo lápiz y papel del barco, pero podía mostrarme cosas que nunca antes había visto. Pensaba que era mágico, incluso más que mis ilusiones.

—Entonces, esta es mi magia. —Me dijo. Luego, tomó un pedazo de papel, me dijo que me quedara quieto y comenzó a dibujar de nuevo. Realmente me quedé quieto hasta que mi cuello se puso rígido, hasta que pude ver su dibujo. Éramos los dos, de la mano, caminando por una calle humana.

—Sería genial si fuera real. —No sabía por qué lo dije. Él sonrió y me dio unas palmaditas en la cabeza, luego sugirió algo que nunca había considerado, ganar la posición masculina de la tribu.

Por supuesto, no era solo eso. Él deseaba que también luchara por la posición de jefe. Le había dicho que la posición podía ser tomada por un oponente fuerte en cualquier momento, pero los desafíos siempre venían de las mujeres.

—Pero no hay reglas que impidan que los hombres desafíen a la jefa —Me dijo—. Por lo tanto, no pueden negarse. Una vez que te conviertas en jefe, podrías permitirles vivir.

Por supuesto que sabía que por ellos se refería a mi hermano, mi madre y a toda la tripulación del barco. Era un plan verdaderamente audaz, pero no teníamos nada que perder. De todos modos estábamos al borde de la muerte, así que, ¿qué importaba si dábamos un poco de pelea?

Lo más importante es que, sin saber cuándo había comenzado, empezaba a querer vivir. Quizás me lo contagiaron los humanos. —El sireno mostró una pequeña sonrisa autocrítica—. Esa persona, había estado buscando una manera de vivir todo este tiempo. Para salvarse, para salvar a sus compañeros, incluso si se trataba de un pequeño hilo de esperanza.

Así que lo hice. Y una vez hube derrotado a mi hermano, él comenzó a llorar en el suelo sin poder creérselo. Entonces desafié a la jefa. Lo discutieron durante mucho tiempo, antes de finalmente aceptar. Así que me paré en la playa, enfrentando a mi madre.

Tenía miedo, estaba realmente asustado. Ella ya tenía trescientos años, sus poderes comenzaban a decaer. Pero en términos de ilusiones, la experiencia era más importante. Ella podía crear imágenes increíblemente reales y aterradoras, causando que mi mente se rompiera y muriera.

Pero entonces, esa persona vino a mi lado. Agarró mi mano y me dijo esto al oído.

—Recuerda, pase lo que pase, estoy a tu lado.


Nemoné
¿Qué hiciste marinero…?

Capítulo 10 ya disponible en la edición 30 de Kovel Times.

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