La Legión del Unicornio – Tomo II – Capítulo 6: Irremplazable

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


—Porque los otros tres equipos no se encontraron con enemigos en sus rutas designadas y tuve la suerte de ser el líder de nuestro grupo.

—Incorrecto —respondió el caballero—. Incluso si se encontraran con enemigos, ellos no hubiesen sido capaces de tal hazaña. Y, de nuestro grupo, nueve éramos prescindibles, sólo tú eras irremplazable.

—Mmm… eso es sólo porque tenía visión nocturna, mi rasgo racial y buena suerte.

— ¿Crees que algún otro elfo, junto a nueve mercenarios, pudo haber derrotado a una legión de cincuenta?

—Eso es improbable —El elfo sacudió la cabeza—. Ya que no hay más elfos en el continente.

—Veo que estás determinado a hacerte el difícil —Suspiró el caballero—. Aquella noche yo también usé mi magia para aumentar mi visión nocturna. Atrajiste la atención del enemigo, los obligaste a romper su formación, nos diste una oportunidad para ponernos en movimiento y atacar. ¿Realmente crees que alguien más hubiese sido capaz de hacer todo eso?

El elfo no respondió.

—En la actual Legión del Unicornio, yo soy el caballero, mi deber es proteger a mis compañeros de equipo. Shelly, sin duda, se convertirá en un buen mago. Julian todavía no se ha decidido por un camino, pero confío en su inteligencia y en su convicción, estoy seguro de que logrará encontrar rápidamente su lugar en el equipo. ¿Y tú, Ellen?

Esta vez, el caballero no esperó a que el elfo respondiera, sino que continuó hablando.

—No hay nadie que entienda mejor las tácticas de combate que tú y, sinceramente, no creo que alguna vez lo haya. ¿Piensas en ti mismo como un arquero normal o como el líder de una legión? Como núcleo de la Legión del Unicornio, tu deber no es proteger a los miembros o atacar al enemigo, sino que asegurar la victoria. ¿Realmente piensas que es un insulto el hecho de que la mente maestra sea protegida por los miembros?

—Yo…

—Una vez me dijiste que trabajarías duro por nosotros, ¿pero estás pensando en rendirte antes de que siquiera comience la verdadera batalla? ¿Insistes en menospreciarte porque crees ser una carga para el equipo? Si ese es el caso, Ellen… —la voz del caballero sonaba amable pero triste—. Si ese es el caso, entonces te he juzgado mal. ¿Mi capitán, el amo al que le he jurado mi vida tiene tan poco coraje?

—Caín… —Los ojos del elfo se abrieron desmesuradamente.

—Anna dijo que serías capaz de recuperar tu fuerza física y yo también lo creo, porque el día en que te conocí no eras más que un vagabundo que ni siquiera podía tensar completamente un arco —Sonrió el caballero—. Pero lo que realmente necesitas no es recuperar tu fuerza o tu defensa mágica, sino que esto —El caballero apuntó al corazón del elfo—. Ellen, no sé cómo eras antaño, pero si tu corazón aún permanece trescientos años en el pasado y se niega a avanzar, entonces…

El caballero dejó de hablar porque el elfo estiró sus brazos repentinamente y lo abrazó con fuerza.

—Lo siento, Caín, lo siento —dijo el elfo quedamente—. No pienso decepcionarte una segunda vez. Tienes razón, no debería ser así. Que yo… esté teniendo pensamientos tan inseguros, es como si tuviera alguna clase de maldición o algo.

—No hay problema con sentirte débil de vez en cuando —El caballero se rió levemente—. Incluso si vienes conmigo sólo para quejarte, seguiré escuchándote con atención. Pero, por favor no digas cosas como sólo puedo esconderme detrás de un escudo. ¿Cómo debería sentirme al ser quien sostiene dicho escudo?

—Lo siento —El elfo también se rió, aflojando su agarre y mirando al caballero a los ojos—. Gracias.

—No es necesario que seas tan cortés —El caballero sacudió la cabeza—. ¿Lo siento, gracias? ¿Esa es una forma de hablar común de hace trescientos años?

—Mmm… Probablemente sea sólo yo —El elfo respondió avergonzado—. En el pasado también me decían eso, pero nunca pude cambiarlo.

—Ser tan formal te hace sentir distante.

—Prestaré más atención a partir de ahora, lo sien… Ejem.

—No es tan malo, no hay necesidad de obligarte a cambiar —respondió el caballero sonriendo—. En todo caso, ser cortés no es tan malo. No sabes lo grandioso que era que alguien me saludara todos los días cuando aún me encontraba dentro de ese cubo de hierro.

—Entonces, ¿está bien que te dé los buenos días? —El elfo preguntó cauteloso.

—Está bien que me des los buenos días —El caballero levantó la mano y apartó unos mechones de cabello del rostro del elfo—. También las buenas noches… Buenas noches, Ellen.

La habitación era calentada con magia, el cabello del elfo ya se había secado. El caballero se levantó y apagó la vela.

—Buenas noches, Caín —respondió el elfo en la oscuridad.

—Mew —dijo Mewlice, cediendo generosamente la mitad de la almohada.

♦ ♦ ♦

Aproximadamente al mismo tiempo, el enano se encontraba agachado dentro del cuarto de baño de su propia habitación, investigando los mecanismos de la ducha.

—Que ingeniosa idea —dijo el enano—. Pero todavía hay margen para mejorarla. El mayor problema es la efectividad. Hacer circular el agua a través de las tuberías y al mismo tiempo usar magia de fuego para calentarla. Esa idea está bien, pero la estructura y los materiales para las tuberías no son eficientes. El calor se perderá si el área es demasiado extensa. Si eso pudiera modificarse, se reduciría la energía mágica necesaria a la mitad.

El sireno escuchaba al enano murmurar para sí mismo, confirmando que eso de lo que hablaba estaba completamente fuera de su rango de entendimiento. Regresó silenciosamente a su escritorio para practicar la escritura. De vez en cuando agudizaba los oídos para tratar de escuchar los ruidos del exterior.

Desafortunadamente, la alta torre era un edificio bastante macizo, el grosor de cada pared era suficiente para bloquear todos los sonidos del exterior y, por lo tanto, permitir que los magos estudiaran en sus propias habitaciones. Ya se tratara de una explosión o el estruendoso gruñido de un monstruo invocado, nada perturbaría el sueño de los magos.

Pero después de haber escrito Raymond Raphael y Shelly cien veces, el sireno comenzaba a aburrirse. Finalmente se metió en la cama y entró rápidamente en el reino de los sueños.

El enano murmuraba incesantemente el hechizo de la bola de fuego. Sin embargo, la piedra detectora de la ducha seguía sin responder.

Nacidos con una alta resistencia y defensa física, una defensa mágica relativamente fuerte, la raza enana era adecuada para cualquier batalla física de corto rango, sin embargo no poseían la habilidad para manejar la magia. En la historia nunca hubo un enano mago. Se decía que los antepasados enanos habían ofendido al Dios de la Magia y que dicho dios les había lanzado una maldición inquebrantable.

—Eso no es cierto —dijo el enano en voz baja—. Un elfo puede ser un berserker, y los orcos pueden convertirse en sacerdotes a través del entrenamiento. Incluso si hay una inherente ventaja o desventaja, no existe raza que sea restringida por sus rasgos raciales, completamente incapaz de ocupar un determinado trabajo. Sólo necesito encontrar el método correcto, eso es todo. Si no hay precedencia histórica, entonces créala tú. Al igual que el señor Todd se convirtió en el primer enano en permanecer en el mundo exterior, yo, el aventurero Julian, me convertiré en el primer enano mago.

Repitió esto varias veces, como para tranquilizarse a sí mismo.


Kavaalin
¡Vamos, Julian! Yo sé que puedes. E incluso si no puedes convertirte en un mago como tal, siempre puedes encontrar un trabajo que esté relacionado con ello.

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