Cenicienta – Capítulo 20: Noche bajo la luz de la luna en la hierba (4)

Traducida por Den

Editada por Sakuya


Antes, en el carruaje había estado nerviosa sentada frente al General. Pero ahora,  estaba sentada en su regazo. Una mano me agarraba por la espalda y otra mano sostenía mi mano izquierda. Era imposible moverse. No se podía evitar. No tenía más remedio que intentar relajar mi trasero. Sentía un hormigueo en los sitios donde sus cálidas manos descansaban. Quería que me liberara, sin embargo, quería sus manos sobre mí. No sé qué hacer; estoy tan confundida.

Además, cuando me habla, su profunda voz me causa hormigueos que recorren mi espalda y me frustra. Sinceramente, me deja sin aliento. No puedo soportarlo. Nadie puede culparme. Como una dama, no puedo hacer nada embarazoso frente al General, pero creo que colapsaré.

Con todos los pensamientos persiguiéndome en mi cabeza, le eché un vistazo al General, tenía una sonrisa en su rostro. Parecía estar de buen humor, dudé en pedirle que me bajara.

¿Tal vez le gusta sentar a los niños en sus rodillas? Mi ánimo cayó en picada con ese pensamiento. ¿Realmente pensaba en mí como una niña? Pero cuando nos conocimos se dirigió hacia mí como una Dama. O, ¿fue porque era la hija de su amigo? 『hekon』[1]

Supongo que me ve como una niña y por eso puedo sentarme en sus rodillas, pero no puedo decir que me haya tratado mal.

Suspiré internamente.

Mientras trataba de alejar los pensamientos negativos, el carruaje se detuvo.

El cochero se acercó a la puerta.

—Hemos llegado —anunció.

El General me bajó de sus rodillas y me colocó en el asiento. Porque estaba tan nerviosa, mi trasero se había puesto un poco sudoroso. El General, por otra parte, no parecía nervioso en absoluto. Bajó del carruaje y me tendió una mano para bajar. Una vez que bajé con seguridad, él colocó mi mano en su codo y me escoltó hasta el teatro.

Sorprendentemente, ya estoy agotada.

♦ ♦ ♦

El gran vestíbulo del teatro estaba lleno de gente que paseaba. Damas y caballeros, vestidos elegantemente, charlaban y socializaban. El aroma de miles de perfumes llenaba el aire. Se podría decir que el teatro es un modelo en miniatura de la sociedad. Podías ver nuevas tendencias de moda, escuchar los últimos rumores, y aprender el flujo de las inclinaciones sociales. Entonces, cuando padre y madre venían al teatro, no era solo por la obra.

Cuando entré al vestíbulo del brazo del General, hubo una caída notable en el ruido de la conversación antes de que comenzara de nuevo. Parecía que no podría disfrutar del ambiente, pero sonreí.

Sabes, mi audición no es mala, persona susurrando sobre mí allá, pensé mientras caminábamos. La mayoría de las personas que me miraban se veían bastante burlonas, aunque yo estaba con el general Brennan.

Lamento haberte puesto en esta situación incómoda, General.

Desearía poder irme a casa, pero quiero ver la obra. No obstante, no quiero arruinar la reputación del General Brennan. Así que respiré profundo y comencé a decir.

—General Brennan, yo… —pero el General me rodeó la cintura con un brazo y me acercó más.

— ¿Señorita Fredericka, tiene la garganta seca? —preguntó —Tomemos un trago antes de entrar —dijo con una voz profunda. Solo pude asentir como una muñeca y dejar que me guiara.

El bar del teatro era una habitación con una decoración encantadora; la luz del ambiente era dorada y tenue. Tenía un aire de intimidad. Los clientes se sentaban juntos en sus puestos hablando en voz baja. Un pianista tocaba una melodía suave que no se inmiscuía en la atmósfera.

No bebo mucho alcohol, así que estaba un poco abrumada por el ambiente maduro del bar.

— ¿Preferirías algo dulce? —preguntó.

—No estoy segura —respondí.

No sé mucho sobre alcohol, y no tengo mucha tolerancia a él. El General asintió y le pidió al camarero un cóctel de frutas. Me pregunto qué tipo de bebida será.

—Una vez tomé un sorbo de la bebida de mi madre —le dije al General —Me ardió la garganta y me hizo sentir mareada y débil —se rió con mi historia.

Para mí, el General parecía ser brillante, tan hermoso.

Antes, tenía una expresión oscura con una intención asesina, pero ahora, su expresión estaba relajada y estaba sonriendo. El mundo se desvaneció a nuestro alrededor y no podía ver a nadie más que a él.

El camarero colocó nuestras bebidas delante de nosotros. La suya era de color ámbar y la mía naranja.

—Es principalmente zumo, pero toma un sorbo para asegurarte de que te gusta —dijo.

Como indicó, tomé un sorbo. Lo primero fue la amargura que me entumeció la lengua, pero inmediatamente un dulce sabor afrutado lo neutralizó.

—Es delicioso —dije.

La sonrisa del General se ensanchó, sus ojos color avellana se estrecharon. Sentía mi cara comenzando a calentarse. ¿Me estaba emborrachando? ¿Tan rápido? ¿Estoy bien?

—Bueno, bueno, bueno…

Mi mirada fue retirada renuentemente del General por la fuerte voz que interrumpió el ambiente íntimo del bar.


Notas:

[1] Supongo que es su mueca de enfado.

Zuben (traductor inglés) : El autor estaba preocupado de que algunos lectores se ofendieran porque Fredericka bebiera alcohol. Su mensaje es simple: mundo diferente – sentido común diferente. En esta historia, beber no es una violación de la ley.

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8 thoughts on “Cenicienta – Capítulo 20: Noche bajo la luz de la luna en la hierba (4)

    • Katherine says:

      Sip obio si antiguamente sólo an casar e los viejos verdes con niñas de 13 a 15años por que les molesta además son historias yo tomé a los 17jajajajcon mis padres si jajajaja

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