El Duque que odia a las mujeres – Capítulo 32: La batalla de Julia

Traducido por Kiara

Editado por Tanuki


De repente hubo un estallido. Era el sonido de la puerta abriéndose en la parte superior de las escaleras. Intercambié una mirada con James. La luz irradiaba las escaleras desde lo alto y estaba ocluida por una sombra. James, que se había inclinado, se levantó y me empujó a través de la ventana por mi trasero.

—Julia, sálvate a ti misma. Edward no me echará una mano encima.

— ¡Pero James, eso es imposible! ¡No mires hacia arriba! ¡No toques allí!

Kiara
Julia, no es el momento para eso.

James me levanto y me empujó por la ventana. Saque la cabeza y los brazos, no tuve más remedio que agarrarme a los adoquines y me hice a un lado. Estaba en una estrecha brecha entre los edificios detrás de un callejón. La gran pared ante mí se elevó hacia el cielo sin ventanas. Volví a la ventana del sótano,

— ¡James!

Aunque, estaba oscuro, podía ver a James con una sonrisa de alivio en su rostro.

—Julia, estoy feliz de poder ayudarte a escapar, pero me quedaré. Necesitas alejarte rápidamente.

Aunque, no quería dejarlo, lo mejor es escapar y pensar en la situación. Dejarse llevar por las emociones no resolverá nada. Sin embargo, me deteste a mí misma por hacer un juicio tan frío en en esta situación.

—¡Entendido! ¡No seas actúes de forma irrazonable, volveré con ayuda pronto!

Al parecer uno de los secuaces del príncipe Edward bajó y noto, que había escapado, lo escuche gritar a sus colegas. Era solo cuestión de tiempo antes de que quedara atrapada en el callejón. Salí corriendo del callejón. Era casi de noche, así que se estaba oscureciendo, pero me di cuenta de que estaba en un cruce familiar.

Aquí era donde Brennan me había atacado. Debemos estar en la sala central. Recordé mi camino desde allí, así que seguí corriendo sin parar, intentando usar mi memoria. ¡Tengo que llegar a ese lugar rápidamente!

—¡Atrapenla! —, dijo una voz masculina detrás de mí, cuando mi tobillo fue agarrado.

Me caí. Me habían estado persiguiendo y habían lanzado una bola [1] que se enredaba alrededor de mis tobillos. Mis rodillas comenzaron a sangrar pero no lo sentí en absoluto, el miedo a ser capturada de nuevo fue mayor.

— ¡Alguien! ¡Ayuda! —, grite.

Esperaba que alguien me escuchara y viniera a ayudar.

— ¡Alguien! ¡Por favor ayuda!

Grité nuevamente, a la vez que desenredaba el artefacto que me habían lanzado y me levantaba. No quiero ser capturada, pero el arma en mi mano es todo lo que tenía. Podría usarlo como un mazo, creo. Aprieto mis dientes lista para dar pelea. Pero el hombre que me perseguía de repente se derrumbó.

— ¿Eh?

La sangre se filtró fuera del cuerpo extendiéndose a lo largo de las grietas en los adoquines. Había alguien detrás de mí, me di la vuelta,

—Sí. ¡Diana! Yo había sospechado que estos tipos estaban escondidos en el corazón de la sala central. Pero eso es peligroso, mi señora. ¿Va a enfrentar al hombre con esa arma? ¿No está siendo demasiado imprudente? Ese hombre era un profesional.

Era un hombre que no conocía. Parecía joven, probablemente a finales de los años veinte. Tenía una apariencia modesta y fácil de olvidar, pero había una sensación de incongruencia con su apariencia y su alegre violencia. Me volví cautelosa. No podía confiar en que este hombre había aparecido aquí por casualidad.

—¿Quién eres tú?

—¿Eres la señora que está molestando a nuestro comandante? Eres más simple de lo que me imaginaba. Si sabes dónde está el príncipe, dímelo. Me han encomendado rescatarte a ti y al Príncipe.

Después de pensarlo unos segundo, decidí decirle al hombre dónde estaba detenido James. Por su tono, debe estar aquí para rescatarnos. Con su habilidad para derrotar a los asaltantes de Grusk, parece muy bueno en su trabajo. Antes de partir, busqué en el cuerpo del cazador muerto, encontré algo de interés y lo guardé en mi bolsillo. Corrimos por el camino que vine y pronto encontramos el lugar donde James estaba retenido. Decidí advertirle, que había seis secuaces de Grusk con muchas armas.

—Debemos tener cuidado, hay al menos cinco secuaces Grusk aquí. Crearé una distracción mientras los ataca.

El hombre me miró de forma extraña y luego me dijo.

—Señora, quizás esté pensando que irá a pelear conmigo, pero eso no va a suceder. Deberías volver a la ciudad y conseguir protección. Si te sucede algo, el comandante tendrá mi cabeza.

—No soy tu dama, mi nombre es Julia. Por favor, ayudemos a James lo antes posible. ¡De lo contrario, entraré sola!

Empujé la puerta y rápidamente me escondí detrás de la puerta. Como era de esperar, el primer secuaz apareció espada en mano. Empujé la puerta con fuerza, golpeándolo contra la jamba de la puerta. Cayó, y luego golpeé su cabeza con la puerta varias veces para asegurarme de que estaba aturdido. El hombre que me ayudó me miró fijamente con asombro. En ese momento, hubo un ruido dentro de la casa, rápidamente tomé la espada y entramos juntos.

—Hay cuatro secuaces más y el segundo Príncipe de Basseterre…

Miré a mi alrededor buscando enemigos ocultos. Me di la vuelta para ver al hombre estrangular a los secuaces caídos. Se volvió hacia mí y sonrió.

—Soy Gordon. Trate de no lesionarse. De lo contrario, el comandante me matará.

—No seré un lastre. No soy imprudente para ir sola.

—No me atrevería a acusarte de ser imprudente. El resto del equipo, estarán aquí pronto.

¡Che! Qué hombre tan quisquilloso. Solo podía ser el subordinado del duque. Gordon se llevó un dedo a los labios y señaló las escaleras. Debió haber oído pasos. Me hizo una señal con sus labios, para indicar que me quedara donde estaba. De mala gana lo vi subir las escaleras. Pronto se escucharon sonidos de una pelea y el choque de espadas haciendo eco en la casa oscura. No pude hacer nada más que mirar.

Mientras esperaba, un hombre grande apareció en la entrada. Recuerdo su cara; era uno de los hombres Grusk que nos habían secuestrado antes. Tal vez se fue de compras. Estaba agitado al ver a su compañero muerto en la puerta. Sus ojos estaban abultados e inyectados de sangre, su cuerpo temblaba de ira.

—¡Tú! ¡Cómo te atreves a hacerle esto a Alec! —, rugió.

¡Esto es malo! ¡Esto es muy malo! Es cierto que le hice eso a Alec, pero él no debería usar la violencia contra las mujeres.

Corrí a una pequeña habitación esquivando los golpes del gigante mientras avanzaba. Me encerré. Parecía un almacén con productos de comida dispuestos en los estantes. Saqué de mi bolsillo uno de los artículos que había robado, lo puse en un estante y saqué una lata. Era una bomba de humo; se arroja al enemigo y en cuanto lo inhale perdería el conocimiento. Debería intentar mantener la respiración durante dos minutos y al menos mantenerse a dos metros de distancia. Eso sería difícil en esta sala, y no sé cómo usarla.

La puerta estaba siendo golpeada; el gigante estaba tratando de romper la puerta,

—¡Mujer! ¡Abrire esta puerta y te mataré!

Hubo un fuerte estruendo cuando la puerta se abrió y entró el gigante. Tenía una sonrisa violenta y enojada en su rostro. No había finalizado un plan de escape. Como si quisiera disfrutar de mi miedo, sostuvo la daga en su mano y lentamente comenzó a lamer sus labios.

—¡Oye, has actuado muy mal, esto te dolerá! pero estarás bien. Me aseguraré de apuñalarte donde mueras antes de siquiera sentir algo.

Ese lugar podría ser el corazón o el cerebro. ¿Elegiría mi corazón? Pero puede ser posible apuñalar al cerebro desde el punto debajo del cuello. Realmente odiaba poder pensar con tanta calma sobre las implicaciones de las palabras de este hombre.

No tenía otra opción. Tenía que llevar a cabo mi plan precipitado e implorar para que funcione. Tiré las bombas de humo. El humo llenó la habitación. Pensando en el tamaño del hombre debe desmayarse pronto, aunque su complexión está evitando que funcione rápidamente.

—¿Estás lista para morir, mujer?

—Me pregunto si podrías esperar un poco más… ¿como tres minutos?

Me arrincone en el lugar más apartado de la habitación, no tenía escapatoria. Le dedique mi mejor sonrisa. Finalmente, las bombas de humo estaban funcionando y, justo cuando me alcanzó, el gigante cayó sobre los estantes cerca de nosotros. Algo de comida cayó sobre él y la cacofonía resonó en el pequeño espacio.

—¡Oh! Estoy salvada…

Estaba realmente asombrada, pero el miedo y la adrenalina anteriores hicieron que mis piernas temblaron mientras intentaba levantarme. Solo pude derrumbarme en el suelo y apoyarme contra la pared.

En ese momento, oí una voz que me llamaba.

—¡Julia!


Kiara
No se, no estoy muy segura de lo que paso, este otro lado de Julia me sorprendió bastante, no sé a ustedes qué les parece pero no espere esta actitud de ella.

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2 thoughts on “El Duque que odia a las mujeres – Capítulo 32: La batalla de Julia

  1. Hanajima says:

    Lucha Julia! Demuestra que también sabes defenderte.
    Creo que es el momento el subidón de adrenalina lo que está haciendo que se comporte así.

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