Los ojos de Diego me examinaron de arriba a abajo. Se reflejaba un leve atisbo de molestia en su mirada. Intenté esconder la cabeza dentro de mi cuerpo como una tortuga.
—Alteza, este no es lugar para usted.
—¿No? Aún no conozco este castillo. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 46: El reencuentro (7)”
—Sí, y encima después de que tocaras mis partes bajas —comentó Diego.
—Hmm, por favor, no diga esas cosas…
Me encogí. Sonaba demasiado vulgar saliendo de la boca del noble príncipe.
—Entonces, ¿por qué pones esa cara tan triste? —preguntó, encogiéndose de hombros. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 45: El reencuentro (6)”