—¡Taryn!
Gritó el marqués a su hermano, que le había dado la espalda.
Él se detuvo y permaneció inmóvil en el sitio, sin moverse ni respirar. En sus sueños nocturnos afloraban terribles recuerdos que le aterrorizaban. Las viejas cicatrices de su espalda seguían calientes y le apuñalaban con dolor en días como aquel. Los sonidos de un látigo rasgaban el aire cerca de sus oídos y le susurraban que volviera a ver al marqués y le pidiera clemencia. Seguí leyendo “El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 56”
