Ese día, desde la mañana tuve una vaga premonición desagradable.
Como de costumbre, vine a la tienda acompañada de Thomas. Habiendo traído chocolate como regalo, observé sin preocupación el trabajo de Lars y compañía. Después de un mediodía ajetreado llegó una pequeña pausa por la tarde. La tienda se abriría por la noche, por ahora, la cerraremos. Había preparativos que hacer, así que no había tiempo para perder, incluso así, les llamé para que tuvieran un descanso. Al ver esto, Thomas preparó el té a sabiendas.
Seguí leyendo “¡No quiero ser Princesa! – Extra 6: Su secreto (5)”
En opinión de Rosette, la perfección significaba no desviarse nunca de lo que la gente esperaba de ti. “Pura”, “hermosa”, “adorable”, “maravillosa” e “ideal”: el sinnúmero de cumplidos se acumulaba y la asfixiaba. Aplastaban su verdadera imagen de sí misma. Cuando se dio cuenta de lo mucho que le dolía, su cuerpo ya estaba sumergido más allá del punto de escape. No le molestaba su nombre, que tanto recordaba a las rosas, pero que la compararan con una flor le resultaba terriblemente constrictivo.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 74: El ídolo perfecto”
El equipo del programa organizó de forma detallada el itinerario de los concursantes. Antes de la quinta ronda del programa, hubo unos días de descanso. El desafío consistía en meterse en una pelota inflable de playa y caminar desde un extremo de la piscina hasta el otro. No solo tenían que mantener el equilibrio, sino que debían hacerlo con gracia y aplomo.
Tras la explicación de Eureka, se escucharon trágicos lamentos de los concursantes. No habría manera de detener la pelota una vez que tocara la superficie del agua. ¡Nadie podría permanecer en pie! Seguí leyendo “Pronto, utiliza el rostro del demonio – Arco 8 – Capítulo 11”