Falta de menstruación, malestar y náuseas sin motivo alguno… Todos estos síntomas podrían explicarse por un entrenamiento severo, pero ¿y si hubiera una aventura accidental de una noche antes de todos estos síntomas?
Pollyanna dejó su trabajo temprano para regresar a casa. Allí, se puso un vestido de manera experta y se envolvió el cabello con un pañuelo. Desde el día en que decidió casarse, Pollyanna optó por no cortarse el pelo. Ahora era lo suficientemente largo para tocar sus hombros. Seguí leyendo “El emperador y la mujer caballero – Capítulo 280”
Por el momento, ya que he logrado mi objetivo de hoy de conocer a Feria, visité su jardín el tiempo suficiente para ser cortés, luego me excusé y abandoné la residencia de Rogshia tan pronto como pude.
El vizconde Rogshia y su hija Feria son completamente opuestos a todas las costumbres de Greenfield. Gracias a todas las extrañas contradicciones dentro de la mansión de Rogshia, ahora sé que me falta mucha información. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 118: Té de hojas de Renvia”
Me encargaron una tarea tan molesta desde el principio solo porque Feria no quería casarse con el hijo del Vizconde Ogren. Para el Vizconde Ogren, que se ha tomado la tarea de molestarme, y el Marqués Nordsturm, quien probablemente esté detrás de todo manejando los hilos, esta chica obstinada debe haber sido una oportunidad perfecta para mantenerme ocupada en otra parte. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 117: No era lo que esperaba”
Traducido por Maru
Editado por Yusuke
Una vez había visto un cometa que solo aparecía cada doscientos años junto con una chica.
Había sucedido hace años. Esa fue una hermosa noche. Incluso ahora, todavía puedo recordar vívidamente el centelleo de las estrellas que observamos ese día mientras nuestros cuerpos se estremecían ante la frialdad del viento nocturno. Como joyas esparcidas sobre un dosel oscuro, el cielo estrellado fue suficiente para hacer que uno se olvide incluso de respirar. Al pasar, arrastrando su cola blanca, el meteoro parecía un hada en vuelo con escamas de insectos esparcidas por sus alas.
Cada vez que miraba un hermoso cielo nocturno, pensaba muchas veces, “Aah, ahora que he marcado este momento en mi corazón, no me arrepentiría si alguien cosechara mi vida”. Si perdiera la vida, quería que fuera en una noche estrellada como esa. Quería morir con el recuerdo de presenciar algo impresionante. Seguí leyendo “Violet Evergarden – Folleto 2: Leon Stephanotis y la primera estrella”