Por mi cabeza pasaron todo tipo de pensamientos.
【La «Cuarta Pared» tiembla violentamente.】
Había dos puertas y alguien parecía susurrarme. Podía entrar por una de ellas. Sin embargo, si elegía una tenía que renunciar a la otra. No podía hacerlo.
—Rey Demonio de la Salvación. Seguí leyendo “Lector Omnisciente – Episodio 64: Un camino que no es un camino (2)”
Escuché un leve tintineo. Caminé sigilosamente hasta la ventana y la abrí de manera casi imperceptible. A través de una pequeña rendija vi a un hombre desconocido, que no era uno de los sirvientes, prestando atención a su alrededor con expresión vigilante.
Sin hacer ruido, simplemente clavé mis uñas en la fruta que estaba sosteniendo. El aroma de la fruta escapó instantáneamente y me rodeó con un tenue olor dulce. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 127: Trampa”
Hice uso de todo lo que pude y cambié drásticamente mi horario para mañana. Repasaré los detalles más tarde, pero apoyar el plan que Cornell ha elaborado también será conveniente para mí. Aunque quiero romper el compromiso de alguna manera, todavía tengo la intención de mantener en secreto la información sobre Diferis.
Para empezar, es extraño por qué el Vizconde Ogren pediría a Feria y Cornell que lo vieran y discutieran cosas, cuando siempre se ha opuesto vehementemente a cancelar el compromiso. Seguí leyendo “Villana en un otome, ¿cómo acabaron las cosas así? – Capítulo 126: Preparativos”
Luego de la primera noche, Feng Cang se volvió insaciable.
Fuera de la buhardilla, la gente miraba al cielo, contaba las hormigas, caminaba de un lado a otro o golpeaba el tronco con un palo. No tenían nada que hacer. Los amos de ambos bandos llevaban ya cinco días sin dar la cara.
Nalan Xin, aumentaba su mal humor. Su Yue aún lo miraba con desprecio. Seguí leyendo “La consorte favorita del príncipe demonio – Capítulo 137: Un complot para ser expuesto (1)”
El deseo de Violette surgió, retrocedió y volvió a surgir. Por mucho que creyera que la asfixiaría si lo dejaba crecer, no podía soportar matarlo. Sus semillas debían de estar sembradas desde hacía mucho tiempo, en algún lugar seguro de las profundidades más recónditas e inescrutables de su corazón, donde ni siquiera ella podía llegar. Por eso, nunca se había dado cuenta, y antes de que tuviera la oportunidad, la semilla rompió sus confines y extendió sus raíces por todo su cuerpo. Su corazón ya no podía ocultar este sentimiento.
Quería que alguien la arrancara de raíz, por la fuerza si era necesario. Luego, quería que alguien incendiara la tierra para que nada más pudiera volver a crecer allí. Eso la ayudaría a despertar y a darse cuenta de que esta felicidad era una ilusión. Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 90: Tweedia Azul [1]”
Bajo la guía de Ye Jiaquan, el dúo avanzó rápido con los maníacos [Pasos de Cangrejos] de Shi Xiaobai, sorprendiendo a muchos transeúntes.
Los dormitorios de los novatos no estaban lejos de los campos de entrenamiento. Los dos tardaron solo tres minutos en llegar a los dormitorios de los novatos.
Ye Jiaquan no se atrevió a demorarse más y localizó la carta que Chen Lingcun había dejado para Shi Xiaobai. Seguí leyendo “Elección Absoluta – Capítulo 126: El adorable tú”
Los novatos miraban furiosos a Shi Xiaobai como lobos salvajes mientras el anciano curaba de sus heridas. De no ser por él, el grupo de novatos seguro habría descargado su ira abalanzándose sobre él y dándole una paliza.
Por supuesto, todo fue gracias a la presencia del anciano, o los novatos seguro vomitarían sangre al darse cuenta de que habían estado dando con diligencia a Shi Xiaobai oleada tras oleada de “finales felices” después de darle una paliza. Seguí leyendo “Elección Absoluta – Capítulo 125: Refrescar su visión del mundo”
Poco después de que se cerrara la puerta, el carruaje comenzó a moverse. Deliberadamente no miré por la ventana donde estaba parado Ezekiel. Me senté y giré la cabeza hacia el otro lado, y el paisaje entró en mi campo de visión.
No dejaba de pensar en ir a otro sitio y recordé a Jennette que había visto antes. Aunque no fuera así, el hecho de que Jennette fuera un poco más pasiva que antes me había molestado todo el tiempo. Seguí leyendo “Un día me convertí en una princesa – Capítulo 136”
—¡Kyaa!
—Oh, vaya…
—¡¿Ah, Señor Ezekiel?!
¡Ah, primero es el Sr. Blanco y luego Ezekiel! Pero, a diferencia de cuando llegó el Sr. Blanco, la reacción detrás de mí fue muy diferente. Seguí leyendo “Un día me convertí en una princesa – Capítulo 135”
—¿Amroa?
Pero desapareció en un abrir y cerrar de ojos cuando Madel la llamó.
—Ah, bueno. Mi bebé es muy tímida, y podría asustarse y llorar cuando vea a los caballeros. Te enseñaré al bebé dentro de un momento.
Luego, Amroa ató el brazalete alrededor de la muñeca de Leslie. Seguí leyendo “El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 84”
—¿P-Por qué iba a odiarlo? —le pregunté.
—¿Te gusto o me odias? Decídete.
—Repito: ¿por qué lo odiaría?
—Esa no es una respuesta.
—Ya sabe la respuesta. No sé por qué pregunta. Seguí leyendo “Sin madurar – Capítulo 66: En la tormenta (4)”
Me moví de acuerdo con las instrucciones del pájaro. El pájaro controlado voló sobre un amplio campo y pasó por un área en ruinas. Pronto, estábamos en la frontera occidental donde se encontraba el mercado negro.
Al darme cuenta de hacia dónde volaba el pájaro, fruncí ligeramente el ceño y tiré el hilo al amparo de la oscuridad. Seguí leyendo “Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 51: El secuestro por romance es malo incluso cuando el género es angustia (1)”
Los sonidos metálicos reverberan sin cesar. En el camino de regreso de la casa de la señora Delris, fuimos atacados de repente por un grupo de asesinos y, sin tener tiempo de estar sorprendida por los cuchillos arrojados, fui protegida por Freed. Así de simple comenzó la batalla con una razón poco clara.
Mientras me protege a sus espaldas, Freed está cortando de forma intensa a los enemigos sin dudarlo. A su alrededor han caído muchos hombres con ropas oscuras. Incluso ahora evita los golpes de los asesinos y acribilla con tranquilidad a los enemigos. Seguí leyendo “¡No quiero ser Princesa! – Capítulo 136: Ella y su determinación”
Me encontré con Aira en un café el domingo siguiente a primera hora de la tarde.
—Perdón por hacerte venir aquí, Reika.
—No hay nada de qué disculparse. Poder encontrarme contigo es un placer.
Pedí un café con leche. Este café hacía arte en el, así que pedí una oveja. Seguí leyendo “Viviré con humildad y confianza – Capítulo 103”
Inmediatamente después del colapso del Olimpo en Gigantomaquia, desaparecieron las restricciones impuestas a los gigantes. Fueron liberados de la vieja historia y renacerán como participantes en nuevos escenarios.
【—No hay deseo de repetir la vieja batalla. ¿Estás de acuerdo?】
【—Estoy de acuerdo.】 Seguí leyendo “Lector Omnisciente – Episodio 64: Un camino que no es un camino (1)”