Cuando Violette terminó de ayudar al consejo estudiantil, el cielo estaba oscuro.
Estaba tan concentrada en su trabajo que dejó que su segunda taza de té se enfriara. Se lo bebió rápidamente, no quería que se desperdiciara, pero seguía estando delicioso aunque no estuviera fresco.
—Siento haberla retenido tanto —dijo Klaude.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 45: Justificación requerida”
Ugh, me duele…
Me pregunto si atrapé algún tipo de enfermedad de Gilles.
Me arde la garganta, siento náuseas en el estómago y sudo sin parar. Definitivamente estoy enferma.
Seguí leyendo “¡Me convertiré en la villana que pasará a la historia! – Capítulo 36”
Klaude miró hacia donde Violette trabajaba en silencio.
Su espalda, habitualmente recta, estaba encorvada, y se sujetaba el cabello con una mano mientras sus ojos escudriñaban el papel que tenía delante, sin desviarse ni una sola vez. Oyó el roce de la pluma unas cuantas veces, y una pequeña arruga apareció en su frente, haciendo que su expresión pareciera casi severa. En el pasado, él habría asumido que esto significaba que a ella no le gustaba este trabajo y que estaba de mal humor. Lo utilizaría como excusa para pensar mal de ella.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 44: Una cara no es toda la historia”
Las palabras en la boca de todos era “¿Por qué?”.
Sin embargo, no podían saber que, para ellos, preguntar por qué es un insulto.
Porque ellos son… los Ochenta y Seis.
Seguí leyendo “Ochenta y Seis – Volumen 2 – Prólogo: Su Majestad no está en el campo de batalla”
Una vez que cae la noche, agarro la bolsa llena de suministros y me dirijo hacia la casa del abuelo Will.
Cuando llego, incluso antes de entrar, escucho los dolorosos gemidos del chico. Parece que está mucho peor el día de hoy.
Al abrir la puerta, veo que el abuelo Will está haciendo todo lo posible para limpiar el sudor del niño y para aliviar su sufrimiento.
Seguí leyendo “¡Me convertiré en la villana que pasará a la historia! – Capítulo 35”
Con la petición de Klaude, la balanza se inclinó a favor de posponer el doloroso viaje de Violette a casa.
Ella no estaba enfadada con Klaude; sinceramente, le estaba agradecida. Sabía que no le gustaba, y había planeado darle el mayor margen posible para evitar que la gente hablara sobre ellos. Hasta ahora, le había costado evitarlo, y cuanto más tiempo pasaban juntos, más probable era que sus acciones pasadas y presentes se agruparan en un enorme y molesto lío. Debería alejarse de él siempre que tuviera la posibilidad.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 43: El agradecimiento como disculpa”
En el momento en que llego a casa, me limito a ir a la biblioteca.
He decidido que hoy voy a buscar libros de magia… hasta que caiga la noche si es necesario.
No obstante, reviso cada estantería y cada rincón, pero sigo sin encontrar alguno.
Seguí leyendo “¡Me convertiré en la villana que pasará a la historia! – Capítulo 34”
¿Qué hacían los estudiantes cuando terminaban sus clases?
Algunos se iban a casa de inmediato, otros daban un paseo, y la mayoría se ocupaba de los asuntos fuera del horario de la academia. Si tenían planes, se quedaban fuera, o se iban a casa si no los tenían. Pero ¿la renuencia a ir a casa podía contar como un plan? Violette no tenía amigos con los que salir. Yulan probablemente se quedaría con ella si se lo pidiera, pero se sentiría mal quitándole tiempo solo porque no quería ir a casa.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 42: Completamente vacío”
Hago un puchero con mis labios para refutar el murmullo de Dietrich.
¡Tú también eres un niño muy extraño!
Él saca un pañuelo del bolsillo de su pantalón y lo envuelve alrededor de la palma de mi mano. No obstante, en lugar de detener el sangrado, el pañuelo se empapa del mismo, haciendo que sea una vista muy grotesca.
Seguí leyendo “La querida hermana del gran duque malvado – Capítulo 5: Eres mejor de lo que pensé, villano (5)”
A ver, que necesito…
Coloco vendas, ungüento, una botella llena de agua limpia y los macarrones que me había dado Albert en un bolso pequeño.
Lo que falta es el medicamento para reducir la fiebre. Sin embargo, tendré que visitar la ciudad para eso…
Seguí leyendo “¡Me convertiré en la villana que pasará a la historia! – Capítulo 33”
El periodo de almuerzo se acercaba a su fin. Todavía no había sonado el timbre, pero la gente ya había terminado de comer y salía de la cafetería o se relajaba y charlaba con sus amigos. Hoy, Violette quería unirse a los que se iban. Podría haberse quedado a charlar si fuera solo Yulan, pero rodeada por Klaude, Milania y Gia también, sintió que no podía quedarse ni un momento más.
Yulan ya había terminado de comer cuando Violette tomó el último sorbo de su té negro.
—¿Terminaste? —preguntó Yulan.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 41: Tú no mientes”
Esa noche, fui a ver al abuelo Will al pueblo.
Ya que era de noche, esta vez no tuve problemas para llegar a salvo a su casa.
—Buenas noches —digo, entrando a su casa, pero luego me doy cuenta de que, además del abuelo Will, también hay otra persona adentro.
Seguí leyendo “¡Me convertiré en la villana que pasará a la historia! – Capítulo 32”
Él y los otros cuatro oficiales se mantuvieron en perfecta fila, observando cómo el militar de la República salía de la vitrina y saludaba al presidente de la Federación. Todos eran jóvenes, todavía en la adolescencia, pero llevaban sus nuevos uniformes azul acero con una familiaridad y madurez que superaban sus años. Mirando el uniforme negro y el cabello plateado, un poco teñido de rojo, de la esbelta chica Alba, su vice-capitán susurró con suspicacia:
—Oye… ¿Estás seguro de que es ella? Es un poco… diferente de lo que me imaginaba.
Seguí leyendo “Ochenta y Seis – Volumen 1 – Epílogo 2: Reinicio”
Hoy parece tan directo… Eso es inusual, pensó Gia mientras masticaba y disfrutaba de sus enormes bocados de pan, observando a Yulan con interés. Por lo general, Yulan era un ancla firme para los altibajos de Gia. No solía ver a su amigo así, y eso le hizo replantearse un poco las cosas.
Gia aún recordaba el día en que conoció a Yulan.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 40: Como una escena de un cuento de hadas”
No fue solo Violette quien se quedó helada ante la pregunta; Klaude y Milania parecían tan sorprendidos como ella. Lo más llamativo fue que el aire que rodeaba a Yulan pasó de ser rosa brillante a gris sombrío.
La pregunta había sido un poco grosera, pero Gia actuaba como si fuera algo natural. Y Violette supuso que tenía sentido que sintiera curiosidad; reconocería todos los rostros reunidos en la mesa, pero probablemente nunca los había visto juntos. Sus posiciones, sus edades, y sus géneros eran diferentes; no había un hilo conductor que los uniera.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 39: Si eres tú…”