Joven esposa del Capitán (de 62 años) – Capítulo 55: La intromisión de Su Alteza I

Traducido por Yonile

Editado por Sharon


—¿Carol, qué pasa? —me preguntó Zack cuando dejé de caminar.

Para ser honesta, tenía un mal presentimiento. Por eso estaba reacia a regresar a casa.

Un carruaje con el emblema real.

Si fuera el rey o la reina, su visita debería haber sido previamente arreglada. Además, si se hubiera efectuado tal reunión, habría sido informada.

Sin embargo, no me dijeron nada esta mañana, por lo que es una visita inesperada.

Sólo existe un miembro de la familia real que visite nuestra casa sin previo aviso.

—Haa~.

—¿Hm? Oye, ¿tienes un invitado?

—De hecho, parece ser así.

Aunque era realmente desafortunado.

Ah, ¿qué debo hacer? Realmente no quería volver a casa.

—Hmm… señorita.

—Lo sé.

Como si tuviera otra opción, 

Lo más probable era que el visitante tuviera asuntos conmigo. Hubiera sido mejor si fuera mi hermano quien me acompañara de regreso a casa, ya que sería grosero si Zack entrara.

—Zack.

—¿Hm?

—¿Podrías regresar a la Orden y llamar a mi hermano mayor?

—¿Eh? No, el señor Albert todavia deberia tener trabajo que hacer.

—Ya veo…

Qué desafortunado. Podría haber esperado un poco más si mi hermano estuviera disponible. Pero no voy a permitir que mi hermano abandone la Orden por mi culpa.

—Bueno, Zack, hasta aquí está bien. Puedo volver por mi cuenta.

—C-Claro, ¿no tendrás problemas?

—Quizás los haya. Simplemente dile a mi hermano mayor que un enviado de la familia real vino a nuestra casa.

Sin embargo, en lugar de un enviado, era probable que fuera esa persona .

Si hubiera sido un enviado, no habrían llegado en un carruaje tan conspicuo.

—Lo tengo.

—Bueno Zack, nos vemos.

—Adiós.

Con un asentimiento bastante moderado, Zack regresó a la Orden.

Ahora bien. Si papá y mamá estuvieran en casa, debería recibir al invitado con ellos. Pero si ambos estuvieran ausentes, no me reuniré con el invitado.

Tomada mi decisión, entré en la mansión.

—B-Bienvenida de vuelta, señorita —me saludó Richard tan pronto entre.

Podía entender su estado terriblemente nervioso. Después de todo, si la gente de la familia real llegaba sin previo aviso, este tipo de reacción era de esperar.

Lo más probable era que haya adivinado quién vino, pero aún debo preguntar.

—Bien, el invitado es…

—Si, ¿qué huésped estimado está en la casa?

—Es… Su Alteza Raimundo ha venido.

¿Había adivinado?

Bueno, me lo esperaba. Pero, ¿qué podría querer de mí en estos momentos?

—¿Dónde está ahora?

—En el salón, la señora lo está entreteniendo.

—¿Qué hay de mi padre?

—Se fue por un asunto de negocios. Creo que regresará pronto, pero…

Parecía que solo mi madre estaba cerca.

Pero si es madre, podría arreglármelas de alguna manera. Dado que mamá era impecable en muchos sentidos.

—¿Para qué vino?

—Bueno, él insistió en que trajeran a la señorito, pero le informé de su ausencia.

—Ya veo.

¿Fue solo una preocupación mía después de todo?

Puede que no conozca su intención o su razón, y lo considere con el mayor desprecio en mi corazón, pero todavía era el hijo mayor de la familia real. No podía ignorarlo.

Era inevitable. Me dirigiré hacia el salón.

Por supuesto, en caso de que sucediera algo, haría que Natalia estuviera de guardia detrás mío.

Subiendo los escalones hasta el segundo piso, llegamos ante la puerta del salón. Luego toqué.

—Adelante. —Al escuchar la voz de mi madre, abrí la puerta.

Allí, sentados juntos en un sofá de dos plazas delante de mi madre estaba, por supuesto, Su Alteza Raimundo y…

Umm, ¿cómo se llamaba de nuevo? Lo olvidé. Si no me equivoco… Mmm, su nombre sonaba un poco dulce.

La señorita Maple, ¿verdad?

De todos modos, la persona con la que Su Alteza parecía haber encontrado el amor verdadero estaba sentada a su lado.

—Hmph. Así que finalmente has regresado, Carol. Me has hecho esperar mucho tiempo.

—Y como te he estado diciendo, si no quieres esperar, no dudes en irte.

—Cállate. No permitiré que una simple duquesa me de órdenes.

Al parecer no ha cambiado nada. Tenía la misma actitud arrogante de siempre. 

—Carol, ven a sentarte al lado de mamá.

—Si, madre.

Siguiendo la sugerencia de mi madre, me senté a su lado.

Natalia estaba detrás de donde yo estaba sentada. Y, por supuesto, detrás de Su Alteza Raimundo había dos personas que parecían ser sus guardias designados.

—Escuché que tienes un asunto conmigo.

—Ahh, honestamente, sigues siendo tan imprudente como siempre. ¿No te disculparás primero por hacerme esperar?

Incluso si dice eso, fue Su Alteza quien esperó por su propia voluntad.

Quería decirle que solo estaba cumpliendo con mi obligación. Que no tenía ninguna necesidad de disculparme, pero tenía la sensación de que me enojaría si expresara eso, así que no dije nada.

Si es posible, me gustaría que se fueran pronto.

—Entonces, ¿que necesitabas?

—¿Oh? ¿Ignoraste lo que dije? Te dije que te disculparas.

—Haa…

Oh, ¿por qué? Solo pude dejar escapar un suspiro.

Sabía que la cabeza de Su Alteza estaba llena de aire, pero nunca pensé que fuera tan malo.

No obstante, quería darme prisa y llegar al asunto.

Incluso si no supiera por qué, debo disculparme cuando no tuve la culpa.

—Oh, bien entonces… Lamento haberte hecho esperar.

—Hmph. La Casa Ducal de Ambrose carece de educación para no ofrecer una disculpa a menos que se le solicite.

Soportando, mantuve mi silencio.

Mi madre hervía en silencio a mi lado. Frente a alguien que no había sido más que grosero hasta ahora, era natural ponerse furioso.

—Oh bien. Me tomé la molestia de venir aquí. Claramente, hay un asunto importante que discutir.

—¿De qué se trata esto?

—Si lo suplica, podría permitirle ser mi prometida una vez más. Ya que soy magnánimo.

—Me niego —respondí sin pausa ante su inconcebible proposición.

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