Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 12

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


Qué estaba tratando de decirme realmente esa vez el amigo de Soleil, ni siquiera en esta vida lo sabía. Lo más probable es que ni siquiera lo entendiera en un futuro. Sí, espero no hacerlo. Ya estaba cansada de las cosas que habían sucedido en esa vida. Y tal vez, a menos que la situación fuera igual que aquella vez, probablemente nunca volvería a mostrar tal expresión.

La esposa de su amigo había sido encarcelada.

Podía parecer un incidente que le incumbía mucho, pero en verdad no era más que el problema de otra persona. Incluso si pudiera entender el dolor de su amigo, no había lugar para compadecer a la esposa encarcelada con quien nunca había hablado. Por el contrario, el sentimiento debería ser de odio.

Ella, la pecadora que había hecho tan miserable a su amigo.

Y sin embargo, había ido a ese lugar. A pesar de que no éramos más que meros conocidos. Tal vez, realmente albergaba odio hacia mí y había ido a ver mi desagradable muerte. Sí, solía pensar que sí. Pensar que había ido a menospreciar y a reírse de mí.

Sin embargo, probablemente estaba equivocada. Eso es porque él era un noble.

En primer lugar, los nobles no eran existencias relacionadas con lugares como las cárceles. No sabía cómo era para los familiares de un recluso, pero si el prisionero era un perfecto desconocido, no era un lugar al que fueras por capricho. La gente de tu entorno probablemente intentaría detenerte. Sin mencionar el tema de la higiene, era impensable que un noble fuera a un lugar donde quién sabe qué tipo de enfermedades andaban rampantes. Además, los prisioneros eran brutales y groseros. Incluso con un guardaespaldas, nadie sabía lo que podía pasar. Es por eso que nadie intentaría enviar a un noble a una prisión.

Siendo ese el caso, de verdad debe haber deseado ir personalmente. Tal vez, incluso tuvo que pagar una suma considerable para hacerlo. Si permitían que un noble entrara en un lugar como ese, los guardias de la prisión también tendrían que asegurarse de que todo terminara de manera segura, por lo que probablemente habían exigido una recompensa.

Llegó tan lejos para verme. Y entonces, se disculpó mientras lloraba. No entendía el verdadero significado de sus palabras, pero parecía llorar por mi muerte. Y tuve la sensación de que lamentaba el hecho de que no podía hacer nada para ayudarme. Si ese fuera el caso, entonces…

—¿Sabía que fui acusada falsamente…?

Cuando llegué a esa conclusión, sacudí la cabeza.

Incluso si lo sabía, ¿y qué? 

Ahora era demasiado tarde para esto.

Sí, ya era demasiado tarde para todo.

Los cargos falsos en mi contra habían sido creados por primera vez después de la muerte de Silvia. Alguien que sentía que mi existencia era un estorbo, se había aprovechado de la muerte de Silvia para inculparme. En otras palabras, el desencadenante de todo había sido la muerte de Silvia, por lo que mientras estuviera viva no pasaría nada. Por eso hacer que Silvia viviera se había convertido en mi objetivo. En todas mis vidas, después de esa fiesta de té, me aseguraba de mantenerla protegida. Le había pedido desvergonzadamente a la esposa del marqués que preparara un escolta para Silvia. En las sombras, me movía específicamente contra esa banda de ladrones. Actualmente, todavía era una estudiante así que mi poder no era suficiente, pero como se había decidido que me casaría con Soleil, al menos tenía el respaldo de su casa marquesina.

Entonces, en poco tiempo las personas que intentarían usar su poder en mi contra se irían reuniendo gradualmente. Estaba al tanto de esto. Por nacimiento, Soleil era un noble de alto rango y estaba extremadamente en guardia, sólo las personas en las que realmente confiaba permanecían a su lado. Era bien sabido que a menos que una persona fuera presentada por alguien de confianza, él no profundizaría la relación a una de verdadera amistad. Tal vez debido a esto, no sólo había personas con antecedentes sólidos a mi alrededor, sino que también se me acercaban personas con pasado sospechoso. Si no podían acercarse a Soleil, intentaban con su prometida. Era un pensamiento natural. En todo caso, no era difícil mantener alejadas. Para algo así, si usaba la fuerza de la casa del marqués, la cual se rumoreaba tenía el control del lado oscuro de este reino, podría poner algo de distancia entre nosotros.

Si, cualquiera sea el caso, alguien está tratando de usarte, no te límites a defenderte, tú misma debes usarlos. No te conviertas en alguien que sea usada, conviértete en alguien que usa a los demás—. Había declarado la madre de Soleil con una expresión tranquila mientras sonreía. Y así, en el pasado, seguí directamente el camino que ella me había señalado.

—He estado caminando en círculos, ¿no? —susurré, caminando por el desierto pasillo.

El patio se extendía al otro lado de las ventanas. Había pasado el tiempo de floración de las rosas blancas y se estaban deshojando, pero un día, había visto a Soleil y a Silvia acurrucados en un banco. Aunque ciertamente sentía que algo estaba cambiando, no podía avanzar en la dirección que quería. Como si fuera el trabajo de una fuerza invisible y decisiva, siempre sería despojada de todo. Dado que sabía esto, dado que había visto previamente lo que sucedería en mi vida, poco a poco fui agregando algunas alteraciones para que pudiera convertirse en lo que deseaba. Pero eventualmente, todo se vendría abajo.

Si no supiera nada, ¿no podría llevar una vida mucho mejor? No haber visto lo que había sucedido, sin saber el futuro que me esperaba, ¿no parecía una vida llena de esperanza? Si se trataba de sufrimiento y pena, o alegría y regocijo, estas manos tenían la posibilidad de elegir. Con eso en mente, ¿no debería tener lo que uno llamaría una vida bendecida?

¿Podía decir que realmente había podido elegir algo? Miré mis manos que no podían describirse como grandes. Lo que siempre sostenía eran vacío y fantasmas del pasado. ¿Cuándo había sido, ese día en que había intentado desecharlo todo e ir a un lugar que no era este?

♦ ♦ ♦

—¿Mi señorita? ¿Paso algo?

Al ayudaba a mi padre con su trabajo por lo que no siempre se encontraba a mi lado. Tal vez pudiera parecer extraño que, a pesar de ser mi escolta, no siempre estuviera conmigo, pero eso sólo era un pensamiento superficial. El hecho que un escolta debía estar en todo momento junto a su protegido no era algo que sucediera con todos los nobles.

En primer lugar, yo sólo era una estudiante. Se podría decir que no había ninguna instancia en la que fuera a lugares peligrosos. Cuando salía del feudo, era acompañada de sirvientas y un mayordomo y, como no habría ninguna ocasión en que fuera a quedarme completamente sola, no era como si no pudiera moverme si mi escolta no estaba conmigo. Además, las medidas de seguridad de la academia eran perfectas, por lo que no era necesario traerlo. Un grupo de caballeros llamados como los Caballeros de la Academia se turnaban para proteger los terrenos del establecimiento.

En otras palabras, para una persona como yo que sólo viajaba entre el feudo y la academia, no había absolutamente ninguna necesidad de un guardaespaldas. El hecho de que Al trabajaba como mi escolta era al final, sólo debido a que era la prometida de Soleil. Quien lo había contratado había sido nuestra casa, pero una parte de su salario estaba cubierto por la casa del marqués. Lo que significaba que, en una de mis vidas, el hecho de que la protegida de Al fuera cambiada a ser Silvia, se había debido a que eso es lo que quería la casa del marqués. Mis padres probablemente también lo habían solicitado fuertemente. Sin embargo, la casa del marqués tenía la última palabra. En ese momento, mis padres y la familia del marqués ya me habían abandonado.

La casa del marqués era manejada por los padres de Soleil, pero quien tomaba las decisiones referentes a mí debería de haber sido Soleil… Consciente de todo, Soleil había elegido voluntariamente a Silvia sobre mí.

—¿Mi señorita?

—Ah, Al. Lo siento. Estaba perdida en mis pensamientos.

—Parece que regresó un poco temprano, ¿se siente mal?

Hablar con el amigo de Soleil me había sentado muy mal, así que me había retirado de la academia. Salir de instituto mientras las clases estaban en sesión estaba naturalmente prohibido, pero cuando algo sucedía y tenías que hacerlo, debías obtener un permiso de antemano para ello. Sin embargo, había una excepción a todo y esto no se aplicaba en caso de una emergencia. En otras palabras, no se aplicaba si algo le sucedía a tu familia o parientes o, si estabas enfermo o herido. En tales casos, sólo tenías que presentar una solicitud por escrito y podías abandonar el recinto escolar. Bueno, era normal tener en cuenta tales situaciones. Seguidamente, sin esperar el carruaje de nuestra familia, encontré otro y me fui a casa.

—Bueno, sí me siento un poco mal. Estaba pensando en descansar un poco…

Cuando dije eso, Al se mostró más preocupado de lo que había imaginado.

—Mi señorita siempre está trabajando demasiado duro. Por favor, duerma temprano hoy —dijo bajando la voz mientras empujaba mi espalda para guiarme a mi habitación.

—¿Qué pasa con su trabajo? —pregunté.

—Aprecio su preocupación, pero no es necesario molestarse por mí —respondió sin voltearse a mirarme.

Entendía bien su preocupación por mí, pero esa amabilidad dolía un poco. Como él había dicho, hasta ahora, había seguido trabajando hasta el cansancio, hasta el punto en que yo misma lo admitía. Porque si no lo hacía, un muro que nunca podría superar me estaría esperando. Por eso, estaba avergonzada por dejar que todos estos esfuerzos se desperdiciaran ahora. Pensaba que esta podría ser la primera vez que algo así sucedía.

—Antes de descansar, ¿desea tomar algo? —me preguntó mientras caminábamos por el pasillo. Cuando asentí con la cabeza, mi excelente escolta que adivinaba mis pensamientos sólo con señas pareció sonreír un poco.

—¿Y mi madre?

—En su habitación, tejiendo.

Incliné la cabeza, un poco sorprendida por la brevedad de su respuesta.

—¿Se encuentra descansando?

Normalmente, mi padre solía pasar mucho tiempo aislado en su estudio. Una parte de los documentos relacionados con la gestión del territorio se dejaban a discreción de mi madre. Es por eso que las esposas de los aristócratas no podían ser analfabetas e ignorantes.

—Últimamente, se está tomando las cosas con calma.

Mis pies se detuvieron ante esta forma de hablar que parecía implicar algo indirectamente. Cuando miré hacia atrás, mi escolta que estaba parado detrás de mí también se había detenido a cierta distancia. Parecía que había predicho de antemano que me detendría.

—¿Qué quieres decir?

—Nada más que el significado exacto de esas palabras.

Es probable que lo dijera literalmente. Pero si eso fuera cierto, entonces teníamos un pequeño problema. Porque la parte del trabajo bajo la responsabilidad de mi madre no disminuiría repentinamente de un día para otro. Incluso cuando Silvia estaba postrada en cama debido a su enfermedad y mi madre la cuidaba, ella siempre se esforzaba por hacer el trabajo que le era asignado. Sabía que para disminuir la carga de mi padre, aunque fuera tan sólo un poco, ella trabajaba en los documentos hasta altas horas de la noche. Como Silvia se encontraba hoy en la academia, era evidente que no estaba enferma actualmente. En otras palabras, ahora era el momento en el que mi madre debería de haber estado trabajando.

—¿Mi padre ha dicho algo?

—No.

Una vez más, una respuesta breve. Estaba bien pensar que si mi padre no había dicho nada, significaba que había dejado las cosas como estaban. Porque si hubiera estado preocupado por algo, habría conseguido que el mayordomo o una sirvienta resolvieran el problema.

—En ese caso, no hay nada que deba hacer.

Por el contrario, si hiciera algo no solicitado, existía la posibilidad de que me ganara la ira de mi padre. Era mejor dejar a mi madre a manos de mi padre.

—Quizás mi madre está cansada.

—Sí, probablemente sea eso.

Esta vez, su respuesta no se sentía fuera de lugar. De hecho, la parte de trabajo de mi madre no era algo que se pudiera hacer en el tiempo libre. Si tomaba malas decisiones, la población del feudo estaría en aprietos. No era como si le hubieran confiado decisiones importantes, pero incluso el polvo se convertiría en una montaña si se acumulaba, por lo que si se seguían cometiendo errores…

—¿Debería visitarla más tarde?

—Hm, sobre eso… no estoy seguro. Ella dijo que quería estar sola por un tiempo.

—Ya veo…

Si mi madre había dicho eso, era mejor respetar su deseo. Mientras me decía a mí misma que probablemente era mejor así, pregunté alegremente:

—Es cierto, sobre la bebida. ¿Podrías decirle a alguien que me gustaría tomar té, por favor?

Al abrió los ojos de par en par, pero después de asentir una vez, respondió:

—Entendido.

—Ah, me pregunto si debería probar el té que Silvia compartió conmigo…

Las hojas de té habían sido dejadas en infusión personalmente por mi madre. Sin embargo, nunca había recibido ni un poco de este. Mi madre siempre hablaba con entusiasmo con el jardinero exclusivo de nuestra casa sobre mezclar varias hierbas aromáticas y plantas medicinales con las hojas de té que preparaba. Parecía que las había escogido para que Silvia pudiera sentirse un poco mejor. Y así, lo que mi madre había preparado por el bien de Silvia no era un simple té.

—Me pregunto cómo sabe…

Me preguntaba si mis verdaderos pensamientos, los cuales involuntariamente se escaparon de mis labios, sonaban como si estuviera resentida. Yo era su verdadera hija, pero tenía un cuerpo sano. No había necesidad de estar atenta a lo que comía o bebía. Probablemente era por estas razones que mi madre nunca me había preparado un té especial. No lo había hecho hasta ahora y tampoco lo haría en el futuro.

—Al, no hay necesidad de que pongas tal expresión, ¿sabes?

Mi escolta me miraba con el ceño fruncido, aparentemente queriendo aportar algo. Pero cuando estaba a punto de decirlo cerró la boca.

—Me dijeron que un comerciante que tiene lazos amistosos con nuestra casa había obtenido un té raro. La próxima vez, se lo traeré —habló con una pequeña sonrisa. Probablemente se refería a la casa de sus padres.

—Ya veo, eso sería realmente agradable.

No importaba cuán raro podía ser este té, no sería difícil para mí comprarlo directamente. Si le preguntara a nuestro comerciante habitual, este probablemente haría los preparativos de inmediato. Pero hacer eso no tendría sentido y Al lo sabía muy bien. Era precisamente por ser un regalo que era especial.

El té preparado por mi madre hacía que Silvia apretara los labios con desagrado por su amargura. El quejarse de lo que hacía una madre era uno de los privilegios de una hija. Como tal, la actitud de esa niña no era inadecuada en absoluto, ni era algo para criticar. En cierto sentido, era una reacción normal. Porque como hija, a veces era normal resistirse a tu madre. Además, era simplemente un poco de té y, dado que estaba hecho por una aficionada, normalmente no tendría valor. Sin embargo, para mí no se trataba sólo de unas hojas de té, ni era algo sin valor. Por eso, cuando había recibido de Silvia la infusión de té de mi madre, tuve que tragarme palabras envidiosas.

A pesar de que había elegido a las sirvientas a mi servicio, mi madre nunca había trabajado mucho por mi bien.

Pero si era por el bien de Silvia, no escatimaría ningún esfuerzo. No importaba cuán ocupada estuviera, prepararía té en cada momento libre que pudiera encontrar. Me preguntaba si era demasiado infantil sentir celos por ese hecho. Ese sentimiento era exactamente igual al que había sentido aquella noche, a esa envidia que había sentido hacia esa niña que estaba siendo abrazada mientras le decían “Eres mi encantadora princesita”. Me sentí miserable por mi falta de madurez y me forcé a mostrar una expresión compuesta.

—Haré los preparativos de inmediato, así que por favor espere en su habitación.

Asentí con la cabeza mientras Al abría la puerta. Probablemente había ido a llamar a una sirvienta. Mirando la puerta que había sido cerrada suavemente, solté un suspiro. Ahora que me había quedado sola, el cansancio me asaltó. Me senté en la silla frente al tocador y me miré al rostro.

Si esos ojos hubieran sido violetas. Si esos cabellos hubieran sido plateados. Si este rostro hubiera sido el de Silvia… ¿Entonces también habría sido amada por todos? 

Tales pensamientos tontos pasaron por mi mente. Aunque pensaba que no habría tenido sentido vivir si no hubiera sido yo, al mismo tiempo, también pensaba que no podía vivir precisamente porque era yo. Cuando respiré, mis ojos se enfocaron en la pequeña botella que Silvia me había dado. Parecía brillar al reflejar la tenue luz dentro de la habitación. ¿También era algo preparado por mi madre? No se parecía a los baratos frascos utilizados para conservar las hojas de té. El cristal iridiscente parecía mostrar que realmente era un artículo preparado para una ocasión especial. Cuando lo tomé en mi mano, noté que era inesperadamente pesado. La cinta roja que lo envolvía probablemente era un adorno que Silvia había agregado.

Cuando pensé que lo envolvió para dármelo como regalo, sentí un dolor en el pecho.

—Silvia, no ha hecho nada malo. Cierto, esa niña no es mala —repetí por segunda vez esas palabras que recitaba como si me estuviera persuadiendo con un hechizo. Necesitaba advertirme a mí misma que mi hermanita no había hecho nada malo. Si no lo hacía…

Por alguna razón levanté la botella y le quité la tapa. Esta fragancia entremezclada, ¿habría pétalos de flores mezclados con las hojas de té? Tratando de adivinar qué flores eran, me la acerqué a la nariz. Era un olor agrio y suave. Al pasar por mi garganta la fragancia me dio una sensación refrescante como si me limpiara todo el cuerpo y los pulmones. Me hizo sentir algo nostálgica… Fue en ese momento que lo sentí. Un extraño presentimiento que me hizo distanciar instintivamente la botella. Una tos escapó involuntariamente de mi garganta. Una segunda la siguió. Sonaban como cuando las personas tosían mientras dormían. Parecía como si alguien más estuviera tosiendo.

Miré a mi alrededor. Traté de ver si es que no había algo de polvo flotando en el aire, preguntándome si podría haber una causa para mi tos. Moví mi línea de visión hacia la ventana, pensando que podría haber quedado abierta y que había entrado polvo o arenilla. Pero como de costumbre, no había nada de este tipo dentro de esta silenciosa habitación. Mientras inclinaba la cabeza con asombro, miré una vez más la pequeña botella.

Era sólo un regalo ordinario que había recibido de mi linda hermanita. Inhalé, devolví la vista al tocador y exhalé. Pronto, la sirvienta traería el carrito de té. Sólo el sonido del reloj marcando el paso del tiempo y mi propia respiración resonaban en la habitación. Mientras escuchaba atentamente estos sonidos, comencé a sentir que era la única persona que existía en este mundo. Era un mundo donde nadie más que yo existía. Tal vez, sería mucho mejor así. Un mundo donde no sería lastimada por nadie y donde tampoco lastimaría a nadie.

—¿Un lugar, donde no hay nadie?

Dicho de otra manera, sería igual que la pequeña habitación en el burdel donde había pasado una de mis vidas. Moví mi línea de visión hasta la punta de mis dedos. En ese momento, recordé cuando me había quedado dormida mientras sostenía la mano de Cuervo.

Ah, eso es cierto. 

No había estado sola. A medida que lo recordaba…

—La medicina de aquella vez.

Una piel de gallina asaltó todo mi cuerpo. La saliva que tragué inconscientemente hizo un sonido. Casi sonaba como si algo me hubiera asustado.

No, no es eso, no es eso, me dije mientras tomaba la botella una vez más. De alguna manera, se sentía más pesada que antes.

Cuando estaba en el burdel, durante mucho tiempo me atormentó una tos seca. Pensaba que  sólo era un resfriado y dado que no lo había tratado se terminó convirtiendo en una enfermedad grave. Tuve fiebre alta y, después de que pasara un mes en un abrir y cerrar de ojos, mi condición había empeorado hasta el punto de que ya no había nada que se pudiera hacer para salvarme. Además, en ese momento era imposible recibir ningún tipo de tratamiento médico. Después de todo, como no tenía dinero para llamar a un médico, no había nada que pudiera hacer. Por lo tanto, lo único que se podía hacer era disminuir el dolor.

Lo que Cuervo me trajo había sido ese tipo de medicina.

Sin embargo, en lugar de contener el dolor, era una droga bastante fuerte que me dejaba atontada.

—Nunca le den este medicamento a una persona que no padezca esta enfermedad, —fue lo que había dicho el médico ilegal que sólo había sido invitado por el propietario del burdel para confirmar cuánto tiempo me quedaba. Ni siquiera sabía si su diagnóstico era correcto, pero dado que incluso yo entendía muy bien que se acercaba el momento de mi muerte, algo como eso era intrascendente—. Para la persona afectada por esta enfermedad, es un medicamento muy bueno, pero ya ves, es demasiado fuerte, así que si una persona que no está enferma, lo toma, provocará reacciones violentas como vértigo, espasmos y demás. ¡Será un gran problema! 

No me había explicado qué componentes había en él ni cómo funcionaban ya que yo era tan sólo una prostituta y mi mente se mantenía confusa. En vez de eso, me lo explicó de una manera que fuera fácil de entender. Incluso cuando estaba al borde de la muerte, algunos de nuestros clientes no dejaban de venir a verme. Probablemente por eso me había advertido, por si acaso.

La medicina en polvo roja. Esta era una droga que emitía un aroma característico.

Recordé este olor que era acre, como si viniera de plantas medicinales reales, pero también un poco dulce. No, para empezar nunca podría haberlo olvidado. Porque entendía muy bien lo que significaba.


Sharon
Me siento confundida, ¿esto significa que alguien quiere matar a Ilya? ¿O a Silvia?

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5 thoughts on “Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 12

  1. ShineStardust says:

    Kyaaaa eso significa que las infusiones que la mama de Ilya le prepara a Silvia estan hechas a base de veneno, lo mas seguro es que esa mocosa nunca ha estado enferma sino que la madre la ha querido tener así.

  2. Waldino says:

    Yo todo triston leyendo los capítulos :'( y cuando estoy terminando el último una conspiración salvaje aparece 😮
    PD: Gracias por el pack de capítulos

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