Reencarné en una mujer egoísta – Capítulo 10: Es una promesa

Traducido por Devany

Editado por Nemoné


—Mi señora, el señor viene para acá.

Después de ir a revisar la puerta, Berta regresó y me informó de la visita.

— ¿Es eso cierto? Entonces, lo atenderé en la sala de estar de la primera planta. ¿Qué deberíamos hacer para recibirlo? Uh… ¿té?

Se fue inmediatamente la última vez, ¿no? ¿Es un té una pérdida de tiempo?

—Lo prepararé.

— ¡Naturalmente, yo me encargo! —Berta declara mientras se pone de pie.

¡Está bien! Cuento contigo.

Mientras bajaba las escaleras, alcancé a escuchar un escándalo proveniente del vestíbulo ubicado en la entrada.

Ah, ya está aquí. Debió de haberse puesto en marcha inmediatamente después de enviar la notificación de su visita.

¿Qué necesitará ahora? Con eso en mente, me dirigí a recibir a Christhard.

— ¿En qué estás pensando?

Cuando nos sentamos frente a frente en la sala de estar, Christhard habló con un tono de mando desde el principio.

— ¿Eh?

—Desde el momento en que despertaste, no logro entenderte.

Bueno, es cierto que mi personalidad (la de Amalie) cambió demasiado en tan poco tiempo, ¿no?

Desde aquel día de fiebre alta, no volví a gritar histéricamente alrededor de la mansión Sunlight ni a salir de fiesta como acostumbraba, en lugar de eso, sólo vivía tranquilamente con Wirbel.

Extremadamente antinatural. No, tal vez se pueda decir que es siniestro… pero, ser sospechosa por vivir pacíficamente es triste, ¿sabes?

¡Bien, debo aclarar todo esto! Decidida, expresé mis verdaderos sentimientos mientras miraba aquellos oscuros ojos verdes, tan parecidos a los de Wirbel.

—Me he dado cuenta de que no hay nada más importante para mí que Wirbel.

Creo que eso lo resume todo. No es totalmente mentira ya que, a mi parecer, si Amalie se hubiera dado cuenta de este hecho habría cambiado por sí misma.

El amor de Wirbel debería haber curado los sentimientos de soledad que se encontraban dentro de lo más profundo de su corazón.

Con solo mirar su cara sonriente…

—Esta realización cambió completamente la visión que antes tenía del mundo.

—Ya veo.

Christhard-sama asiente con la cabeza y murmura en voz baja: —Finalmente, ¿eh?

¿Espera? ¿Acaso Christhard notó la mirada que le dirigía Amalie a Wirbel? ¿No que era completamente apático?

— ¿Puedo preguntarle cómo le va a Wirbel en el edificio principal?

—Sí, ese chico es muy buen niño, es brillante —dice Christhard con un obvio orgullo.

¡Bien, yo también lo sabía!

Esto… ¿Qué es esto? ¿Intenta decirme que sabe más de Wirbel que yo?

¡Cuando se trata de Wirbel no voy a perder contra nadie! Yo… ¿qué me pasa? ¿Estoy tratando de empezar una pelea…?

—Por favor, cuéntame más.

Me las arreglo para relajar mis cejas y forzar una sonrisa en mis labios.

—Fumu, se lleva bien con Arthur, y es amable con Anneliese. Ah, parece que has dejado que Anneliese coma pastel. Estaba alardeando con Arthur de lo delicioso que era. También dejas que las criadas lo coman, ¿verdad? Hay rumores en el edificio principal.

¿En serio…? 

Berta asiente con la cabeza cuando la miro. Ya veo, pero no es que sean malos rumores, ¿cierto?

—También, hm, Wirbel ha estado sonriendo mucho, parece estar más contento.

Levanto la cabeza por las palabras de Christhard, sus ojos me miraban en silencio.

—Es así…

—Sí.

Después de que casi lloro por oír tales palabras, Christhard me da unas breves palabras de consentimiento.

—Deberías oír del propio Wirbel sobre el estado de sus estudios. Bueno, entonces, me excusare en este momento.

Habiendo dicho lo que quería, Christhard se levantó del asiento y se fue antes de que yo pudiera responderle.

—No pude darle las gracias.

¿Vino a visitarme hoy sólo para decírmelo? El cómo Wirbel es más feliz, y también a aconsejarme que no vuelva a borrar aquella sonrisa de su rostro.

—Muchas gracias. Te lo prometo…

Recuerdo a Wirbel aferrado a mí, diciéndome ‘‘no vayas a ninguna parte’’ cuando me desperté de la fiebre. No lo haré sentir tan inquieto nunca más. Protegeré la sonrisa de ese niño.

—Madam… —La normalmente imperturbable Berta duda—. Siento molestarte, pero el jefe de la compañía Becker te ha estado esperando en la sala durante un buen rato, ¿qué debo hacer?

¡Ah, es cierto! Me he olvidado por completo de esto por la visita de Christhard, pero hoy es el día en que se suponía que traerían los planos prototipo de los utensilios de cocina y el horno.

¿Lo he hecho esperar demasiado tiempo?

—Vayamos inmediatamente.

Después de que me trasladé a la sala a paso rápido, Dennis Becker se levantó del sofá y se inclina con una expresión alegre.

—Te he hecho esperar.

—No, en absoluto. Nosotros lamentamos habernos tomado mucho tiempo para preparar los planos para su pedido. Pero, como los productos están finalmente terminados, fue un privilegio para mí esperar.

Después de decir eso, coloca varios productos sobre la mesa.

—Con el reconocimiento de Madam, podemos empezar una producción en masa de esta taza y cuchara para medir inmediatamente. Por favor, tome una decisión.

—… Yo, ¿es eso cierto?

Becker se inclina hacia adelante, casi se cae. Demasiado entusiasmo es bastante aterrador.

Sin embargo, gracias a ese entusiasmo, los utensilios de cocina que pedí han sido perfectamente terminados de acuerdo a mis instrucciones.

Oh. ¡Hasta hay un lindo molde para galletas! No sólo las galletas, sino también las verduras pueden tener lindas formas. Estos pobre vegetales podría empezar a ser comidos.

—Madam… si es posible, me gustaría pedirle algo… —Becker dice con dificultad.

— ¿Qué sería?

— ¿Podría decirme por favor el uso de este batidor y… a qué se debe su peculiar forma?

Veamos, ¿cómo debería explicarlo?

Nn~ Qué hago… 

De hecho, tal vez sea más rápido si se lo muestro.

—Vamos a la cocina, te enseñaré a usarla.

— ¿¡Eh!? No, no, no puedo pedirle a Madam tal cosa…

Movernos a la cocina para hacerle una demostración, Becker estaba bastante consternado por mi propuesta. Las esposas de los duques no suelen trabajar en la cocina, ¿verdad?

Berta también intentó a regañadientes (perdió ante la tentación de los dulces) que yo dejara de cocinar.

—En realidad, verlo hace que sea más fácil de entender. No se puede vender algo que no se entiende, ¿verdad?

— ¡Ya veo, cuánta razón tiene!

Becker se interesa inmediatamente.

El reaccionó al “no se puede vender” de la misma forma en que Berta reacciona al colocar dulces frente a ella.

Ahora bien, ¡empecemos la demostración!

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