Crié a un dragón negro – Capítulo 25: ¿Eres tú Eleonora Asil?

Traducido por Den

Editado por Hime


—Y ahora soy un dragón bajo la autoridad de Noah.

En la muñeca del niño brillaba radiante la misma marca que en la de ella. Park Noah repitió con vaguedad las palabras del niño en su interior.

Mi autoridad. 

—Esta marca une al maestro y su mascota, y no puede deshacerse hasta que uno de los dos muera.

La voz del niño la hizo notar que ya no había vuelta atrás, y un horrible sentimiento la embargó.

Adiós a mi vida pacífica. 

—Gracias por hacer la impronta conmigo… —Por muy ansiosa que estuviera a causa de su decisión, al ver al pequeño con sus oscuros ojos rojos llenos de lágrimas mirarla como si fuera un dios, solo pudo soltar un suspiro profundo.

¿Qué puedo hacer? 

Habían transcurrido exactamente cinco minutos desde que se produjo la impronta, y Noah decidió deshacerse de toda preocupación y amargura de las que había sido presa momentos antes.

—¡Debiste decirme antes que la impronta era tan buena! —dijo la bruja, sonriendo. Su cuerpo estaba lleno de energía como resultado de lo que se llamaba: “La resonancia de la existencia”. La impronta permitía que el maestro fuera bañado por la magia del dragón.

Noah no había experimentado nunca tanta energía circulando dentro de su cuerpo. Su corazón latía rápido, y sentía como si se hubiera tomado tres tazas de café de golpe.

En un intento por calmarse, se pellizcó la parte izquierda del pecho, pero no tuvo efecto.

¿Es porque mi cuerpo quedó colmado de energía de manera repentina?

—Caray, esto es realmente… ¡Creo que puedo correr un maratón! —murmuró, incluso su respiración había cambiado.

Mientras miraba fijamente las palmas de sus manos y sentía el pulso acelerado, alguien llamó a la puerta.

—¿Eh? —Salió de su trance y con rapidez giró la cabeza en dirección a la puerta.

Solo por el sonido inquieto de los golpes, reconoció a la persona que se encontraba detrás de la puerta de madera. Mirando a su alrededor con frenesí, pudo ver que aparte del desastre, la magia del dragón todavía orbitaba alrededor de la habitación.

Si Kyle Leonard descubría lo que había sucedido hacía unos minutos, ¡se llevaría al bebé dragón! Y ahora que habían efectuado la impronta, no importaba cuánto tratara Noah de evitarlo, el niño no podría esconderse más del despiadado investigador.

—Seamos honestos… —Quedándose sin excusas, la bruja se levantó de su asiento y suspiró. Sin embargo, cuando estaba a punto de abrir la puerta, el pomo giró y ésta se abrió de par en par—. ¿Eh? ¿No cerré con llave la puerta…?

Quien abrió la puerta y entró a la casa era, como era de esperar, el poderoso mayordomo temporal de la bruja: Kyle Leonard. Inmediatamente sus ojos recorrieron el lugar. Tras lo que centró su atención en la magia del dragón, la cual todavía estaba presente en el aire, y no en el desorden que había por toda la casa.

—¿Lord Leonard?

Su expresión era completamente ajena para ella. No era una mueca ni contenía desprecio. Más bien, su mirada era inexpresiva. Nunca había visto una expresión similar en él, mucho menos en los últimos días que venían frecuentándose.

Frunció el ceño. Ya había asumido que su vida de ahora en adelante no sería sencilla, pero no esperaba enfrentarse tan pronto con el primer obstáculo.

Se mordió los labios y habló cautelosamente:

—Lord, creo que necesitamos tener una conversación. ¿Qué opina?

Como si el niño se hubiera dado cuenta de su nerviosismo, le abrazó la pierna y se aferró a ella, mirando al hombre de pie en el umbral.

La mirada de Kyle se dirigió por un momento hacia el niño, y al momento siguiente cayó sobre Noah.

Sobrecogida, se quedó inmóvil. Sin embargo, no hubo respuesta por parte del hombre, y de repente, un ruido ensordecedor estalló en la habitación.

Una bala de plata destelló frente a los ojos de Noah, fallando por un centímetro.

—Lord… Leonard… —Estupefacta, apenas pudo pronunciar palabra alguna.

—Te preguntaré algo —Con su revólver negro todavía apuntando hacia ella y con ojos carentes de emoción, prosiguió—: ¿Eres tú Eleonora Asil?

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