Crié a un dragón negro – Capítulo 28: Una testigo en lugar de una sospechosa

Traducido por Den

Editado por Hime


—Vayamos a tu habitación. No podemos quedarnos aquí para siempre.

¡Me harás beber la medicina! 

Noah quería discutir, pero era cierto que necesitaba su cama. Por lo que decidió negociar.

—Entonces, uh, dame el arma. —Tenía que asegurarse de que el hombre que acababa de apuntarle a la cabeza con un arma no intentara hacerlo de nuevo.

Leonard inmediatamente frunció el ceño y alejó el revólver de ella.

—Es peligroso que la sostengas tú.

—Es más peligroso si la sostienes tú —le replicó Noah.

Los dos pares de ojos se miraron con tenacidad para ganar la guerra silenciosa. Después de un momento de silencio, Kyle Leonard se rindió.

—Pongámosla en esa mesa de allí. No puedo entregártela porque fue personalizada para mí. ¿Qué pasa si de repente se dispara una bala?

Pero la bruja le arrebató el revólver sin vacilar y sostuvo al hombre por el cuello de su camisa. Su agarre era débil, pero él inesperadamente lo permitió. Estaban cara a cara.

—Saca todo lo que tengas en tu ropa —le exigió ella, apretando la mandíbula.

—Tampoco confío en ti. Desarmarme es algo difícil d…

—En este momento me encuentro en un estado en el que no puedo atacarte… ¿No puedes verlo? —Las lágrimas repentinamente se deslizaron por sus mejillas. Sorprendido, Kyle se estremeció un poco—. ¡Y no soy Eleonora con quince condenas anteriores! Tampoco robé el huevo del dragón, así que en lugar de ser una sospechosa, ¡déjame ser una testigo! —gritó, sus mejillas estaban rojas y sus ojos llenos de lágrimas.

—¡Por favor, háblame! —concluyó Muell, de sus ojos también brotaban lágrimas. Curiosamente, aunque las palabras que pronunció fueron incomprensibles, ella lo entendió y se sintió más motivada que antes.

Como ambos lo observaban con ojos llorosos, Kyle terminó soltando un suspiro, incómodo con su situación actual.

—Sí, ya veo… Muy bien, deja de hablar. Estoy sin fuerzas.

Al final, entregó todas sus armas. Sacó una daga plateada escondida detrás de su abrigo y otro revólver enganchado en su cinturón.

—¿Estás lista? —preguntó, habiendo dejado otras cuatro o cinco armas lejos.

—Quítatelo, solo quítatelo.

—¿Qué?

—¡Quítate ese uniforme! —gritó exasperada. Al final, el hombre se deshizo de la parte superior de su uniforme y lo dejó a un lado. Luego se acercó a ella.

—He hecho todo lo que me has pedido. Ahora vamos arriba.

En un instante, la alzó en brazos junto con el pequeñín, sin darle tiempo para quejarse. Ella instintivamente le rodeó el cuello con los brazos, asustada de caerse. Cuando llegaron a su habitación, Kyle entró con el ceño fruncido al ver el desorden en el interior de la misma.

Si me regañas otra vez, te mataré. 

Noah lo fulminó con la mirada. No obstante, él no parecía tener la intención de darle un sermón. En cambio, la colocó a ella y a Muell en la cama y se volvió hacia la cómoda junto a esta.

—¿Dónde pusiste la medicina que te recetaron la última vez? —preguntó.

—Uh… En la mesa.

Sin embargo, todo en la mesa estaba revuelto porque antes había estado buscando como loca al niño. Kyle suspiró y recogió el tarro de medicina que había rodado por algún lugar.

Poco después le entregó una pastilla con un vaso de agua. Ella tomó el medicamento sin demora debido a que su mareo estaba empeorando. La medicina detuvo poco a poco los temblores.

Cuando finalmente se calmó, Muell, quien temblaba junto a ella, también pareció calmarse un poco. Lo abrazó.

Luego el niño levantó la mirada y se dio cuenta de la expresión de Kyle, la cual decía: “¿Qué se supone que debo hacer en esta situación?

—Siéntate. Hablemos adecuadamente —murmuró la bruja.

Poco después, se escuchó el ruido de una silla siendo arrastrada hacia la cama. Kyle se sentó y soltó otro suspiro profundo mientras que Noah se incorporó para enfrentarlo.

—Antes te dejé claro que quiero que me trates como una testigo. También prometí cooperar con la investigación. Ahora bien, no me apuntes con tu arma. Si lo vuelves a hacer, no cooperaré nunca más. Le diré a Muell que te queme.

—No pensarás que esa es una amenaza para mí, ¿verdad?

—¿Qué? Hablo muy en serio.

—Es suficiente. No lo haré más, así que respira hondo. Mientras tanto, déjame organizar mis pensamientos —masculló Kyle con voz cansada.

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