Crié a un dragón negro – Capítulo 52: La bestia

Traducido por Den

Editado por Hime


Cuando las cadenas se rompieron, el tren se sacudió. Noah temió que pudiera volcarse, pero, afortunadamente, no descarriló.

—Creo que tendremos que arrestar a todos esos asesinos y entregarlos al centro de detención —dijo Kyle, incorporándose frente a ella.

El ferrocarril con destino a Battuanu, donde se encontraban actualmente Noah y Muell, comenzó a detenerse. Por otro lado, el tren con destino a Edman Central comenzó a acelerar a lo largo de la vía férrea.

La bruja vio a Kyle darle la espalda y patear al hombre que estaba a punto de golpearlo. A medida que el tren avanzaba por los raíles, sus figuras se fueron haciendo cada vez más pequeñas.

—Al mediodía dentro de tres días… —Ella repitió las palabras del investigador en voz baja, dándose la vuelta.

En ese momento, los murmullos confusos de los pasajeros siguieron a la repentina perturbación.

A pesar del inquietante temor que invadía su mente por las cosas que aún estaban por suceder, mantuvo la cabeza en alto, de la mano con Muell. Entonces, abrió de golpe las puertas del tren, agarrando con la otra mano la maleta que había empacado con diligencia.

—¿Quién es usted?

Dos empleados la enfrentaron en la entrada, mirándola con sospecha. Noah metió la mano en el bolsillo de su capa y sacó un billete arrugado.

—¡Soy una pasajera con destino a Battuanu! —chilló, entregando el boleto a los hombres.

♦ ♦ ♦

Con su perspicaz mirada, Kyle comprobó las balas que había utilizado hasta ahora: siete regulares y cinco especiales. No valía la pena contar las normales porque las usó para evitar que los pasajeros abandonaran sus habitaciones o se levantaran de sus asientos.

Las cinco especiales estaban alojadas en los cuerpos de los asesinos de Yulem, quienes yacían en el suelo del tren. De hecho, él apenas fallaba sus objetivos.

—Uck…

Pateó el cuerpo del hombre que rodó hasta sus pies, empujándolo. Luego, sacó su maleta del maletero y la abrió.

Si el equipaje de Noah Park estaba lleno de inventos extraños, el suyo estaba cargado con toda clase de armas, incluyendo esposas, balas, dagas y rifles desmontados.

Inmovilizó las muñecas del hombre con las esposas que tenía. Cuando apartó su cabello para mirarle el cuello, notó rastros de un chip trasplantado. Luego, apiló los cuerpos en una habitación vacía, suspirando.

Había planeado recuperar las balas incrustadas en los muslos, brazos y hombros de los asesinos, pero no continuó para que la atmósfera del tren, que ya se había vuelto desagradable por la conmoción, no empeorara por el olor a carne.

Kyle tendría que limitarse a pedirle al equipo de inspección que le entregara las balas.

—La próxima estación es Lestes; llegaremos en una hora. De Lestes a Edman Central viajaremos por autopista, así que por favor verifiquen sus destinos —un anuncio tranquilo retumbó por los amplificadores.

El investigador reflexionó al respecto. El tiroteo había resonado por todo el tren durante más de cuarenta minutos y, aún así, la voz del encargado permaneció serena, sin ningún rastro de pánico.

En este punto, el tren tenía que separarse y divergir hacia el norte y oeste. Por lo tanto, debía ir desacelerando y deteniéndose gradualmente. Sin embargo, su rápida velocidad persistía.

Kyle cerró de golpe la puerta de la habitación donde estaban apilados los cuerpos de los hombres de Yulem y se dirigió hacia la sala de máquinas. Las locomotoras, o la unidad de energía de un tren, y los vagones, estaban unidos por gruesas cadenas. Dio un ligero salto hacia la máquina, aterrizando con facilidad.

El humo negro de la chimenea del tren se extendía como una estela en el viento. El investigador atravesó la caldera del vehículo con pasos despreocupados, en contraste con la débil Noah Park, y se detuvo en el techo de la cabina del conductor.

—Oh, ¿quién es?

De repente, la ventanilla de la cabina se rompió y el operario se sacudió en su asiento. Entonces, un revólver se clavó en su sien.

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