Crié a un dragón negro – Capítulo 53: Investigador audaz

Traducido por Den

Editado por Hime


—Saque su identificación de empleado —le ordenó el investigador al operario, presionando el revólver contra su cabeza. Pero este no le respondió ni se movió—. No puede ser. No creo que trabaje en la Compañía Ferroviaria de Laurent —el hombre palideció de inmediato ante su comentario; gotas de sudor se formaron en su frente—. Si no quiere recibir una bala en los brazos y piernas como sus colegas, hágase a un lado y hable —amenazó Kyle.

Extrajo unas esposas de su uniforme y aprisionó rápidamente los brazos del hombre. Cuando el operario se negó a cooperar, sacudiendo la cabeza en respuesta, Kyle le golpeó la nuca con el arma. En un instante, el hombre perdió el conocimiento. Luego, el investigador empujó su cuerpo hacia la esquina y comenzó a examinar los controles en la cabina del conductor: parada automática del tren, velocímetro, manivela, suministro eléctrico, válvula de control de la caldera, válvula del freno.

Sus ojos escrutadores se detuvieron en un lugar: el cuentakilómetros, que indicaba la ruta del tren, parpadeaba en rojo, advirtiendo que el tren estaba en movimiento. Sin embargo, el itinerario en el mapa y la dirección indicada por el aparato de la locomotora eran diferentes. El viaje era hacia el norte, pero el convoy iba hacia el este.

No puede ser cierto. 

Según el mapa, la ruta desde Lunazel a Edman Central era una zona llana que se extendía por un camino recto; su recorrido no tenía grandes curvas. Por consiguiente, el odómetro no debería apuntar al este.

Si el tren seguía avanzando hacia el este, llegaría a una ubicación completamente diferente, no a Edman Central. Sintiendo un mal presentimiento, Kyle tiró con urgencia de la válvula de freno. Sin embargo…

—No funciona…

Trató de tirar de las válvulas una por una, pero todas estaban atascadas. De repente, el maquinista se revolvió, empezando a despertarse. Los ojos de Kyle se dirigieron hacia la nuca y los brazos esposados del hombre… Las muñecas.

Sin vacilar, le apuntó con el revólver y disparó.

Un grito abrupto resonó en la cabina del conductor. El trabajador se agarró la muñeca ensangrentada, retorciéndose del intenso dolor.

—Si se desmaya, no verá la sangre. De todos modos, apunté con precisión. ¿A dónde se dirige este tren? —chasqueó la lengua con sutil satisfacción.

—Ugh…

—A pesar de que el motor se averió, sigue funcionando bien. Eso significa que alguien está jugando con los raíles. ¿Es un mago?

Contrariamente a lo que la mayoría pensaría, el ferrocarril de Laurent, que se extendía como una telaraña por toda la ciudad, no corría por magia. Las vías cambiaban de dirección automáticamente al tirar de una palanca accionada por electricidad.

El operario negó con la cabeza de forma frenética.

—N-No puedo decir…

—Le han implantado el chip autodestructivo de Yulem en la muñeca, no en la cabeza. Ahora que está roto no hay razón para que no me lo pueda decir. Tampoco tengo ningún motivo para detener mi mano. En caso de que se resbale.

El hombre miró su muñeca temblorosa. Era cierto. La bala penetró en el lugar exacto donde se había colocado un chip del tamaño de una uña, junto a la arteria. Este ahora sobresalía de su piel.

—Aunque su muñeca se reduce a carne, no corre el riesgo de morir por una hemorragia. Ahora hablemos, ¿de acuerdo? ¿Quién está detrás de esto? ¿Quién en Yulem ordenó  matar a Eleonora Asil? —preguntó con calma, mientras sus dedos jugaban con el revólver.

—No puedo… decirlo… ¡No puedo!

—¿No va a decírmelo incluso cuando esté en el final? Ya no hay ninguna escapatoria fácil.

Kyle no estaba de humor para una investigación. Era un hombre que podía ser bastante cruel. Además, llevaba quince años trabajando en ese entorno y poseía el suficiente valor y poder para ejecutar cualquier plan surrealista y poco práctico.

Entonces, vio que las vías comenzaban a cambiar.

Deslizó su revólver por una rendija en la ventana y midió un ángulo específico mientras posicionaba el arma. El hombre, que se dio cuenta de lo que intentaba hacer, gritó con incredulidad y asombro:

—¡¿Está loco?! Si hace explotar el carril, ¡el tren se volcará!

—Entonces las doscientas personas en este tren serán buenos amigos en la otra vida. ¿Qué puedo hacer si no quiere hablar? No tengo otra elección —respondió secamente, ajustando con precisión el ángulo del arma. La pantalla de guía direccional que flotaba sobre la pistola comenzó a girar con un sonido mecánico: el objetivo estaba justo en medio del raíl.

—¡Deténgase! ¡Deténgase, bastardo loco!

—¡¿Por qué simplemente no habla?!

Cuando Kyle colocó el dedo en el gatillo, el maquinista en apuros gritó: —¡La División Mágica! ¡La División Mágica de Laurent!

¿El Ministerio de Magia? 

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