Dama Caballero – Capítulo 85: Sabía que sucedería

Traducido por Kiara

Editado por Gia


Ophelia saludó a Elena con una expresión amable cuando la vio entrar a la habitación.

—Has llegado.

Elena se inclinó ante ella, recordando el conflicto entre Carlisle y Ophelia. Debajo de la fachada de virtud, había veneno en la sonrisa de la emperatriz, pero ese era un juego en el que podían participar dos personas.

—Gracias de nuevo por aceptar mi invitación —respondió Elena con una amplia sonrisa en su rostro.

—De nada. Los embajadores de todo el mundo están aquí, y es mi deber apoyar a la princesa heredera, ¿no crees?

—Sí, Su Majestad.

Normalmente, Ophelia no toleraría una reunión entre los embajadores y Elena sin estar ella presente. Si no hubiera sido invitada, es probable que hubiera evitado que la fiesta sucediera. Sin embargo, no demostró aquello, y Elena agradecía que Ophelia no sospechara de sus intenciones. Sonreír y hablar con la emperatriz en una fiesta era algo que nunca hubiera considerado en su vida pasada. Antes se habría mostrado reacia a participar en esas bromas artificiales, por lo que encontraba irónica su posición actual.

De repente, Elena se preguntó si la sonrisa en su rostro era tan natural como la de la emperatriz. Incluso si no tuviera su habilidad, tal vez con el tiempo aprendería a usar una sonrisa como esa para engañar a sus oponentes. Sin embargo, realmente no coincidía con su personalidad…

Aún así, intentaría hacerlo mejor que nadie, si eso significaba proteger a su familia y a Carlisle.

Con su propia sonrisa, la cual practicó en el espejo decenas de veces, Elena se acercó a un grupo de embajadores, manteniendo la cabeza erguida.

—Gracias a todos por venir a mi fiesta. Diviértanse antes de regresar a casa.

Los embajadores respondieron con entusiasmo al mismo tiempo.

—¡Gracias por su invitación! —expresó uno.

—Comeré y beberé todo lo que pueda hoy —comentó otro entre carcajadas.

El sonido de la risa y la conversación llenó la habitación. Elena los miró con una expresión satisfecha, y luego aplaudió levemente como señal.

Los bailarines emergieron en sincronización al centro del escenario, todos vestidos con trajes de gasa aireados para realizar bailes tradicionales del Imperio Ruford.

—Un grupo de bailarines famosos del Imperio Ruford actuará para nosotros hoy. Espero que disfruten de su presentación.

Era más común tener bailarines en un gran baile imperial en lugar de una pequeña fiesta como esa. Los bailes del Imperio Ruford eran famosos por su esplendor y belleza, pero se rumoreaba que rara vez se realizaban.

Los delegados de cada país observaron fascinados cómo los bailarines se movían de una manera que nunca antes habían visto. Sus ricos trajes revoloteaban en el aire, dando la apariencia de diosas descendiendo del cielo.

—Ohhh…

Un sonido de admiración vino de los delegados. Ophelia miró aquello de forma interesada, como si no hubiera esperado esa clase de presentación.

—Eres bastante meticulosa. No ha pasado tanto tiempo desde que enviaste las invitaciones y, sin embargo, preparaste una variedad de cosas para ver en tan poco tiempo —expresó la emperatriz.

—Pensé en cómo podría promover el estatus del Imperio Ruford a los embajadores. Me alegra mucho saber que tiene una buena impresión, Su Majestad.

Los ojos de Ophelia brillaron ante la respuesta de Elena, pero ella no se dio cuenta.

—Aún así, una hermosa danza no simboliza al imperio. Puede que haya existido durante generaciones, pero lo que realmente representa al imperio es el… —empezó Ophelia de forma natural.

—Poder —interrumpió Elena antes de que pudiera terminar. Las miradas de ambas chocaron en el aire. Una sonrisa se dibujó inocentemente en el rostro de Elena—. He preparado otras cosas para que coincidan con el estado del Imperio Ruford.

Antes de que Ophelia pudiera preguntar qué era, los bailarines desaparecieron detrás del escenario para dar lugar a unos hermosos hombres y mujeres con uniformes blancos. Su atmósfera austera era muy diferente a la de los elegantes bailarines, y el público miraba con anticipación.

Fue en ese momento…

—¡Ahhh!

Hubo un grito animado, lo que dio comienzo a una danza de espadas. Tal demostración transmitiría el poderío militar del Imperio Ruford a los embajadores.

—Este también es el Imperio Ruford —expresó uno de los delegados.

—La danza de las espadas es impecable, sin movimientos superfluos.

Sus cumplidos se remontaban a donde estaban sentadas Ophelia y Elena. La primera tenía una mirada desagradable en sus ojos, pero su boca mantenía una sonrisa benevolente.

—Sí, la princesa heredera lo ha preparado bien.

—Para nada. Todavía tengo mucho que aprender de usted, Su Majestad.

Elena miró el escenario mientras fingía humildad. Finalmente, llegó el momento del evento principal. Algunos de los danzantes apartaron sus armas por un momento, mientras que los demás sacaron flores rosadas de sus brazos.

Arrojaron las flores al aire y los otros bailarines, quienes esperaban con sus espadas, cortaron los pétalos en docenas de pedazos.

Los trozos cayeron como lluvia, y los embajadores estallaron en aplausos al verlo.

—¡Bravo!

—El Imperio Ruford es impresionante.

La dulce fragancia de las flores endulzó los sentidos de todos en la fiesta, y los ojos rojos de Elena brillaron mientras observaba los pétalos ​​caer lentamente al suelo. Esas mismas flores fueron las que crecieron en la planta Manera, y las actuaciones no fueron más que un medio para llamar la atención sobre estas.

Sintiendo que era el momento adecuado, Elena dio un paso adelante, aplaudiendo como al principio. Luego abrió la boca para hablar a todos los presentes:

—Maravilloso. Por favor, mostremos nuestro agradecimiento a los artistas.

Ante el estímulo de Elena, los aplausos sonaron más fuertes. En ese momento, uno de los embajadores, a quien se le había indicado qué hacer con anticipación, se dirigió hacia Elena.

—Disculpe, ¿puedo preguntarle qué son estos pétalos? Huelen tan dulces. ¿Es una flor que solo crece en el Imperio Ruford? —preguntó.

—Oh, esta flor es de una planta rara que crece solo en el reino de Sibena. Su Majestad, la emperatriz, me la envió recientemente como regalo de bodas, y me gustó tanto el aroma que tenía que presentarla en esta fiesta —respondió Elena con una mirada indiferente.

El público asintió ante aquella declaración.

—Huele maravilloso.

Sin embargo, los susurros estallaron en los sibenianos, quienes mostraron expresiones oscuras en sus rostros. Elena se volvió deliberadamente hacia ellos.

—Ah, sí, también tenemos embajadores de Sibena. ¿Cuál es el nombre exacto de esta planta?

—Es…

Uno de los embajadores frunció el ceño en contemplación. Elena miró de soslayo a la niñera antes de voltearse al delegado.

—Oh, las flores están tan destrozadas que debe ser imposible de identificar para un sibeniano. Te mostraré la planta real que me dio la emperatriz.

Tan pronto como Elena terminó de hablar, la niñera se acercó al embajador con la planta en una maceta. Todo fue de acuerdo al plan. Cuánto más se acercaba la planta Manera, más oscuras eran las expresiones de los embajadores de Sibena. Si el embajador decía algo incorrecto, la emperatriz estaría en una posición inestable. Sin embargo, mentir a la vista de los demás equivaldría a asumir la culpa.

Aunque no hacía calor en el vestíbulo, el embajador de Sibena sudaba como si estuviera en un verano húmedo, este cerró los ojos y luego habló:

—Bueno, se llama planta Manera. Para muchos es difícil distinguirlo de su gemela, Vanera.

—Entonces, entre las plantas gemelas, la emperatriz me dio la Manera.

—Sí. Así es. —Algunas personas comenzaron a murmurar entre sí, por lo que Elena lo presionó de nuevo.

—He oído que las flores traen armonía y fertilidad, ¿es correcto?

El embajador del reino de Sibena, quien se notaba que no deseaba revelar todo lo que sabía, se dio cuenta de que no tenía escapatoria del asunto. Mantenía una expresión de derrota en su rostro mientras hablaba.

—No… en absoluto. Si se inhala esa fragancia durante un largo período de tiempo, puede causar infertilidad en las mujeres.

—¿Qué? ¿Qué estás diciendo? —Elena se volvió hacia Ophelia con una expresión de sorpresa. Claro, no fue la única, dado que todo el grupo miró a la emperatriz con asombro. Enviar una planta que cause infertilidad a la princesa heredera era una intención demasiado obvia para acabar con ella. Elena habló con una mirada de incredulidad—: Su Majestad, ¿cuál es el significado de esto?

Esa fue la conclusión de la trampa cuidadosamente preparada por Elena. Ya se había confirmado que algunos de los embajadores sibenianos podían distinguir las plantas Manera y Vanera, y ella había realizado una actuación que llamó la atención sobre las flores. Los nobles del Imperio Ruford podrían estar bajo la influencia de la emperatriz, por lo que Elena llenó el salón con enviados de otros reinos. Bajo ese plan, Ophelia sufriría un duro golpe a su imagen.

Sin embargo, el comportamiento completamente tranquilo de la emperatriz causó una sensación de hundimiento en el estómago de Elena.

Algo está mal.

Pero no podía imaginarse qué demonios era. Mientras Elena recalculaba, rápidamente todo en su cabeza, la voz de Ophelia sonó por el pasillo.

—Por favor, no me malinterpretes, princesa heredera. Alguien debe haber manipulado esto para difamarme.

—¿Difamarla? —respondió Elena con incredulidad.

—Sí, te envié las dulces flores Vanera, no la planta Manera. Y puedo traer a un erudito del reino de Sibena para que lo pruebe.

Desde el principio, Elena pensó que era extraño que hubiera plantas gemelas. Ella frunció el ceño.

—Con el debido respeto, Su Majestad, sería difícil confirmar la situación con un solo testigo. ¿Cuánto podemos confiar en un erudito?

—No te preocupes. Alguien debe estar jugándonos una mala pasada para separarnos, pero me aseguraré de averiguar quién. —Ophelia habló en un tono confiado y llamó a su dama de honor—. Cassana trae rápidamente al erudito sibeniano que se aloja en el palacio de la emperatriz.

—Sí, Su Majestad.

Cassana salió corriendo de la fiesta mientras los embajadores intercambiaban miradas perturbadas entre ellos. Elena quería hablar más, pero no podía ignorar la promesa de Ophelia de traer un testigo, pareciera como si la emperatriz se hubiera preparado exactamente para esa situación.

Al poco tiempo, Cassana regresó con un hombre de mediana edad.

—Salve a la emperatriz. Salve a la princesa heredera. Gloria eterna al Imperio Ruford.

El hombre se acercó y cayó al suelo en una profunda reverencia.

—Te ordené que compraras una planta Vanera para enviársela a la princesa heredera. Ahora los demás dicen que es la planta Manera. ¿Qué está sucediendo? —habló Ophelia en un tono disgustado.

—Su Majestad, no puede ser. Lo que envié fue claramente la planta Vanera. Lo juro por mi vida. ¿Puedo examinarla? —expresó el erudito. Elena se vio obligada a asentir y la niñera se acercó al sibeniano con la maceta. Tan pronto como este la vio, negó con la cabeza y habló con firmeza—: Esta no es la planta que envié, Su Majestad. ¿Hubo alguna oportunidad para que alguien más la cambiara?

La emperatriz Ophelia fingió pensar.

—No. No hay nadie en el palacio que pueda… —Sus palabras se apagaron y fijó su mirada en Elena, como si se diera cuenta de algo—. ¿Quién entregó esta planta a la princesa heredera? —preguntó la emperatriz.

—Fue la sirvienta Asabe —respondió Elena.

—Entonces, traigamos a la criada aquí. Tú, trae a la doncella Asabe al palacio del príncipe heredero, y ustedes busquen minuciosamente en la habitación de la criada.

—¡Sí, Su Majestad!

Los guardias del palacio abandonaron el salón. Cualquiera que sea la trampa que Elena hubiera tejido para ella, la emperatriz estaba mucho más que preparada para romperla.

Era como si supiera qué sucedería.

La ansiedad comenzó a exprimir gradualmente la mente de Elena.

| Índice |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.