Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 01: Extraño mundo, familia y prometido (4)

Traducido por Lucy

Editado por Meli


La fiesta no era lo que pensé que sería. Era colorida: los candelabros dorados flotaban en lo alto, proyectaban luz en todas direcciones, el suelo de mármol brillaba y las decenas de mesas de cristales traslúcidos parecían relucir bajo la iluminación. La abundante comida hacía que tu boca se hiciera agua solamente con mirarla. Y la dulce orquesta inundaba el salón con poderosa música.

En Corea, el 1% de los hijos de las familias chaebol habría asistido a una fiesta similar, pero aquí, en el reino de Goryeo, solo los hombres podían disfrutar de ella, las mujeres debíamos esperar sentadas en un rincón del salón rodeado por ventanas.

¿Por qué me habían arreglado por tres horas? No tenía sentido hacer esperar a una niña de cuatro años que debía estar jugando a la muñequita. Era retorcido.

—La princesa es una pródigo. Había escuchado los rumores, pero esta chica es asombrosa.

Le sonreí  a la mujer de alrededor de catorce años que me habló.

El enemigo de una mujer son las demás mujeres, lo había aprendido en mi vida pasada.

Su nombre era Emila, la séptima hija del barón Charles. Sí, aquí existe la nobleza, como duques, marqueses, barones. Y sus nombres son tanto coreanos como occidentales. Incluso chinos y japoneses que a menudo aparecen en los libros de historia.

—Escuché que la princesa aprendió a escribir cuando tenía solamente un año, ¿es verdad?

—¿Bueno…?

Muévete. No puedo ver a Jinsoo. Déjame verlo. Está muy lejos.

—Sí, escribir. Je, je. —Me mordí los labios y sonreí.

¡Muévete del camino! Necesito ver más de su esencia.

Jinsoo era de lo mejor en este mundo. Era cool, hermoso con un aura única. Era lo opuesto de la persona que solía ser en Corea.

En el pasado, él ya me habría notado. No perdía oportunidad para confesar que me amaba, eso me hacía feliz, aunque no lo demostré mucho por afuera.

Despierta. Él no es Han Jinsoo.

Él tiene a alguien que ama.

Me acerqué a la ventana para sostener su mano, pero si lo hacía, seguro él me pediría que vuelva por donde vine.

¡No es Jinsoo!

Pero estaba tan cerca, quería decirle: «¡Apuremonos y comamos!», «Te amo…»

Despierta.

—¿Princesa? —Era la voz de Emilia que me estaba llamando—. ¿Está enferma?

—Oh, no. ¡Estoy completamente bien! —respondí, levantando un brazo.

Un muchacho igual de alto que Jinsoo se acercó a él. Se sentó con las piernas cruzadas y bebió su té, con mucha clase. Tenían una pose digna de una portada de revista.

La atmósfera era extraña. Él a veces veía a Jinsoo con una mirada fría. Colocó su cabello detrás de sus orejas, y pasó su lengua por sus labios, parecía una mujer.

—Oh, ¿a dónde te estás acercando?

El hombre caminó detrás de Jinsoo, parecía muy amistoso, y de pronto, envolvió su brazo alrededor de su cuello.

No, ellos no son amigos. Esos no son comportamientos normales para los hombres.

El hombre murmuró algo en su oído.

¿Por qué se acercaba así a él? ¿Cuál era su punto?

Oh, me estaba sintiendo un poco nerviosa.

Jinsoo se levantó, podía ver que se estaba riendo. El hombre sonrió brillantemente y lo abrazó de nuevo. Parecía que estaban actuando con ternura.

En este mundo, los hombres normalmente no hacen eso. Su comportamiento era para demostrar que se estiman.

¿Estás demente? Sin importar lo diferente que este mundo sea…

Me sentí mal al recordar sus palabras: «Por supuesto que me casaré contigo. Pero es mejor que no pienses en el hecho de que alguna vez serás amada por mí.»

Jinsoo rió de nuevo. El hombre sonrió ampliamente, con un aspecto feliz.

—Emilia.

—Por favor llámame hermana.

—¡Sí, hermana…!

Emilia sonrió porque yo era hermosa.

—¿Conoces a mi prometido?

—Por supuesto. Una admisión de alto rango en la Academia Imperial de Mana. Ese hombre junto a tu prometido… —Su sonrisa se profundizó.

Me vio  como a  una niña que está celosa. Y era verdad.

Estoy jodida. Maldita sea.

♦ ♦ ♦

Kwak Kihyun se paró. Caminó detrás de su amigo Han Jinsoo, con quien había estado por diez años, y habló.

—Woo, Jinsoo. Tu prometida está aquí. Estoy enfermo y cansado de eso. ¡Jinsoo es mío!

Han Jinsoo hizo una mueca.

—Si dices eso, morirás.

—¿A qué te refieres, cara de perro? Lo digo en serio. Oh, ¿hay alguna manera de evitar que seas arrebatado por la princesa? ¿Deberíamos ir a verla?

—¿Por qué…?

—Hey, tú eres el que tiene que casarse, así que es bueno ir a ver su rostro. Vamos, vamos.

Han Jinsoo se paró. Kwak abrió sus ojos y lo miró.

—Estoy escéptico. No me interesa una chica como esa, y no voy a ir. ¿Por qué quieres ir de repente? ¿Has cambiado de opinión? Estoy muy celoso.

Han Jinsoo sonrió, Kihyun era divertido.

—No juegues conmigo, solo mirala. Está viniendo.

¿Por qué mi corazón está latiendo de esta manera?

Solo es una niña de cuatro años, pero no sé por qué me siento tan extraño. No estoy emocionado. Bueno, tal vez solo un poco porque vamos a estar casados en el futuro.

♦ ♦ ♦

—Hey, está viniendo hacia aquí. —Emilia hizo un alboroto.

—¡Uh, sí!

Estaba un poquito avergonzada.

—Buenas noches. Mi nombre es Kim Sanghee.

Traté de pronunciarlo lo más correcto que pude, tal como lo había practicado delante de Kim Hwansung y Song Soojin.

—Hola, princesa, eres linda. Oh, pienso que deberíamos ser cuidadosos acerca de esto.

¿Cuidadosos? ¿Por qué?

Jinsoo me miró sin decir ni una palabra y el hombre habló otra vez.

—Mi nombre es Kwak Kihyun, tu rival. Soy el hijo más joven del escritor Kwak. Tengo diecisiete años. La misma edad que Jinsoo. Es nuestra primera vez saludándonos.

—¿Libal? —Incliné la cabeza como si no supiera qué es un rival.

—Bueno, significa competidor. —explicó con amabilidad.

Un competidor. Debes haberte olvidado, yo soy su prometida. Hey, Han Jinsoo, di algo. ¿Por qué no lo niegas? Hey.

Él no se inmutó. Sentí que estaba ahí solo para mostrarme a ese hombre.

«Tengo a alguien a quien amo.» Esas palabras seguían viniendo a mi cabeza.

No. No lo creo.

Kwan Kihyun, juntó las manos con Han Jinsoo de nuevo. Él no lo quitó. Me sentí extraña.

♦ ♦ ♦

Kwak Kihyun y Han Jinsoo iban en un auto con destino al Imperio.

El auto se movía gracias a una piedra de mana que había sido llenada por un hombre, por supuesto, en este mundo solo los hombres nacen con mana.

—Es una chica, pero es bastante inteligente. —Kwak Kihyun, como era su costumbre, habló para sí mismo—. No fue tan malo verla ¿es diferente porque es una princesa? Pienso que es un poco mejor que las otras chicas.

—Oh, cielo santo… Detente —exclamó Han Jinsoo.

—¿Qué? —Parecía reflexivo—. ¿De qué estás hablando?

—No importa qué, ella será mi esposa y es una princesa del reino. No debes ser irrespetuoso.

—Oye, ¿qué te pasa? —Kwak movió su cabeza confundido.

Jinsoo lo ignoró y miró hacia afuera de la ventana.

En realidad, no había nada parecido a un insulto en sus palabras. Además, estaban solos. Pero él no se sentía de humor para solo asentir con la cabeza como siempre.

¿Por qué demonios estoy nervioso? Yo… No lo sé.

El escenario fuera de la ventana cambiaba con velocidad.

♦ ♦ ♦

—¡Oye! ¡Estúpida! ¡Estoy aquí! —Kim Hwansung, abrió la puerta de mi habitación.

—¡Hermano! —Sonreí aparentando ser feliz.

¿Por qué no golpeas antes de abrir la puerta? ¿Dónde piensas que te has metido? Ahora soy una señorita de siete años.

Le di un abrazo a Lee y a su hijo, quienes sonreían alegremente.

—¡El perro está feliz!

—¡Por supuesto! ¿Verdad? ¡Estoy estupenda! Oh, por cierto.

Ya era una gran poetisa gracias a ese niño de diez años.

—Dame una barra de chocolate.

—No. Te di una ayer.

—Hazlo… dame chocolate.

—No.

—¿Por qué no te llamo perro o perrito?

—No me gusta.

Ahora, tú eres mi esclavo… oh, eres un esclavo de Chocolandia.

Era casi imposible negarle algo a un príncipe, pero esta dinámica era normal para nosotros.

Una hermana mayor, desconocida y muy aterradora, apareció y la expresión Kim Hwansung cambió por completo, nunca lo había visto así.

Hubo una tormenta.

¿Por qué estás arrastrándote?

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