Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 29: No lo entiendo

Traducido por Den

Editado por Lucy


—¿Por qué demonios se fue? Tiene una prueba de promoción importante pronto —se quejó Gihyeon.

Su amigo era indescifrable para él.

Jinsu debía estarse dirigiendo a algún evento extraño, al parecer era la ceremonia de otorgamiento del título de su prometida o una reunión familiar.

No lo entiendo.

Realmente no podía gustarle su prometida. El concepto de amor era inexistente en este mundo. Cuanto más fuerte y genial fuese un hombre, menos probabilidades tenía de sucumbir a una emoción inútil como el amor. Además, no se trataba solamente de un hombre genial… era uno de los mejores del mundo. ¿Cómo demonios podía su amigo amar a una chica de doce años?

—¡Es tan extraño! —No importaba cuánto lo pensara, no existía una explicación plausible. Mientras Gihyeon murmuraba para sí mismo, finalmente se quedó dormido.

♦ ♦ ♦

En la sala, el rey dio la bienvenida a Jinsu, el mago más brillante del reino. El monarca estaba bastante contento de verlo, debido a que era un personaje digno de los celos del Imperio.

El ambiente en la fiesta es bastante irrelevante. 

A pesar de la queja interna de la princesa Sang-Hee, no había duda de que Escoria era un buen anfitrión, pero esta situación la dejó confundida.

¿Qué está haciendo él aquí? 

¿Qué hace Jinsu aquí? 

Simplemente no podía entenderlo. El recuerdo del Jinsu en su vida pasada inundaba su mente cada vez que lo veía, causándole un pesar en su corazón, confundiéndola. A pesar de que la apariencia y la voz de ambos eran idénticas, no era la misma persona, y verlo siempre la agitaba.

¿Qué está pasando? 

—Me gustaría hablar con usted —dijo Jinsu, haciéndole una petición al rey.

El soberano se tomó la barbilla con la mano y sonrió, sintiéndose bastante magnánimo. Estaba preparado para recompensar a Jinsu con una gota de Furioso también.

—¿Sí?

—Me gustaría tener un momento con mi prometida.

A continuación, la repentina y poderosa oleada que hizo el rey lo sorprendió. No importaba qué tan genio fuera, todavía no podía compararse con el gobernante, en un instante el poder de este último se alzó y lo golpeó como una pared.

—¿Para qué? —preguntó, sentado con normalidad, como si no hubiera hecho ningún movimiento.

Tal vez… ¿fue sólo mi imaginación? Después de todo, el hechizo parece haber durado solo un momento. 

—Me gustaría hablar con mi prometida, por favor.

—¿Ustedes dos? ¿Solos? —cuestionó con el ceño fruncido, como si la idea le disgustara. Eso hizo que Jinsu procediera con cautela.

—¿Su Majestad lo prohíbe?

El rey cerró los ojos por un momento. Después de pensarlo, en realidad no era nada malo. De hecho, se trataba de algo bueno. El Imperio quería tenerlo, pero era una buena idea y una ventaja para el reino si Jinsu se hiciese vuelve cercano a la princesa Sang-Hee y se preparara para convertirse su futuro yerno. Todo tenía sentido. Sin embargo, había algo dentro de él que se oponía, algo que no le era familiar…

—No —dijo—. Por supuesto que lo permitiré.

Justo después, sin  siquiera molestarse en decírselo a la joven, hizo un movimiento con su dedo y, la princesa Sang-Hee, que estaba bebiendo un zumo de uva en la esquina, gritó al salir volando por los aires.

¡Al menos avísame o algo! ¡Escoria! ¡Casi derramo mi zumo! 

Jinsu se sorprendió al ver que, contrario a sus expectativas, nada se derramó en el proceso.

¡El rey lanza sus hechizos con una precisión excelente! Todavía estoy lejos de su nivel. 

Existían tres fuentes de poder en el mundo: nacer con cierta cantidad de poder mágico, cabía mencionar que éste debía ser de calidad, era la primera. La segunda era el control sobre los hechizos, y, por último, la fuerza física necesaria para poder llevarlo a cabo correctamente.

La capacidad mágica y la calidad, o la pureza, eran algo innato. O la tenías o no, y no había mucho que se pudiera hacer para mejorarla a través del esfuerzo. Mientras que el control era algo que se pudiera desarrollar a través del entrenamiento. La falta de precisión significaba que no se podría hacer uso apropiado de las reservas mágicas, por esto, el control se consideraba más importante que la cantidad de poder. Y, por supuesto, la fuerza física era el resultado de ambas habilidades innatas aunado a el entrenamiento.

Por ejemplo, Hwan-Seok, el segundo príncipe, tenía un control mágico superior, pero poseía pocas reservas mágicas y un físico promedio. Mientras que, por otro lado, el tercer hijo, el príncipe Hwan-Seong, tenía una gran cantidad de magia y un físico superior, pero carecía de precisión y control.

La sangre real del reino de Goryeo era considerada una élite. El rey en sí era un mago brillante.

—¡Su Majestad!

Entonces Jinsu observó una extraña escena cuando la princesa Sang-Hee quedó suspendida en el aire, mientras agitaba sus brazos y piernas, su cuerpo estaba cubierto en una capa de magia.  Se encontraba bajo un hechizo de protección, el cual apenas se  detectaba, y algo que no podría haber percibido de no estar atento.

¿Un hechizo de protección? 

Un hechizo de este tipo se consideraba como un encantamiento avanzado, de pocas reservas mágicas cuando se lanzaba sin contacto físico, sin embargo, el rey lo había usado con facilidad en la princesa Sang-Hee. Incluso él lo encontraba impresionante, pero no podía entenderlo.

¿Por qué? ¿Por qué? Quizás le preocupa que la princesa Sang-Hee salga lastimada. 

Pero eso era demasiado descabellado. Una locura. Sin embargo, acababa de presenciar el control preciso del rey, por lo que no podía haber cometido un error. De hecho, para el monarca, un hechizo avanzado de este nivel era sólo una brisa,  o quizás fue una idea de último momento.

La princesa Sang-Hee aterrizó ilesa, gracias al hechizo.

—¡Su Majestad! —dijo—. ¡Estaba absolutamente aterrada! ¿Hice algo para enfadarlo?

—A las nueve en punto. Ese es tu toque de queda.

¿Un toque de queda a las nueve? ¿Eh? 

♦ ♦ ♦

Pronto supe que Jinsu solicitó un poco de tiempo a solas conmigo, así que ahora nos encontrábamos paseando por los jardines del palacio, escuchando a los saltamontes cantar. Había luna llena y las estrellas brillaban, pero lo que más deseaba era que rompiera este silencio insoportable.

¿No sabes que no puedo comenzar a hablar? Solo porque soy una chica. ¿Por qué me trajiste aquí si no ibas a decir nada? 

Mirándolo, no pude evitar encontrarme nuevamente en conflicto. Anhelando estar con él y al mismo tiempo diciéndome que no era el mismo Jinsu, sin importar cuánto se parezcan.

Comenzó a decir algo y levanté la mirada. Era más alto que yo, y esperó un buen rato antes de seguir hablando. ¿Qué dijo? Su boca volvió a abrirse, y escuché algo increíble.

—Cociné estofado de soya.

Estaba estupefacta.

—¿Sabes lo que significa eso? —me preguntó con un rostro serio.

No podía hablar. Sentí que alguien me había derribado con un martillo. ¡El estofado de soja ni siquiera existía en este mundo!

¿Cómo era esto posible?

Además, esas palabras fueron las mismas que Jinsu me había dicho la noche en que morí. Exactamente iguales……

—Ven a casa pronto —murmuró, como si estuviera perdido en sus pensamientos—. He cocinado estofado de soja. Vuelve a casa pronto.

Las palabras finales de Jinsu ahora las estaba pronunciando el mago genio que tenía la misma voz y cara de él.

Comencé a temblar. Era demasiado irreal como para que fuera una coincidencia.

¿Qué debería hacer? 

Tenía que decir algo. Pero, ¿podía hacerlo? ¿Decirle que morí en otro mundo y que renací en este con mis recuerdos del pasado intactos? No, nunca. No podría decir algo tan descabellado.

Sentí que tenía que decir algo pero las palabras no salían. Sentía un nudo en mi garganta. Nunca le había dicho a Jinsu que lo amaba, y una vez más sentí una gran oleada de alivio.

Jinsu usó un hechizo para suspenderme en el aire como Escoria. No grité; mi mente quedando en blanco.

—¿Sucede algo?

—Y-Yo —tartamudeé. Ni siquiera podía hablar. La situación me sobrepasaba. Su rostro y voz eran las mismas; incluso decía lo mismo que Jinsu me había dicho antes, y esta era la segunda vez. Se había quejado de que me abrigara, como él solía hacerlo, y ahora me había repetido sus últimas palabras.

Si vas a actuar del mismo modo, no seas tan frío conmigo. Por favor, te lo ruego.

Traté de contener mis lágrimas. Tenía que hacerlo. No quería llorar frente a él. Al menos no frente a esta versión de su persona. Algo dentro de mí se resistía. Solo lo miré de forma tonta mientras él me miraba de vuelta. La luz plateada de la luna brillaba y los saltamontes parecían haberse calmado.

En ese momento, se sintió como si el mundo se detuviera.

—No llores —dijo, mientras me limpiaba una lágrima con su pulgar derecho. A pesar de mi lucha,  una gota se había escapado, y él se puso serio.

—¿Qué me has hecho?

No respondí.

—¿Por qué me siento triste cuando lloras? —me preguntó.

De repente, el agua de la fuente iluminada a la luz de la luna se dispersó en todas las direcciones, y cuando el agua fría golpeó mis mejillas, un presentimiento surgió dentro de mí.

Estaba acostumbrada a esta sensación después de tantos años, no era un mal presentimiento, y la puerta del castillo se abrió por su cuenta.

Esperé las temidas palabras.

—¡Busca!

Mi instinto fue correcto pero me demostraba lo contrario. Seguro se trataba de mi tercer hermano, el príncipe Hwan-Seong, quien ahora comandaba la brigada de caballeros. Pude ver que algo andaba mal, normalmente era distante pero hoy no. De hecho, parecía bastante serio.

¡Esa seriedad no te queda bien!”, quería decir. Pero el cambio en su comportamiento hizo que las alarmas dentro de mi cabeza se dispararan.

—¿Qué hora es? —preguntó apenas me vio.

Mis ojos se dirigieron rápidamente hacia el reloj más cercano que pude encontrar y dije:

—Ocho y cincuenta y ocho de la noche.

—¿Cuando era tu toque de queda?

—Nueve de la noche.

Tragué saliva. Sabía que le gustaba bastante, pero todavía estaba en una situación inestable. Sabía que Hwan-Seong era capaz de decidir, algún día, que me odiaba y sentenciarme a muerte. Me sentía extremadamente preocupada.

La tensión que había sido tan sofocante, de repente desapareció.

—Oh, pensé que era a las ocho —dijo mientras sonreía.

Pude ver que estaba bastante avergonzado, y más tarde supe por Sujin que había pensado que mi toque de queda era a las ocho de la noche. Desde entonces había estado esperando en mi habitación, pero había tenido demasiado miedo de acercarse. Cuando el reloj dio las ocho y media, apareció en su semblante una mirada furiosa y feroz.

Fue bastante extraño cuando nos dejó con un:

—No te quedes fuera demasiado tarde, ¿entendido?

Quizás deberías seguir tus propios consejos. No vengas a buscarme pasadas las diez. 

Lo estudié con dureza, pero traté de regresar temprano para descansar, para crecer, y para mantener una tez sana. Pero Hwan-Seong no sabía nada de esto, y siempre me buscaba a todas horas, las veinticuatro horas, los siete días de la semana para jugar ese maldito juego de buscar.

¡Este hipócrita! ¿Se estaba asegurando de que cumpliera mi toque de queda? 

En este momento, un gran escándalo, del cual era el personaje principal, se estaba formando y extendiendo en algún lugar del palacio.

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13 thoughts on “Dicen que nací hija de un rey – Capítulo 29: No lo entiendo

  1. Mia says:

    Okey, definitivamente amo esta novela 😍😍😍😍
    Pero me encanta como sus hermanos y padre son sobreproctetores a su retorcida manera. Pero sobretodo me encanta en como ella es ajena a los cuidados de ellos.
    Pero lo comprendo, ella debe tener cuidado en ese mundo tan retorcido y misógino.

    • Lucy says:

      Me da mucha gracia ver como el padre y los hermanos quieren cuidarla y al mismo tiempo están “pero… ¿qué estoy haciendo? xDD”, y es más gracioso cuando las personas a su alrededor comienzan a mirarlos raro y ellos siguen en plan “esto es lo más normal del mundo, tenemos que cuidar al perro de la casa”.

      Sé que tendrán el crecimiento más bonito♥, porque no son malas personas, solamente crecieron en ese entorno y no pueden entender otro uwu.

    • Lucy says:

      ¡Gracias a ti, por leernos! Esta novela actualmente está al día con la inglesa, pero no dudes en seguir leyendo historias que tenemos en el reino.

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