Emperatriz Abandonada – Capítulo 5: Una mente desconocida (2)

Traducido por Lugiia

Editado por Yusuke


♦ ♦ ♦

—Hmm, parece que no te gustan mucho las muñecas.

Cuando mi padre, quien estaba desayunando conmigo, dijo eso de repente, me estremecí. Parecía sentirse triste al saber que guardé la muñeca durante unos días sin jugar con ella.

Al volver a mi habitación, suspiré mientras miraba a la muñeca. Gracias al buen cuidado de Lina, el cabello dorado de la misma brillaba con fuerza.

Con un gran suspiro, la sostuve en mis brazos. En realidad no quería hacerlo, pero parecía que tenía que llevarla durante algún tiempo.

Debido a su gran tamaño, mi visión se estrechó, así que abracé la muñeca con una mano y agarré la barandilla con la otra mientras bajaba las escaleras con cuidado.

—¿Eh? ¿Señorita?

—¡Oh, qué linda!

Cuando llegué a la puerta principal, oí que varias personas contenían la respiración y me miraban.

Los caballeros, quienes esperaban acompañar a mi padre, abrieron mucho los ojos. Un caballero, que silenció los gritos de otro, me sonrió torpemente. Me dio mucha vergüenza ver a los sorprendidos sirvientes. Sabía que esto pasaría.

—¿Tia?

Mientras bajaba las escaleras, los ojos de mi padre se abrieron de par en par. Por alguna razón, cuando me sonrojé por la vergüenza, una sonrisa se extendió por el rostro de mi padre.

Cuando me tendió la mano, incliné la cabeza, pero de inmediato estaba entre sus brazos. Instintivamente abracé la muñeca y miré los ojos azul marino de mi padre.

—¿Papá?

—Vamos juntos.

—¿Perdón? ¿Al palacio imperial?

—Sí. ¿No te gusta?

—Oh, no. Me encantaría.

Negué apresuradamente con la cabeza y mi padre comenzó a caminar. Cuando ya no pude ver a los caballeros, quienes me miraban con curiosidad, debido a que el carruaje bloqueaba la visión, de repente recordé que todavía tenía la muñeca en la mano.

Oh, debí haberla dejado en la mansión.

Cuanto más se acercaba el carruaje al palacio imperial, más ansiosa me sentía. Me pregunté por un momento si tenía que bajar la muñeca conmigo, agonizando sobre qué debía hacer con ella. Sin embargo, cuando vi la alegría en los ojos de mi padre, decidí llevarla ya que le gustaba verme con ella, a pesar de mi vergüenza.

Para bajar del carruaje tuve que hacerlo bajando mi mirada hacia el suelo debido a que no podía ver bien mis pasos a causa de la muñeca que llevaba en mis brazos. Mientras bajaba con cautela, sujeté las mangas de mi padre con una mano.

Sentí que mucha gente alrededor me miraba con curiosidad. Aunque no podía verlos, podía imaginar el tipo de expresión que tenían en sus rostros, así que caminé rápidamente con mi rostro sonrojado.

Cuando llegamos a la oficina de mi padre y descansé después de bajar la muñeca, el señor League dijo sin aliento:

—Capitán, necesito que venga un momento.

—¿Qué sucede?

—Hubo un accidente durante el entrenamiento y dos caballeros resultaron gravemente heridos. Acabo de llegar a informarle después de tomar las medidas necesarias de inmediato.

—Entendido. Vamos cuanto antes.

Mi padre se levantó rápidamente de su asiento y desapareció, dejando la oficina en silencio tras su ida.

Si hubiera sabido esto, habría traído un libro conmigo.

Por aburrimiento, me levanté. Decidí leer un libro sobre tácticas de guerra ya que, de todos modos, tenía que aprenderlo en el futuro.

Tomé un libro que parecía fácil y me senté. No es tan grueso, pero como nunca había leído un libro así, me centré en él.

Bueno, no es tan difícil como pensaba. El principio básico de la táctica era similar a la que se empleaba en política y diplomacia. ¿Quizá por eso las últimas dos se llamaban guerras sin armas? Pensé que era una simple metáfora.

Mientras seguía leyendo el libro con deleite, llegué a la última página, pero mi padre aún no había vuelto. Dada su tardanza, me pregunté si los dos caballeros heridos estaban en estado grave.

Como me apeteció leer otro libro, me levanté. Sin embargo, en ese momento, la muñeca a mi lado me llamó la atención.

—Bueno… —dije en voz baja mientras la levantaba lentamente y la colocaba en mi regazo.

Cuando me quedé mirando sus ojos azules por mucho tiempo, de repente sentí una sensación cálida en mi corazón. Era el primer regalo de cumpleaños de mi padre, quien era una persona muy directa.

Estrictamente hablando, recibí uno en mi ceremonia de mi mayoría de edad, pero este era, sin lugar a dudas, el primero que recibía en mi nueva vida. Además, mi padre lo preparó, ignorando las costumbres del Imperio donde los padres no celebraban los cumpleaños de sus hijos antes de la mayoría de edad.

Pensando que debía tratarla con más cuidado, tomé la falda torcida de la muñeca y la enderecé. Justo en ese momento, oí el sonido de la puerta.

¿Ya volvió mi padre? Lentamente giré la cabeza y me sobresalté. No era mi padre quien entraba, sino un niño de cabello azul.

—Oh Dios, el pequeño Sol del Imperio…

Me incliné apresuradamente y ahogué un grito mientras abrazaba la muñeca que se caía.

Logré sostenerla, pero todo mi cuerpo se paralizó ante la fría sensación que recorría mi espalda.

Oh, dios mío, ¿qué he hecho ahora?

Cuando tragué saliva y levanté la cabeza, pude ver que algo pasaba por sus ojos azules.

Sin embargo, ese brilló duró poco y, como siempre, su mirada se dirigió a mí sin expresión.

—¿Dónde está el marqués? —preguntó.

—Salió debido a un accidente durante el entrenamiento…

—Ya veo. Bueno, como ya he venido hasta aquí, esperaré.

Incliné la cabeza, suspirando para mis adentros. Me senté de inmediato cuando su fría voz me lo ordenó. Como me sentía tan incómoda, solo me dediqué a tocar el cabello de la muñeca en mis brazos.

Era consciente de su mirada, pero mantuve la cabeza baja, fingiendo no notarlo.

Perdí la noción del tiempo en esa posición hasta que dos hombres entraron en la habitación, deteniendo su conmovedora conversación. El niño de cabello azul asintió a mi padre y al duque Verita, quienes se apresuraron a saludar cortésmente.

—He pasado por aquí para una breve inspección por orden del emperador.

—Ya veo. ¿Qué desea inspeccionar primero?

—Antes de venir acá inspeccioné el entrenamiento, así que lo dejaremos así. Por hoy, me gustaría ver algunos documentos financieros.

Mientras mi padre tenía una conversación con el príncipe heredero, el duque Verita, quien me miraba como si mi presencia fuera muy inusual, dijo:

—No sabía que usted, señorita, tenía esta faceta, ya que no aparenta ser una niña de su edad. Sin embargo, eso no significa que no deba descuidar sus estudios, ¿de acuerdo?

—Sí, duque Verita. Lo tendré siempre presente.

—Bueno, estoy seguro de que le irá bien incluso sin mis consejos. Sé que tiene una mente muy perspicaz. Me sorprendió mucho cuando insistió en introducir un impuesto de lujo anteriormente. ¿Cómo pudo ocurrírsele algo así a una señorita que solo tiene diez años? Es sorprendente.

—Me siento halagada, duque Verita. Todo es gracias a su orientación.

Mientras inclinaba mi cabeza para expresar mi gratitud, el duque me dio unas suaves palmaditas en el hombro con una sonrisa.

Después de hablar con él durante un momento, giré la cabeza cuando vi que la conversación a nuestro lado se detuvo abruptamente. Observé a mi padre recogiendo los papeles como si hubiera terminado de informar, y al niño mirándonos.

—Solo tiene diez años, pero es muy inteligente. Ciertamente es la bendición del Imperio, ¿no es así, Su Alteza? —exclamó el duque Verita satisfecho, volviendo a mirar al niño.

—Sí, estoy muy contento de tener una prometida tan inteligente —dijo, asintiendo ligeramente con la cabeza mientras levantaba la comisura de sus labios.

Mi pecho se paralizó cuando lo vi apoyado, con su espalda contra la silla y una expresión de satisfacción en su rostro.

Era una expresión que solía hacer cuando no le gustaba algo, así que me apresuré a mirar a mi padre y al duque Verita, pero ninguno de ellos notó ese cambio. Solo le dirigieron una sonrisa gentil.

En cambio, yo le devolví la mirada sintiéndome ansiosa.

Podía sentir algo diferente solaparse con sus sonrientes ojos azules, algo parecido a hostilidad o resentimiento.

Noté que mi rostro perdía color. Pensé que me estaba sintiendo mejor, pero las yemas de mis dedos comenzaron a enfriarse y a temblar nuevamente. Agarré el dobladillo de la muñeca que tenía en la mano. El rostro de mi padre se endureció cuando volvió a mirarme.

—Tu rostro está muy pálido, Tia. ¿Estás bien?

—Oh, sí. Estoy bien.

—Lo siento, Su Alteza. Por favor, acepte que me retire. Mi hija está muy débil estos días, así que creo que debería tomar un descanso.

—Adelante.

—Pero papá, tienes trabajo qu…

—No te preocupes. Mi visita de hoy fue breve ya que tenía que ocuparme de algo urgente.

El chico observó la forma en que mi padre se acercaba y me levantaba. Me encontré con sus fríos ojos por encima de su hombro. Había hostilidad, resentimiento y otro sentimiento desconocido en sus ojos azul oscuro.

¿Por qué me mira de esa manera? ¿Por qué me odia y me guarda rencor? ¿Qué demonios hice para que me tratara así?

En el pasado, él fue quien ignoró mi afecto e hirió mis sentimientos. Yo soy quien debería odiarlo y resentirlo.

Exhalé con rabia. No era justo. Aunque yo era la víctima, tenía miedo de tener que repetir mi pasado en lugar de estar resentida con él. Odiaba la realidad en la que ni siquiera podía sentirme hostil hacia él porque el destino de mi familia estaba entrelazado con el de la familia imperial. Me frustraba mucho el hecho de que, mientras los recuerdos de mi doloroso y penoso pasado eran tan vívidos, él no podía recordar nada.

Después de apartar su mirada de mí, pasó junto a mi padre. En ese instante, el aire frío que emanaba de todo su cuerpo recorrió mi espalda.

Mientras mi cuerpo frío se estremecía, enterré mi rostro en los brazos de mi padre para obtener un poco de consuelo.

♦ ♦ ♦

—Buenos días, señorita.

—Buenos días, Lina.

¿Cambió mi constitución física al volver a mi infancia? Me era muy difícil despertarme temprano por la mañana cuando era la concubina del emperador, pero podía despertarme sin ninguna dificultad estos días. En el pasado, mi cuerpo siempre se sentía pesado, pero ahora se sentía tan ligero como una pluma. Me levanté de la cama y le dirigí una sonrisa a Lina, quien se sorprendió al verme despertar tan temprano.

—Mire por la ventana, señorita. Ha nevado.

—¿De verdad?

Al abrir las cortinas que cubrían las ventanas, vislumbré un mundo donde había nevado toda la noche. Nieve blanca amontonada en el suelo helado y flores cubiertas de nieve floreciendo en las ramas de los árboles.

Mientras los sirvientes barrían la nieve con grandes escobas y vapor blanco saliendo de sus bocas, la escarcha blanca se posaba en las insignias de los caballeros que custodiaban mi mansión.

—Ha nevado bastante. Si no tuviera un horario tan ocupado, me gustaría dar un paseo.

—Entiendo su entusiasmo, señorita. Lamento mucho la ocasión.

—Bueno, no puede evitarse. No tengo mucho tiempo, así que vamos a prepararnos.

—Sí, señorita.

Era la segunda mañana de Año Nuevo desde que volví al pasado. El Imperio no consideraba Año Nuevo como una gran fiesta, pero esta vez era diferente. Este año marcaba el veinticincoavo aniversario desde que su majestad ascendió al trono.

Se dice que el gobierno planeó un gran evento para celebrar los logros del emperador, quien logró revivir al Imperio en decadencia. Uno de ellos era una representación teatral, y todos los nobles de la capital debían asistir. No era obligatorio pero, ya que nadie se atrevía a negar su asistencia ante el emperador, era una especie de obligación para ellos.

Si podía, no quería involucrarme con la familia imperial, pero no estaba libre de mis obligaciones como la prometida del príncipe, así que tenía que asistir. Por eso, hoy tuve que levantarme más temprano de lo habitual.

Después de tomar mi tiempo preparándome con Lina, llegué con mi padre a un teatro en el centro de la capital.

El origen de las obras de la realeza se debe al undécimo emperador del Imperio. Comenzó como una invitación para que los bufones sirvieran de entretenimiento para su amada emperatriz. Después de eso, la aparición del maravilloso dramaturgo Benard dio lugar a un periodo de verdaderas obras de teatro que duró unos trescientos años. Los dramaturgos y actores son patrocinados por la familia imperial, y su principal tarea es crear obras que se ajusten al gusto de tal familia y los nobles.

El teatro, el cual había sido renovado por el difunto emperador, se caracterizaba por bloquear el espacio entre las butacas para proporcionar entretenimiento en un espacio lujosamente decorado.

Solo los nobles podían asistir a esas obras, así que los asientos estaban dispuestos en semicírculo alrededor del escenario. La estructura del teatro era en forma de cascada, con los asientos de la familia real frente al escenario. Los nobles de clase alta, por encima del marqués, estaban sentados rodeando al emperador y a la reina, y los asientos restantes quedaban para los otros nobles.

Mientras me sentaba en mi asiento reservado y conversaba con mi padre, el emperador y el príncipe heredero entraron en el teatro, escoltados por los guardias reales. Todos los nobles se levantaron y se inclinaron ante ellos.

—¡Gloria al Imperio! Su Majestad y Su Alteza están entrando.

—Siéntense todos —exclamó el emperador e hizo una seña a un sirviente para transmitirle unas palabras. Después de recibir sus órdenes, el sirviente se acercó a nosotros.

—Señorita Monique, el emperador solicita su presencia.

—¿Mi presencia? De acuerdo. Ya regreso, papá.

—Adelante.

Me levanté con cierta ansiedad ante la solicitud del sirviente, preguntándome cuál era el motivo para solicitar mi presencia. Me preocupaba lo que el emperador tenía para decir.

Mis presentimientos pronto se hicieron realidad cuando me ordenó sentarme a su lado, con el príncipe al otro lado.

—Su Majestad, yo…

—¿No eres la prometida oficial del príncipe, señorita? Toma asiento. Quiero ver la representación con mi futura hija política.

Tenía dudas de sus intenciones, así que me mantuve en el mismo lugar.

—¿Por qué dudas? ¿Hay algo malo en lo que he dicho?

—No, Su Majestad…

No había nada que refutar porque el período de prueba de mi condición de futura reina solo lo conocíamos el emperador, los dos duques, mi padre y yo.

Sintiéndome muy incómoda, me senté a su izquierda. Sentía como si tuviera algo atascado en la garganta. Mientras intentaba ignorar sus ojos vigilantes, fijé mi mirada en los actores que aparecían en el escenario.

—¿Cómo te va estos días?

Giré la cabeza hacia el emperador ante su repentina pregunta. Aunque la obra pretendía celebrar sus logros, parecía un poco aburrido.

—Me va bien gracias a su consideración. ¿Y a usted, Su Majestad?

—Hasta ahora, muy bien. Hmm, por cierto, me siento muy mal por tu padre ya que estará viendo solo la obra.

—Ah…

—Ahora que lo pienso, la familia Monique es pequeña. Solo son ustedes dos. Hmm, lamento mucho que esa joven haya fallecido tan pronto.

¿Una joven que falleció muy pronto? ¿Está hablando de mi madre? Cuando le miré con curiosidad, el chico de cabello azul, quien fijaba sus ojos en el escenario, giró la cabeza hacia mí. Se diera cuenta o no de su mirada, el emperador continuó, dándome ligeras palmaditas en la mano:

—Me hubiera gustado que la marquesa viviera por más tiempo. Su apariencia y sus logros siguen estando en mi memoria. Fue muy triste que dejara este mundo de esa manera.

La expresión del emperador se volvió triste, mientras que el príncipe heredero me miraba con curiosidad.

¿Qué debería responder en estos momentos? Como no tengo ningún recuerdo de mi madre, no puedo responder pero tampoco quedarme en silencio es una opción.

Seguía dudando en cómo responder cuando, de repente, llegó un pensamiento a mi mente.

En el pasado, tuve una conversación similar con él. ¿Qué le dije en ese entonces?

No lo recuerdo con exactitud, pero mi respuesta seguramente carecía de corazón ya que, desde el principio, no tuve mucho interés en mi madre.

En el pasado, nunca había pensado mucho en nadie de mi entorno, y mucho menos en mi madre. Mi interés se centraba únicamente en cultivar las cualidades que debía tener la emperatriz y en ganarme el amor del príncipe heredero. Aunque no cambié mucho en ese sentido, en esta vida aprendí a interesarme un poco en la gente que me rodeaba, pero seguía sin haber interactuado con mi madre.

No podía tener ningún sentimiento hacia ella porque no tenía memoria. Además, mi padre y otros miembros de la mansión se negaban a mencionarla, lo cual era bastante extraño.

Sin embargo, sentí que no debía responder sin cuidado, dada la sincera atención del emperador hacia mi difunta madre. ¿Cómo debería responder?

Cuando reflexioné sobre ello, oí un estruendoso aplauso.

Parecía que el primer acto de la obra había terminado. Comencé a aplaudir a los actores, aliviada de ver al emperador y al príncipe heredero dirigiendo su mirada al  escenario y aplaudiendo.

Suspiré al oír murmullos aquí y allá en el teatro. Quería volver a donde se encontraba mi padre, pero no podía porque el emperador parecía no querer que abandonara el lugar. Después de decirle a los guardias reales que no se acercaran, su majestad dijo con una brillante sonrisa:

—Ahora que lo pienso, señorita, el otro día caminaste por el palacio con una linda apariencia, ¿no es así? Los rumores sobre tu visita ya se extendieron a la segunda división de caballeros.

—Su Majestad…

—Oí que también te encontraste al príncipe heredero. ¿Qué opinas de eso, príncipe? ¿Estuvo tan linda como dicen los rumores?

¿Cómo llegó mi visita a sus oídos? Mientras agachaba la cabeza avergonzada, volví a mirar a su lado, sobresaltada. En ese instante, me encontré con los ojos azul oscuro del niño mientras me miraba con indiferencia.

—Así es, Su Majestad —respondió

—Oh, con que eso sucedió.

¿Qué quería decir con eso? La apariencia alegre del emperador se volvió borrosa, y solo el príncipe heredero, sobreponiendo su apariencia de niño con el hombre que una vez fue, se mantenía claro a la vista.

Su cabello azul peinado con mucho cuidado, su túnica blanca y sus ojos profundamente hundidos, así como la sonrisa en la comisura de sus labios.

Por primera vez, vi a otro hombre en lugar de aquel que siempre superponía a su imagen de niño. Ese hombre, era el príncipe heredero de mi vida pasada. Sin embargo, no era aquel que me miraba con burla y que tenía una sonrisa satisfecha en mis últimos momentos… No, a quien estaba viendo ahora era el hombre que nunca mostró ninguna emoción hacia mí antes de que apareciera Jieun.

De repente, me sentí afligida. ¿En qué momento se había convertido en una persona tan retorcida? Aunque de vez en cuando se mostraba hostil conmigo, en el fondo solo era frío, pero en cierto punto empezó a actuar con brutalidad. ¿Por qué era tan cruel conmigo? ¿Había algo en mí que le molestaba tanto?

—Y finalmente, nació el Sol del Futuro, aquel que sucederá la sangre real —dijo uno de los actores en voz alta en el escenario.

Mientras intentaba vaciar mi cabeza al parpadear mis ojos borrosos, levanté la cabeza y escuché la narración del actor sobre el nacimiento del príncipe heredero.

¿Cuándo empezó el tercer acto? ¿Estaba tan sumida en mis pensamientos que ni siquiera noté la terminación del segundo? Me apresuré a comprobar el rostro del emperador. Me sentí aliviada al comprobar que no tenía mal aspecto y volví mis ojos hacia el escenario.

—Bendita sea la Hija de la Profecía, aquella nacida de la consideración de Dios para ser la prometida del Sol del Futuro.

Mientras escuchaba los elogios del actor hacia el príncipe, quien seguramente traería una nueva gloria al Imperio con la bendición de Dios, me estremecí ante sus siguientes palabras. ¿Por qué está contando mi historia? ¿El emperador me hizo sentar a su lado por esto?

Al dirigirle una expresión llena de dudas, me fijé de repente en el rostro del chico sentado a su lado. Mientras contemplaba el escenario, entrelazó los dedos y sonrió muy satisfecho. Esa expresión en particular, que aparecía en su rostro cuando algo no le gustaba, hizo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. ¿Odiaba la mención de mi historia?

Sonreí con amargura, como si me hubieran arrojado agua fría por todo mi cuerpo.

¿Qué demonios estaba pensando antes? ¿No es obvio, aunque no se vea en su rostro, que no le agrado?

—La compañera del Sol, la noble Luna…

Con un suspiro, miré al escenario. En ese momento, el candelabro cayó de repente con un fuerte sonido. Se escucharon gritos y los alrededores del escenario se volvieron oscuros, causando confusión entre la nobleza.

—Su Majestad, ¿se encuentra bien?

—Estoy bien. ¿El príncipe y su prometida están bien?

Como si no le sorprendiera tal suceso, la voz del emperador era muy tranquila. Sin embargo, no pude responder a la pregunta sobre mi seguridad porque toda fuerza desapareció de mi cuerpo.

Cuando vi el candelabro destrozado y en el escenario oscuro, mis manos, que se volvieron frías, comenzaron a temblar y mi respiración se volvió complicada.

Evidentemente, todo esto sucedió al momento en que los dos actores en el escenario unieron sus manos. Justo cuando aquellos que interpretaban el papel del príncipe heredero y de su prometida se miraron, jurándose amor eterno, el pesado candelabro cayó del cielo. Era como si los dos no debieran estar juntos, implicando un futuro siniestro para ambos.

En ese momento, sentí escalofríos por toda mi piel. Tal vez eso significaba que me esperaba el mismo futuro sombrío por el que pasé… O podría significar la burla de Dios por no poder escapar de mi destino por mucho que me esforzara.

—¡Su Majestad, Su Alteza y queridos nobles del Imperio!

Volví en sí cuando escuché un fuerte anuncio en mis oídos.

Respiré profundamente y parpadeé para enfocar mi visión. En ese momento, una persona con una sonrisa en su rostro apareció en el escenario. El único hombre que parecía tranquilo a pesar del desorden causado por el candelabro.

—Como el noble Sol y la preciosa Luna se encuentran presentes el día de hoy, incluso el brillante candelabro tiembla ante su luz. ¡Gloria eterna a Su Majestad, así como al Sol y la Luna del Futuro!

El teatro resonó con una tormenta de aplausos. El hombre que dominaba el escenario se inclinó y anunció la reanudación de la obra. ¿Todo esto es por su increíble improvisación? A nadie parecía importarle lo que había sucedido hace un momento.

De hecho, aunque les pareciera siniestro, no se atrevían a hablar. Sabían que perderían su honor si comentaban imprudentemente los asuntos internos de la familia imperial.

Giré la cabeza y me fijé en el emperador y el príncipe heredero. El primero miraba al escenario con una sonrisa de satisfacción, mientras que el chico de cabello azul fijaba sus ojos en la obra con un rostro inexpresivo.

¿En qué estaban pensando los dos? ¿En el futuro que mencionó el actor? ¿O en la siniestra premonición presente en mi mente?

Sin embargo, ¿por qué debería importarme?

Sacudí mi cabeza para dejar a un lado esos pensamientos. Aunque el chico que tenía delante no podía recordar lo que había pasado en el pasado, repetiría las mismas acciones mientras me odiara.

Por lo tanto, solo me quedaba un futuro. Para no repetir mi pasado, tenía que evitar involucrarme con él. Con eso, regresé mi mirada al escenario, prometiendo esforzarme un poco más.

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