¡¡Gotas~!! La historia de la Princesa de la Fragancia~ – Entreacto 1: La historia del fantasma de la casa Pameradia

Traducido por Ichigo

Editado por Dimah


Ese día, Vernoux estaba inusualmente tranquilo cuando visitó la mansión Pameradia.

Cuando apareció en el laboratorio, su brazo derecho estaba oculto tras la espalda  y se dirigió a Cordelia con una expresión amable.

—Dilly, tengo un regalo para ti.

—Señorito Vernoux, ¿tiene un regalo para mí?

Escuchar las palabras en sí era dulce, pero Cordelia lo miró inquisitivamente.

Este chico nunca le había traído un regalo. Sin embargo, antes le había llevado una carta que le fue confiada.

Partiendo de esa premisa, si miraba su expresión indescriptible y su aspecto extremadamente inquieto, entonces sospecharía de él; “¿Está tramando algo malo?”. Aunque ella no iría tan lejos como para decir que… Vernoux estaba actuando “tímido”, era lindo, pero al menos, habría sido mejor si él no desviara su mirada.

¡¿Qué clase de cosa problemática escondes en tu espalda…?!

Como era de esperar, Cordelia no pudo evitar sospechar de él cuando actuaba así.

Sin embargo, en la mano que Vernoux había sacado vigorosamente cuando estuvo listo, había un objeto totalmente opuesto a lo que Cordelia pensaba que sería.

Era blanco y esponjoso.

Tenía las orejas ligeramente largas y caídas.

La cosa que tenía unos ojos encantadores y que le daban ganas de abrazarlo, era..

—¿Un peluche?

No era un objeto molesto en absoluto. Es, sin duda, un conejo de peluche. Estaba hecho de lana, era mullido y parecía de verdad: era adorable. También tenía el mismo tamaño que un conejo auténtico y se veía fácil de abrazar.

—¡Qué bonito!

Cordelia recibió el peluche directamente de Vernoux con ambas manos y lo rodeó como si estuviera abrazando a un conejo de verdad. Se sintió muy bien.

Le gustaban los animales, pero le resultaba difícil tener mascotas porque manejaba productos químicos de olor fuerte y tenía pocas oportunidades de acariciarlos. Podría ser diferente si hubiera un zoológico en este mundo, pero ella solo había visto animales salvajes de lejos.

El poder destructivo del conejo de peluche era asombroso.

No se movía, pero golpeaba justo en los puntos adecuados y la curaba con sólo su apariencia.

—Vernoux, ¿realmente no te importa que tenga esto?

—¿Crees que es bueno para mí tener algo así? —suspiró el niño con fuerza.

No se sintió conmovido, aunque tuviera delante, un conejo de peluche tan bonito.

No sabe lo que se pierde, pensó Cordelia y se encogió de hombros.

—Desde luego, no coincide con su personalidad. Entonces, ¿por qué lo has traído aquí?

Con su forma de actuar, era imposible que lo hubiera comprado como regalo. Además, hizo parecer que lo hacía como un castigo, así que es imposible que alguien le pidiera que me lo regalara. 

Reflexionó, al mismo tiempo que lo miraba a la cara, pero su boca estaba cerrada. Sin embargo, tras un rato de silencio, levantó ligeramente las dos manos en el aire como si se resignara. Parecía que no podía soportar que ella lo mirara.

—Recientemente…, mi madre repentinamente empezó a hacerlos como un hobby, y también ha llenado mi habitación con ellos.

—¿Hay muchos?

—Sí. He intentado devolverlos en secreto, pero los regresan a mi habitación antes de que me de cuenta.

—Estoy muy celosa de ti.

Ya veo, así que era algo que le gustaba a su madre, no a él. Todo tenía sentido.

Todavía no la conocía, pero pensaba que la querida esposa del marqués era alguien a quien seguramente le lucían los peluches.

Por lo tanto, aunque Vernoux dijera a regañadientes: ¿Esto que me obligan a hacer, es algo para estar celoso?, no tenía nada que ver con Cordelia.

Lo bonito es la justicia. Por supuesto, estaría celosa. 

—Tienes una madre maravillosa.

—Como he dicho, ¿qué sentido tiene que tenga algo así…?

—¿No es bonito tenerlo, ya que eres una niña? Te queda bien, ¿sabes?

—Dime, ¿quién te crees que soy?

—Pero sabes, es bonito, ¿no?

En cambio, seguiré contestándole de esta manera.

Aunque solo sea por la apariencia, de ninguna manera él y el peluche tenían una mala afinidad. Estaría bien que sostuviera el peluche y sonriera como reconocimiento a su madre.Odiaba decirlo, pero tenía una presencia bonita.

Sin embargo, Vernoux no estaría de acuerdo con eso; incluso podría irritarse si Cornelia dijera que “le quedaba bien”.

Pero no está bien hacerlo de vez en cuando, pensó: ya que es él quien siempre decía que ella “actuaba como un chico” y “era rara”.

—Si el señorito Vernoux está dispuesto a dármelo, entonces lo aceptaré sin dudarlo. También tendré que asignarle un nombre.

Sería una pena que le diera a este peluche un nombre estúpido. ¿Qué nombre debería ponerle? En primer lugar, ¿cuál es el sexo de este peluche? ¿Es un niño o una niña? Tenía la corazonada de que el día acabaría solo con pensarlo.

Puedo acomodarlo al lado de mi almohada ya que es grande. Si es así, podría convertirse en un buen objeto de uso si relleno el interior con aromas. No, es adorable aunque solo lo ponga en el sofá… Sí, es encantador… ¡Tengo que ponerle nombre! Por ahora, dejemos de lado el convertirlo en mercancía.

Miró a Vernoux, cuya presencia había olvidado por completo por estar tan encaprichada con el peluche, y sus cejas levantadas habían vuelto a su posición original.

—Estoy sorprendido…

—¿De qué?

—Pensé que al menos dirías algo como “Parece que se ensucia fácilmente”.

—Señorito Vernoux… ¿Quién crees que soy?

Las palabras que se había esforzado por mantener dentro, salieron como relámpago.

Estoy feliz en este momento, así que habría estado bien si hubiera ignorado lo que él dijo.

Sin embargo, debido a sus palabras, terminó considerando, si quiero comercializar esto, entonces tendré que pensar en métodos de lavado y de prevención de la suciedad.

—Porque eres tú, Dilly.

—Creo que sería mejor si cambiara su forma de verme, señorito Vernoux.

Si ella hubiera dicho, “eso es grosero”, entonces él diría, “tú también” y se reiría.

Pero sus siguientes palabras fueron diferentes a las habituales.

—Bueno, pero eso tampoco está mal. Te queda bien.

Por un momento pensó, ¿va a llover a cántaros mañana? Se puso pálida, y seguramente su complexión estaba mal ahora.

—¿Qué pasa con tu expresión…?

—No es nada… Me preguntaba si tiene fiebre, Vernoux.

Posiblemente la estaba halagando. No, el componente de que él hablara mal de ella no se encontraba en sus palabras.

Sin embargo, esta es probablemente la primera vez que me hace un cumplido. 

Por eso, después de que su cara se pusiera pálida, de repente sintió que se calentaba.

Y qué, ¿es malo que los peluches me favorezcan? Su extraña figura avergonzada cambió a una ligeramente frustrada. Era muy incómodo ser halagada por una amigo que siempre la insultaba.

En cambio, parecía que Vernoux tampoco creía que Cordelia considerara tanto sus palabras.

—Me comportaría si tuviera fiebre.

—Eso es cierto.

Vernoux dijo eso con un encogimiento de hombros y Cordelia se lo quitó de encima.

Sin embargo, no pudo encontrar otra forma adecuada de continuar la conversación. Así que Cordelia siguió acariciando el lomo del peluche para disimularlo.

No sé qué hacer con este extraño ambiente…

No, puede que sólo fuera Cordelia la que pensara que era raro.

Si le estaba haciendo un cumplido, debería decir “Gracias”, pero se resistía a decírselo en la cara. Sentía que él se burlaría de ella si lo hacía.

El silencio no duró mucho. Una voz completamente alegre resonó por toda la habitación.

—Disculpe, señorita. Hay un libro que me gustaría que leyera.

—Ronnie…

Era Ronnie quien había hablado al entrar en el laboratorio sin llamar.

Se sorprendió al ver a Cordelia y Vernoux allí, mientras sostenía un libro en sus manos. No sabía que el niño la había visitado, pero era demasiado tarde para retractarse ahora.

Ella resistió el impulso de llevarse las manos a la frente y se quedó mirando a Ronnie.

Parecía extremadamente incómodo.

—Si me disculpan…

Ronnie, quien todavía tenía la mano en la puerta, parecía un poco rígido mientras sonreía agradablemente. Normalmente se iba de inmediato cuando Vernoux venía de visita. Seguramente quería cerrar la puerta y marcharse enseguida. Si fuera Vernoux, entonces no sería un problema que lo hiciera. Cordelia asintió a Ronnie como diciendo: “Está bien, lo sé”. El incidente terminaría ahí. Sin embargo, al contrario de lo que ella esperaba, Vernoux se acercó a Ronnie como si se le hubiera ocurrido algo.

El mago comenzó a temblar violentamente cuando el niño se acercó a él.

—¿Qué es ese libro?

—Eh, sí. He guardado este libro desde hace mucho tiempo.

—Una historia de la magia… Es un libro raro.

Vernoux habló y tomó el libro del brazo de Ronnie, luego pasó las páginas. Cordelia observó lo que sucedía y decidió ayudar al mago, quien estaba sumido en el caos.

—Ronnie, ¿por qué quieres que lea ese libro?

—Ah, sí. Ese… Es un libro que… compré cuando era estudiante. Pensé que sería necesario para escribir mi tesis sobre la historia de la magia… Pero no lo necesité después de todo… No lo leí en absoluto, supuse que a la señorita le interesaría ya que es una lectura interesante…

Ronnie habló como si estuviera tanteando sus palabras. Ya veo, pensó.

Vernoux estaba de pie mientras leía cuidadosamente el libro, así que, al parecer, contenía información interesante, tal como Ronnie había dicho.

—Son leyendas de los distintos feudos, pero todos son cuentos de hadas basados en la suposición de que “la gente originalmente no tenía magia”. Hay leyendas sobre personas que inicialmente eran espíritus, o que ganaban poder consumiendo la carne de los demonios, y también cosas espantosas que las personas  no pueden ver… Es decir, la gente desarrolló habilidades para escuchar la voz del mundo y vencer a los fantasmas… Hay muchas historias.

—Hmm. Bueno, la magia en sí es algo que las bestias también pueden usar. Igualmente, hay registros de personas que utilizaban la magia hace mucho tiempo, y su poder mágico variaba bastante, así que no había muchos que no pudieran manejar la magia. Creo que sería difícil imaginar que haya gente sin magia.

—Tienes razón.

—Pero, es interesante que existan tantas. Estas leyendas probablemente reflejan la historia y el clima de los feudos.

—Sí. En particular, hay muchos relatos que involucran a los fantasmas. Se pueden encontrar varias versiones diferentes.

Las orejas de Cordelia se agitaron mientras Vernoux y Ronnie conversaban.

¿Hay muchos fantasmas diferentes…?

—¿Te importa si lo tomo prestado?

—Por supuesto.

Por favor, quítale ese libro inmediatamente, quiso gritar Cordelia mientras los dos hablaban.

Agarró con firmeza sus dos manos y rezó desesperadamente para que sus espasmos cesaran.

Sin embargo, una oración tan conveniente no fue respondida tan fácilmente.

—¿Qué pasa, Dilly?

—Nada…

Vernoux ladeó la cabeza confundido cuando ella le contestó irreflexivamente con voz llana. El gesto era dulce, pero ella ya no quería responder a algo así.

El niño miró el libro y luego, por como estaba actuando, volvió a observarla.

—¿No me digas que eres débil ante las historias de fantasmas…?

—No lo digas como si te hiciera gracia. No soy débil contra ellas.

Cordelia volvió a hablar con un tono plano, pero seguía intentando mentir.

Sin embargo, una expresión muy divertida se mostró en la cara de Vernoux. Por supuesto, ella tuvo un mal presentimiento de él, y su corazonada había sido correcta.

—¿Qué tal si animamos las cosas con algunas historias de miedo? Además, hoy hace buen tiempo, así que vamos a refrescarnos un poco.

—No hace tanto calor. Está bastante fresco.

—¿Qué? ¿Tienes miedo?

Cordelia quería gritar: “Por supuesto”, al sonriente Vernoux.

Sin embargo, sintió que no podía gritar al ver su expresión.

Se trataba de un desafío: si huía ahora, temía que Vernoux aprovechara la ocasión para incluirla en una narración de historias de fantasmas siempre que pudiera. Entonces, le sería imposible escapar.

No era un reto que pusiera en juego su vida, pero no podía echarse atrás si quería mantener su paz.

Tengo que ganar.

Y tengo que asegurarme de que Vernoux no vuelva a invitarme a contar una historia de fantasmas. 

Se decidió y le sonrió.

—Aceptaré la oferta. Vernoux, por favor no se asuste. Ronnie, siéntate tú también.

—¿Eh, yo también?

Ronnie probablemente no esperaba que ella lo incluyera. Tenía una expresión en su rostro que decía: “Quiero irme inmediatamente.”

Sin embargo, Cordelia quiso que se quedara. Más tarde, le daría el día que quiera libre, así que solo tiene que aguantarse, por ahora, pensó, y fingió que no se había dado cuenta de su expresión.

Lo siento, Ronnie.

Entonces, Vernoux se sentó con el libro aún en la mano y el mago, resignado, también tomó asiento.

Después de todo, lo odia de verdad, pensó Cordelia, pero al contrario de lo que esperaba, el niño parecía realmente emocionado. Sin embargo, comprendió que no era porque le gustaran las historias de fantasmas en sí.

—No conozco muchas historias de fantasmas…—dijo con un gruñido.

Aún así, su feliz opinión de: “Entonces, paremos aquí”, fue inmediatamente rechazada: “No”. Entonces, Vernoux miró el peluche que Cordelia estaba abrazando y dijo lo que tenía en mente.

—Hablemos de historias relacionadas con las muñecas. Después de todo, te he regalado un peluche.

Dijo algo tan desagradable con una sonrisa tan alegre en su rostro, pensó ella, pero aún así, no soltó el peluche. Temía que su cuerpo empezara a temblar si lo soltaba. El peluche de conejo ya era como un escudo de lujo para Cordelia.

—Aunque diga que no es realmente una historia de miedo. He oído un relato sobre la muñeca bailarina errante del Castillo Real. En cierto pueblo, había una chica que sabía bailar, pero era demasiado confiada, intentó entrar en el Castillo, creyéndose “la mejor bailarina del mundo”. Pero, por supuesto, no pudo pasar por las puertas porque no tenía documento de identificación. Vivió resentida, pensando que el mundo no tenía buen gusto y fue por esto que dio a luz a un espectro. Ese fantasma poseyó a una muñeca dentro de la fortaleza Real,  se paseaba sin hacer nada más que decir: “Prepara un escenario apropiado para mí”. Se asegura que esa muñeca sigue rondando los muros del Castillo, incluso después de que la chica falleció…

Las historias de fantasmas sí que se contaban así, pensó Vernoux, mientras ladeaba la cabeza. Cordelia gritó dentro de su mente.

Los espectros nacen del resentimiento… Además, su rencor era injustificado. Qué problemática era esta aldeana.

Sí, sí ese estallido de ira se hubiera dirigido a mí… Le daba escalofrío solo de pensarlo. Sentía que su cuerpo iba a empezar a temblar. Por lo tanto, no podía evitar que su rostro palideciera.

Pero Ronnie se asombró por como Cordelia estaba actuando.

—Señorita, ¿qué es lo que da miedo de esa historia?

—No da miedo, lo que da miedo es…

Era imposible para ella expresar lo que sentía con simples palabras.

No podía decir que estaba asustada incluso antes de que empezaran… No había manera de que declarara tales palabras de derrota.

—Entonces, es el turno de la siguiente persona. ¿Irás tras Vernoux, señorita?

Si estaban las cosas en orden, entonces definitivamente sería su turno.

Ella no quería que fuera su turno todavía, pero sería sospechoso si le daba su turno a Ronnie. Además, si él iba a contar una historia horrible, entonces no tenía la confianza para hablar después de él.

—Entonces, déjame contarte una historia…

Quería escapar, pero era ella la que había aceptado el reto, así que no podía huir.

No conozco muchas historias de fantasmas en primer lugar, y tampoco es que haya buscado las historias de espectros de este mundo. Sin embargo, en mi vida anterior, nací en un país en el que se hicieron muchas historias de apariciones, meditó mientras intentaba desesperadamente desenterrar recuerdos de esa vida. 

La historia de una escalera que tenía un peldaño de más; la de la mujer con la boca abierta que perseguía a la gente a una velocidad increíble y la de los ojos que se movían en un retrato en la clase de música… Todas eran historias de miedo, pero no me apetece hablar demasiado. ¿No hay ninguna otra?

Sin embargo, recordó una historia de fantasmas en particular que tenía muchas similitudes con las otras historias.

Me resisto a decirlo… ¡Pero tampoco quiero retirarme!

Entonces no tuve más remedio que contarlo. ¡Las chicas son valientes! ¡No me rendiré! ¡Dejaré que sientan el “horror japonés” hasta la médula!

Cordelia pensó e inspiró; luego habló en un tono más bajo que el habitual.

—Hace un tiempo, había una chica hermosa en cierto lugar.

—¿Una chica hermosa? ¿Qué edad tenía?

—Vernoux, por favor, no interrumpa la historia…

A los cinco segundos de empezar su relato, una voz gritó, como si le soplara la determinación, y la mitad de la motivación de Cordelia salió volando por la ventana. En primer lugar, si su historia era interrumpida de esa manera, entonces ella no podría crear un ambiente de miedo.

Vernoux dijo: “Mi culpa”, a la extremadamente agotada Cordelia y agitó ligeramente las manos, pero probablemente no lo decía en serio.

—Vernoux, si vuelves interrumpirme con algo que parezca una broma, entonces dejaré de contar mi historia.

—Sí, de acuerdo. entonces sigue hablando —instó, y la muchacha suspiró.

Al principio había querido evitar contar la historia del fantasma, aunque la hubiera recordado. Había muchas posibilidades de que se mezclara con otras historias y pensó que si no lo contaba todo de una vez, no podría continuar. No quería pensar en ser interrumpida sin terminar su historia cuando estaba tan entusiasmada por ganar.

—No me moleste de nuevo, señorito Vernoux.

Cordelia se motivó una vez más y comenzó a hablar en voz baja.

—Esa chica era una criada y servía a cierto señor feudal. El subordinado del señor tramó su muerte. Sin embargo, el amo era consciente de ello y, tras pensarlo, envió a la doncella como espía. Poco después, el señor feudal pudo evitar una rebelión gracias a las acciones de la criada, pero, en medio de otra batalla, el subordinado apuñaló a su amo y se apoderó del castillo.

—Ese es un subordinado bastante cobarde. Si fuera a traicionar a su señor, al menos tendría esa característica.

—Voy a continuar… El señor feudal consiguió escapar de alguna manera, y la moza siguió esperando una oportunidad para reconquistar el castillo. Empero, un subalterno del subordinado ya había visto a través de su disfraz cuando la rebelión había fracasado. Aun así, ese subalterno sentía algo por la criada y le propuso guardar silencio si se casaba con él. La doncella fingió ignorancia y lo rechazó. Como resultado, el hombre se sintió engañado y decidió traicionarla.

—¿La expuso?

—No. La controló. Cogió un juego de diez platos decorativos que podían considerarse como reliquias y escondió uno de ellos. Además, esos platos eran importantes y fueron robados al señor feudal al que ella servía. Sí, platos. Estos no tenían ningún significado si no estaban los diez juntos. La criada, quien estaba a cargo de los platos, fue acusada del crimen y regañada por el traidor que había tomado el castillo. Ella no pudo soportarlo más y se tiró al agua… O así se hizo ver antes los demás.

—¿La mataron?

—Sí.

—Es el peor de los tipos —dijo Vernoux con disgusto, y continuó—: Pero eso no hace que sea una historia de fantasmas.

Cordelia volvió a motivarse.

—Señorito Vernoux, la historia no termina ahí.

Cordelia volvió a bajar el tono y continuó mientras borraba cualquier emoción de su rostro.

—A partir de ese día, el subordinado escuchó la voz de la mujer junto a su cama todas las noches. Un plato, dos platos, tres platos… No importaba cuántas veces contara, siempre se detenía en el noveno y sollozaba. Cuando contaba, los platos de la mansión también se rompían en ese orden.

—Dilly, aguanta… Tu cara da miedo.

—No vieron a la criada, pero la voz ciertamente le pertenecía.

—Oye, Dilly… ¿Por qué tu voz es tan fría?

—Al poco tiempo, se construyó un monumento en honor a ella como guardiana de los platos. Pero el hombre que la había engañado, el subordinado que le había quitado el castillo al señor feudal y sus parientes… Todos empezaron a morir, uno tras otro. Pero los platos eran hermosos, así que se los confiaron a una persona que no sabía que originalmente eran diez. La persona que los recibió … también era alguien que no tenía ninguna relación con ella. Por eso fue acosado y atormentado por la voz.

Cordelia sintió que su rostro se había vuelto realmente pálido y espeluznante.

Por lo tanto, no dejó de hablar, a pesar de que Vernoux la había interrumpido. O mejor dicho, no pudo.

—Escucha, también puedes oír su voz si prestas atención…

Cuando Cordelia terminó de hablar, todo el lugar quedó en silencio.

Después de un rato, Vernoux abrió la boca.

—Dilly… Eres muy buena contando historias.

—¿Lo has disfrutado?

—Sí…

—El siguiente es, oh… Es mi turno, pero ¿qué debo hacer? Sólo puedo contar historias sobre hombres borrachos a punto de ser asesinados por monstruos disfrazados de mujeres.

Ronnie miró incómodo a los dos jóvenes enmudecidos… O más bien, se quedó perplejo por el ambiente de la sala y preguntó.

Sin embargo, ya había hablado del contenido. Ya no tenían la emoción de averiguar “qué pasaría” en la historia de fantasmas de Ronnie.

—¿Terminamos aquí…?

—Sí.

Cordelia asintió inmediatamente ante la conclusión de Vernoux.

Ella pensó que estaba satisfecha con lo que había pasado, pero se arrepintió de haberse tomado el reto de la historia de fantasmas demasiado en serio. Sin embargo, quería hacerlo aunque eso significara que todos se asustaran juntos… Lo único que podía afirmar era que no había perdido.

Definitivamente no quiero contar más historias de fantasmas…

Cordelia pensó y dio un pequeño suspiro.

A continuación, para ella, Vernoux parecía haber salido de su silencio y le preguntó a Ronnie.

—¿No tienes miedo?

—En realidad no me asustan las cosas que no he visto yo mismo… Porque está en su naturaleza no hacerse notar.

Cordelia tenía miedo porque era algo visible, pero Ronnie era lo contrario. ¿Tenía miedo de verlos? ¿De qué tenía miedo? Por casualidad, ¿tenía miedo de las hermanas mayores en el trabajo…?

Pensó. También consideró preparar cosas que le ayudarán a dormir tranquilamente cuando regrese a su habitación. Su miedo ya se había desvanecido, y lo mejor sería que pudiera conciliar el sueño rápidamente. Podría olvidarse de las historias si dormía.

Ronnie se levantó mientras ella reflexionaba.

—Bueno. Iré a preparar unos dulces a cambio de no contar una historia.

—Tienes razón. Tomemos un té.

Era una propuesta sensata. Té caliente con dulces. Eso debería cambiar mi estado de ánimo considerablemente, pensó Cordelia.

Ronnie seguía siendo Ronnie.

—Ahora que lo pienso, adquirimos una taza de té rara, ¿no? Las tazas se juntan para hacer un cuadro. Se dice que no tendría sentido si una de las tazas de té se astilla, o algo así —dijo Ronnie, Cordelia y Vernoux volvieron la cara hacia él.

—Usemos las tazas de siempre.

—No me importa usar las tazas de siempre.

Ronnie abrió los ojos sorprendido por sus voces simultáneas y sonrió irónicamente.

—Entendido.

Tanto las tazas como los platos que había traído eran de color blanco puro y no tenían ningún dibujo.

Después de un tiempo, cada vez que Vernoux visitaba la mansión de Pameradia, siempre utilizaba esa vajilla blanca y lisa.

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