Harem Imperial – Capítulo 54: Pensamientos en un torbellino (1)

Traducido por Sharon

Editado por Tanuki


Palacio Zhen Yang.

Xiao Yu llevaba una nueva bandeja de té de ajenjo con dos sirvientas siguiéndola con aperitivos frescos. Temiendo que la bebida se enfriara, ya que estaban a principios de otoño, el trío se apresuró hacia la biblioteca imperial.

—Ya es tarde, ¿siguen sirviendo el té?

Xiao Yu se sorprendió y sus pasos se detuvieron mientras miraba hacia atrás, donde vio a Qing Feng caminando lentamente con una pequeña sonrisa. Xiao Yu no sintió ni un trazo de risa, y la frialdad que la rodeaba era aún mayor que la de la noche otoñal.

¿Por qué estaba aquí? Qing Feng nunca había tomado la iniciativa de acercarse al Palacio Zhen Yang para ver al emperador, mucho menos tan tarde. Incapaz de adivinar sus intenciones, ella bajó la cabeza e hizo una reverencia.

—Saludos a la Concubina Imperial Qing.

—Levántate. —Qing Feng llegó a su lado y miró las bandejas. Dejando de lado el té, había en verdad mucha comida.

—La ceremonia se acerca así que hay varios asuntos a tratar. Estos días el emperador sólo descansa después del tercer periodo de guardia nocturna, por lo que necesita el té y los aperitivos —le explicó Xiao Yu.

Qing Feng levantó la mirada y vio que el estudio estaba iluminado con las puertas abiertas. Yan Hong Tian estaba sentado detrás del escritorio con varios reportes cubriendo la superficie. Sostenía un pincel, y cada tanto escribía en un reporte. En todo momento tenía su ceño fruncido.

Aunque estaba sentado en la cima, estaba fatigado. Aun así, retrataba una imagen majestuosa.

Observándolo, Qing Feng despertó de repente de su ensoñación. Había un montón de cosas que sucedieron esta noche, Chen Zhen la sorprendió y la hizo sentir poco convencida. Todavía pensaba en qué debería hacer cuando sus piernas la trajeron aquí inconscientemente. En realidad, era inútil estar aquí porque lo que Chen Zhen dijo podría no ser creíble, pero no estaba equivocada. Era verdad que no entendía al emperador, ni un poco.

Xiao Yu observó en silencio cómo cambia su expresión. No quería decir nada, pero el té en su mano se enfriaría si no lo entregaba.

—¿Necesito informar…? —dijo después de vacilar por unos momentos.

—No es necesario. No molestes al emperador que está encargándose de asuntos del estado. —Qing Feng se recuperó y ondeó su mano. Con eso dicho, se giró para irse tan repentinamente como apareció. Antes de que Xiao Yu pudiera reaccionar, ya había salido del Palacio Zheng Yang.

Ella llevó la bandeja con el té caliente dentro y lo puso en la mesa más pequeña a un lado del escritorio. Sus ojos observaron la superficie, y vió más de diez reportes dispersos. Parecía que el emperador no podría descansar hasta pasada la medianoche. Después de dejar los aperitivos, dio dos pasos atrás en lugar de retirarse.

—Emperador, la Concubina Imperial Qing acaba de pasar. Se fue cuando vio que estaba ocupado con asuntos de la nación —dijo en cuanto vio a Yan Hong Tian tomando un descanso para beber el té. Con sus manos sosteniendo la taza, él no levantó la mirada de los reportes al responder.

—Retírate. No necesitas seguir sirviendo esta noche.

—Sí.

Saliendo del estudio, Xiao Yu hizo que el resto de las sirvientas se retirara y se fue. Caminando por los pasos de piedra entre el estudio real y su recamara, decidió sentarse y, con su mano sosteniendo su cabeza, observó la luna casi cubierta en trance.

Ella era la oficial femenina que estaba junto al emperador, por lo que incluso si estaba sentada en la escalera tan tarde por la noche, nadie se atrevió a decirle algo. Los guardias nocturnos sólo la miraron y pasaron a su lado rápidamente.

—Ya es tarde, ¿la ayudante Xiao todavía está de humor para apreciar la luna?

Xiao Yu no necesitaba mirar para adivinar quién era ya que nadie usaría un tono tan ridículo para dirigirse a ella en el Palacio Zheng Yang. La ceremonia se acercaba, por lo que veía a Ming Jian diariamente en lugar de una vez cada diez días o cada mes, como acostumbraba. Xiao Yu le dio una mirada de reojo, para luego continuar observando el cielo sin prestarle atención.

Al principio pensó que él la dejaría ser; no había pensado que fuera a sentarse a su lado.

—¿Qué te tiene con la mente perdida?

—Pienso en lo que parece claro pero en realidad es muy vergonzoso —dijo con una voz fría llena de desdén y resentimiento.

—¿Qué enfureció a la magnánima ayudante Xiao? —preguntó Ming Jian, recuperándose de la sorpresa que le causó escucharla. Xiao Yu no se preocupó por él. Viendo sus hermosos ojos marrones entrecerrados mientras pensaba algo, volvió a preguntarle con seriedad—: ¿En verdad estás tan enfadada?

—Sólo estaba pensando quién sería la próxima Concubina Imperial Qing —dijo mientras sacudía su cabeza.

¿Qing Feng? Él sabía que había pasado por allí pero que se había retirado en poco tiempo. ¿Qué pudo haber dicho para hacer que Xiao Yu, que siempre ignoraba los asuntos del Palacio Interno, se preocupara tanto?

—Los encantos de la Concubina Imperial Qing no son pequeños para que incluso tú te preocupes por ella —dijo con una sonrisa tentativa.

Primero estuvo la Concubina Imperial Shu, luego la Concubina Imperial Hui, y por último la Concubina Imperial Qing.

—¿Es cierto que las mujeres hermosas nacen sin suerte? —preguntó de repente. ¿Cuál sería su destino? Una vez que alcance la edad, tendría dos caminos, que el emperador se encariñe con ella, la mantenga a su lado y le de el título de Belleza, o algo parecido, y de esa forma permaneciera el resto de su vida en el Palacio. Por otro lado, si su suerte era buena, el emperador arreglaría un matrimonio para ella, pero con su edad e identidad, no le sería posible ser la esposa de un oficial por lo que sólo sería una concubina. En realidad, la mayor diferencia entre ambos era el tamaño de su jaula. Odiaba ese tipo de sentimiento.

La melancolía reflejada en su mirada hizo que el corazón de Ming Jian doliera. Levantó su mano para ponerla en su hombro, pero no se atrevió a hacerlo, y después de un largo tiempo, una voz resonó.

—Comandante, el General Su está aquí en busca de una audiencia con el emperador.

Ming Jian retiró su mano rápidamente. Era el medio de la noche, por lo que si el General Su pedía entrada al Palacio debía tratarse de un asunto importante. No se atrevió a tardar, y se paró de inmediato.

—Trae al General a un salón al lado del Estudio Imperial para que espere.

—Sí. —El guardia aceptó su orden y se retiró. Ming Jian pensó que Xiao Yu estaba detrás suyo, y pretendió girarse para informarle, pero se dio cuenta que ya se había ido. Lanzó un suspiro y se dirigió al Estudio Imperial.

—Emperador, el General Su requiere una audiencia.

La mano que sostenía el pincel se detuvo y levantó la mirada. La noche era profunda.

—¿Qué hora es? —preguntó Yan Hong Tian.

—Un poco después de Xushi [1].

—Anúncialo.

Yan Hong Tian sentía que si Su Ling requería una audiencia tan tarde, debía estar relacionado con el caso del oro perdido.

Poco después, el General, vestido con su uniforme verde oscuro y sus manos sosteniendo un reporte, caminó dentro. Sin esperar que le saludara, Yan Hong Tian ondeó su mano para dispersar las formalidades.

—¿Qué causa tal urgencia?

—Es en efecto muy problemático. —Su Ling no agregó nada más y le entregó su reporte.

Abriendo la carpeta no tan pequeña para leer algunas páginas, los ojos oscuros de Yan Hong Tian se entrecerraron ligeramente.

—“Colisionando con rebeldes, robando el tesoro, pretendiendo conspirar contra el estado”. En efecto es problemático, cada línea es una ofensa capital.

—Cuando Su Ren atrapó a los rebeldes y los interrogó, dijeron que ese año la bóveda del oro se abrió por la colisión con el Ministro de Ingresos y firmó su confesión. Sin embargo, una vez que regresaron al Ministerio de Justicia, insistieron que fue instruido por el Primer Ministro Lou, padre e hijo —dijo Su Lin, sintiendo la ira del emperador. Con un golpe, el reporte fue arrojado al escritorio. Yan Hong Tian levantó las comisuras de sus labios, pero no sonrió.

—¿Quién pensaría que no solo conseguirías el oro de regreso, sino que traerías un problema tan interesante? —A pesar de lo que dijo, los presentes no lo sintieron así. El par de ojos oscuros se entrecerraron ligeramente con algo de intención asesina, pero sólo fue por unos momentos antes de que se calmara—. Gao Jing, convoca a Dan Yu Lan al Palacio.

—Sí.

—“Conspirar contra el estado” es un asunto serio, para nada gracioso. Cuando el Oficial Dan llegue, deberían discutir y atraparlos a primera hora de la mañana bajo ese cargo —dijo en cuanto terminó de leer nuevamente el reporte.

—¿Mañana? —¡¿El día del casamiento de Lou Xi Yan?! Su Ling frunció el ceño—. ¿No es necesario discutir este asunto con el Primer Ministro Lou?

Yan Hong Tian se inclinó en la silla y sonrió.

—El General Su está subestimando al Primer Ministro Lou. Él siempre está planeando. Sólo espera por el buen espectáculo de mañana.

El problema era extraño, y si el emperador hacía esto, era para crear sorpresa de forma que la mente maestra detrás del asunto no pudiera reaccionar a tiempo, y además porque no quería que el Primer Ministro Lou se casará felizmente. Su Ling no estaba preocupado por Lou Xi Yan, es sólo que en ese momento, cuando llevara personas a arrestarlo, no sabía qué diría Qing Mo.

Aunque eso podría estar equivocado, ya que ella no era de discutir, sino que actuaba.

Pensando en las dos mujeres difíciles y duras de la familia Qing, la cabeza de Su Ling comenzó a doler.

♦ ♦ ♦

Cuando llegó el amanecer, el Salón Qing Feng se llenó de ruido y emoción. Los tesoros que el emperador entregó fueron sacados fuera y ubicados individualmente en cajas de madera.

—Fu Ling, ¿los regalos de felicitaciones ya están listos?

—¡No olvides los regalos!

—¿Qué hora es? Tendrás que ser rápida y no cometer errores.

Viendo a Qing Feng ocupada desde temprano, Fu Ling dio un paso adelante para ayudarla a una silla de madera rápidamente.

—Sólo es Chenshi [2], la Señora no necesita preocuparse. Todo está preparado.

Qing Feng sabía que Fu Ling era cuidadosa con sus tareas, pero hoy era un día feliz y estaba tan feliz como nerviosa por el casamiento de su hermana mayor. Señalando a los dos ruyi de jade y tomando el testimonio oficial de su manga, se lo entregó a la sirvienta.

—El ruyi tiene un significado auspicioso. Pásales eso y esto a sus manos.

—Sí. —Fu Ling tomó el testimonio y sonrió—. No ha estado feliz en mucho tiempo.

—Es el gran día de mi hermana —sonrió Qing Feng—. Aunque no puedo atender, sigo feliz por ella—. Viendo que el cielo estaba apareciendo en el cielo, empujó a Fu Ling con impaciencia—. Rápido, no pierdas el tiempo.

—Sí.

En ese momento, la puerta del palacio se abrió. Fu Ling no pudo hacer nada al ver la ansiedad de su Señora, porque lo único que la calmaría sería que se fuera.

Una vez se despidió, Qing Feng no tenía mucho que hacer. Su corazón estaba feliz y emocionado, por lo que no estaba de humor para leer o escribir. Sólo esperaba que Fu Ling pudiera apresurarse y contarle sobre la boda. Tampoco sabía qué mensaje le darían a su hermana y si la querida Mo también estaría en la ceremonia. No la había visto desde hace seis meses, debía de haber crecido bastante.

—¡El emperador ha llegado! —sonó un grito desde afuera del Salón, despertando a Qing Feng de su ensoñación.

¿Yan Hong Tian estaba aquí? Ella miró por la ventana, mientras estaba pensando, el sol se había elevado y brillaba a través de su ventana. Ya era Sishi [3].

Hoy era la boda del Primer Ministro Lou, y cientos de oficiales estarían presentes. Aunque no fuera a felicitarlos personalmente, debería estar en el Estudio Imperial trabajando en los asuntos del estado. ¿Qué estaba haciendo aquí?


[1] Xushi: Entre las 7 y 9 p. m.

[2] Chenshi: Entre las 7 y 9 a. m.

[3] Sishi: Entre las 9 y 11 a. m.

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