Joven esposa del Capitán (de 62 años) – Capítulo 45: Rescate

Traducido por Yonile

Editado por Sharon


¿Cómo supo a dónde venir en este tiempo de crisis?

Mientras me sostenía del robusto cuerpo del señor Wilhelm, me surgieron preguntas desde el fondo del corazón.

Todavía no ha pasado un día completo desde que me secuestraron. No, había perdido el conocimiento así que es probable que haya pasado tanto tiempo. Pero, por sensaciones corporales, creo que aún no es así .Aun así, había docenas de caballeros detrás del capitán.

—S-Señor Wilhelm.

—Carol, ¿estás bien?

—S-Sí, yo…

Sus fuertes dedos tocaron suavemente mi mejilla. Era el lugar donde Robert me había golpeado. Seguramente estaba hinchado. Wilhelm apretó los dientes.

—Si tan solo me hubiera dado cuenta antes, no te habrían hecho daño.

—Señor Wilhelm…

—Carol, todo está bien ahora. Mientras estés conmigo, nadie te hará daño.

—M-Muchas gracias.

Su abrazo hizo que los latidos de mi corazón se aceleraran. Era como si todo lo que había sucedido con Robert fuera solo una pesadilla. Wilhelm vino a rescatarme cuando estaba en peligro, me pregunto si estara bien tener tanta felicidad.

—P-Para justo ahí, Carol… ¿h-ha?

Entonces oí la voz de Robert detrás mío.

Parece que la presencia de toda la orden de caballeros no estaba en sus planes. Yo tampoco sabía porque estaban aquí

Wilhelm y todos los caballeros vinieron a rescatarme.

—Fuiste tú después de todo, Robert.

—¡¿C-Cómo…?! ¡La Orden!

—Te dieron la oportunidad de cambiar. Aunque hubieras traicionado a Dukeridd toda tu familia fue perdonada.

Robert dio un paso atrás, pero el señor Wilhelm levantó la mano y toda la Orden le rodeó.

Como se esperaba de ellos, que se esforzaban diariamente en su entrenamiento, la resistencia de Robert fue inútil.

—Albert.

—¡Sí, señor! ¡Carol! ¡Qué bueno que estás bien!

—¡H-Hermano mayor…!

Fui separada y abrazada por mi hermano. Por supuesto, también estaba preocupado. A pesar de la situación, no quería separarme del señor Wilhelm.

—Robert.

—Gu, ¿por qué?

—Te atreviste a levantarle la mano a Carol.

—Uu…

Con voz furiosa, Wilhelm se acercó a él, levantó bruscamente su brazo derecho y le golpeó la mejilla.

—¡Gwah…!

—Reflexiona. Ya nadie va a protegerte.

Increíble. Robert fue arrojado lejos.

El señor Wilhelm, el capitán de caballeros, realmente posee un poder increíble.

Estoy feliz. No haría eso por cualquiera, lo hizo porque fui lastimada.

—¡Arréstenlo!

—¡Sí, señor!

Con las instrucciones del capitán, los caballeros ingresaron a la mansión. No lo había considerado, pero existía  la posibilidad de que hubieran cómplices. Como no me encontré con nadie más no lo había pensado. Pero como esperaba, él sí lo pensó.

—Con esto, estaremos bien, Carol.

—Muchas gracias, señor Wilhelm.

—Dios mío. Cuando escuché que te secuestraron, se me heló la sangre. Por favor, no vuelvas a hacer que me preocupe así.

Su mano me acarició la cabeza, Su palma era áspera pero muy reconfortante. Quería que esta sensación no acabara nunca. Cuando quito su mano, me sentí muy decepcionada.

Después, alguien me pegó en la cabeza desde atrás.

—¡Carol! ¿Cómo te atreves a hacernos preocupar?

—Zack…

—Gezz, no llegaste sin importar cuánto tiempo pasara, así que me preocupé y fui a buscarte, ¡y fuiste secuestrada! ¡Eres una idiota despistada!

Dejé de ser consolada por la palma del señor Wilhelm. Pero Zack también estaba preocupado por mí.

—Zack, no digas eso. La culpa de todo la tiene la ambición de Robert. No culpes a Carol.

—Uuu… lo siento.

—Pero si es verdad que estábamos preocupados. A partir de ahora, debes informarme cuando la señorita Natalia tenga el día libre. Enviaré a alguien de la orden para que te acompañe.

—Entiendo, señor Wilhelm.

Estaba muy agradecida por su amable oferta. Porque todavía se me permitirá ir. Pensé que me iba a prohibir ir a la Orden de Caballeros.

—Waa~, pero es genial que estés a salvo, Carol. Desearía que hubieras visto el semblante del capitán cuando se enteró que fuiste secuestrada.

—¿Es eso así?

—O-Oye, ¡Albert!

Realmente me arrepiento de haber hecho que se preocupe por mi. Sin embargo, mi hermano parece estar divirtiéndose, ¿Tan horrible fue el semblante del señor Wilhelm?

—Verás, el capitán convocó a todos los caballeros fuera de servicio, incluso notificó a todos los que estaban patrullando, y ordenó a toda la orden que te buscaran. Un terrible uso de su autoridad ¿verdad?

—Yo… fue eso así.

—Eso solo puede significar que el capitán realmente se preocupa por Carol.

Eso me hizo extremadamente feliz.

¿Mis sentimientos por fin fueron correspondidos?

—Capitán, ¡no encontramos a nadie más en la mansión!

—¡Parece que no hay más cómplices además de los que capturamos antes!

—Y-Ya veo, entonces recogan la evidencia y retirense.

—¡Sí, señor!

Parece que los caballeros comenzaron a prepararse para retirarse.

Estaba muy agradecida con los caballeros que trabajaron para rescatarme, pero no había nada con los que pudiera recompensarlos.

Me gustaría mostrar mi gratitud.

—Ahora bien, regresemos. Carol.

—S-Sí, señor Wilhelm… ¡Ay!

—Hm ¿qué pasa?

Cuando intenté caminar, me dolió el pie derecho. Me lo he de haber torcido cuando corrí a la entrada.

—¿Qué es eso? ¿Te torciste el tobillo?

—No toques tan arbitrariamente el pie de una dama, Zack —le reprendí cuando me tocó sin autorización.

—¿Usted, una dama?

Últimamente estuve actuando con demasiado descuido.

—Bueno, entonces Carol, permíteme llevarte en mi espalda.

—¡E-Eso, señor Wilhelm! Hacer algo así…

—Entonces, lo haré.

—Zack, debería quedarse atrás.

—Whoa, ¿por qué tal diferencia…?

De verdad no quería molestarle, pero con mi pie en este estado bajar la montaña sería difícil. Lo mejor será aceptar su oferta.

—Bueno, Carol. Sube a mi espalda.

—S-Sí, bien…

Mientras soportaba el dolor, me subí en la espalda del señor Wilhelm. Era robusta y ancha, incluso si pongo todo mi pecho en ella, pareciera que no le afectaría en absoluto.

—Entonces, regresemos. Carol —dijo sobre su hombro, y mi corazón latió con fuerza

—Sí, señor Wilhelm.

Ha estado cerca mío desde que me rescató cuando fui secuestrada por rufianes a los siete años. En ese entonces, fingí estar dormida y lo esperé, pero ahora…

—Señor Wilhelm.

—¿Hm?

Me incliné un poco hacia delante. Y besé su mejilla.

—Muchas gracias.

—¡¿Qué…?! ¡H-Hm!

Mi segundo beso.

Su barba picaba un poco.

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