La Emperatriz se volvió a casar – Capítulo 119: Salud

Traducido por Lucy

Editado por Sakuya


Rashta se apresuró a volver a su habitación. Su corazón latía sin control.

¿Qué significa esto? ¿Qué acabo de ver?

Su mente era un caos.

¿Por qué Sovieshu…? ¿Por qué Sovieshu era así? ¿Actuando como si echara de menos a su ex-mujer?

No, no puede ser.

Rashta sacudió la cabeza.

Sí, absolutamente no. ¿No fue Sovieshu quien decidió por sí mismo divorciarse de Navier?

No puede hacer esto ahora…

El rostro de Rashta palideció.

Por mucho que intentara negarlo, la actitud de Sovieshu bajo los efectos del alcohol lo hacía demasiado evidente.

En cuanto reconoció este hecho, un profundo temor la invadió.

Sovieshu había sido su benefactor y salvador, el que la levantó del fondo, pero también era la persona que conocía sus debilidades.

Si la dejaba ir, volvería a caer en picado sin poder hacer nada para evitarlo.

Tampoco tenía una línea de sangre a la que aferrarse, ya que el bebé aún no había nacido.

Cálmate Rashta. La emperatriz depuesta ya se ha vuelto a casar. Es inútil que se arrepienta ahora.

Rashta se rascó la piel mientras se mordía las uñas. Volvía a dolerle la barriga, de seguro por el estrés.

Pero aunque no trajera de vuelta a la emperatriz depuesta, ¿qué pasaría si esto le hiciera volverse frío con Rashta? ¿Y si culpaba a Rashta por el divrorcio y se alejaba?

Entonces traería a otra mujer. Sovieshu era emperador, joven y muy guapo. Muchas mujeres tomarían su mano si él lo quisiera. Ya sea por elección, o por el bien de sus familias.

De ninguna manera, no puede ser.

Elgy. Necesitaba al duque Elgy.

Rashta se metió rápido a la cama y se acurrucó.

Deseaba que el duque Elgy le dijera que todo iría bien. Deseaba que la consolara con su mente excepcional.

Sin embargo, era imposible que el duque Elgy, que ni siquiera había llegado al Imperio del Oeste, apareciera de la nada.

¿Cuánto tiempo he estado así?

Rashta abrió sus ojos fuertemente cerrados y se quitó los dedos de la boca.

En sus ojos inquietos surgió una firme determinación.

Es cierto, no hay tiempo para actuar así.

Si se hubiera quedado llorando sin consuelo y hubiera caído en la desesperación el día que perdió a su primer bebé, nunca habría tenido esta vida.

Rashta había huido de aquel lugar por voluntad propia para aferrarse a una nueva vida.

Lo mismo ocurría ahora.

Si se quedaba como estaba, temblando de miedo, el final sería obvio.

Debo proteger lo que es mío.

Cuando era concubina, el amor del emperador lo era todo. Todo su poder provenía del emperador. Sin embargo, ahora al menos tenía su propio poder.

Incluso como emperador no podía divorciarse de nuevo durante un tiempo debido a la opinión pública. Tenía que aguantar al menos unos meses.

Para entonces el bebé ya habría nacido y sería el primogénito del Emperador, dijeran lo que dijeran los demás.

En el futuro el bebé protegerá a Rashta. Pero, hasta entonces, Rashta tiene que proteger al bebé.

Rashta se levantó de la cama y se paseó por la habitación.

¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? Enfrentarme a la emperatriz depuesta.

No había razón para evitar a la emperatriz depuesta, ni para evitar al vizconde Langel, ni para evitar a la duquesa Tuania.

La emperatriz depuesta traicionó al emperador, y aunque en este momento ostentaba el cargo de emperatriz, era la emperatriz de un país que acababa de proclamarse imperio ayer mismo.

El vizconde Langdel era un malvado rufián que intentó apuñalar a una chica débil y desarmada. ¿Y no es también la duquesa Tuania una mujer frívola que utiliza sus artimañas femeninas para arrastrar a los hombres tras de sí?

No hay necesidad de dejarse presionar por gente así. ¿Por qué debería desanimarse Rashta cuando los perpetradores tienen la cabeza tan alta?

¿No es el Vizconde Langdel el líder de una orden de caballería? Si ese es el caso, es genial. Expondré lo repugnante que es delante de todos.

Rashta estaba muy decidida.

♦ ♦ ♦

Tan pronto como me desperté sentí una ligereza. Al tantear con las manos, oí una risita y abrí los ojos.

Al levantar la vista, vi a Heinley mirándome y riendo entre dientes.

—Esposa, ¿has dormido bien?

Ahh… Cierto. Ayer…

Enterré la cara en su pecho por la avalancha de recuerdos que surgieron en mi mente.

Aunque creo que me dormí cerca del amanecer, no recordaba bien los detalles. Pero cuando desperté estaba tendida en los brazos de Heinley. Tampoco sentía mi cuerpo pegajoso, ah…

—¿Me has lavado?

Cuando pregunté con torpeza, Heinley me mordió un poco el lóbulo de la oreja,.

—¿No te acuerdas?

—¿Recordar?

—Me pediste que preparara la bañera con bombas de baño con aroma a rosas, muchas burbujas y que te lavara el pelo con champú de frutas.

—…No me acuerdo.

Heinley sonrió y frotó su mejilla contra la mía.

Sintiéndome avergonzada, le abracé con fuerza y escondí la cara.

Después de que mencionara el aroma a rosas y el champú de frutas, me di cuenta de que Heinley no mentía porque esos solían ser mis gustos.

Entonces, de repente, me di cuenta de que el pelo de Heinley también olía a mi aroma favorito…

Se lo lavó con lo mismo.

En cuanto me di cuenta, mi cara se calentó aún más.

—Estaría feliz de morir así, Mi Reina.

¿No está Heinley avergonzado ahora? Aunque no estaba siendo tímido en absoluto, sus orejas seguían rojas.

Mientras tanto, Heinley, que seguía mordisquéandome las orejas, empezó a recorrerme el cuello.

Luego me besó un poco la clavícula.

Yo estaba confundida por su comportamiento actual…

Dejando de lado que éramos amigos, solo nos unía un matrimonio de conveniencia… Sin embargo, actuaba como si se muriera por mí.

—Mi Reina. Mi esposa. Navier.

Después de pronunciar mi nombre, Heinley comenzó a mover sus labios lentamente y más abajo de mi clavícula.

Había dicho que aprendía rápido. Y no eran palabras vacías. Sus suaves labios recorriendo mi piel con ligeros besos, eran maravillosos.

Pero…

—Es por la mañana.

Tenía que prepararme para la próxima recepción. No podía quedarme en la cama mucho más tiempo.

Mientras empujaba su frente, Heinley frotó su cara contra la palma de mi mano y besó mi muñeca.

—Heinley. No podemos, ahora no.

Después de insistir de nuevo Heinley por fin se apartó con expresión de arrepentimiento.

¿Por qué no parece cansado… a pesar de haberse esforzado tanto ayer? ¿Tenía tan buena resistencia física?

Miré su perfil. Su rostro, que me había hecho exclamar admiración cuando nos conocimos, parecía aún más guapo ahora que estaba tumbado.

Cuando alargué la mano para tocarle los labios y la punta de la nariz, Heinley volvió a sonreír y me besó la muñeca y luego la palma de la mano.

Tras acariciarle las mejillas varias veces, pronuncié de forma inconsciente unas palabras desde el fondo de mi corazón.

—Espero que esta vez pueda tener un bebé.

Como si hubiera oído algo inesperado, Heinley ladeó la cabeza y preguntó:

—¿Un bebé?

Asentí y le acaricié los labios con un dedo.

Quería tener un bebé no porque me gustara la idea, sino por la familia imperial, ya que el sucesor era muy importante.

No solo porque estaba en juego la estabilidad del país, sino también porque si la línea sucesoria se torcía, nobles o incluso miembros de la realeza de otro país podían hacerse con el trono de la nada.

Esto último como resultado del matrimonio entre miembros de diferentes familias reales.

De hecho, hubo un caso emblemático.

El tercer príncipe de Ahslan se casó con una princesa del Reino del Norte, pero ambos murieron a causa de una plaga.

El derecho de sucesión pertenecía al tercer príncipe, por lo que por fin Ahslan fue absorbido por el Reino del Norte.

Incluso en el Reino del Oeste, no, en el Imperio del Oeste, el derecho de sucesión pasó a Heinley porque su hermano no tenía hijos.

—Sí. Mi Reina, nuestro bebé será de verdad encantador si se parece a ti.

Sonreí y respondí:

—Pero deseo que se parezca a ti.

Sin embargo, un ligero sentimiento de inquietud surgió en mi interior.

Sovieshu había dicho que yo no podía tener un bebé. Por supuesto, pensé que eran tonterías, pero ahora estoy preocupada.

¿Y si… y si es verdad?

Mientras estaba sumida en mis pensamientos, Heinley se levantó primero de la cama.

¿Qué va a hacer?

Se apresuró a ir y venir de su habitación al dormitorio, acercándose a mí con pequeñas tortitas y un vaso de leche en un plato.

Las tortitas estaban cubiertas con sirope dulce y nata montada.

—Gracias.

—Mi Reina, ¿te importa si le doy de comer ahora?

¿Por qué estaba tan obsesionado con alimentarme? Tal vez porque es un pájaro.

Heinley comenzó a alimentarme con panqueques directo a mi boca.

Era agradable. Sin embargo, en medio de la comida Heinley comenzó a decirme algo increíble.

—Mi Reina. De hecho, la cama en la que estamos ahora está hecha por completo de piedra de maná.

Dejé de comer y mis ojos se abrieron de par en par.

¿Piedra de maná? ¿No era muy cara?

Cuando levanté la vista sorprendida, Heinley sonrió y continuó.

—El rey del Reino del Oeste ha sido mago durante generaciones. Y bajo un entorno especial, también su esposa se convierte en maga.

—¿Se convierte… en maga?

¿Es eso posible?

¡Lo que dijo Heinley fue impactante y asombroso!

Incluso yo, que no sabía mucho de magia, tenía claro que para la magia se requería un tipo especial de talento.

¡No podía creer que una persona corriente pudiera convertirse en mago!

De ser así, no solo se vendría abajo la Academia de Magia, sino también la asociación.

—Pero el método es un poco embarazoso… y es secreto. Mi Reina.

—¿Cuál es el secreto?

—Uh…

A Heinley le daba mucha vergüenza explicarlo, pero solo después de oírlo me di cuenta de por qué le daba tanta vergüenza decirlo.

Cuando un mago y una piedra de maná estaban conectados, el mana circula entre los dos.

Una vez que el mago se tumba en el lecho de piedra de mana, el mana circula entre la piedra de mana y el mago.

El principio es el mismo… incluso si hubiera una persona ordinaria entre el mago y la cama.

Si el mago no aceptaba el mana que fluía hacia él desde la piedra de mana, el mana fluía hacia el cuerpo de la persona ordinaria en el proceso de retorno, y así el mana continuaba acumulándose en el cuerpo de la persona ordinaria…

—¿En serio?

Cuando pregunté, perpleja, Heinley respondió: “Sí”, con gran vergüenza.

—Pero si eso fuera todo,  sería conocido por otros países.

—Suena fácil, pero es difícil crear un entorno así.

—¿Te refieres al lecho de piedra de mana?

—Incluso una piedra de mana del tamaño de una uña es muy cara. Además, la mayoría de las piedras de mana son pequeñas para ser transportadas, por lo que es ineficiente hacer una cama. Además, debe haber un mago en la pareja.

—Ah…

Ya veo. Podría ser difícil que todas esas condiciones se reunieran. Además, es un método muy embarazoso.

Mientras estaba aturdida, Heinley añadió con una sonrisa.

—Lo que quería decir es que el cuerpo se vuelve muy sano a medida que se acostumbra al mana. Así que no tienes que preocuparte tanto por un bebé.

Le dije que esperaba tener un bebé “esta vez”. Pareció darse cuenta de mi preocupación. Su atenta consideración me hizo sentir un cosquilleo en el corazón.

Pero pronto tuve un extraño pensamiento.

—¿Así que Christa también es maga?

No había oído nada al respecto. Además, ¿no murió el hermano de Heinley antes de tiempo porque era débil?

Heinley sacudió la cabeza con rostro adusto.

—Este método tiene un inconveniente.

—¿Inconveniente?

—Si uno no puede manejar una piedra de maná de este tamaño, más bien…

¿Más bien…?

Sin embargo, Heinley no dijo nada más.

—¿Heinley?

—No te preocupes. No tendremos ningún problema.

¿Tendremos…?

♦ ♦ ♦

Después de eso, Heinley no me dio más detalles. Tenía una expresión muy sombría, así que no insistí más. Parecía estar relacionado con la muerte de su hermano. Sin embargo, sentí curiosidad por lo que no terminó de decir.

Si uno no pudiera manejar la piedra de mana, ¿moriría?

Christa parecía sana, ¿así que es el mago quien corre todos los riesgos? ¿Estará bien Heinley?

Incluso después de asistir a la recepción, este pensamiento seguía viniendo a mi mente.

Al menos, Heinley parecía muy animado por fuera. Además, aunque el hermano de Heinley tuviera una vida corta, no era el caso de todos los reyes del Reino Occidental.

De hecho, había algunos reyes muy longevos…

Mientras estaba absorta en mis pensamientos, vi de repente a Sovieshu en un rincón. Estaba bebiendo vino con la tez pálida como ayer. Hoy volvía a estar solo.

Mirando su cara, pensé que no debía beber más.

¿Qué demonios hacían sus subordinados que aún no se habían llevado a Sovieshu?

Pero al observarlo más de cerca, vi a sus secretarios y caballeros no muy lejos, mirando con ansiedad a Sovieshu.

No era que no quisieran llevarse a Sovieshu, más bien parecía que los había alejado a todos para poder estar solo.

¿Y Rashta?

¿No debería Rashta intervenir en un momento así?

Ni siquiera estaba… cerca de Sovieshu.

Mirando al otro lado, vi a Rashta sentada cerca del piano, rodeada de hombres, mientras reía con alegría.

Ayer, corría de un lado a otro para evitar a Nian. De seguro hoy estaba relajada porque Nian no estaba presente.

Aun así, ¿por qué no estaban juntos si eran recién casados?

El emperador y la emperatriz tenían que demostrar delante de la gente que tenían una buena relación, aunque fuera falsa.

Sin embargo, ahora no es asunto mío.

Suspiré e iba a girar la cabeza cuando mis ojos se encontraron con los de Rashta. En lugar de girar la cabeza, Rashta me miró con atención.

Pero en la recepción de mi boda no quería tener un enfrentamiento con la mujer de mi ex marido para evitar cualquier comentario, así que giré la cabeza tras esbozar una sonrisa.

Justo entonces, el Gran Duque Kapmen se acercó y pidió a Heinley hablar a solas.

—¿Me concede un momento de su tiempo, Majestad?

Una vez que Heinley se fue a hablar con el Gran Duque Kapmen, tomé unos bocadillos redondos y azucarados mientras charlaba con Mastas.

Pero apenas comí un par de bocadillos, Rashta, que estaba lejos, se acercó a mí.

En ese momento dejé escapar un suspiro. Pensé que mantendría las distancias después de lo que pasó ayer.

¿Qué estará tramando?

Aun así, me sentí afortunada de que esto ocurriera cuando Heinley no estaba presente. Rashta se acercó a mí y me dijo con una voz amistosa.

—Felicidades por tu matrimonio, hermana.

Hermana…

¿Por qué estaba tan obsesionada con eso?

Conseguí controlar mi expresión cuando estaba a punto de fruncir el ceño de forma natural. Pero Rashta continuó.

—Solías decir que no podías ser hermana de una concubina de bajo estatus, pero… ahora que ambas somos emperatrices, y se ha revelado que mi estatus es el de una verdadera noble, ¿podemos ser como hermanas? Estoy cualificada, ¿verdad?

Oh, ¿ya no se llama a sí misma en tercera persona?

Eso es increíble.

No sé si estaba alucinando, pero la forma de hablar de Rashta era algo parecida a la mía.

Mientras pensaba en ello, oí murmullos a mi alrededor. También me di cuenta de que los ojos de los presentes estaban puestos en nosotras.

El enfrentamiento entre la ex mujer y la mujer actual. Sin duda era interesante. Además, ambas somos emperatrices.

Rashta se sonrojó, el calor subió a sus mejillas como si estuviera feliz de atraer la atención.

Sonrojada, parecía una muñeca linda, pero…

Sonreí y la ayudé a calmarse.

—Si tanto quieres una hermana, puedes ser la hermana de la próxima concubina de Sovieshu, ya que tendrías el mismo marido.

Funcionó. De inmediato, el rubor desapareció de su rostro.

Rashta preguntó como si se hubiera convertido en la protagonista de una tragedia.

—¿Estás diciendo que Su Majestad tendrá una aventura con otra mujer?

Pero no estaba interesada en seguirle el juego.

—No me preguntes, eso es asunto tuyo.

Ante mí contundente respuesta, Rashta enarcó las cejas, con cara de enfado. Me pregunté si esto la llevaría a pasarse de la raya.

—Es cierto. Su Majestad Navier es infértil, así que no tiene tiempo de preocuparse por nada más.

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