Marietta – Capítulo 33: Primera noche juntos… (1)

Traducido por Maru

Editado por Sharon

Corregido por Aurora Blue


Después de compartir varios besos, Marietta saltó sobre el pecho de Belvant. Los musculosos brazos del hombre la atraparon con facilidad y la estrecharon con fuerza.

—Señor Belvant, te quiero —declaró feliz.

El calor del cuerpo de su amado traspasaba la delgada tela de su ropa. Marietta exhaló un hondo suspiro haciendo a un lado el aroma refrescante del jabón para centrarse en la esencia de Belvant, a la cual estaba acostumbrada.

Frotó su mejilla contra el amplio pecho y se echó a reír.

—Marietta, eres una chica tan mimada… —comentó el General en tono cariñoso.

La aludida alzó la mirada mientras era acariciada en la cabeza. La cara varonil y atractiva de su esposo lucía una sonrisa tierna y amable; era una expresión que sólo le mostraba a ella.

—Por eso, por favor, ¿puede consentirme tanto como sea posible?

—Te concederé tu deseo, tanto como pueda.

Luego de aquella declaración, Belvant repartió besos en sus párpados, sus mejillas, su frente y todo el rostro, en una lluvia de caricias delicadas. Sus labios le declararon su amor con una dulce voz. Marietta rio de felicidad al sentir lo delicado que era con ella. Luego de un tiempo, sus labios fueron atrapados en un beso suave. Belvant de nuevo acarició su cabello, después  su enorme mano sujetó la parte posterior de su cabeza y profundizó el beso.

Los labios del General devoraron los de Marietta, lamiendo el borde de estos, haciéndole cosquillas con la punta de su lengua hasta que ella abrió la boca y le permitió la entrada.

Belvant invadió la estrecha cavidad y estimuló todos los puntos sensibles La muchacha sentía que se derretía por culpa del placer que aquello le provocaba; sus gemidos emitieron un sonido nasal, como los de un cachorro.

—Mary, saca tu lengua.

 —Sí…

Marietta obedeció de inmediato, y sacó  su pequeña lengua como le habían pedido. De inmediato, Belvant procedió a chuparla. Luego a frotarla contra la suya, estableciendo un ritmo que la joven no dudó en imitar. —Ahhh… —Siendo arrastrada por aquellos sensuales y obscenos sus besos, Marietta comenzó a temblar.

—Mary, esos besos, ¿se sintieron bien? —La muchacha asintió con la cabeza mientras intentaba recuperar el aliento—. Buena chica. Esta vez, entrelazaré mi lengua a tu boca.

Siguiendo de nuevo sus instrucciones, abrió la boca y mostró con timidez su lengua. Cuando sus labios se encontraron, Belvant atrapó el apéndice rosado y jugueteó con él. Marietta rodeó con sus manos el cuello del hombre y se dejó hacer; embriagándose de aquel placer desconocido, haciendo lo propio imitando los movimientos de su compañero, en un intento de perfeccionar aquella nueva forma de besar.  No obstante, cuando pensó que ya le había pillado el tranquillo al asunto, la lengua de su amado se torció e invirtió la posición. De esa manera,  se agitó con más fervor casi internandose en su garganta.

Una vez concluyó el beso y sus bocas se separaron, se formó un hilo plateado que conectó ambos labios.

Maru
Vaya forma de decir que era un hilo de babas

Las mejillas de Marietta se sonrojaron, sus ojos humedecidos miraron a Belvant con ese encanto que le provocaba a él un deseo carnal. Sin embargo, se había prometido que mimaría a su esposa en su primera noche juntos, por lo que la acostó sobre la cama como si estuviera manejando un tesoro.

—Ya me perteneces —susurró al tiempo que lamía su oreja—. Mi linda Marietta. ¿Cómo te sientes con esto?

—Ah… Ah…

—Eres tan sensible… Solo lamí tu oreja y tu cuerpo ya está temblando.

La muchacha se retorció, el placer recorría su cuerpo como una descarga eléctrica. Tan solo por escuchar la voz de Belvant susurran junto a su oído, su abdomen se calentó. Un intenso jadeo escapó de sus labios al sentirse desconcertada por el extraño efecto que produjo aquel murmullo bajo en su interior.

—La noche es larga, así que tomaré mucho tiempo para bañarte con mi amor —anunció  con una sonrisa.

En la profundidad de sus ojos azul hielo, una incontenible llama de deseo comenzó a prenderse. Continuó atormentando la pequeña oreja, disfrutando de  los delicados gemidos que salían de la boca de la princesa, para luego descender con sus labios por su cuello.

—¡Auch! —Marietta se quejó cuando él chupó con fuerza.

 —Lo siento. Quería marcarlo como mío. —Belvant arrastró la lengua sobre la zona enrojecida para calmar el dolor y continuó descendiendo para lamer por todas partes.

Desató la cinta para aflojar la ropa de dormir  mientras sus labios se arrastraban a lo largo de su clavícula mordisqueando la fina piel.

—¡Ah…!

—Esto también es mío. —Continuó deslizándose por el cuerpo de la muchacha dejando huellas por todas partes—. Mía… Toda mía.

Marietta gimió fuerte producto del placer que recorría su cuerpo. Pensó que Belvant era como un animal salvaje que estaba devorando a su presa de manera lenta y pausada; prolongando la degustación de su festín por el mayor tiempo posible.

Al verla tan agitada y con la cara sonrosada, el General se rio con dulzura. A pesar de que su rostro lucía la mayor parte del tiempo bastante intimidante, su expresión siempre se volvía gentil en presencia de su amada.

A medida que la bestia se deleitaba con su presa, lamiendo y besando cada tramo de piel que quedaba al descubierto,a Marietta se sintió rendida por aquella seducción. Pensó que ya no podría soportar más, pero tampoco quería huir de aquellas sensaciones que llenaban de calor su cuerpo. Frotó sus rodillas, incapaz de contener el fuego que anidaba ahí.

Belvant terminó de desnudar a la princesa, luego se enderezó y se quitó también la suya.  De pié, desnudo frente a la cama, contempló el delicado cuerpo de su esposa.

—¡Muy hermosa! —declaró lleno de regocijo.

—El señor Belvant también es de ensueño… —manifestó mostrando en sus ojos una gran admiración.

Un físico robusto, de hombros anchos y músculos prominentes; el cuerpo de un hombre encantador que había luchado en innumerables batallas. Estiró  la manos intentando alcanzar su pecho. Belvant se acomodó en la cama junto  a ella y hundió el rostro en su par de colinas blancas y con voz apagada expresó su alegría:

—Realmente eres demasiado linda; tanto, que es insoportable. Aunque no quiero ser rudo, no confío en que pueda reprimir este impulso de poseerte.

Sus palmas grandes y ásperas se arrastraron por el cuerpo de Marietta,  sus labios besaron sus hinchados pechos, llenando la blanca piel con incontables marcas rojas. La respiración de Marietta se volvía cada vez más desigual.

—¡Ahhh! ¡Sir Belvant…!

—Marietta, mi encantadora Mary. Eres mía.

Los senos de Marietta fueron masajeados con esmero. Belvant jugueteó también con los pequeños picos de carne chupándolos y enrollándolos con su lengua.

—Se han vuelto tan rígidos. ¿Se siente bien?

Las puntas de color melocotón que decoraba los pechos de la joven brillaban al estar empapadas en saliva. Cuando Belvant los pellizcó y tiró de ellos, Marietta gimió debido al dolor y arqueó la espalda debido al estímulo.

—Sir Belvant, perdóname, pero estoy empezando a sentirme extraña.

Desde que su amado le susurró palabras dulces y tocó su cuerpo por completo, la exitación, dulce como la miel, ya se desbordaba desde su interior.

—Estamos solo comenzando y este lugar ya está empapado. ¿Me ha estado anticipando? Buena chica, tengo que recompensarte bien —elogió, acariciándole su cabeza.

Seguido, puso las manos sobre las rodillas de Marietta y las abrió para contemplar su lugar secreto.

—¡Ah! ¡No…! ¡Es embarazoso! ¡No mire tanto!

Marietta intentó cerrar las piernas azorada por la verguenza, pero no era rival para el poder de ese hombre.

—Marietta es linda aquí también. Tiene un color bonito…

—¡Noooo! ¡No pongas tu cara ahí! —Al ver que el rostro de Belvant se acercaba a ese vergonzoso lugar, con ojos llorosos, luchó por resistirse—. ¡¿Qué estás haciendo?!

—Lamerlo.

—¿Qué…? —Su sonrojó aumentó ante su tono varonil—. No, ese tipo de lugar está sucio.

—¿Qué dices? No está sucio en absoluto. Mira, huele tan bien.

—¡Nooo! ¡No lo huelas!

Se retorció sobre las sábana debido al exceso de vergüenza. Belvant se rió con una expresión llena de deseo.

—Además, ¿no has puesto el mío dentro de esa adorable boca tuya? Tengo que pagar mi deuda.

Extendió su lengua y la insertó en la fuente de miel de Marietta.

—¡Aaah! ¡No! ¡Ahí, no! —La joven princesa tembló ante el apéndice duro y húmedo que violaba su lugar secreto mientras una sensación extraña y placentera emergía de dicho lugar—. ¡No! ¡No puedes lamerlo tan profundamente!

Belvant sujetó con amabas manos los muslos de la joven e insertó su lengua aun más profundo. Repartió también numerosos lametazos alrededor de su entrada, cual  león sediento, ansiosos por saciar su sed de ella.

—¡Ahhh! ¡Ahhh!

El rostro de Marietta se puso rojo brillante cuando su cuerpo se vio abrumado por el placer y la vergüenza. Sus ojos llorosos cautivaron aun más el corazón del General.

—¿Qué tal? ¿Se siente bien? Tu dulce miel rebosa sin parar.

Maru
Me agrada que te guste devolver favores, Belvant.

Sharon
No tienes idea, Maru. ¡He esperado ochenta y cuatro años para esto!

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