Marietta – Capítulo 32: Marido y mujer

Traducido por Maru

Editado por Sharon

Corregido por Aurora Blue


Cuando Belvant retiró el velo que cubría la cara de Marietta, el hermoso rostro que había sido maquillado con esmero para esta ocasión, fue revelado.La muchacha miró hacia abajo con vergüenza.

—Marietta… Qué hermosa… —murmuró Belvant.

Ella alzó la vista hacia su amado sonrojada y sonrió.

¡Aaah…! ¡Tan bella! Mi esposa es la más hermosa del mundo.

Conformándose solo con abrazarla y acariciar sus ruborizadas mejillas, la cara del General se transformó en la expresión estricta de un guerrero que estaba a punto de enfrentar una misión.

Un alboroto surgió entre los  asistentes a la boda, quienes habían podido apreciar por primera vez, la rumoreada belleza de la princesa.

Los iris de un azul profundo de Marietta brillaban por la felicidad de haberse convertido en la esposa de la persona que amaba mientras lo miraba llena de amor.

Belvant, que vio el rostro de la princesa teñido de un rosa pálido, tuvo que soportar el impulso de huir con ella en sus brazos, para luego, tumbarla en algún sitio.

El dios Madigard está mirando, por lo que debes comportarte menos desvergonzado, se reprendió.

—¿Señor Belvant…? —musitó Marietta. Inclinó su cabeza y contempló con curiosidad a su esposo.

Su rostro se había distorsionado y convertido en uno bastante diabólico, en un esfuerzo de reprimir el deseo por su amada. Los presentes sintieron una atmósfera intimidante que envió escalofríos por toda su columna vertebral.

—Ella es tan adorable y, al mismo tiempo, tan intrépida. Plantarse sin temor frente al General… ¡Qué novia tan audaz! —murmuraron unos cuantos.

—!Como se esperaba de la mujer que se convertiría en la esposa del General Fargus! ¡No es solo una mujer normal con un nivel promedio de valentía, sino alguien muy superior! —exclamaron unos pocos.

La admiración por la princesa Marietta creció entre la concurrencia; sin embargo, la persona en cuestión, estaba demasiado envuelta en su “filtro de amor” como para darse cuenta. Tanto sus ojos como su mente, estaban absortos en Belvant: su hombre galante y maravilloso.

—¿No me darás el beso de boda? —preguntó de manera tímida.

Por un instante, el razonamiento de Belvant desapareció debido al dulce susurro de Marietta.

—¡Marietta, te quiero! —declaró y la atrajo hacia él.

Mientras apretaba la cintura de su mujer para estrecharla con más fuerza , el dios Marigard, quien observaba toda la escena desde otro lugar, sonrió ante los esposos que compartían su apasionado beso.

Una vez la pareja de recién casados salió de la capilla, montaron el carruaje que había traído a la princesa y se dirigieron de vuelta al palacio.

Por suerte para la joven pareja, Sierra también viajó con ellos en el mismo carruaje. Evitando así, que Marietta fuera  devorada por Belvant quien se sentía mareado debido a sus deseos mundanos.

♦ ♦ ♦

Luego de un breve receso en el palacio real, la pareja de recién casados se montó al carruaje preparado para el desfile. Este carro no tenía techo y era tirado por dos caballos para que fuera más ligero. Su diseño era elegante y pulido hasta dejarlo tan brillante que una persona podía ver reflejada su imagen en la superficie.

Los que  harían de escolta del carruaje y se ocuparían de la seguridad durante el desfile, no serían otros que los miembros de la Orden de Caballeros de Oltaire, quiénes ya se hallaban dispuestos en sus lugares, montados sus caballos. Los valientes soldados vestían sus uniformes militares de diseño entallado, los que los hacía ver gallardos y galantes.

Cuando las doncellas y ayudantes del palacio, observaron  sus atractivas figuras, semillas de amor germinaron en sus corazones.

Ya listo para partir, el carruaje se alejó del palacio y se dirigió hacía la ciudad.

A medida que el desfile avanzaba por la amplia vereda que también se utilizaba para las entradas triunfales del Ejército, la gente que los esperaba a ambos costado del camino exclamaba sus bendiciones y alabanzas.

—¡General Fargus, felicidades!

—¡La princesa Marietta es tan bonita! ¡Tan linda!

Sus rostro estaban llenos de vigor, pues habían recibido la bendición del dios Marigard.

Belvant quien estaba acostumbrado a los desfiles triunfales, tan solo asintió y saludó con su mano a la concurrencia con su habitual expresión intensa y una sonrisa.

Marietta al principio se sintió desconcertada y nerviosa ya que era la primera vez que participaba en un desfile y era observada por tanta gente, pero cuando se acercó a Belvant para calmarse, se sintió aliviada. Cada vez que la gente a lo largo de la ruta la llamaba, los saludaba y sonreía con genuina alegría.

Los ciudadanos de Oltaire se sintieron aturdidos al ver sus saludos respondidos por las hermosas manos de la princesa y, aquello, los hizo admirarla más. Los ancianos habían escuchado muchos rumores sobre el matrimonio y estaban preocupados por el General Fargus como lo estarían por cualquiera de su nietos si se enfrentaban a un matrimonio arreglado. El bravo guerrero, con sus hazañas, se había ganado el corazón del pueblo. Al percatarse que la novia era más de lo que esperaban —demasiado hermosa, con un rostro cálido y una mirada bondadosa—,, se conmovieron hasta las lágrimas.

—Oh. Todos están tan contentos. ¡Gracias, gente de Oltaire!

Como los ancianos recuperaron su vigor gracias a las bendiciones del dios Madigard, saludaron a la princesa haciendo una reverencia en respuesta a su sonrisa y su saludo entusiasta.

Después de dar una vuelta por la ciudad, la caravana regresó al palacio real. Allí, los recién casados participarían en una recepción organizada con motivo de su boda.

Marietta se separó de Belvant y regresó su habitación en compañia de Sierra para quitarse  el pesado vestido ceremonial y cambiarse el atuendo por uno más cómodo y ligero.

Las doncellas le ayudaron a ponerse un vestido azul claro que lucía encima una gasa pálida de un tono similar, cepillaron su cabello y le hicieron un peinado a medio levantar, lo que hizo destacar el volumen de su pelo. También escogieron un conjunto de joyas que lucirían a la perfección con la prenda: una pequeña tiara, un collar de diamantes y un par de pendientes a juego. Todo,  diseñado con esmero y, cuya pieza central, era el diamante de Oltaire. Aquellos accesorios resplandecían con una luz brillante alrededor del rostro de Marietta.

—Princesa Marietta, se ve muy hermosa. Como si acabara de salir de una novela romántica.

—Oh, gracias, Sierra. Me pregunto si estaré al nivel del señor Belvant con este atuendo. Quiero decir, esa persona es gallarda y elegante; el ideal soñado de toda mujer, así que…

—Es perfecto, no se preocupe —la tranquilizó Sierra—. La princesa es magnífica; no importa desde qué ángulo se la vea. Incluso creo que el General podría enamorarse de nuevo al verla. O mejor dicho, creo que sería mejor si le vendamos los ojos para evitar que haga algo imprudente.

—¡Oh! ¿En serio, Sierra…?

Marietta no se daba cuenta que siempre sacudía el razonamiento de Belvant, por lo que rio con diversión.

♦️ ♦️ ♦️

La recepción de la boda fue un gran éxito, ya que resultó ser un banquete agradable para los novios. Sin embargo, era momento de que el banquete terminase y que la pareja se preparara para su primera noche.

Los invitados habían intentado moderar sus miradas dirigidas a Marietta durante el banquete; pero al final, fueron incapaces de ignorar su belleza y encanto.

—Marietta, vamos.

Belvant, quien había perdido la paciencia hace mucho, la tomó de la cintura y la cogió en sus brazos en un intento de alejarla del enjambre de admiradores que la rodeaban.

—¿Eh? ¡Sí!

Cuando la joven abrazó el cuello de Belvant, se escucharon varias voces y risas a su alrededor. Era una pose a la que todos en el palacio se habían habituado.

—Si nos disculpan.

Después de inclinarse hacia los invitados, el robusto General sostuvo con firmeza a su esposa y se retiró del lugar.

Ahora, él podía ser todo lo celoso que quisiera.

Los recién casados montaron en el carruaje junto con Sierra y se dirigieron hacía la residencia de Belvant. A partir de ahora, ese sería el lugar donde Marietta viviría. Ella ocuparía su lugar en aquella mansión como “su señora”.

Las doncellas que habían estado cuidando de la princesa  en el palacio habían venido con ella desde Stellaus; por lo que, era natural que se trasladaran a la residencia para seguir atendiendo las necesidades de su señora. El grupo de mujeres estaban esperando en la entrada a que la pareja llegara.

Luego de hacer una reverencia al General Fargus, se dieron la vuelta y partieron a sus obligaciones.

—Entonces, General Fargus, nos vemos luego —se despidió Sierra, tomando de la mano de Marieta para guiarla a otra habitación.

—Solo un poco más… —El hombre parecía reacio a separase de su amada.

—Todavía tenemos muchos preparativos que hacer —explicó la doncella—. ¡Se verán muy pronto, no desespere! —lo consoló. Luego desapareció de la vista del Belvant junto con Marietta.

—¡Como se esperaba de una doncella que sirve a la princesa, es diferente a las demás! —murmuraron los sirvientes de casa, siendo testigos del estado del esposo que se retiraba con ojos tristes.

—¡Oh, cielos! ¡Qué hermosa habitación!

Marietta elevó la voz con alegría y colocó las manos en su pecho al ver el maravilloso mobiliario integrado en un ambiente romántico. El diseño de los muebles tenía líneas suaves y curvas, según la tendencia actual; en los cojines y ropa de cama abundaban los volantes y cordones, los que conferían un ambiente dulce al lugar.

—La habitación de la señora está adornada según el estilo de su preferencia. ¿Le gusta?

—¡Sí! ¡Por supuesto! Me pregunto porqué el señor Belvant sabría que me gustan de este estilo. ¡Cómo se esperaba de mi marido!

Por supuesto, fue Sierra quien lo puso al tanto, de forma detallada,  sobre las preferencias de Marietta. Escribió un informe y Belvant  memorizó el contenido con mayor seriedad que cualquier otro trabajo.

Cuando Adlan fue testigo de la seriedad con la que su amigo gruñía el contenido del papel en la oficina, gritó:

—¡Basta! ¡Yo también quiero memorizar las preferencias de Sierra!

—La puerta de aquí conecta con la sala compartida y con el dormitorio del señor —informó Sierra.

Marietta miró hacia donde indicaba la dama y asintió. Luego, se dedicó a mirar alrededor de la habitación donde viviría a partir de ahora. Después, le pidió a Sierra que le ayudara a quitarse el vestido para poder tomar un baño.

Ya que hoy tendría su primera noche con su marido, las criadas la lavaron con esmero, frotando su cuerpo con delicadeza, aplicando en el baños esencias con aroma a flores. Luego le dieron un masaje. La suave y blanca piel de Marietta lucía lustrosa y en su semblante no había un solo indicio de que estuviera desgastada por la ceremonia.

La ropa que habían dispuesto para ella era un fino camisón   con sutiles adornos y cordones que la hacían ver encantadora, pero que también, era revelador, dejando al descubierto algunas partes de su cuerpo con el propósito de incitar el instinto de un hombre. Gracias a las doncellas y  Sierra, Marietta estaba lista para enfrentar a su marido. Se veía bella y… deliciosa. Ningún hombre sería capaz de resistirse a su encanto. Colocó la mano sobre el pomo de la puerta que conectaba  a la habitación contigua con el corazón acelerado y, antes de abrir, miró a su confiable dama de compañía y se despidió:

—Entonces, Sierra. ¡Me voy!

—Está bien, princesa. Deje todo en manos del General Fargus. Además, estoy segura de que él permanecerá imperturbable, incluso si lo golpea, lo araña o lo muerde. Así que, está bien si hace aquello.

—¿Morderlo?

—Si le apetece.

—No voy a pelear, ¿sabes?

Luego de mirar a la doncella con confusión, giró el pomo de la puerta.

Belvant se había quitado el traje formal, se había bañado y ahora esperaba la llegada de Marietta. En su impaciencia, bebió varias tazas de sake para calmar sus ansias de lanzarse sobre la joven en cuanto la viera entrar; no estaba dispuesto a asustarla en su primer encuentro intimo. Sin embargo,, sus músculos relajados recuperaron su rigidez en cuanto ella cruzó la puerta. Su cuerpo de inmediato se sintió acalorado.

De nada sirvió distraer su mente en cosas mundanas para no arriesgarse a desatar el límite de su raciocinio; la apariencia encantadora de su esposa le hizo olvidar cualquier pretensión. Se puso de pie, se acercó a ella con prisa y la abrazó

—¿Señor Belvant?

—¡Marietta! —exclamó con entusiasmo y las mejillas un tanto enrojecidas.

Del cuerpo de la joven emanaba una sutil y embriagadora fragancia, lo que lo incitó aun más. La tomó en sus brazos, la llevó hasta  la espaciosa cama y la tendió sobre ella.

—¡Oh, señor Belvant!

—¿Sí?

Al notar que Belvant la miraba de forma más apasionada de lo habitual, Marietta se revolvió mientras se sentía abrumada por sus propias emociones.

—Solo pensé… que sería bueno conversar un poco. —Su rostro estaba sonrosado por la verguenza.

—¿Es necesario?

Belvant intentó no prestarle atención al nerviosismo de su esposa: la necesidad de hacerla suya lo consumían, pero luego, recordó el “Informe Marietta” y su actitud se recompuso:

«La princesa Marietta es la que más ama un ambiente romántico. Por favor, de ninguna manera, apresure su deseo sobre ella.»

¡No, no, no! Debo evitar hacer cosas que Marietta odie, se reprochó.

Se enderezó y se sentó en la cama. Marietta también se enderezó y se acomodó a su lado. Sus ojos lo miraron expectante.

—Querido esposo, sé cariñoso conmigo por muchos años, por favor.

—Por supuesto, que sí.

¡Es demasiado linda! ¡Se ve aún más linda y tentadora que antes! Belvant miró hacía otro lado. Su rostro estaba enrojecido por culpa de todas aquellas emociones que desbordaban en su interior. Sus pensamientos giraban en torno a una sola frase: ¡Mi esposa es demasiado linda!

Marietta se aferró a sus brazos y declaró:

—Señor Belvant, ¡estoy muy feliz!

. Al escuchar la tierna declaración, el corazón de Belvant latió aún más rápido.

—Yo igual —expresó tambíen—. Marietta, te quiero. ¡Juro que continuaré amándote por toda la eternidad! —manifestó con fervor.

—Tan feliz…

Los ojos de la princesa se iluminaron, sus mejillas enrojecieron otro poco. En su rostro, el brillo de su felicidad la hizo ver más encantadora que nunca. Belvant besó de manera tierna a su esposa; la más adorable del mundo, cuyos ojos estaban húmedos debido a que se hallaba profundamente conmovida.

Maru
¡Hola a todos! Esta es mi pequeña aportación a esta novela tan diabética. Espero que os guste, que se quedó en la mejor parte ^^

Sharon
Sí, sí, ahora ¡dónde está el porno! ¡Queremos el porno!

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6 comentarios en “Marietta – Capítulo 32: Marido y mujer

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