Mi crush quiere una poción de amor – Volumen 2 – Prólogo: La bruja se va

Traducido por Bee

Editado por Dea


Ella dobló su bata de manera desordenada y la metió en un bolso, luego golpeó la tabla del piso dos veces con la punta de su bota.

Su bolso, empacado con lo básico, era lo suficientemente liviano para que Rose lo llevara con facilidad. Unas cortinas gruesas cubrían todas las ventanas, haciendo que el interior de la casa estuviera más oscuro que la noche a pesar de ser de mañana.

Esto no era más que una despedida momentánea, pero una sutil tristeza la invadió.

—Bueno, entonces, hasta luego, supongo.

Recorriendo la habitación con su mirada una última vez, Rose inclinó levemente la cabeza.

Por supuesto, la ermita no respondió. El aire sereno y quieto no dijo nada ni la culpó por irse.

El aire refrescante de primavera la recibió cuando abrió la puerta principal. Rose respiró hondo y, después de pegar un papel en la puerta, se alejó del lago.

Ese día Rose iba a comenzar su nueva vida al mudarse a la mansión de Harij.

Su amor no correspondido de muchos años finalmente había avanzado a sentimientos mutuos con el objeto de sus afectos después de que Harij le hubiera pedido una poción de amor.

Aunque ella lo estaba haciendo esperar antes de aceptar su repentina propuesta de matrimonio, Rose decidió aceptar su oferta de quedarse como invitada en su mansión por la noche debido a que él estaba preocupado de que viviera en aquella choza en ruinas después de que ya había sido asaltada una vez.

Si bien seguiría haciendo su trabajo como de costumbre en la ermita durante el día, Rose todavía se sentía ansiosa por el nuevo mundo en el que estaba entrando porque nunca antes había considerado mudarse.

Se preguntó si era la decisión correcta marcharse, y esas dudas todavía la atormentaban incluso después de que se alejó de la ermita con sus maletas empacadas. Sin embargo, incluso si no podía estar convencida de nada más, confiaba en su decisión de creer al menos en Harij.

A partir de ese día, iba a pasar la noche en la mansión de Harij. Le había hablado de la ubicación general de su propiedad la última vez que habían ido juntos a la ciudad.

Aparentemente, la mansión Azm no estaba ubicada en la zona residencial, sino un poco alejada del ajetreo y el bullicio de la ciudad. No estaba muy lejos del bosque donde se encontraba la ermita de Rose.

Harij también le había dado instrucciones específicas, por lo que debería poder llegar por su cuenta si tomaba un fiacre. Se suponía que Safina iba a recogerla por la tarde, pero decidió ir sola porque no quería agregarle más trabajo.

No debería ser un problema si llego antes de que él se vaya.

Con ese pensamiento, se fue tan pronto como terminó de regar el jardín.

Y ahora, después de atravesar varios potreros de animales y abrirse paso entre la maleza, finalmente había llegado a la mansión de Harij mucho antes del mediodía sin problemas.

—¡E-Es… enorme! —exclamó Rose mientras se quitaba el polvo de las hojas de la parte superior de la cabeza—. Dijo que es la que tiene el techo negro, ¿verdad…?

Mirando a su alrededor, notó ninguna de las otras casas tenía techo negro excepto esa.

Había esperado que la mansión que se alzaba ante ella fuera grande, pero en realidad era incluso más grande de lo que imaginaba. El enorme edificio era lo suficientemente grande como para albergar docenas de ermitas y todavía le quedaba mucho espacio. Diseñada por lo que solo podría haber sido un maestro arquitecto, la casa señorial era tan elaborada y hermosa como una obra de arte invaluable. Las paredes eran increíblemente altas y estaban adornadas con una sorprendente cantidad de amplias ventanas.

Rose había hecho negocios con muchos clientes durante sus años como bruja, pero ni una sola vez la habían invitado a sus casas ni le habían dado la oportunidad de visitarlas antes. Por ello, solo podía imaginarse el tipo de domicilios extravagantes en los que vivía la aristocracia.

Un magnífico establo e incluso un gallinero se ubicaron en la parte trasera del vasto jardín de la mansión, rodeado de arbustos verdes perfectamente cuidados. La emoción creció dentro de Rose; solía criar gallinas en la ermita mientras su abuela aún vivía.

Rose se acercó en silencio a la cerca de alambre y las gallinas extendieron sus alas como si la dieran la bienvenida. El olor nostálgico y distintivo de un corral de ganado, una mezcla de barro, alimento para pájaros y excrementos, flotaba en el aire.

Inhaló profundamente ese aroma familiar mientras tomaba la decisión de pedirle a Harij que le mostrara el gallinero una vez que las cosas se calmaran.

Una espléndida chimenea se elevaba sobre la veleta que giraba en la azotea, arrojando una corriente constante de humo. El personal de la cocina probablemente estaba preparando el almuerzo.

Me pregunto qué hay para almorzar hoy.

La nariz de Rose se movió con anticipación. Se entretuvo mientras miraba el humo ondulante y recordaba las muchas delicias que Harij le había traído.

De repente, la puerta se abrió y una anciana con las manos ocupadas salió de la mansión. Llevaba un vestido de día sencillo con un delantal y una gorra blanca.

La expresión de la mujer cambió a una de desconfianza cuando notó a Rose.

—¿Quién es usted? ¿Tienes negocios aquí?

—Disculpe, ¿es esta la mansión de Sir Azm?

—Lo es.

—Buenas tardes. A partir de hoy, estaré a su cuidado como…

—¡Oh, eres tú! —la interrumpió la mujer antes de que Rose pudiera terminar—. ¡Llegas muy tarde!

Rose fue tomada por sorpresa por el fuerte grito de la mujer. No parecía tan enojada como sonaba, pero tampoco lucía muy acogedora. La mujer le hizo señas moviendo todo su cuerpo en un gesto exagerado debido a que tenía las manos ocupadas.

—¡Ven aquí!

Rose se enderezó y echó los hombros hacia atrás antes de correr hacia ella.

—Cielos, niña. No puedo creer que llegaste tan tarde en tu primer día. Deberías estar agradecida de que Su Señoría sea un hombre indulgente.

Rose estaba en shock, pensó que había llegado antes de lo planeado, pero terminó siendo acusada de llegar tarde.

Ajena a la reacción de Rose, la mujer arrojó los desperdicios de la cocina que llevaba en un contenedor de madera que estaba en el jardín mientras continuaba divagando.

—Mi nombre es Tala. Puedes llamarme Señora Tala.

—Hola, señora Tala.

—¡Gracia divina! No me dijeron que serías así de bajita y endeble [1]. ¡Y mírate! ¡Estás sucia de la cabeza a los pies, como un canalla! Por aquí. Sígueme, muchacha.

Presionada para darse prisa, Rose corrió tras Tala.

Entraron en la mansión por la puerta trasera de la cocina. Esta tenía tinas de lavado llenas de agua limpia, una larga mesa de madera con cubiertos y loza, y un gran horno de piedra para cocinar.

Pero lo más notable de todo fue el aroma dulce y tentador que llenaba el aire.

Cuando Rose se detuvo para respirar los deliciosos olores, Tala se dio la vuelta y la llamó una vez más desde la puerta de la habitación de al lado.

—Por aquí, muchacha.

—Voy.

Rose siguió con obediencia a Tala después de despedirse mentalmente de la compota de manzana que la había tentado.

El interior de la mansión era incluso más grande de lo que parecía desde fuera. Rose miraba todo con fascinación mientras caminaba por los pasillos detrás de Tala, quien se mantenía al lado de la alfombra en lugar de guiarla por el medio.

El sol brillaba a través de las ventanas que se hallaban a pocos metros entre sí, calentando la mansión. Solo los pasillos estaban llenos de elegantes muebles y decoraciones. El techo, que pensó que estaba pintado con yeso blanco puro, en realidad tenía patrones artísticos tallados en él.

Rose estaba mirando al techo boquiabierta cuando Tala la llamó por tercera vez. Mientras subían la escalera, que había sido pulida hasta alcanzar un tono ámbar perfecto, Tala le habló en un susurro apenas audible.

—¿Cómo era tu nombre? ¿Morée?

—Es Rose.

Tala reconoció su nombre con un pequeño asentimiento.

¿Me mudaré como sirviente de Harij? ¿Quizás así fue como interpretó mi solicitud de quedarme en su mansión solo durante la noche? Si ese es el caso, entonces supongo que tengo que hacer todo lo posible para servirle, pensó Rose distraídamente mientras miraba la parte posterior de la cabeza canosa de Tala.

—Llegamos —anunció Tala y luego se detuvo, girando el pomo de la puerta sin adornos con sus dedos regordetes.

Al ser empujada, Rose entró en una habitación básica que era el polo opuesto de los grandes pasillos que acababa de atravesar. La decoración era dolorosamente simple, con poco más que una cama hogareña, un armario diminuto y un escritorio pequeño.

La habitación era mucho más pequeña que la ermita, pero estaba lo suficientemente limpia como para que no tuviera que tirar cosas de la cama para dormir por la noche. Había una pequeña ventana por la que, al menos, parecía entrar la luz del sol.

Tala abrió el armario, revelando los uniformes impecablemente planchados que colgaban de una madera. Luego procedió a sacar varios vestidos hechos en casa, de telas lisas, pero en colores adecuados para que los usara una mujer joven, y los sostuvo contra Rose.

—Hay un total de cinco sirvientes en esta casa, incluyéndote a ti, Rose. Su señoría se ocupa principalmente de sí mismo. No te molestará mucho, mantén la cara en alto, por favor.

Rose, que estaba mirando las manos de Tala, levantó la barbilla como se le indicó.

—El jardinero viene cuatro veces al mes. Hay un mozo de cuadra [2] que viene durante el día, pero ningún cochero. Siempre que obtengas el permiso del señor Safina antes, cualquiera de los hombres puede llevarte en carruaje si te envían a un mandado de larga distancia.

—De acuerdo.

—No tenemos muchos colegas, así que espero que recuerdes todo muy rápido, ¿de acuerdo? Estás reemplazando a la chica que se fue para tener a su bebé. Haz tu mejor esfuerzo para mantenerte al día. Bien, este parece ser de tu tamaño.

Tala le entregó a Rose un uniforme bastante simple que consistía en un vestido sencillo que se usaba debajo de un delantal con una cofia [3] del mismo material a juego.

—Debe vestirse para impresionar porque no podemos permitirnos avergonzar a Su Señoría. Colgaré vestidos de tarde y uniformes formales del mismo tamaño en tu armario más tarde.

—Gracias.

—Termina con los halagos y regresemos a la cocina. Las cosas van a ser caóticas con la llegada de la señora más tarde hoy.

La llegada de la señora más tarde hoy.

Rose finalmente comprendió la situación después de escuchar esas ocho palabras. En otras palabras, la habían confundido con una sirvienta recién contratada que debería haber venido más temprano esa mañana. Al menos parecía que iban a darle la bienvenida a la verdadera Rose como invitada.

—Ya que vas a trabajar aquí ahora, debes saber… —Tala hizo una pausa, su rostro reveló sus dudas mientras continuaba con una voz apenas audible—. Dicen que la dama que se muda hoy es una bruja.

Rose escuchó sin pestañear, aunque estaba conmocionada por dentro. No esperaba que Harij la hubiera presentado como una bruja a sus sirvientes aparte de Safina, quien ya lo había descubierto por sí mismo.

¿Puedo… debería… quedarme de verdad con él siendo una “bruja”?

No importaba cuántas veces se dijera a sí misma que él no la había invitado a su casa como una mujer noble, no podía evitar la creciente ansiedad en ella. Sus aprensiones tenían que ver por completo con su propio descuido sobre todo el asunto, pero todavía no sabía qué posición debería tomar en la mansión.

Incluso Rose tenía sus propias dudas de pulverizar hígados de animales arrastrando una túnica larga y polvorienta mientras afirmaba ser la prometida del señor de la mansión.

Quizás no empezaría a preparar pociones en el medio de la sala de estar, especialmente porque no traía ollas o equipo, debido a que no pudo traer todo con ella. Pero Rose estaba profundamente conmovida por la actitud abierta de Harij acerca de que ella era una bruja en su casa cuando llegó allí con toda la intención de intentar ser relativamente humana.

—Su Señoría la eligió, por lo que debe ser una buena dama… Pero no vayas a hacerla enojar ni a ponerla en tu contra, muchacha. Si lo haces, podría convertirte en una rana con un movimiento de su varita.

Solo las grandes brujas del pasado podían usar una magia tan poderosa, pero Rose asintió con ella de todos modos. Tala se rió con alivio después de compartir sus aprensiones con un espíritu afín.

Como era de esperar, la mujer parecía tener miedo de las brujas, pero confiaba en Harij más que en sus miedos innatos.

Tala estaba a punto de salir de la habitación cuando pareció notar que Rose todavía estaba allí con la ropa en sus manos, y se giró para regañarla una última vez.

—¡No te quedes ahí parada, por favor! ¿Y por qué no pareces más que piel y huesos, niña? ¿Tu anterior maestro no te alimentó lo suficiente?

Tala acortó la distancia entre ellas y aplastó las mejillas de Rose con sus manos. Giró su rostro de derecha a izquierda para verla mejor.

—Puedo ver por qué las chicas se ponen celosas de ti con una cara como esta.

Tala bajó el vestido de Rose de un tirón. Rose, que no había sido desnudada por alguien en años, se mantuvo erguida sin siquiera emitir un chillido de sorpresa.

—Menos mal que la esposa de tu anterior amo es una buena dama. Ella envió una asombrosa carta de recomendación. Incluso el señor Safina, el mayordomo principal, decidió dejarte trabajar aquí sin una entrevista. Trabaja duro, muchacha. Su Señoría probablemente te mantendrá incluso después de que regrese la criada que se fue, si tu trabajo lo amerita.

Tala vistió con rapidez a Rose mientras ella simplemente se quedaba allí como un maniquí.

—Parece que te contrataron como sirvienta exclusiva de la señora, pero, como dije antes, somos pocos trabajadores. Como tal, harás todo el trabajo: encender el horno, mantener el fuego encendido, limpiar, lavar, cocinar, comprar, etcétera.

Pareció pasar menos de unos segundos antes de que ella atara la cinta en el cuello de Rose. Le dio dos palmaditas en el pecho como para indicarle que estaba libre para moverse de nuevo.

—Su Señoría nos da a los sirvientes el día después de que termina el Festival de la Luz de las Estrellas y un regalo cada año; no se puede encontrar un maestro tan bueno como él en ningún otro lugar del mundo. Sin mencionar que es tan guapo como su personalidad. Haz tu mejor esfuerzo, ¡pero también trata de no enamorarte de él!

Rose se puso erguida bajo la mirada penetrante de Tala. Responder “Está bien” o “No” estaba fuera de discusión.

Por fin, Tala salió de la habitación. Rose dejó en el suelo el equipaje que trajo de la ermita y la siguió. Ella le dio una breve explicación de todas las habitaciones mientras caminaban por los pasillos.

—Este es el armario de la ropa blanca, y si das la vuelta a la esquina, hay un baño. Ayer preparé la habitación de la señora. Por eso hoy me estarás ayudando en la cocina. ¿Puedes hacer trippa alla romana? —Tala se volvió hacia ella.

Rose solo pudo negar con la cabeza. Si pudiera preparar platos tan extravagantes, sus comidas no habrían consistido solo en lechuga durante todos estos años.

—Entonces, ¿qué tal acqua pazza?

Rose sacudió su cabeza aún más.

—Seguramente eres capaz de hacer un quiche de verduras… —Tala pareció darse cuenta de lo inútil que era su pregunta antes de terminarla. Rose le había dado la misma respuesta una vez más.

—Puedo torcer el cuello de un pollo.

—No vamos a matar pollos para la cena. El faisán verde, que será nuestro plato principal de esta noche, ya está marinado en hierbas. Como no puedes cocinar, ve a limpiar el vestíbulo.

Llegaron allí justo cuando Tala terminó de hablar.

—¿Oh? ¿Esta es la entrada? —Rose señaló la puerta bellamente tallada.

Había una escalera cerca, por lo que la luz que se derramaba desde el techo del vestíbulo iluminaba suavemente la entrada. Hermosas flores adornaban los jarrones de porcelana, y un banco y candelabros se alineaban en la pared.

—Así es… ¿No me digas que pensaste que la puerta por la que entraste era la entrada principal? Esa es la entrada de los sirvientes.

Rose se abstuvo de admitir que eso era exactamente lo que había pensado y abrió la verdadera entrada para comenzar a limpiar. Empujó la pesada puerta con todas sus fuerzas y su esfuerzo fue recompensado con una vista de la magnífica fachada de la mansión.

Ahora comprendía la diferencia entre las dos entradas: la principal era impresionante en todo su esplendor, tanto que la de los sirvientes parecía monótona en comparación. Rose, sin embargo, mantuvo su apariencia tranquila mientras contemplaba el paisaje frente a ella.

Todos los arbustos estaban podados a la perfección con la misma redondez y forma. Las coloridas flores debían haber sido seleccionadas y cortadas meticulosamente por el jardinero para que estuvieran siempre en plena floración.

—Muy bien, utiliza esto para limpiar el lugar hasta que esté reluciente —Tala sacó un cubo y un cepillo para fregar y los puso en las manos de Rose.

Al aceptar los instrumentos, Rose fue a buscar agua del pozo indicado y frotó a fondo la entrada. Conoció al resto de los sirvientes mientras estaba agachada y limpiando el suelo.

Había conocido a uno de los lacayos antes. Se trataba del hombre que había llevado a Harij a su ermita después de que por accidente consumiera la poción de amor. Probablemente no conocía el rostro de la bruja, ya que en ese momento le habían bajado la capucha sin descubrir sus rasgos. ¿Quién lo podría culpar por no darse cuenta de que la humilde doncella que fregaba la entrada hasta empaparla de sudor era en realidad la bruja de la que su señor estaba enamorado?

Dos de los lacayos la saludaron alegremente y la invitaron a salir con indiferencia, diciendo:

—¿Quieres venir a tomar algo en la ciudad la próxima vez?.

Una vez que terminaron su rápida charla, Rose regresó diligentemente a su trabajo.

Pero cuando Tala se tomó un breve descanso de la cocina para ver cómo estaba, hizo una cruz con las manos.

—Eso no servirá, muchacha. No es brillante. Mírame. Así es como se hace.

Le arrebató el cepillo a Rose, se arrodilló y empezó a fregar el suelo. El fuerte sonido de las cerdas raspando la superficie dura decía mucho sobre la fuerza y la presión que Tala ponía en sus acciones.

—Esa es la forma correcta de hacerlo. Puedes hacer lo mismo, ¿verdad? Después de que termines… Ouch, ouch, ouch… —tras levantarse, Tala gimió y puso una mano en su cadera.

—¿Qué ocurre?

—Desde hace unos días me duele mucho la espalda. Todos sucumben eventualmente a las dolencias de la edad.

Ponerse de pie demasiado rápido parecía haber empeorado su dolor. Rose tomó el cepillo de las manos de Tala, que estaba demasiado rígida por el dolor para moverse, y la guió de la mano hacia la escalera, donde Rose la ayudó a sentarse en los escalones.

—Oh, no. No puedo sentarme en el medio de la habitación —protestó.

—¿Por qué no?

—¿Me estás preguntando eso de verdad? Se supone que los sirvientes ni siquiera deberían caminar por el medio de las escaleras. ¿Cómo pudiste no saberlo? —se maravilló Tala ante la actitud de Rose. Aparentemente, era un conocimiento general que una criada que fue recomendada para la mansión Azm debería haber sabido.

—No hay nadie aquí en este momento —respondió Rose sin disculparse—. Y si aparece alguien, yo me haré responsable.

—Gracias. Sentarme un poco me hará sentir mejor, así que vuelve al trabajo, muchacha —se despidió de Rose, avergonzada de ser atendida por una doncella más joven.

Parece que le duele mucho la espalda. Quizás debería ir a buscar una compresa a casa.

Mientras Rose reflexionaba sobre cómo ayudar a Tala, escuchó un grito estruendoso.

—¡¿Ella no estaba en casa?!

—Dejó una nota diciendo que se dirigiría hacia aquí temprano, pero aún no ha llegado, señor… estaba a punto de consultar con los guardias de la estación.

Esas eran las voces de Harij y Safina. Se podían escuchar con claridad desde afuera debido a que Rose había dejado la puerta abierta para limpiar.

Harij sonaba terriblemente molesto y preso del pánico.

Rose soltó el brazo del hombro de Tala y se puso de pie.

—Me olvidé… —corrió al vestíbulo y asomó su cabeza por la puerta.

—¡¿Qué decía su nota?! —Harij estaba cuestionando enojado a Safina mientras caminaban hacia la entrada cuando por casualidad miró en dirección a Rose.

Sus ojos se cruzaron con los de él de forma tan perfecta que casi pareció hacer un sonido.

Se detuvo en seco. Su expresión de asombro era visible desde la distancia.

—¡Oh, Su Señoría! Bienvenido a casa —Tala apareció detrás de Rose. Se inclinó ante Harij sin mostrar un solo signo de dolor de espalda—. Pido disculpas por dejar la puerta abierta. Estábamos limpiando el vestíbulo… Continúa, querida. Su señoría está en casa. Salúdalo.

—Estaré a su cuidado a partir de hoy. —Rose inclinó ligeramente la cabeza ante la insistencia de Tala.

Harij se quedó en silencio por completo, su gran palma cubriendo su rostro. Probablemente estaba tratando de entender lo que estaba viendo en ese momento.

Cuando entendió la situación por completo y abrió la boca para hablar, fue interrumpido por un grito sin aliento.

—¡Lo siento mucho! —una niña corrió por la pasarela hacia la casa, su cabello volando salvajemente detrás de ella—. Traté de llegar lo antes posible, ¡pero la rueda del carruaje se cayó de forma repentina en el bosque cercano! Mi nombre es Mona y trabajaré aquí a partir de hoy. ¡Espero poder servirle!

Mona, la chica que acababa de acercarse a la mansión, inclinó la cabeza con tanta fuerza que sus dos grandes trenzas le golpearon la cara.

Tala y Safina miraron con curiosidad de Rose a Mona. Si iban a creer lo que dijo la chica que acababa de llegar, entonces ella era la criada que se suponía que iba a empezar a trabajar esta mañana. En ese caso, eso planteaba la pregunta: ¿Quién era la chica que estuvo fregando diligentemente el vestíbulo toda la mañana?

Por supuesto, Safina fue el primero en llegar a la respuesta, después de haber visitado la ermita de la bruja varias veces. Él la miró sobresaltado antes de hacer una respetuosa reverencia.

Al ver al mayordomo principal inclinarse ante una doncella, los ojos de Tala se abrieron de par en par, ya que aún no se había dado cuenta de lo que ocurría. Estaba previsto que dos personas llegaran a la mansión ese día: la nueva sirvienta y la nueva señora de la casa.

No hacía falta ser un genio para darse cuenta de quién era quién al ver a Safina inclinándose ante Rose.

—¡Oh, mi Señora! ¡Perdóneme! ¡¿Cómo pude hacerle hacer cosas tan horribles…?!  —temblando de vergüenza, Tala se inclinó por completo.

Rose puso su mano sobre el hombro de Tala, haciendo que la mujer mayor levantara la cabeza con timidez.

—Señora Tala, ¿quieres que le traiga una compresa más tarde?

—¿Perdóneme? —preguntó desconcertada, mirando boquiabierta a Rose.

—Ahora entiendo lo que pasó. Tala, Safina, esta es Rose, la Bruja Buena del Lago, que se quedará en nuestra casa a partir de hoy. Cuídenla bien. Haz tu mejor esfuerzo también, Mona. —Harij miró con simpatía a sus sirvientes antes de acercarse a Rose.

Vestido con ropas más elegantes de lo habitual, Harij casi parecía un caballero desconocido para Rose. Era el hombre más genial del reino, por no decir otra cosa. Él la cegó con su brillo.

Demasiado avergonzada para mirar fijamente a la luz, la cual era su amado, Rose olfateó el aire en su lugar.

—¿Qué estás haciendo?

—Hueles a sudor.

—¿Y de quién crees que es la culpa…? —se llevó la mano a la cara por segunda vez. Luego tomó su mano y la apoyó en su brazo para escoltarla—. Tu habitación está lista. Vamos.

Tala llamó frenéticamente a Rose mientras la llevaban.

—¡Mi Señora! ¡El cepillo! ¡Todavía lleva el cepillo para  fregar!

♦♦♦

—Piensa en ella como tu propia habitación y relájate.

La habitación que Harij le mostró a Rose era vergonzosamente enorme. En su interior cabían dos, incluso tres ermitas. Varias puertas que llevaban a solo Dios sabe dónde estaban esparcidas en el lugar. Al darse cuenta de que ella estaba mirando mal a las puertas, Harij explicó su propósito.

—Esa de allí está cerrada con llave, pero el resto son habitaciones que puedes usar libremente. Si necesitas trabajar con fuego, hazlo en la cocina, por favor. También hazle saber a alguien primero.

—Okey —estuvo de acuerdo con facilidad, ya que planeaba hacer todas sus pociones en la ermita.

La alfombra bellamente estampada que había en la habitación tenía una felpa profunda y lujosa que aspiraba directamente los pies, reduciendo la fatiga de ellos sin importar cuánto tiempo la persona permaneciera parada.

Cada mueble de caoba fina estaba pulido hasta alcanzar un brillo reluciente, y las paredes estaban tapizadas con tela verde.

Era completamente extravagante y elegante, pero reconfortante, como si aún estuviera en el bosque. La habitación, unificada por los verdes y marrones, mostraba el cuidado con el que Harij se había apresurado a preparar el espacio para recibir a Rose.

—¿Y? ¿Te importaría explicar por qué la invitada de honor estaba limpiando para su propia llegada? —preguntó Harij con un tono crítico, el cual se desvaneció en cuanto notó que los brillantes ojos verde bosque de Rose observaban la habitación. Soltó un fuerte suspiro de derrota—. Tala está envejeciendo. No la molestes demasiado. Podrías sorprenderla de más.

Harij se dejó caer sobre el ottoman [4] preparado como parte de la habitación de Rose. Verlo así la hizo recordar que él era un verdadero noble. Parecía hecho para el espacio.

Mirando a su apuesto enamorado sentado en medio de la deslumbrante habitación, Rose murmuró:

—Me hizo sentir nostalgia.

—¿Qué cosa?

—Tenía una forma de ser que me recordaba a mi abuela. Su cabello canoso también.

Harij se pasó la mano por el cabello, desordenando sus hermosos mechones.

—Ella puede ser un poco dura a veces.

—No me asustó ni un poco —dijo Rose con la mano en el corazón. Su voz salió más suave de lo habitual.

La abuela de Rose había sido una mujer estricta. Nunca bromeaba ni se burlaba, y siempre sonaba como si estuviera enojada. Tanto Tala como su abuela hablaban con un tono áspero, pero nunca la insultaron.

Desde su llegada, Rose había seguido a Tala como un patito bebé sin importar lo que le dijera porque le recordaba el tiempo que había pasado con su abuela. Incluso si fue solo un breve momento de fantasía, quería sumergirse por completo en esa nostalgia.

—Gracias a ella, pude tranquilizarme al saber que se trata de una mansión muy bonita.

—Ya veo —respondió Harij, tomando en serio lo que dijo.

Rose era una bruja. Una bruja que usaba la mentira de la magia no podía usar ninguna otra.

Al saber eso sobre ella, Harij tuvo que aceptar sus palabras como la verdad.

De repente se levantó, se acercó a Rose y extendió su mano hacia ella. Le acarició las mejillas y le pasó los dedos por la sien. Ella se retorció bajo la sensación de cosquilleo de su pulgar trazando suavemente la línea de su cabello.

—Puedes confiar en todos en esta casa. Lo mismo ocurre con la chica nueva, Mona. Safina la eligió y confío en su juicio.

—Está bien.

—Él contrató a Mona para que fuera tu sirvienta personal, pero…

—Tomaré aprendices, pero no necesito sirvientas, gracias.

—Les haré saber.

A ninguna mujer de la nobleza se le habría permitido pronunciar tal comentario. Sin embargo, Harij no rechazó la solicitud de Rose.

La alegría floreció en su pecho cuando sus palabras la convencieron de que estaba bien que ella se quedara como una verdadera bruja en una mansión destinada a los nobles.

Harij dejó de disfrutar la sensación de sus mejillas y en su lugar le dio unas palmaditas en la cabeza.

—Déjame darte la bienvenida oficialmente.

—Gracias por dejar que me quede.

Ella se colocó frente a él e intercambiaron reverencias formales. Un viento refrescante entró por las ventanas y movió las cortinas.

Personajes.


Dea
¡Y aquí estamos de vuelta! Estoy muy feliz de seguir leyendo junto a ustedes la hermosa historia de Harij y Rose. Espero que lo disfruten tanto como yo. ♥

[1] Muy débil y tiene poca solidez, fuerza o resistencia.

[2] Personas que se encargan de mantener los caballos en buen estado de salud y en buenas condiciones.

[3] Un gorro o tocado femenino.

[4] Un tipo de taburete.

| Índice |

2 comentarios en “Mi crush quiere una poción de amor – Volumen 2 – Prólogo: La bruja se va

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *