¡No quiero ser Princesa! – Historia paralela 26: Maniobras secretas de un Shinigami – Continuación

Traducido por Lucy

Editado por Ayanami


—Ooh. ¿No está totalmente enamorada?

Sentado en un árbol adecuado, vigilé a la princesa.

Gracias a la investigación de anoche, el mapa del castillo ya está en mi cabeza.

Esperé cerca de la Puerta de Transferencia, esperando una, y parece ser un acierto.

—Hee, increíble.

Es la primera vez que veo activarse una puerta de transferencia de este tamaño, es realmente espectacular.

Miles de personas transfiriéndose de una sola vez es realmente algo más.

Comparada con otros países, el tamaño de esta Puerta de Transferencia es anormal.

El hecho de que el Comandante de la División Mágica la opere solo, también es asombroso.

Es así de hábil, junto con el Príncipe Heredero hacen que este país no sea una broma.

—Bueno, estamos del mismo lado ahora, así que está bien.

Más bien, me siento aliviado de que el poder de este país exceda mis expectativas. Me preocuparía si algo sucediera y no pudiera proteger a la Princesa.

En cualquier caso, en un futuro próximo, mi ama se convertirá en la reina de este país.

—Ese es el Príncipe Heredero, eh…

El Príncipe Heredero que es evaluado como “impecable” en los rumores. Es la primera vez que lo veo, su fuerza es evidente, incluso a la distancia.

Por su forma de caminar, entiendo que está considerablemente entrenado. Es un soldado completo.

Pero, lo que es más sorprendente…

—Que asombroso poder mágico…

No puedo evitar sentirme sorprendido por la cantidad de poder mágico que posee el Príncipe Heredero.

El poder mágico que emana de su cuerpo está concentrado hasta sus límites, estoy convencido de que podría enfrentarse a diez mil hombres.

Su poder mágico es de una naturaleza diferente al del hombre a su lado que parece ser el comandante de la división de magos.

Después de todo, debe ser porque es de la realeza, eh.

Tengo una impresión muy similar del rey cerca de él, es quizás característico de la realeza de este país.

Mientras deducía varias cosas, seguí observando a ambos.

Abrazó a mi maestra, que es su prometida, e incluso desde la distancia pude ver lo feliz que lucía el rostro del príncipe heredero.

En respuesta, la princesa envolvió sus brazos en el cuello del joven.

Con solo mirarlos, entendí lo afortunado que es este compromiso.

—Bueno, es cierto. Es imposible que mi princesa se comprometa con un hombre que no le gusta…

Con mi ama siguiendo su corazón de esta manera, es improbable que su boda sea simplemente por ceder.

Mirándola sonrojada de placer, mientras encerraba su cara en el pecho del príncipe heredero, de inmediato entendí que era así.

Si la princesa fuera forzada a casarse en contra de sus deseos, podría haberla sacado, pero…

Sí. Está bien si ella es feliz.

La princesa dijo que era diferente, pero los matrimonios de los nobles son así en todas partes.

Por lo general, la pareja se decide por los padres sin tener en cuenta los deseos de uno.

No hay lugar para los deseos de la persona en cuestión.

Incluso el compromiso de esta princesa fue decidido por sus padres.

Así que, si al verlos podía inferir que ella no lo deseaba, consideré llevármela por la fuerza.

—Pero, no necesitaba preocuparme, eh.

Con una sonrisa irónica, miré a esos dos coqueteando sin prestar atención.

No pude entender lo que la princesa piensa del príncipe heredero por su historia, pero es fácil de entender al mirarlos. Ellos, definitivamente, se aman.

Y en ese caso, no me corresponde hacer nada.

Está bien, siempre y cuando ella pueda sonreír.

—Los obstáculos se dispersaron, ¿no es así?

Despedí a la princesa que fue llevada por el Príncipe Heredero y me levanté con un tirón.

—Ahora que lo pienso, no he visto los aposentos de la realeza todavía.

Lo recordé al ver a la princesa, se me ocurrió que…

También podría ir a investigar.

Es malo que no tenga una idea de adónde va el maestro.

Pensando así, perseguí sigilosamente a la Princesa.

♦️ ♦️ ♦️

Invadí con seguridad los aposentos de la realeza y, como de costumbre, me moví al acecho por encima del techo.

La princesa y el príncipe heredero desaparecieron en una puerta. Me di cuenta de inmediato de que se trataba de su habitación.

No tengo intención de verlos coquetear en esta habitación.

Por eso pensé en verlos y regresar.

—¡¿Tch?!

En el momento en que entraron en la habitación, en pánico, salté de la barrera invocada.

Una barrera firme, que cubría toda la habitación y bloqueaba todo, fue levantada.

—¿Qué es esto…?

Me quedé atónito por la terriblemente firme barrera que parecía decir que nada se le escaparía.

La barrera de oro brillante, con forma de red, no era algo a lo que acercarse.

En el instante en que se tocara, no hay duda de que el usuario lo sentiría.

Además, como no sé qué tipo de efecto tiene la barrera, no puedo acercarme a ella por descuido.

—Peligroso…

El sudor frío fluía.

Si fuera un poco menos vigilante, me hubiese quedado atrapado en esa red.

Aunque evité la barrera en el momento en que la vi erigiéndose, ya que si no lo hiciera seguramente me descubrirían.

—Esto fue inequívocamente puesto por el Príncipe Heredero… Me alegro de no haber recibido una misión de asesinato para él… —dije, espontáneamente.

Después de todo, con mis habilidades, recibí peticiones para asesinar a la realeza.

Sin embargo, por mucho que me pidieran, no querría aceptar asesinar a este hombre.

Es imposible cuando ni siquiera puedo acercarme a su habitación.

La regla básica de los asesinos es apuntar en el momento en que el objetivo es más vulnerable.

Por supuesto, hay formas de atacar fuera de la habitación, y no creo que pierda con eso.

Pero, no creo que pueda ganar contra el príncipe heredero directamente.

Es una tontería luchar contra un hombre que podría derrotar a diez mil hombres directamente.

El punto fuerte de los asesinos es el arte de preparar el escenario, lo cual, es una regla inviolable.

Si eso es imposible, no emprender la tarea es la única opción.

Somos asesinos profesionales. ¿Qué hay de malo en poner nuestras vidas primero?

—Bueno… Así está bien, incluso sin ver la situación.

Asegurándome de no quedar atrapado en la barrera del príncipe heredero, abandoné el lugar en silencio.

Nadie se podría acercarse a ellos mientras haya tal barrera.

—Sería grosero interferir con su coqueteo.

En cualquier caso, hoy es la fiesta de celebración de la victoria.

Ya que saldrán a esa hora, está bien matar el tiempo de alguna manera.

Pensando en que tenía buena suerte, volví al área general.

Desaparecí suavemente entre la multitud y borré mi presencia.

Como pude confirmar la seguridad de la princesa, me sentí aliviado, aunque solo por un momento, ya que sentí que una sed de sangre me pinchaba. Una sed de sangre familiar. Característica de los asesinos.

Reflexivamente, miré hacia atrás.

Sin embargo, no había gente sospechosa allí.

La sed de sangre que debería haber sentido por un momento ya había desaparecido por completo.

—¿Es mi imaginación…?

Entendí que no era así cuando dije eso.

Un sudor frío fluía… todavía lo hace. Estoy seguro.

Fue un asesino considerablemente hábil el que desapareció.

—Tch…

Chasqueé mi lengua y, una vez más, me concentré en mi entorno. No es momento de estar distraído. Debo encontrarlo rápidamente y ocuparme de él.

No sé a quién puede estar apuntando.

Mientras observaba con impaciencia los alrededores, oí un ruido de metal que caía al suelo.

Cuando comprendí que el hombre de aspecto noble que pasaba junto a mí lo dejó caer, instintivamente, dirigí mi atención al suelo.

Abrí bien los ojos con asombro.

Lo que cayó al suelo fue un rosario con una cruz de plata.

No era sólo una cruz… era una cruz invertida.

Sólo conozco una persona que haría eso.

—Apóstata[1]…

Mientras murmuraba, seguí con la mirada al hombre que acababa de pasar. Sentí que me dio un vistazo.

—Tch… Mierda.

Con prisa, recogí el rosario del suelo y perseguí al hombre.

No hay duda de que era el “apóstata negro”.

Un miembro del gremio “Kuro” cuyo lote vi anoche.

Y cuando se me acercó sin darme cuenta, me presentó su artículo característico.

Todo apunta a que ese hombre es el “apóstata negro”.

—¿Qué estás planeando…?

Y por qué está aquí.

Rechiné los dientes ante su actitud, diciéndome que lo siga.

Podría ser una trampa. Pero, no tengo otra opción más que ir.

—¿Sabes por qué tengo ese apodo? Te haré escupir todo. 

Definitivamente debería estar al tanto de lo que pasó anoche. Y de mí. De lo contrario no actuaría así.

Accioné el interruptor y murmuré en voz baja.

—No importa lo que pase… no le dejaré tocar a la princesa.

♦️ ♦️ ♦️

En un lugar sin gente detrás del castillo. En el lugar donde los árboles crecen gruesos, ese tipo se dio la vuelta.

El hombre con cara de bebé y ojos de gato, estaba vestido con las ropas de un noble ordinario de bajo rango.

El pelo negro azulado le llegaba a los hombros.

Por su apariencia, parece un hombre afeminado promedio. Pero, entiendo… Este tipo es fuerte. No es fuerte como el príncipe heredero, pero es igual a mí.

—¿Eres el “Apóstata Negro”…?

Cuando pregunté lleno de confianza, los ojos del hombre se volvieron y habló.

—¿Eh? Creía que aún no me había presentado, pero, ¿lo has entendido?

Su acto de cinismo me puso furioso.

Si lo dice en serio, me está despreciando mucho.

—Tuviste el valor de dejar caer un rosario con una cruz invertida. No hay forma de que no me diera cuenta.

—A diferencia de ti, soy famoso por mi ropa de trabajo. Pensé que no me reconocerían sin ellas.

Con esas palabras, recordé su ropa de trabajo. Ciertamente, eran las ropas de un sacerdote negro.

Me imaginé cómo se vería el hombre que estaba delante de mí con ellas.

Un Padre bondadoso amado por todos. Sentí náuseas.

—Te has hecho muy famoso, ¿no?

—Tú también, “Shinigami Rojo”. El maldito Shinigami de ojos rojos. He oído que no puedes ver con un ojo, pero después de todo, no se puede confiar en los rumores. Pensé que caerías muerto por la “Maldición de Sahaja”, pero sigues vivo.

Mientras señalaba mis ojos rojos, característicos de mi clan, hice una mueca.

No tengo nada que decirle a este tipo.

Pero, tengo que escuchar su historia…

—¿Por qué sabes de la maldición…?

Cuando le pregunté al Apóstata, dijo que por supuesto sabría, mientras extendía exageradamente los brazos.

Todos y cada uno de sus gestos son intencionales.

—Al escuchar que “Aka” había sido destruido, un gran número de personas fueron al sitio. Por supuesto, muchas personas verían el cuerpo de Red Gill entre ellos… También se dice que su causa de muerte fue la ruptura del corazón. Su cuerpo fue la prueba de que usó la maldición. Y tú fuiste el único cadáver que no estaba allí. Cualquiera podría adivinar eso.

—Aah, ya veo.

Se puede saber cuándo se usó la “Maldición de Sahaja”. Porque hay una obvia peculiaridad en el cadáver.

Y yo era el único, cuyo cadáver, no estaba allí… Bueno, por supuesto que podía decirlo.

—Pero, ¿por qué sobreviviste? Esa maldición es absoluta. Es imposible sobrevivir. O estabas maldito desde el principio, así que, a estas alturas, la maldición de la muerte no hace nada, me pregunto… Si ese es el caso, ¿debería decir “como se esperaba de un shinigami”?

—Al diablo. Siéntete libre de pensar así. ¿Qué estás haciendo en un lugar como este?

Malditos ojos rojos. —Al oír estas palabras por primera vez en un tiempo, levanté las cejas.

Pero ahora no es el momento de preocuparse por eso. Debo aprender su objetivo.

—Incluso si me preguntas eso. Soy un asesino, ¿verdad? ¿Qué crees que podría estar haciendo aquí además de asesinar?

No hay forma de que no me irrite el hombre que inclinó su cabeza diciendo que no sé por qué lo preguntaría.

—A quién viniste a matar…

—No necesito decirte eso.

Chasqueé mi lengua ante esas palabras. Ciertamente, tiene razón.

—Ah, pero te diré una cosa. No sé de qué te preocupas, pero mi trabajo ya ha terminado. Todo lo que queda es volver a mi país… Mamá está esperando.

Sentí una indescriptible repugnancia hacia el hombre que murmuraba extáticamente con ojos de ensueño.

—¿Terminó?

—Sí. El objetivo fue tratado. El estar aquí está bien, algo así como un pensamiento de último momento.

En el fondo, me sentí aliviado cuando el hombre asintió con la cabeza.

Su trabajo ha terminado. Eso significa que su objetivo no era la princesa. Entonces, está bien.

Cuando me relajé un poco, el hombre aplaudió como si recordara algo.

—Ah, claro, quiero asegurarme de una cosa, el que acabó con los chicos de mi gremio la última noche fuiste tú, ¿verdad?

—Sí…

Mis cejas se estremecieron con sus palabras.

¿Por qué mentir cuando me han descubierto? Pensando así, estuve de acuerdo, pero el hombre agitó sus brazos, de manera extraña.

—No te hagas una idea equivocada. Realmente, no me importan esos tipos. Más bien, se podría decir que se han limpiado.

—¿Qué pasa con eso? O, mejor dicho, has terminado el trabajo. Entonces, ¿a qué viniste?

Cuando le pregunté qué tenía en mente, suspiró con desagrado

—Es cierto, ¿no es así? Realmente, me pregunto para qué demonios vinieron. No he oído nada. Vinieron por su cuenta y trataron de matarte, me dan ganas de reírme.

Diciendo que les servía bien, se rió desde el fondo de su garganta.

—Quería matarlos antes de que me causaran problemas, pero mi regla es no matar a nadie más que al objetivo. Así que te estoy agradecido. “Shinigami Rojo” que mata a todo lo que sus ojos pueden ver. Tu técnica fue verdaderamente maravillosa. Hace mucho tiempo que no me impresiona el trabajo de otra persona.

—¿No lo hiciste porque sería problemático reunir las cabezas…?

Cuando recordé la forma de hacer las cosas de este hombre y lo señalé, dijo que, después de todo, ya sabes… con sus ojos brillantes.

—Así es. Por eso tenía curiosidad. ¿Quién fue el que mató a esos tipos en vez de a mí? Y entonces, me encontré contigo. Estaba feliz. Ese famoso “Shinigami Rojo” que se creía muerto caminó despreocupadamente delante de mí. Dudé de mis ojos. Puede que me llamen apóstata, pero en ese momento pensé que podría volver a creer en Dios.

Diciendo eso que, aunque era una mentira, las esquinas de su boca se deformaban.

—¿Por qué hiciste que me fijara en ti?

—Por supuesto que es porque quería intentar hablar contigo. Nunca hubiera pensado que conocería a una celebridad de mi país en un lugar extranjero como este. No es extraño que me haya preguntado qué hacías después de perder el apoyo de Aka, ¿verdad?

Ah claro, no te ocupaste de los cadáveres, —el hombre continuó como si recordara —Porque los mataste. Tuve que lidiar con ellos para que el gremio no me hiciera lo mismo. Sería problemático llamar la atención de la gente de este país.

—Apóstata, no pareces del tipo que abre una tienda de limpieza. Qué caprichoso.

Mientras escupía eso, el apóstata asintió con la cabeza que lo dije bien.

—Lo que sea. Después de todo me tratan como un tumor o alguien excéntrico. No me importan las palabras de los demás.

Podía entender un poco sus palabras.

Tumor, excéntrico… Una existencia odiosa. Sabiendo que el hombre frente a mí es así también, de alguna manera, sentí que estaba mirando a mi yo del pasado.

Por eso pregunté.

—¿No es doloroso?

—No tiene nada que ver contigo. ¿Y qué? ¿Vas a volver a Sahaja?

Sonreí amargamente a la pregunta no solicitada que regresó en un instante, y de la misma manera respondí de inmediato.

—¿Quién regresaría?

Ese lugar no es mi país, ni donde pertenezco. La palabra “regreso”, en sí misma, está equivocada.

Cuando respondí, el hombre delante de mí inclinó curiosamente la cabeza.

—Con tus habilidades serías bienvenido en cualquier gremio, sin embargo… ¿O estás en este lugar porque trabajas para el rey de este país?

—Ja, ¿quién lo haría?

Aparte de la princesa, que es mi maestra, detesto a la gente poderosa como la realeza.

Cuando lo miré con el ceño fruncido y dejé de bromear, el Apóstata sonrió aliviado.

Esta sonrisa es realmente como la de un gato.

—Así es. Me alegro. Bueno, si quieres volver, hazlo cuando quieras.

—¿Cómo podría volver descaradamente después de destruir a Aka?

Más bien, no estoy en la lista de los buscados.

Eso creía, pero el hombre que estaba delante de mí dijo que, de ninguna manera, con un comportamiento deliberadamente sorprendido.

—No es así en absoluto. Sólo tú eres Aka. Mientras estés allí, Aka puede ser reconstruido… Seguro que el Rey piensa lo mismo.

Mis hombros se movieron al escuchar la palabra “Rey”.

El enemigo de mi clan. Es absolutamente imposible servirle.

—Bueno, como se te considera muerto. ¿No está bien hacer lo que quieras? No he recibido órdenes respecto a ti.

Diciéndolo así, el Apóstata se estiró relajadamente.

—Entonces, me iré pronto. Tengo que darle un recuerdo a mamá. Ah, sí, ese rosario que te confié… podrías devolverlo. Es muy, muy importante.

Al ser observado por sus ojos de pez muerto, sentí escalofríos en mi espalda.

Honestamente, no debo dejarle ir a casa. Lo entiendo, pero me dijo que su trabajo ha terminado.

Entonces, no debería preocuparme de lo que haga después. Incluso ignorando eso, no pensé en pelear con él.

Es fuerte. Luchar contra él sin sentido es demasiado arriesgado.

—Entonces, ya no lo dejes caer…

Los ojos negros, como de un gato, me miraban fijamente. Parecía disfrutar viendo mis reflexiones, ya que se volvían aún más espeluznantes.

Evitando sus ojos, le lancé el rosario con una cruz invertida.

El hombre que lo recibió con seguridad sonrió aliviado.

—No eres exactamente como dicen. Pensé que era la forma más rápida de hacerme entender, pero ahora estoy reflexionando sobre ello. Estaba pensando qué hacer si no lo hubieras devuelto.

—¿Qué harías…?

Como es un hombre que no mata a nadie más que a sus objetivos, cuando le pregunté, levantó las comisuras de su boca.

—¿Quién sabe? Me pregunto qué haría…

Después de acariciar cuidadosamente el rosario, lo colgó en su cuello.

—Bueno, al final, regresó a salvo, así que volveré a mi país con calma. Nos vemos, “Shinigami Rojo”. Encontrémonos de nuevo, ¿de acuerdo?

—Vuelve rápido. Y no me llamo Shinigami Rojo. Soy Caín.

Cuando dije que ya estaba harto de que me llamaran repetidamente “Shinigami Rojo”, sus pasos se detuvieron.

—¿Qué? Err… ¿puedo llamarte por tu nombre?

—¿Ah? Sí, cualquier cosa excepto Shinigami está bien —respondí a pesar de la confusión, a la que el Apóstata miró hacia atrás.

—Ya veo —Y me dijo. —Entonces, yo también… ¿podrías llamarme Scheat?

—¿Scheat?

Cuando devolví eso, Scheat sonrió con una cara sorprendentemente inocente.

—Mi nombre… sí. Hasta luego, Caín.

—No vuelvas nunca más.

En serio no quiero involucrarme con él.

—Ja, ja. Depende del cliente.

Puse una cara de disgusto, y aun así Scheat asintió felizmente.

Y esta vez se dio vuelta para siempre.

Al darme cuenta de que es el final de nuestra charla, también me di la vuelta.

Aun así, hasta que la presencia de Scheat desapareció por completo, no di un paso.


[1] Persona que abandona sus ideales o su religión públicamente para seguir otros diferentes.

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