Querida “amiga” – Capítulo 45: No hagas amenazas infundadas

Traducido por Lugiia

Editado por Ayanami


Xavier podía adivinar a dónde iba esto, y se mordió el labio sin darse cuenta. Era un hábito ya olvidado.

—¿No crees que deberías dar la bienvenida a una esposa? —Continuó Henry.

—Todavía no he pensado en ello —respondió Xavier, con la mayor formalidad posible—. Lo intentaré si usted lo desea.

—Parece que hay una joven con la que eres cercano estos días —observó Henry.

Independientemente de quién lo oyera, estaba claro que hablaba de Mariestella. Un escalofrío involuntario recorrió el cuerpo de Xavier.

—¿Tienes alguna inclinación por tomar una esposa? —Volvió a preguntar Henry.

Xavier no se molestó en dar una excusa: —Es un asunto personal.

La elección de la esposa del príncipe heredero no era en absoluto un asunto personal, sino nacional, que debía tener lugar bajo la atenta mirada del emperador. Sin embargo, Xavier no quería seguir esa costumbre. Si su padre no fuera el emperador, sería una estafa sin sentido.

—Todavía no estamos en esa etapa, Su Majestad. Solo tenemos conversaciones breves… —comenzó Xavier.

—En cualquier caso, necesitas casarte pronto y tener un heredero. Sabes que no tienes hermanos, ¿verdad? —Lo interrumpió Henry.

—Lo sé…

No tenía otros hermanos, y su madre, ya fallecida, solo había dado a luz a un hijo. Sin embargo, no era que él quisiera eso.

Tras una pausa momentánea, abrió la boca para continuar: —De todos modos, todavía no estoy preparado.

Tampoco estaba seguro de sí mismo. Llevaba sangre imperial en sus venas y, aunque un niño pudiera afirmar que era una entidad independiente, era imposible que no se pareciera a sus padres en nada.

¿Y si seguía los pasos de la familia imperial? Por Dios, eso sería algo terrible. Su cuerpo se estremeció al pensar en su familia. Con valentía y temeridad, hizo que las cosas se detuvieran.

—¿Qué sucede si muero antes de que cumplas treinta años? —Presionó Henry.

El emperador no morirá antes de eso, pensó Xavier para sí mismo.

—Eso es una tontería —dijo un momento después.

—No conoces el futuro. Todavía quiero ver a mi nuera antes de morir. —Henry se acarició la barbilla una vez más—. No lo creeré hasta que la vea con mis propios ojos.

—No le haré esperar mucho tiempo —dijo Xavier lentamente.

No obstante, el siguiente comentario lo sorprendió.

—La verdad es… que tengo a alguien en mente —reveló Henry.

¿Así que, después de todo, las cosas resultarían de esta manera?

—¿Quién es? —Preguntó Xavier, ensombreciendo su expresión.

—Ya has oído su nombre. —Henry se dirigió a su hijo con una voz extrañamente encantada—. Lady Trakos.

Odeletta. La misma joven que Mariestella le sugirió a Xavier que conociera. Xavier se rió para sus adentros.

—¿Hay alguna razón por la que la haya elegido? —Preguntó.

—Viene de una buena familia, y tiene un carácter admirable que siempre he deseado. Si piensas aplazar la elección de tu prometida, entonces elige a lady Trakos en su lugar.

Así que de eso se trataba. Xavier se sintió sorprendido por la abrupta presión para tomar una pareja, y no pudo evitar preguntar:

—¿Por qué tiene tanta prisa, Su Majestad? O son los otros nobles los que están…

—En absoluto. Es que ayer tuve ese pensamiento —interrumpió el emperador—. Antes de morir, quiero verte casado, y quiero ver a mis nietos. Por eso siento una urgencia.

—¿Tiene algún problema de salud?

—No, pero todo esto es por si acaso —dijo Henry mostrando un aire de misterio.

Xavier levantó la cabeza y, por primera vez, miró el rostro de su padre. Por lo general, no se permitía mirar directamente al emperador. Esa era una regla que incluso Xavier cumplía al pie de la letra, aunque solo fuera para poner cierta distancia entre él y su padre.

—No quiero precipitarme en el matrimonio, Su Majestad. Si lo hago, podría arruinarlo todo.

—¿Aún estarás dispuesto a casarte de todos modos? O tal vez piensas casarte con la joven con la que te has acercado estos días.

—No quiero precipitarme en ninguno de los dos casos —dijo Xavier, y luego tragó en seco—. Aunque sea un matrimonio político, necesitamos tiempo para conocernos. Si me equivoco, podría hacer que mi esposa sea tan infeliz como mi difunta madre.

—¿Qué?

—Mi madre vivió una vida infeliz. Debido a cierto padre imperial…

—¡Cómo te atreves a decir eso! —Gritó Henry. Su rostro se retorció con una ira salvaje, pero la fría expresión de Xavier no cambió. La cara del emperador estaba púrpura, como si estuviera a punto de explotar sobre su hijo, pero se obligó a aplacar su ira—. Muy bien. Entonces, ¿qué demonios quieres ahora? —Dijo algún tiempo después, con una voz firme.

Xavier se quedó callado.

—No quieres casarte con la joven por la que te inclinas, y ni siquiera quieres considerar una propuesta política con la pareja elegida por tu padre. Como príncipe heredero de este país, ¿no estás siendo excesivamente complaciente?

—Su Majestad.

—Eres el siguiente en la línea del trono del Imperio Yonas, y tienes la obligación de continuar la línea de sucesión. ¿Vas a disfrutar de los beneficios de ser príncipe heredero mientras ignoras las responsabilidades?

—No tardaré mucho, Su Majestad, pero no tan rápido —intentó tranquilizar Xavier.

—No te entiendo en absoluto. Si hay una joven que te gusta, prefiero que te cases antes. “¡No me gusta esto, no me gusta aquello!”. ¡Qué indeciso! —El emperador se burló.

No era exagerado decir que el fracaso de Henry en la gestión de una familia representaba el ochenta por ciento de la razón por la que Xavier era cauteloso en el amor. Sin embargo, Henry no parecía pensar mucho en sus errores.

Xavier suspiró para sus adentros

 —No puedo dejar que la próxima emperatriz siga los pasos de mi madre.

—Parece que estás diciendo que lo que le pasó a tu madre fue todo culpa mía.

—¿No es así?

Xavier le lanzó una mirada feroz a su padre, Henry permaneció en silencio, a pesar del flagrante desprecio por la etiqueta imperial. Antes de que los ojos de Xavier, que parecían un abismo, se volvieran tan rojos como la sangre, Henry habló:

—No puedo decir que no soy responsable… Pero tampoco es del todo mi culpa. Créeme.

—Si necesita inventar una excusa para consolarse, hágalo —replicó Xavier.

Henry miró a su hijo como si acabara de ser apuñalado, pero el rostro de Xavier permaneció tan inmutable como el de una estatua. Los únicos sentimientos que expresó a lo largo de esta conversación fueron a través de sus ojos resentidos. Henry, quien se quedó mirando a Xavier durante un buen rato, volvió a hablar:

—¿Lady Bellefleur está organizando un encuentro con lady Trakos?

¿Cómo sabe mi padre acerca de una conversación privada que acaba de ocurrir?

La expresión de Xavier se contorsionó ante la forma en que Henry lo reveló con tanta facilidad.

—No hay una sola cosa que no sepa de ti, Xavier —dijo Henry de forma arrogante.

—¿Ha plantado espías?

—¿Cómo puedes decir que colocar unas cuantas personas en el palacio de mi hijo es plantar espías? Eso es muy desagradable.

—¿Por qué lo ha hecho?

—No creo que sea buena idea que escuches la respuesta.

Xavier sabía que eso significaba que era una respuesta que le haría daño si la escuchaba. Una sonrisa quebradiza se dibujó en su rostro.

—Le debe preocupar que me suicide como mi madre.

—¿Qué?

Henry se levantó de un salto de su trono y bajó hacia Xavier. El príncipe heredero se limitó a mirar cómo su padre se acercaba, luego se mordió el labio para prepararse.

La cabeza de Xavier se giró bruscamente hacia la izquierda, pero su rostro permaneció indiferente.

—¡Cómo te atrev…! ¡Cómo te atreves a decir eso! —Gritó su padre—. ¡¿Vas a insultarme de esta manera?! ¡Maldito tonto!

—Cualquiera que lo escuche pensará que he dicho algo malo. —Aunque la máscara carente de emoción de Xavier permanecía en su rostro, su voz estaba teñida de una pena indescriptible.

Al notarlo, Henry se relajó un poco, pero su furia no tardó en estallar de nuevo.

—Ya veo. No importa lo que diga, no vas a escuchar… —Henry miró a Xavier y añadió—: En cambio, irás al lugar que lady Bellefleur dispondrá para ti.

—¡Su Majestad! —Protestó Xavier.

—No puedes negarte —dijo Henry en un tono escalofriante.

—Se le da bien jugar con la mente de la gente, tanto antes como ahora.

—Eso no cambia el resultado.

—Lo sé. Usted solo dice lo que quiere decir —dijo Xavier, mirando con el ceño fruncido a su padre—. Si sigue haciendo eso, no sé si llegará a ver una nuera o nietos en su vida.

—No hagas amenazas infundadas. No estás en condiciones de elegir.

Eso era cierto… Al menos, hasta la muerte del emperador. Como príncipe heredero, había muy pocos momentos en los que Xavier se sentía impotente, y este era uno de ellos. Apretó los puños.

Henry miró fijamente a su hijo.

Lady Bellefleur ya debe haber regresado a su mansión. Hazme saber el contenido de su carta y tu decisión. —Tras ver la expresión de su hijo, Henry sugirió—: ¿O debería solicitarlo como emperador?

—Si eso es todo lo que tiene que decir… —dijo Xavier entre dientes apretados—, entonces me despido, Su Majestad.

—Muy bien.

—Gloria al Gran Sol del Imperio —dijo Xavier sin rodeos, luego giró el talón y se alejó. No miró atrás mientras atravesaba el vestíbulo y regresaba al palacio Thurman.

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