Reina Villana – Capítulo 52: Cambio de Corazón

Traducido por Dimah

Editado por Ayanami


Kasser la miró en silencio. Percibió que ella se movía con cautela, pero no sabía qué sentir. Aun así, sintió la necesidad de explicarle que, después de todo, ella no conocía el funcionamiento del palacio.

—El Palacio Real está orientado a ser administrado dentro de su ámbito.

Eugene lo miró sin comprender, él continuó:

—También significa que solo los miembros de la realeza están calificados para asumir esta responsabilidad. Eso hace que solo dos personas califiquen para el trabajo: tú y yo.

—… ¿Yo también? —Ella estaba visiblemente sorprendida.

—Estos últimos años, he tenido mis manos ocupadas lidiando con las cosas por mi cuenta. Ahora, has tomado la iniciativa de reemplazarme durante mi ausencia.

—Hm, lo sé…

—Entonces, ¿quieres administrarlo en el futuro?

Mientras pensaba en su oferta, los ojos de Eugene se abrieron hasta el límite. Sonaba como si quisiera entregarle la administración del palacio. Pero incluso antes de responderle, tenía algunas dudas que resolver.

—¿Por qué… supervisaste todo por ti mismo?

—Te negaste a hacerlo, pero no lo recuerdas.

—¿Dices que ya me habías ofrecido el trabajo antes?

—Poco tiempo después de nuestro matrimonio. De hecho, siempre han sido responsabilidad de la reina.

—¿De qué me estaría haciendo cargo si aceptara?

—De un montón de cosas. Tomaría mucho tiempo enlistarlo en este momento, pero puedo enviarte los detalles más tarde. En pocas palabras, serás el poder decisivo del palacio en mi ausencia, como la última vez.

—¿Eso significa que no tengo que reportarte las cosas?

—Salvo algunas excepciones, la mayoría de los informes serán algo que podrás aprobar por tu cuenta.

No es que Eugene no entendiera por qué Jin Anika se había negado a aceptar el trabajo. Tener más poder significaba tener más cosas en qué pensar. Todo lo que Jin Anika necesitaba era suficiente dinero para comprar libros antiguos, era más fácil simplemente pedir una pequeña fortuna cada vez que era necesario en lugar de estar sujeta al tedio de administrar los asuntos del palacio.

—Pero ¿por qué tan repentinamente?

Eugene no era tonta. Era muy consciente de las complejidades de su relación, algunas debido a las acciones previas de Jin Anika y otras debido, pero no limitado, a las circunstancias en las que se unieron. Confiar requiere confianza; cuanto mayor es el asunto, mayor es la necesidad.

—Esto no es repentino. Como dije, se supone que es tu responsabilidad. —Hizo todo lo posible para asegurarle.

—Pero lo has hecho todo este tiempo, así que…

Eugene buscó una palabra apropiada, al no encontrarla, suspiró profundamente. Ella estaba aprendiendo a hablar de manera elocuente durante estos días y le resultaba difícil expresar sus pensamientos de la manera “refinada” requerida.

Marianne le había señalado ocasionalmente su franqueza al hablar. Le aconsejó que se corrigiera antes de ingresar en la alta sociedad. Una mujer noble tenía que prestar atención a sus intervenciones por no hablar de la reina. Había estado trabajando en ello con diligencia, pero los hábitos no cambian de la noche a la mañana. Y aquí, la demanda era cambiarla de forma innata.

Necesitaba más práctica. En este momento, no podía pensar en una manera de andarse por las ramas y transmitir su mensaje claramente al mismo tiempo. Al final, decidió que ya era suficiente y dio el paso.

—Su Majestad, por favor sea claro conmigo en esto. ¿Estás intentando ponerme a prueba? ¿O estás confiando en mí lo suficiente como para traspasar la responsabilidad?

Kasser estalló en una carcajada desenfrenada:

—Te gusta hablar directamente. Si tan solo todos hablaran como tú. —La miró con ojos sonrientes, con un rastro de cariño imperceptible en alguna parte.

Una Eugene avergonzada se sonrojó. Nunca imaginó que a este rey le gustaba realmente lo que su nana odiaba: su forma de hablar. ¡Hasta aquí los valores inculcados!

—Ninguno.

Sintió un tirón en su corazón ante su abrupta respuesta. Ella sonrió amargamente:  —También es bastante directo, Su Majestad.

Kasser se rió de nuevo.

—Cuidar del Palacio Real es importante, pero no tanto al mismo tiempo. Es muy engorroso para mí comprobar cada pequeña cosa que sucede aquí. La baja por enfermedad de un sirviente, por ejemplo.

Eugene se preguntó si estaba tratando de decir que necesitaba a alguien que se ocupara del trabajo tedioso. Si ese fuera el caso, había estado pensando demasiado.

—¿Te sientes cómodo con dejarme sola cuando no tienes la suficiente confianza en mí? —Ella todavía se sentía amargada.

—Solo una cosa me preocupa, y es que tú…

Kasser hizo una pausa, su sonrisa se desvaneció. Eugene se tensó al ver los ojos azules que la miraban directamente.

—… Que después afirmes que no recuerdas esta conversación. —Bromeó.

—¡No soy estúpida! —Ella estaba molesta.

Ignorando su disgusto, él dijo: —Hace poco escuché que un paciente que sufre pérdida de memoria podría olvidar recuerdos recientes una vez que recuerde su pasado.

Los ojos de Eugene se ensancharon ante sus palabras. ¡A Kasser le preocupaba que volviera a ocurrir otro incidente de pérdida de memoria! Y aquí ella pensó que simplemente se estaba burlando de ella.

Sus siguientes palabras fueron cuidadosamente pensadas, para asegurarse de que lo entendía correctamente.

—¿Te parece bien si no recupero mis recuerdos?

Supuso que él evitaría responder. Sin embargo, contestó a su pregunta como si la hubiera estado esperando.

—No quiero que te esfuerces demasiado.

—¿Disculpa?

—Si has olvidado algunas cosas, puedes volver a aprenderlas. Puede sonar como si estuviera negando tu pasado y lamento forzar esta opinión sobre ti, pero… —Hizo una pausa. —No quiero mentir.

Eugene estaba realmente asombrada. Ella creía que incluso con sus cambios, Kasser todavía no podía dejar de verla como la reina anterior, Jin Anika, sin importar cuánto dijera, “No recuerdo”. Pero parecía que era ella quien estaba viendo a través de lentes polarizados. Vio a Jin Anika y Eugene como personas separadas y acababa de dejarlo muy claro.

¿Desde cuándo?

Si ella fuera, de hecho, Jin Anika y realmente hubiera perdido la memoria, ahora estaría confundida por sus palabras. Seguramente, se avergonzaría de lo horrible que fue en el pasado. Si ella misma se sentía así, ni siquiera podía empezar a imaginar lo que sentía Kasser. Pero…

La mujer que eligió soy yo, no Jin Anika.

Por otro lado, habiendo expresado el sentir de su corazón, Kasser se sentía aliviado. Pero eso no significaba que no estuviera libre de arrepentimientos. Sabía que era impropio de él esperar que ella permaneciera igual, aun así, se sentía cómodo con que ella no se recuperara lo suficientemente rápido.

Cuando vio el sello de la reina en los informes, se sorprendió. Le tomó un tiempo creer lo que veía, después de lo cual, había estado pensando en eso todo el día. ¿Y por qué no?

La reina actual, quien había evitado asumir cualquier responsabilidad a toda costa, se había presentado para aceptar su papel, por voluntad propia. Este no era el mismo nivel de cambio que su forma de hablar. Se había transformado en una persona completamente diferente… incluso mejor.

Entonces, incluso si se recuperaba, Kasser decidió creer en la pequeña posibilidad de que no volviera a ser la persona que fue antes. Quizás, Marianne tenía razón. Quizás, necesitaba un largo período de adaptación.

Él y Jin Anika habían comenzado con el pie izquierdo. Esquivó todos y cada uno de los problemas que había notado en su matrimonio. No quería ni trató de conocer a la reina. Sabía en su corazón que él era igualmente responsable del fiasco llamado matrimonio y hasta que ella regresó, él no sintió el más mínimo remordimiento.

Sin embargo, ahora, su corazón había cambiado. Confió en que su relación realmente podría mejorar. Quería conocerla, confiar en ella y tal vez, incluso amarla. Por mucho que su cambio lo impresionó, estaba más sorprendido de lo mucho que lo estaba esperando.

—Ahora que eres honesto, dime otra cosa. ¿Crees que el yo actual puede hacer más bien al reino que mi viejo yo?

Kasser dudó en responder, evitó su mirada por un breve momento.

—Así es, —dijo finalmente, pero algo le alteró la mente y no sabía por qué.

Ah, entonces yo tenía razón sobre eso. Se aferró a su orgulloso corazón y se recordó a sí misma.

Todo lo que le importa al Rey del Desierto es su reino. Así que tengo que dejar de engañarme a mí misma y, en cambio, estar agradecida con él por acceder a darme un puesto útil en el palacio.

—Esta responsabilidad, ¿te ayudará si la tomo?

—Me será de mucha ayuda.

—Entonces, haré mi mejor esfuerzo

Sintió una conmoción en su corazón mientras miraba a la reina, sonriéndole con tanta dulzura. Le molestaba, pero no podía mostrarlo. Sin embargo, estaba seguro de que no era nada desagradable.

Recientemente, había estado experimentando una gran cantidad de emociones y síntomas que claramente no podía entender. Pero no tuvo un momento para sentarse y pensar en ellos; simplemente estaba demasiado ocupado.

Mire aquí, no había fin a la lista de cosas que tenía que hacer hoy. Un montón de papeles de Verus esperaban su aprobación final. Y esta fue solo una de las muchas cosas. Sin embargo, dejó a un lado su trabajo e inesperadamente le hizo una propuesta.

—Dijiste que querías salir. ¿Nos podemos ir ya? —Preguntó, con ojos esperanzados.

—¿Ahora? —Ella se sorprendió.

—Después de que el sol se haya puesto por completo.

—Aún será muy desord…

—Todos volverán a vivir sus vidas nuevamente. No habrá Larks por un tiempo, por lo tanto, las calles estarán abarrotadas de personas.

—¿Por qué?

—Hay un período de paz después de que los Larks invaden el reino. Acabamos de exterminar un gran ejército de ellos, por lo que no habrá ninguno por más de diez días.

—Vaya, esa es una excelente noticia… no es que el ejército sea una buena noticia… Sí, salgamos. Quiero salir.

—De acuerdo.

La comisura de sus labios se elevó ligeramente. Eugene sintió que los ojos que la miraban eran amables. Se dio la vuelta, temiendo sonrojarse en cualquier momento.

En la distancia, el sol finalmente se había puesto. Todo había regresado a un maravilloso silencio.

—¿Puedes saltar desde aquí también?

Se encontraban en el puente, que estaba más alto que su estudio. La profundidad que vio cuando asomó la cabeza por la barandilla fue aterradora. Se necesitaría estar loco para saltar desde aquí; ella lo miró preocupada.

—¿Debería intentarlo? —Kasser respondió al mismo tiempo que empujaba la silla hacia atrás con las piernas y se levantaba.

—¡No! —Absolutamente horrorizada, Eugene gritó rápidamente.

Al ver sus orbes abultados y feroces, se echó a reír. Ella lo miró, incapaz de creer que estaba bromeando.

Su risa desenfrenada calentó su corazón y satisfizo sus ojos. Quería convertirse en la única persona que compartía sus bromas y risas. ¿Es demasiado pedir? Instantáneamente, consciente de las tonterías, rápidamente se arrepintió de sus pensamientos.

Eugene, intuitivamente, era consciente de que se estaba enamorando de él. ¿Qué tan agradable sería controlar tu corazón como quieras? Estaba llena de sentimientos encontrados.

♦ ♦ ♦

Eugene estaba vestida y lista.

Para el viaje, tuvo que esconder su cabello negro como la tinta. Se puso una peluca marrón y, para estar más segura, se puso una capa con capucha. Afuera estaba lo suficientemente oscuro, así que no se molestó en ocultar sus ojos.

Marianne había vestido a Eugene ella misma.

—Todo está listo, Su Gracia, —dijo Marianne con alegría. Pudo leer la emoción en el rostro de la reina. Fue un pensamiento grosero, pero ella era linda.

Sospechaba que actualmente el rey no veía a la reina de manera diferente a ella. Era un verdadero alivio que finalmente reconociera su naturaleza encantadora.

Su Majestad es bastante insensible, pero al menos comenzó a notar a la gente que lo rodeaba.

Marianne se sintió profundamente conmovida por el hecho de que estuvieran pasando tiempo de calidad juntos. No deseaba otra cosa más que ellos se hicieran cercanos más rápidamente. Pero sea lo que sea, estaba feliz por el giro positivo de los acontecimientos.

—Que tenga un buen viaje, excelencia.

—Escuché que todo está en orden en la ciudad.

—Pero seguirá siendo diferente del palacio, excelencia. Tenga cuidado de no apartarse nunca del lado de Su Majestad.

Eugene sonrió con torpeza. Era la primera vez que escuchaba palabras sinceras de alguien. Aquí, todos fueron amables con ella. Probablemente se deba a que es la reina, pero no todas las bondades eran meros gestos formales.

Hubiera vivido sin saberlo si no lo hubiera experimentado…

La reina sabía que no estaría viviendo la vida de la misma manera que lo hizo cuando regresó. Solía pensar que la vida era un viaje solitario. Pero ahora, sus creencias fueron sacudidas y su corazón se conmovió. Estaba dispuesta a aferrarse a la esperanza, aunque solo fuera un destello.

Un paje entró y anunció: —Su Majestad, Su Gracia.

Eugene fue a la sala de estar y se sorprendió. El atuendo que usaba el hombre alto frente a ella le era poco familiar

Kasser vestía ropa de civil y una peluca, al igual que Eugene. Pero la ropa humilde y la peluca de colores apagados no lograron ocultar su hermoso rostro.

Definitivamente se destacará entre la multitud con esa cara. Cuando sus ojos se encontraron con los suyos, él se notaba un poco enfadado.

—¿Ya terminaste de preparala? —Preguntó

—Sí, Su Majestad, —respondió Marianne cortésmente.

Sin embargo, para Eugene, sonaba como si estuviera preguntando si eso era todo lo que ella usaría, así que miró su atuendo preguntándose si algo andaba mal.

—¿Hay una túnica con una capucha más grande? Tu rostro es visible, —dijo el rey.

Una capucha más grande bloquearía su vista. No obstante, la mirada fría y exigente del rey le dio a entender que no iba a tolerar ningún rechazo.

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