Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 128: La determinación de mi padre

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Dos días después, mi padre reunió a todo el cuerpo de guardia en el campo de entrenamiento.

—¡Atención! —gritó el general Gazelle, comandante del cuerpo de guardia, ante su llegada.

En ese instante, todos los miembros se enderezaron. De pie frente a ellos, mi padre observó sus movimientos.

—Todos ustedes son los colmillos y el orgullo de la casa del marqués Anderson. Como tal, su misión no es simplemente proteger mi vida, es seguirme y exterminar a aquellos que puedan causar daño a nuestra casa.

Ante las palabras de mi padre, la atmósfera se volvió pesada por la tensión presente.

No había levantado la voz de ninguna manera. A pesar de ello, incluso los que estaban en la última fila podían oír claramente sus palabras, dando la ilusión de que estaba hablando justo delante de ellos.

El sonido de alguien tragando saliva resonó muy fuerte en el lugar.

—El enemigo es Wels Anderson, un hombre que una vez fue mi hermano.

Por un momento, mi padre bajó la mirada.

Sintiendo su vacilación por esa acción, una ola de inquietud atravesó a todos los miembros del cuerpo de guardias que estaban de pie frente a él.

—Pero… —murmuró mi padre mientras levantaba la mirada. Cuando todos se encontraron con sus ojos, notaron que no había ningún rastro de vacilación en ellos.

El espíritu de lucha y la luz de su determinación habitaban sus ojos, y un aire intimidante envolvía su cuerpo, deteniendo la respiración de todos en el campo.

—¡No titubeen, no tengan miedo! Como su comandante, les daré el ejemplo. ¡De ahora en adelante, aplastaremos a todos los enemigos que se interpongan en nuestro camino! ¡Grabemos el miedo en los cuerpos de aquellos que se atreven a dañar la casa del marqués Anderson! Colmillos de mi casa, síganme. ¡Aniquilemos juntos a todos nuestros enemigos!

Su estímulo fue más que suficiente para disipar todos los temores del cuerpo de guardia.

Todos fueron tragados por la alentadora presencia de mi padre, y sus espíritus se encendieron en llamas por sus palabras.

—¡Vamos! —respondieron todos los presentes, levantando sus espadas.

Y entonces, mi padre avanzó hacia la batalla que determinaría su final… Una batalla contra su propio hermano menor.

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