Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 132: Victoria

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Luego, cruzamos en secreto la frontera entre el reino de Tasmeria y el Principado de Rinmel.

Un largo y estrecho camino se extendía ante mis ojos. Frente a ese estrecho camino, que estaba rodeado de escarpados acantilados a ambos lados, calmé mi corazón.

—Están aquí… —murmuré en voz baja al escuchar el sonido de cascos de caballos que se acercaban cada vez más.

Me gustara o no, un aire de tensión se elevó del cuerpo de guardias que estaba en espera detrás de mí.

Al sentir esa atmósfera, una vez más me aclaré la garganta.

—De acuerdo… Todos, nuestra presa ha llegado —dije mientras el sonido de alguien tragando saliva llegaba a mis oídos—. No me gusta pelear. No me gusta robar vidas… Es precisamente por ello que, aquellos que buscan hacerlo por voluntad, los encuentro desagradables.

Mientras tanto, el enemigo se acercaba de forma constante. Aun así, no dejé de hablar.

—Ahora, todos, hagamos que el miedo se apodere de ellos. Hagámoslo tan profundo que tiemblen con solo oír el nombre de la casa del marqués Anderson. Para que no vuelvan a pensar en luchar contra nosotros como enemigos… ¡Aplástenlos! ¡Pulverícenlos! ¡Masacren a todos los enemigos que se nos oponen…! ¡Vamos!

Con eso, pude sentir el calor creciente de todos a mis espaldas. Es una buena atmósfera.

Delante de mí, había un número abrumador de enemigos que superaban con creces al nuestro. Nuestra única salvación era que, debido al estrecho camino, el enemigo no podía utilizar su ventaja en número.

Manipulé las riendas e hice que mi caballo corriera hacia adelante.

Aunque el enemigo se estremeció momentáneamente con mi entrada, después de ver nuestra deficiencia en números, pronto vinieron corriendo hacia nosotros.

Levanté mi mano justo cuando el enemigo estaba delante de mí. En ese instante, incontables flechas cayeron como lluvia y esas flechas ciertamente robaron las vidas de los enemigos.

Sin darles siquiera la oportunidad de sorprenderse, las flechas continuaron cayendo, una tras otra. Y cada vez que lo hacían, las gotas de sangre empapaban mi campo de visión.

—¡Señorita Mellice! —gritó Anna con alegría a mis espaldas.

Su emoción era natural, considerando lo fácil que cayeron ante nuestro plan… A pesar de eso, me pregunto por qué mi humor no mejoró ni un poco. Solo observé lo que tenía que hacer, sintiendo algo cercano al alivio.

Eventualmente, el enemigo comenzó a retirarse para reorganizar su formación.

Una vez más, levanté mi mano. Y entonces, hice que mi caballo galopara hacia adelante. Con eso, la lluvia de flechas se detuvo.

Cruzando fila tras fila de cadáveres enemigos, me acerqué al enemigo que estaba retirándose. Luego, con el cuerpo de guardia a mis espaldas, corté al enemigo más cercano.

Nuestros miembros que habían estado disparando flechas desde lo alto, también descendieron en un ataque en varios flancos.

Bajando mi espada una y otra vez, corté a una ola de enemigos.

Por el bien de la batalla que se avecinaba, teníamos que reducir el número de enemigos tanto como fuera posible. Esa fue la orden dada a todos en el cuerpo de guardia antes de esta batalla. Obedecieron fielmente y, al igual que yo, continuaron reduciendo sus números.

Todo se tiñó de carmesí, y el olor metálico de la sangre me hizo cosquillas en la nariz.

El enemigo, cuya formación se había derrumbado, finalmente logró hacer su retirada.

Cuando las figuras del enemigo desaparecieron del estrecho camino, todos detrás de mí lanzaron vítores.

La primera batalla fue nuestra victoria…

Mientras suspiraba aliviada, desmonté mi caballo. Cuando vi sus expresiones de alegría, levanté mi mano en respuesta.

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