Mi crush quiere una poción de amor – Volumen 1 – Epílogo: La bruja

Traducido por Bee

Editado por Dea


Escondido en lo profundo del bosque había un lago.

En medio del lago primitivo flotaba una pequeña isla sobre la cual se erguía la ermita de una bruja solitaria. Durante décadas y siglos, el paisaje había permanecido intacto.

Desde la antigüedad, las brujas que vivían allí a veces ayudaban a las personas, las guiaban o se beneficiaban de sus deseos.

Hoy, como en los días de antaño, llegó un pequeño bote a la ermita de la bruja. El hombre y la mujer a bordo desembarcaron con una facilidad familiar. La mujer se deslizó desde el muelle hasta la cabaña sabiendo los pasos exactos necesarios para cubrir la distancia y dio la vuelta al letrero que colgaba en el frente. Satisfecha de que el letrero ahora decía “Abierto”, la bruja sacó la llave de su cuello, abrió la puerta y entró al edificio.

Botas se escuchaban trotando por el suelo detrás de ella.

—No tienes que venir conmigo… cada vez que tengas un día libre, ¿sabes? —Rose murmuró con un toque de consternación a Harij, quien la siguió—. Deberías tomarlo con calma en tus días libres al menos…

—Vengo aquí para tomármelo con calma. Así que todo está bien.

Harij sacó un mantel de la canasta que trajo. Sus manos anchas lo extendieron suavemente hasta los bordes de la mesa sin una arruga visible. Olía a recién salido de la lavandería.

Sacó un libro de la canasta y se sentó en su asiento habitual bañado por la luz del sol que entraba por la pequeña ventana. Últimamente, pasar tiempo con Rose sentado en su silla especial sin perturbar su trabajo se había convertido en la forma favorita de Harij de pasar sus días libres.

Harij había recibido sus órdenes de reincorporación después de haber escoltado con éxito a Billaura hasta la frontera. En otras palabras, fueron dos meses después del robo y el incidente con la horrible ingestión accidental de la poción de amor. Es probable que el largo tiempo libre lo recompense por sus muchos años de servicio sin usar el permiso. Después de su descanso de dos meses, Harij fue reinstalado como Caballero Real sirviendo dentro del palacio.

La razón por la que Rose estaba tan informada sobre la situación de Harij era porque ahora vivía bajo su cuidado como invitada en su mansión.

Incluso Rose, que nunca pensó en tomar medidas preventivas para evitar que invadieran su hogar, había quedado lo suficientemente traumatizada por el robo como para pensarlo dos veces. Ella trató de hacer todo lo que pudo para fortalecer la seguridad de la isla con la ayuda de Harij, pero sus preocupaciones eran infinitas. Al final, él insistió obstinadamente en que viviría en la ermita con ella.

Las cosas probablemente se habrían resuelto con bastante facilidad si ella hubiera aceptado de inmediato su propuesta de matrimonio.

Pero, para la bruja que había vivido como una reclusa encerrada desde su nacimiento, el cambio era lo más aterrador del mundo. Generaciones de brujas habían vivido en aquella tierra y la habían protegido, y también era el hogar insustituible en el que creció, el hogar que tanto amaba. No podía dejarlo para siempre.

Después de muchas discusiones de ida y vuelta, Rose decidió residir en la mansión de Harij en la noche. Durante el día, retomó sus funciones de bruja en la ermita. El hecho de que la diera la bienvenida a su casa como invitada en lugar de como su prometida demostró lo muy considerado que estaba siendo con Rose, que no podía tomar una decisión sobre el matrimonio.

El lugar donde vivía no era lo único en la vida de Rose que había cambiado. Por alguna razón, la gente se estaba volviendo más amigable con las brujas.

¿Harij los había convencido con éxito? ¿O fue porque Rose no se parecía a las horribles brujas de las historias? La respuesta fue un misterio. Rose sabía que los humanos cambiaban de opinión fácilmente, pero tampoco sabía que lo hacían con tanta facilidad. Fue debido a que no cambiaron que Rose pudo ganarse la vida como bruja.

Aún así, aunque Harij podría haberles pedido que lo hicieran, había ocasiones en las que algunas personas se aventuraban al bosque para ver cómo estaba. Podían no haber sido cien por ciento sinceros al respecto, pero Rose simplemente decidió aceptar su amabilidad al pie de la letra.

El lago también se había convertido en un patio de recreo para los niños, que a veces le dejaban fruta frente a la ermita.

—¡Ay…!

—¿Estás bien?

—Sí. Pasa todo el tiempo.

La ermita seguía siendo un castillo desordenado. Rose puso el jarrón que accidentalmente pateó en su lugar original. Su mirada cayó a sus pies mientras se levantaba.

Rose llevaba un par de botas nuevas. Harij se las había comprado después de que le diera el par que le sobraba a Billaura. Estas eran completamente diferentes de sus anteriores botas monótonas e insípidas. Si bien enfatizaban la practicidad, también eran lo suficientemente delicadas como para decorar los pies de una dama. Era posible que durasen años siempre y cuando ella las cuidara adecuadamente. Pequeñas cuentas estaban bordadas en forma de hiedra a lo largo del cuero negro pulido de la parte superior. Rose estaba fascinada con la forma en que brillaban en la luz con cada paso.

—Oh, claro, Harij, ¿te importaría revisar el buzón por mí?

Los clientes seguían acudiendo a la bruja en busca de las pociones secretas de las brujas a pesar de que ya no trabajaba las veinticuatro horas del día.

Ella preparó un letrero informándoles que dejaran una nota en el buzón describiendo lo que necesitaban, añadiendo en ella el día y la hora en que planeaban volver. Harij aceptó la llave del buzón sin quejarse y fue a buscar las cartas. Regresó con un solo sobre que era del mismo color que la lechuga, o mejor dicho, de un suave tono similar al de los brotes primaverales.

—Gracias… Oh, es de lady Lau.

Harij se sorprendió cuando Rose mencionó el nombre del remitente.

—¡Todavía no he recibido ni una sola carta de ella!

—Las niñas maduran más rápido que los niños. Ellas dejan de aferrarse a sus hermanos mayores primero.

Rose abrió el sello, con cuidado de no rasgar el papel del interior. Desafortunadamente, ella no tenía un abrecartas.

Las cartas de Lau eran agradables y fáciles de leer para Rose, que tenía poca experiencia en el intercambio de cartas. Comenzando con los saludos de temporada, Lau luego se lanzaba a una historia fascinante sobre eventos recientes.

—¿Recibes… bueno… correspondencia de ella a menudo? —preguntó Harij, moviéndose inquieto mientras Rose escaneaba el contenido de la carta con una suave sonrisa.

—Esta sería la tercera.

—Su Majestad lloraría si supiera. —dijo con una mueca. Parecía sentir lástima por su amigo.

El segundo príncipe, y el hermano mayor más cercano en edad a Billaura, era el amigo de la infancia de Harij. Y Harij resultó ser reelegido como Caballero Real del segundo príncipe.

—Dios… Oh, Dios. —murmuró Rose mientras leía la carta.

—¿Qué ocurre? ¿Pasa algo?

Harij corrió a su lado, pero era demasiado caballeroso para echar un vistazo descortesmente a la carta. Agarrando contra su pecho el papel que transmitía un mensaje importante, Rose miró a Harij a través de sus pestañas.

¿Qué tan en pánico entrará si le digo? Rose apretó la mandíbula y convirtió sus rasgos en una expresión más seria.

—Parece que hay que felicitarla.

—¿Felicitarla por qué?

Lady Lau parece estar embarazada.

Los ojos de Harij se ensancharon. Su boca se abrió, pero no salió ninguna palabra.

Rose se mordió el interior de la mejilla, desesperada por evitar que sus labios formaran una amplia sonrisa ante su obvia reacción.

—La poción parece haber ayudado. Por lo que puedo deducir de su carta, esto es lo que quería lady Lau.

Rose sonrió suavemente ante el floreciente romance entre el rey de Nefrit y Billaura que se describía en la carta.

El rey de Nefrit había visto en la Billaura mucho más joven la apariencia de su difunta esposa cuando se conocieron mientras él estaba allí por un negocio real. El rey esperó hasta que ella alcanzara la mayoría de edad para proponerle matrimonio formalmente a través de los canales oficiales de sus reinos para poder dejarle de manera legal una herencia a la joven princesa una vez que falleciera.

A juzgar por lo que Billaura escribió sobre su vida matrimonial, el anciano rey no buscaba una relación romántica o física con ella. Al enamorarse de un rey tan devoto, Billaura fue quien finalmente lo amenazó con llevarlo a la cama: “¡Si así es como va a ser nuestra vida, entonces me beberé esto!”

El pobre rey. Él entendió mal y pensó que la poción secreta que su joven esposa había llevado de su tierra natal era un veneno para acabar con su vida.

No podía dejar que su querida Billaura, a quien anhelaba durante muchos años, muriera por sus propias manos. Así que razonó que él, un anciano al que le quedaban pocos años de vida, debería morir en cambio por obligar a Billaura a contraer un matrimonio del que se suicidaría para escapar.

El rey también tuvo un gran sucesor. Se bebió lo que quedaba en el frasco para su joven esposa con un futuro prometedor después de que ella tomó un sorbo, sin saber en lo más mínimo qué era la poción.

—¡Es cuarenta años mayor que ella!

—Todo vale siempre que haya amor y consentimiento, Harij.

Harij no hubiera querido que Billaura fuera maltratado o que le dieran la espalda, pero esta noticia llegó demasiado pronto para él. El shock lo dejó sin palabras.

Teniendo en cuenta la edad del rey, Rose podría comenzar a recibir órdenes para los usos funcionales de la poción para los hombres. No estaría de más prepararse para futuras solicitudes. Escuchó un sonido familiar mientras calculaba los costos en su cabeza.

Sonó la campana que anunciaba la llegada de un visitante. Miró a través de la ventana hacia donde un hombre la miraba, saludando. Junto al hombre había tres burros, cada uno con montones de bolsas.

Rose enterró su rostro en una mano. Harij miró por la ventana a su lado. Sus hombros se tocaron.

—Es ese hombre…

—¿Conoces a Tien?

—Me he cruzado con él aquí antes.

—Oh, sí, recuerdo que algo así sucedió… —respondió Rose con su atención en otra parte.

Harij recogió un mechón de su cabello rosa pálido y miró hacia afuera con disgusto mientras lo giraba alrededor de su dedo.

—¿Para qué es ese montón de mercancías?

—Uhm, bueno, es… —Rose frunció el ceño en lugar de dar una respuesta. Ella estaba siendo distraída por él tirando de su cabello, pero el problema más urgente estaba al otro lado del lago.

—No me vas a decir que todos son regalos, ¿verdad?

Su cabeza se hundió cada vez más en lugar de responder.

—Iré a rechazarlo. —dijo Harij.

—¡Espera! ¡Uh, esas cosas son… bueno, son…!

—Te conseguiré todo lo que necesites. No vuelvas a aceptar cosas de otros hombres.

Ahí estaba volviendo a ser arrogante, pero los celos que ella sintió en sus palabras hicieron que Rose se tornara de un color rosado hasta el cuello.

Independientemente de eso, ella no podía cederle el paso. Rose se cubrió la cara con ambas manos.

—Todo eso es… bueno… podrías llamarlo un regalo… pero no del todo… así que… uhm…

—¿Qué es?

—En otras palabras, es…

—¿Sí?

—Se supone que debe ser entregado… en lugar de mis padres…

—¿Eh?

—Tien, me ha estado cuidando desde que era niña… y, eh, parece que mi abuela le pidió que me cuidara en su lecho de muerte…

—¿Sí?

—Entonces… uhm… creo que probablemente sea eso…

¡Maldito seas, Tien! ¿Por qué tuviste que venir hoy de todos los días? Rose lo maldijo en su corazón.

Cansada de irse por las ramas, gritó:

—¡Estoy tratando de decirte que se supone que es mi dote!

Harij miró a Tien pero no dijo nada más.

La dote es algo para lo que la familia de una mujer se prepara cuando se casa. En otras palabras, eso solo podía significar que tenía la intención de casarse con Harij.

Pronto florecerían flores blancas en el bosque.

Sin duda, iban a dar frutos rojos y dulces.

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