Ya no te amo – Capítulo 50

Traducido por Melin Ithil

Editado por Sakuya


Sus ojos se encontraron.

Ella tenía tal expresión en su rostro que parecía que estaba a punto de llorar. ¿Sería consciente del tono de piel que se elevaba sobre sus hermosas facciones? Parecía un niño al que se le había caído al barro su caramelo del que solo había tenido un bocado.

—Está bien si amas a otra persona, está bien que solo tú tengas el poder del gobierno, e incluso está bien si reclutas a un hijo fuera del matrimonio, lo criaras bien, entonces…

—¿Ante tus ojos me veo como un desgraciado bastardo? —Al final, no pudo evitar reír. Fue entonces cuando comprendió su petición.

En el instante en el que el poder de la emperatriz se viera debilitado, entonces no tendría mucho sentido compartir la autoridad. Ella le decía que no importaba si él se enamoraba de alguien más, ella no pelearía un lugar y lo dejaría vivir en libertinaje.

La mujer que fue sostenida en brazos de su desdichado ex-prometido y que no mostró ninguna emoción, aun cuando se había convertido en la mujer más noble de Vinfriedt. Le decía eso porque tenía miedo, miedo de que él cambiara de opinión y la dejara. Una rabia desconocida se hinchó en su estómago.

—No todos los hombres con los que te has encontrado son sinvergüenzas. —Le molestaba el hecho de que no significaba nada para ella, le arañaba los nervios que lo veía como alguien que podía ser corrompido. Pero más allá de eso, estaba absorto en el hecho de que el entorno en el que había crecido era un basurero—. Tu padre tuvo hijos fuera del matrimonio y Vetrlang tuvo varios amoríos, lo entiendo, si miras las cosas desde esa perspectiva es entendible. —Ni siquiera podía imaginar lo retraída que había estado y como creció mirando cosas sucias—. Pero te prometo que no cambiaré de parecer.

¿Qué tan precarios eran sus cimientos? Si ella se miraba como si el mundo se fuera en sus palabras. Además, había una parte separada que le parecía más difícil de soportar, parte de él se alegraba, le hacía sentir aliviado que toda esa ansiedad estuviera dirigida hacia él. Le generaba un indescriptible deseo posesivo. Apretó sus molares por un momento antes de relajarse, le volvió a sonreír y trató de resolver su malentendido.

—Lo que dije antes era una broma, somos muy jóvenes, no tenemos que formar una familia ahora.

—Lo entiendo, aún eres joven y no quieres estar atado a una familia, todavía quieres disfrutar un poco más.

—No, Niveia, eso no es lo que quería decir.

—No te preocupes, no te voy a presionar, no tengo sentimientos por ti.

—Niveia. —Al final, puso su dedo contra los labios ajenos que habían estado hablando sin parar. Bloqueó sus palabras con su mano y pasó su otra mano por su rostro, dándole, como siempre, una dulce sonrisa. Se preguntó si desde la distancia, su sonrisa luciría un poco patética—. ¿Estarás bien si no me monopolizas? —Su voz era suave como un susurro y por alguna razón, tenía una expresión que parecía expresar su pesar cuando ella respondió afirmativamente.

¿Me está probando?

De otra manera, ella no entendía por qué él parecía decir que podía monopolizarlo. Ella abrió su boca para decir algo, pero de manera imprevisible, capturó la punta de su dedo índice con su labio superior. Cuando abrió sus ojos, él la miraba de forma extraña y tenaz. Sus ojos se encontraron y ella lentamente movió su lengua, gentilmente había rodeado la punta de sus dedos y llevándolos hasta sus labios para introducir el índice ajeno en su boca, tan solo la punta, sin llegar siquiera a la uña, quitándole la habilidad de hablar. La carne de sus labios pasó por la yema de sus dedos antes de volver a su lugar. Sin siquiera haber parpadeado mientras hacía aquello, bajó sus pestañas y lo dejó ir. Finalmente, volvió a levantar la mirada para observarlo.

—Todas mis acciones son para ti. —Con esas palabras, se giró y comenzó a avanzar.

Después de eso no hubo conversación entre ambos hasta que se separaron y fue después de eso que ella se dio cuenta de que él había actuado extraño ante su toque repentino.

¿Lo hice sentir mal?

Si era así, ¿por qué no dijo nada? Se dio la vuelta con el ceño fruncido. La manta le parecía incómoda y sus miembros acostados eran molestos. Tenía el mismo sentimiento en su cabeza de aquella vez cuando tenía catorce años y la golpeó un pastel de chocolate que había sido arrojado accidentalmente y la hizo caer ridículamente frente a Valor. Al final, se acostó en la orilla de la cama sin la manta que estaba obstruyendo su cuerpo. Era una amplia cama que parecía poder acomodar a tres personas y estaba vacía. Miró el vacío, aferrándose completamente al borde derecho de la cama y luego giró su cuerpo en la dirección opuesta.

Bueno, no puedo evitarlo.

Lo hecho, hecho está. Esa era la única conclusión de los problemas que la habían mantenido despierta. Si él todavía estaba molesto, se disculparía. Suspiró y cerró sus ojos. No pasó mucho tiempo antes de que la insoportable somnolencia se hiciera presente.

♦ ♦ ♦

Había una persona más que no podía dormir.

Renier escuchó su voz y dijo en voz baja— Entonces, ¿esa es la razón por la que dijiste que eras basura?

—Ajá.

—¡Qué! Pensé que era algo impactante lo que había pasado.

Arendt frunció el ceño. Su hermano solía empatizar bien, pero ahora lo ignoraba cuando esto había sucedido. Su frustración fue indescriptible.

—Es porque no entiendes porque soy basura, hermano. Si hubieras visto lo sucio que sentí en ese momento, probablemente querrías cortar los lazos conmigo.

—Arendt, mi querido hermano, no tengo ninguna intención de romper los lazos con el emperador y deportarme, además, creo que conozco la “suciedad” que sentiste.

—¿Qué? ¿Mi hermano lo sabe?

Reiner inclinó la cabeza misteriosamente y mojó su pluma en la tinta.

—Por supuesto, yo también experimenté esa humilde posesividad. ¿Querías devorarla por completo? Toda, hasta su último cabello, sin dejar ni su sombra.

—Yo…

—Querías tenerla de cualquier forma, sin importar si tú la consumías o ella a ti, ¿no es así?

—… Exacto.

—Sí, lo sabía. —inclinó su cabeza en sentido contrario a la extraña respuesta.

Sin embargo, para Arendt seguía siendo una actitud desconocida.

—Pero no puedes hacer eso.

—¿Por qué?

—Porque no importa cómo lo mires, amas a esa chica.

Sintió un escalofrío. Con el toque nervioso del emperador, las piedras mágicas se juntaron y la llamada terminó. Pero eso no era suficiente para él, arrojó la piedra mágica a la esquina de la habitación y lavó su rostro hasta dejarlo seco, dejando su cara expuesta bajo ambas manos, lo suficientemente roja como para ser claramente visible en la oscuridad.

Era como un maldito poema.

♦ ♦ ♦

Cuando se enfrentó a ella esa noche, sus lágrimas aún estaban secas. No tuvo más remedio que admitirlo, él estaba claramente enamorado de ella. También en un sentido sexual, quería besar sus mejillas delgadas, quería enfrentar la interminable profundidad de su ser, desde la distancia de un respiro. Creía que sería muy satisfactorio tener sus brazos alrededor de su cintura y mantener su cabello completamente entre sus brazos para que ni el viento pudiera atraparlo. Era tan codicioso que no tenía intención de cubrir sus sentimientos con palabras hipócritas por mera simpatía o algo así, también, porque sabía que una simpatía tan sutil desaparecería fácilmente.

Si lo negaba, solo profundizaría su sentimiento. Ella no iría a ninguna parte, se quedaría a su lado como su única emperatriz. Ese hecho lo estabilizó y, al menos en los brazos de Valor, ella se veía imperturbable, hasta donde vio, no tenía interés en él. De hecho, ella no tenía interés en nada, e incluso solía tener una expresión incompleta en su rostro. ¿Sabría que esa actitud contemplativa en realidad hacía que quienes la rodeaban se sintieran más ansiosos?

Al final, se alegró de que ella no entendiera sus palabras, la alegría de ver su desesperación tras la indiferencia. Nunca había experimentado tal nivel de alegría.

Tampoco es normal.

La palabra con “A” no es algo que pudiera permitirse, eso lo sabía mejor que nadie. Verla comer un pastel de fresas como un conejo o ella exclamando su sincera admiración por Vinfriedt, hacía que le doliera un poco el corazón y al mismo tiempo, creaba un sentimiento encantador y reconfortante. Pensó que estaba muy lejos de aquel sentimiento, no supo en qué momento se había acercado tanto.

Se apoyó en el sofá y cerró los ojos. La luz de la luna brillaba en su perfilada nariz, se decía que Joachim era amado por la luna, así que cerró sus ojos sin moverse, bajo su predominante luz, tenía una presencia resplandeciente. También era una expresión de sus sentimientos. La causa de esa hipótesis no deseada corría alrededor de su mente. Ese feo sentimiento se profundizaba sin fin, había entrado en el abismo sin su consentimiento.

Sintiendo una vaga sensación, levantó la mano que ella había besado y la miró. La sensación de su lengua aún era vivida, al igual que esos labios rojos que presionaron suavemente y el aliento húmedo que le hizo cosquillas en la piel. Le había causado tal impresión que llevó la punta de su índice a sus labios. No habría salida a menos que entrara al abismo, él también lo sabía. Entonces, era todo lo que quedaba.

Se quedó mirando el fondo de un monstruo que nadie conocía.

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