Ya no te amo – Capítulo 53

Traducido por Melin Ithil

Editado por Sakuya


La vertiginosa luz de la tarde y los vítores diferentes de los aplausos mecánicos de la sala de la corte, estallaron todos a la vez.

Enarcó una ceja, la desvergüenza de la alta sociedad de Thierry, que la ridiculizó y le tiró piedras, incluso su familia y su prometido le habían dado la espalda.

Niveia Hermion Thierry Joachim.

Su primer nombre era intenso y malvado, mientras que el segundo era la hipocresía, su tercer nombre contenía el día y el cuarto la noche. Nadie podría haber caminado por un sendero inferior más gloriosamente que ella. Tomó la mano de Arendt y se subió al carro en medio de los vítores.

Justo antes de soltar su mano, sus ojos se encontraron con los de él, que la miraba.

En medio de los vítores tan fuertes, que ambos oídos se sofocaban, él le dijo algo con una sonrisa como un rayo de sol.

Aunque no pudo escucharlo al quedar enterrado en los gritos, pudo adivinar el significado por la forma de sus labios y la expresión.

—¿Cómo te sientes?

Seguía siendo una persona amable ante ella. Se volteó a mirar el deslumbrante palacio imperial de Thierry, al público con los ojos brillantes y finalmente, a su esposo, que sonreía alegremente después de preguntarle.

Bien, aunque…

Sus ojos se entrecerraron como si contemplara algo por un momento, luego se desvanecieron y se curvaron. Una sonrisa viva estalló como una flor de primavera.

—Estoy bien.

♦ ♦ ♦

El carruaje fue mejor de lo que esperaba, definitivamente hubo un sonido de traqueteo fuera de la ventanilla del vagón, pero apenas hubo vibración. Además, el interior era indescriptiblemente espacioso. Al principio pensó, ¿qué tipo de cama era esa donde debería haber un asiento? Pero, este era un carruaje en el que tenía que pasar un mes. Ahora había llegado al punto en el que pensó que sería bueno pasear todo un año.

Con una sonrisa, le preguntó a quién estaba mirando el espléndido interior.

—¿Te gusta?

—Bastante, sí.

—A mí también.

Sintió que su mirada estaba extrañamente fija en ella, pero lo ignoró. Ahora estaba tratando de descubrir cómo acomodar los grandes y mullidos cojines que sostenían su espalda para crear una postura de lo más confortable. Finalmente, encontró una postura satisfactoria, se relajó y cerró sus ojos lentamente. Tan pronto como el carruaje partió, se quitó toda la ropa engorrosa y se quedó con la sencilla bata que se había puesto de antemano, así que se sintió como si estuviera acostada en una cama en una mansión.

Parece que estará bien así.

Al leer el cansancio en ella, él se apoyó en el alféizar de la ventana y lanzó su mirada tranquila a Niveia.

—Debes estar cansada de andar dando vueltas, me preocupas, duerme un poco en el carruaje.

—Está bien. Me encanta, es mi primera vez montando uno como este.

—Me siento recompensado por el dinero que gasté cuando te expresas así. —Sus palabras no estaban vacías, pero aún se sentía preocupado por su fatiga.

Me siento cansada.

Abrió sus ojos, tratando de cerrarlos suavemente. No podía quedarse dormida ahí, no quería volver a sentirse avergonzada. Aún tenía aquella sensación de la vez en que él se había quedado despierto con ella durmiendo en el sofá. Sin embargo, no era solo que estaba agotada, sino también el sofá que la arrullaba.

Parpadeo, movió sus ojos mecánicamente, pensando en medio de su cansancio en lo único que le quedaba de Thierry.

Rubiel… No pude verla.

De hecho, el 80% de su agotamiento era debido a su familia. El marqués había asistido a la ceremonia, pero no vio ni la sombra de su hermana, era extraño pensando en lo mucho que la seguía.

Pensé que vendría a saludar.

Seguramente las palabras del marqués habían influido en el hecho de que la joven no fuera. Aunque era lamentable, no sentía remordimiento, salvo por una extraña sensación áspera en su boca. Su hermana menor era muy bonita y segura de sí misma, pero no podía amarla simplemente por sus sentimientos ocultos. Hubiera sido bueno si pudiera simplemente odiarla, pero era peor saber que no tenía ninguna culpa.

Ahora que no hay nada más que ver, no hay nada de qué preocuparme.

Naturalmente, su madre y su padre no estaban en su visión. ¿Era normal que hubiera ordenado que construyeran una nueva dependencia para arruinarla?

Recordó el rostro del marqués, a quien vio en la recepción, parecía tener mucho que decir, pero ella ya no era alguien a quien pudiera llamar su hija. Tenía muchas expresiones faciales. Verlo en Arendt era usual, pero él… tenía una mirada mezclada con pensamientos que eran difíciles de describir.

—Felicidades por su matrimonio.

¿Qué diablos estaría tratando de decir? Cerró los ojos y frunció el ceño involuntariamente mientras pensaba. El haber apreciado a Valor los últimos diez años no había sido lo único de lo que se arrepentía, sino también de haber sido esa niña que anhelaba el afecto y no podía soltar a su familia tan fácilmente. Era el costo de su vida al haber nacido como una Solen, siendo la siguiente generación de la familia.

Siempre pensé que, si lo hacía bien, mi padre me amaría.

Pero todos lo dijeron al unísono.

—¿Quién sería como el marqués Solen? Debe haber por ahí una o dos sirvientas que fueron abofeteadas y arrojadas a la calle después de que quedaran embarazadas tras tener relaciones con sus amos.

—La señorita Niveia debe estar agradecida de que el marqués le diera su apellido.

No importaba cuanto la odiara el marqués, todos lo elogiaron. Quizás, incluso si la hubiera abofeteado en público, todos habrían encontrado la manera de culparla.

Pero irónicamente, no había fantasía más grande para un niño inocente, incluso más para un niño hambriento de afecto y no podía más que soñar con una ilusión. La ilusión de que un padre se preocupara por ella.

No sabía en ese momento que era un hipócrita que pretendía ser amable tan solo por las apariencias.

¿Cuándo habrá sido? Cuando se dio cuenta que no importaba cuánta agua bebiera, si era agua de mar, jamás saciaría su sed.

Quizás habría sido cuando la trató como si fuera invisible tras encontrarse mientras caminaba en la calle rodeado de otros nobles. O, tal vez, ¿cuándo no celebró su cumpleaños número dieciséis? Oh, no, nada de eso.

Fue después de que el marqués Solen cayera de su caballo mientras cazaba y no pudo checar su condición ni una vez. Le envió cartas preguntando si podía ir a verlo, pero sin importar cuantas enviara, jamás hubo respuesta, así que fue un mes aterrador para ella. No fue hasta que se encontró con él en una iglesia privada que pudo ver que estaba bien. Nadie a su alrededor le preguntaba cómo se encontraba, así que era obvio que se había recuperado hacía bastante.

¿Qué podía decir sobre esa profunda sensación de impotencia?

Solo rió vagamente y se dio cuenta que estaba viviendo una fantasía. A partir de ese día, abandonó todo arrepentimiento por su familia.

Entonces el marqués no tenía ninguna razón para tener una expresión compleja por ella. Bueno, quizás había una razón.

Probablemente fue por Rubiel.

Qué padre tan maravilloso era…

Cuando sus cejas se entrecerraron sin saberlo, de repente intervino una voz.

—¿Sabes qué?

Ella abrió lentamente sus ojos. El interior de sus pestañas estaba un poco húmedo, pero apenas se notaba, por lo que simplemente puso sus ojos en blanco y miró al dueño de la voz.

Arendt, que estaba sentado frente a ella, se apoyó en el alféizar de la ventana y le devolvió la mirada.

Ella estaba casi tumbada de costado, era uno de los pocos días de su vida, en los que no sentía frío en su corazón. Se preguntaba qué es lo que quería decirle.

—Tu cuñada está deseando conocerte.

Él le mencionó un tema completamente aleatorio, pensó por un momento que había escuchado mal y tuvo que preguntar.

—… ¿Por qué?

—Dijo que de repente tenía una hermana menor, así que quiere verte. Además, vamos para allá, creí estarías curiosa, ¿nunca se encontraron en Thierry?

—No, cuando debuté, la princesa estaba estudiando en el extranjero.

La hija mayor de Vetrlang, Isolda, era famosa por ser un marimacho. Siendo honestos, solo era una persona vivaz. Tenía unos cinco años más que Niveia por lo que solo escuchó hablar de ella en los círculos sociales, incluso antes de poder debutar.

Isolda Richel Vetrlang, de quien se decía era más hermosa que su difunta madre, con una cabellera pelirroja muy parecida a la de su padre. Richel significa “quien dirige”, Vetrlang le había puesto ese nombre, incluso antes de que naciera, admiraba a su primera hija, así que le pareció imposible usar nombres comunes para ella.

Sin embargo, gracias a eso, ella creció más fuerte y hermosa que cualquiera. Se decía que cada que su falda ondeaba con el viento, su lista de seguidores crecía. El amor despiadado del emperador fue lo que la hizo crecer con generosidad en abundancia y habilidades sobresalientes.

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