Traducido por Kiara
Editado por Ayanami
En cuanto regresamos al castillo se produjo un alboroto, era de esperar, ya que la marquesa había sido herida. Si bien es cierto, en otras ocasiones había recibido rasguños y pequeñas heridas, pero nunca algo tan grave, al grado que le imposibilitaba caminar.
La actitud del Marqués Vain fue, especialmente, sorprendente.
En el exterior estaba totalmente compuesto, incluso cuando pedía a los médicos que trataran a su esposa, que los sirvientes se ocuparan de los heridos, los guardias recopilaran información sobre las extrañas acciones de los lobos eólicos y que ordenaran el examen del prisionero, no se apartó del lado de madame Beatrice ni una sola vez.
