Traducido por Kiara
Editado por Ayanami
En las alcantarillas de la Baja Solia, Hamil se encogió. Su cuerpo estaba destrozado.
—Pensar que las cuatro personas que intentamos asaltar ayer eran miembros de la Casa Iphelleta. Tuvimos muy mala suerte… No, ¿quizás fue buena suerte?
Aunque no podía respirar muy bien, seguía vivo, porque el mayordomo de la Casa Iphelleta se apiadó de él. Seguí leyendo “El Perezoso maestro espadachín – Capítulo 33: Movimiento (1)”
