Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 2

Traducido por Kavaalin

Editado por Sharon


—Mi encantadora princesita.

Mi madre a menudo decía eso mientras peinaba a mi hermanita. Mirándolas, siempre pensé que no había nada que pudiera hacer ya que esta era demasiado adorable.

No era que mi madre no me amara… Probablemente eso es lo que intentaba creer. Sin embargo, en lugar de a su hija consanguínea, amaba y mimaba mucho más a Silvia. Esa era la verdad. Rara vez venía a mi habitación, pero sabía que a ella iba a verla sin saltarse un sólo día. Antes de irse a dormir, le daría un beso en su redonda frente. También sabía que le cantaría una canción de cuna con una voz llena de amor.

Al escaparme de mi habitación una noche en la que no podía conciliar el sueño, desde el hueco de la puerta entreabierta, vi la tranquila rutina de mi madre y esa niña.

—Buenas noches, madre.

—Dulces sueños, mi encantadora princesita.

Aunque escuchaba sus voces claramente, por alguna razón, estas comenzaron a desaparecer en la distancia.

Adorable. Eso se veía adorable. Yo también lo quería.

Quería los suaves besos de mi madre. Quería que sus manos me peinaran, me mostraran su afecto, me abrazaran, quería que me llamara su encantadora princesita. Pensaba que mi madre lo haría si se lo pidiera. Si la persuadía, si expresaba mi pedido con palabras, sabía que ella no lo ignoraría. Aunque mi madre amaba más a mi hermanita, no era una persona sin corazón. Por eso, si lo hubiera querido, se me habrían concedido mis deseos. Incluso si no lo hacía espontáneamente. Sin embargo, al final, nunca recibí esos gestos de afecto.

Porque pensaba que si era un amor dado renuentemente, entonces no lo necesitaba.

Podría haber sido una niña pequeña en ese momento, pero desde el nacimiento había comprendido que pertenecía a la aristocracia. Me llamaban “señorita” desde que era una bebé, era atendida por las personas que me rodeaban. Criada de esta manera, fui educada para actuar y tratar a las personas de cierta manera en particular. Para el momento en que aprendí a hablar, dentro de mi corazón ya estaba cultivada la noción del orgullo. Tal arrogancia sin valor podría haberme privado de mi pureza y honestidad. Yo, que incluso dudaba en acercarme a mi propia madre, había construido inconscientemente una pared dentro de mi corazón y llegué a comportarme como si nunca pudiera entender cómo revelar mis sentimientos y decir abiertamente lo que quería. La armadura que construí a mí alrededor permaneció conmigo mientras crecía, hiriéndome inconscientemente.

No sabía si era por eso, pero siempre tuve miedo de pedir la ayuda de los demás. Aunque sabía que yo misma era una persona muy débil, ni siquiera en un momento crítico podía pedir ayuda. Solo decir una palabra sería suficiente, pero ¿cuánto valor se necesitaba para decirla? ¿Alguien entendía la congoja que me costaba extraer esa palabra y liberar mi voz de todo obstáculo? Yo era la noble hija de la casa condal de tercer rango.

Equipada con una armadura tan pesada, con un título nobiliario tan pesado, lo usaba como escudo, al mismo tiempo que me tenía atada de pies y manos.

—A partir de hoy, te convertirás en la prometida del joven Soleil. Por lo tanto, ya no puedes portarte como una niña mimada, ¿de acuerdo? 

A pesar de que sentía que ni una sola vez me había comportado de esa manera, ella dijo esto con una mirada llena de amabilidad y me abrazó con fuerza. Como si esta fuera la última vez. Sin pensárselo mucho, ella fingió haberlo hecho ya muchas veces.

Mi primer abrazo con mi madre estaba envuelto en una atmósfera lo suficientemente azucarada como para hacer que uno se atragantara, me hizo sentir enferma. En ese momento no supe si estaba bien devolverle el abrazo. Mientras observaba como mis manos vagaban a medio camino en el aire, noté que mi madre y Silvia poseían el mismo aroma. Era como el aroma persistente de un incienso. Mi joven mente simplemente pensó que era extraño. ¿Por qué mi madre y mi hermanita tenían el mismo aroma? No me di cuenta de la sensación de incomodidad que me asaltó porque solo el mío era diferente.

—Se te ha prometido un futuro esplendoroso. Porque te convertirás en la esposa de un marqués.

No sabía cuáles eran los pensamientos de mi madre cuando dijo esto. Mi madre me miró de la misma forma en que lo hacía cuando miraba sus porcelanas, pinturas o rosas favoritas. Manteniendo esa mirada en mí, declaró con claridad,

—En otras palabras, ahora estás bajo la custodia de la casa del marqués.

Supongo que era demasiado joven como para entender el significado de esas palabras.

Cuando fui encarcelada en mi primera vida, mis padres me dieron la espalda. De vez en cuando aún recordaba el rostro de mi padre cuando apretaba los dientes con repugnancia mientras se quejaba de que lo había decepcionado. En esos momentos, mientras creía que Soleil vendría a rescatarme, por otro lado también intuía que había llegado a mi fin.

Pero luego lo pensé mejor. No era que mis padres me hubieran abandonado en ese momento. Se separaron de mí paso a paso, poco a poco, como si estuvieran amontonando piedras una a una, de una manera en la que todo se derrumbaría una vez el peso ya no pudiera ser soportado. Ese primer y último abrazo había sido la primera piedra.

—¿Por qué…?

Como ya había decidido qué vestido usar para el almuerzo, mientras dejaba que la sirvienta me ayudara a vestirme, miré mi reflejo en el espejo de cuerpo entero. La persona de pie allpi era la no muy especial y bastante común yo.

Incluso si pienso que mis cabellos eran como los de una anciana, en realidad, no viviré hasta esa edad. Antes de que mi rostro tuviera arrugas, llegaría al final de esa corta vida. Si era tan fugaz, ¿sería egoísta de mi parte desear al menos tener una vida satisfactoria?

—¿Señorita? ¿Sucede algo?

La sirvienta de oídos finos ladeó su cabeza en asombro, después de haber captado palabras que estaba segura había ahogado en mi garganta. Cuando negué con la cabeza, ella cerró la boca y ya no preguntó nada más. Era verdaderamente una excelente sirvienta que había trabajado durante mucho tiempo. Respetando mi voluntad, incluso si tenía curiosidad, no trataba de inmiscuirse en mis pensamientos.

Cepillando los cabellos sobre mis hombros como si no hubiera pasado nada, me preguntó:

—¿Cómo le gustaría peinarse?

Ella realmente entendía cuál era la pregunta correcta en esta situación. Mientras recordaba los hermosos cabellos de mi hermanita cuando nos habíamos encontrado antes en el corredor, me preguntaba cómo luciría de hacerme el mismo peinado. Frente a la encantadora apariencia efímera del hada, yo estaría parada con el mismo peinado. Imaginando eso, solté un largo suspiro mezclado con una pequeña risa.

Incluso si tuviéramos el mismo peinado, nuestra apariencia sería tan diferente como el día y la noche. Ya fuera una coincidencia o no, sería inevitable que la gente pensara que había tratado de imitar a mi hermanita. ¿Cuán ridículo se vería eso?

Sólo estaríamos ella, Soleil y yo en el almuerzo. La persona que nos compararía, sería mi prometido. Pero seguramente él no se daría cuenta de que tenía el mismo peinado que Silvia. La única que se reiría de mi estúpida apariencia, sería yo.

No me gustaba que me compararan con Silvia, siempre intentaba elegir algo diferente a esa niña. Un peinado diferente, un lápiz labial diferente, un vestido diferente, zapatos diferentes, en lugar de escoger las cosas que me gustaban, parecía que estaba eligiendo según el criterio que debía ser diferente a Silvia. Creo que ha sido así desde nuestra infancia. Frente a mi hermana pequeña, la cual llevaba un vestido de color claro y era elogiada por ser linda y adorable, me había dado cuenta de que yo no debía usar lo mismo.

Hace unos días, me puse un vestido del mismo color, pero nadie dijo  que era lindo ni nada. ¿Cuándo me di cuenta que el cumplido “te queda bien” sólo eran palabras bonitas desprovistas de cualquier significado?

—¿Puedes atarme el pelo, por favor?

La sirvienta confirmó mi pedido con un asentimiento y hábilmente trenzó mis cabellos con adornos de flores para hacer un hermoso peinado. Cuando vi el resultado una vez hubo terminado, un pensamiento cruzó súbitamente mi mente. Tenía la intención de tomar decisiones, pero de hecho, no había podido elegir nada.

—Oye, en realidad, te gusta el color blanco, ¿verdad?

El único que se dio cuenta fue Cuervo. Me gustaban las flores blancas sin importar su tipo. Así que obviamente, me gustaba el blanco. A pesar de que no había necesidad de pensarlo tanto para darse cuenta, ninguno de mis conocidos lo había notado. Los colores que usaba eran siempre discretos; para los atuendos casuales era azul oscuro o índigo, marrón rojizo o violeta intenso, colores que no destacaran. No era como si estuviera eligiendo deliberadamente colores oscuros. Era simplemente que los colores extravagantes no se ajustaban a este soso rostro mío.

—Realmente odias los colores claros, —había dicho mi madre con una sonrisa irónica. Ella no había notado en lo más mínimo que anhelaba tener los vestidos de mi hermanita.

La única ocasión en que vestía de blanco, era en mi boda con Soleil, la cual había experimentado innumerables veces en mis múltiples vidas.

Debido a que era un matrimonio, podía usar sin reservas un vestido de mi color favorito. Sin sentirme inferior a mi hermanita, ni siendo comparada con ella por nuestros conocidos. En el día en que sólo a mí se me permitía vestirme de blanco, en ese único día, era capaz de elegir hasta lo imposible. De pie junto a Soleil, me inundaban con palabras de bendición y me cubrían con aplausos.

Ese fue un día colmado de felicidad… O, mejor dicho, así es como debería de haber sido. Cada vez que recordaba la exaltación de ese día, me asaltaba un dolor angustioso, como si el interior de mi pecho estuviera siendo arañado.

Probablemente porque no podía olvidar que los ojos de Soleil sólo perseguían la figura de Silvia. Al final, la única persona que admiró el vestido cuya tela y diseño había elegido personalmente, fui yo..

—No tiene sentido que me arregle…

—¿Señorita?

—No, no es nada. Perdón por molestarte.

—No, para nada. Esto no fue nada.

Mi apariencia reflejada en el espejo, ahora que la sirvienta había terminado de peinarme, parecía no tener ni una sola imperfección. Apropiado de una muchacha noble, el vestido hecho de un material de excelente calidad era un artículo de clase alta. Al ponerlo a contraluz, el tono azul profundo cambiaba ligeramente.

Entrecerré los ojos frente a su belleza, sin embargo, bajé la mirada involuntariamente cuando pensé que yo era quien lo vestía. No importaba lo que me pusiera, nadie le prestaría atención, nadie sentiría nada cuando lo viera.

El día de esa boda, Soleil dio un vistazo fugaz en mi dirección y dijo:

—Qué hermosa.

Lo recordaba bien. Por un breve momento mi ánimo se había iluminado. Cuando levanté la vista, lo vi mirando a Silvia en la distancia, su mirada sacudida por una emoción ardiente.

Él había fingido haber dirigido ese cumplido hacia mí. Nunca olvidaré su perfil cuando, de hecho, miraba a mi hermanita.

—Te tomó bastante tiempo.

Sonreí con amargura a Soleil y Silvia, quienes parecían haber estado esperándome en el salón. Originalmente, la hora acordada había sido dentro de 30 minutos, por lo que no debería haber razón para criticarme. Pero en la sociedad aristocrática dividida en rangos, ya que él pertenecía a una familia con mayor estatus, no era loable hacerlo esperar. No importaba que yo fuera su prometida. Él poseía un estatus social tan especial.

—Mis disculpas.

Cuando bajé la cabeza obedientemente, el silencio llenó la habitación. Me preguntaba si él no tenía ganas de perdonarme. Mientras permanecía con mi cabeza inclinada, incapaz de elevar mi línea de visión…

—Hermana, tus adornos para el cabello son encantadores.

No sabía si había leído el ambiente o había hecho su comentario sin ningún motivo ulterior, pero Silvia se levantó de su asiento. Se acercó a mí, quien estaba de pie cerca de la entrada sin poder moverme y dijo:

—Es la primera vez que veo este vestido. Realmente te queda bien, hermana. —Rió apaciblemente con una expresión alegre en su mirada.

Era una niña amable. Sin ninguna malicia, estaba tratando de encararme con el mismo corazón puro que cuando era pequeña. A pesar de no haber visto a muchas personas, mi hermanita a menudo me miraba. La verdadera naturaleza de Silvia seguramente no había cambiado desde nuestra infancia. Era igual a la pequeña figura que se había abalanzado contra mí en el establo cuando estaba a punto de ser pateada por el caballo. Como yo era su hermana mayor, no había manera de que ella albergara alguna malicia. Mis padres habían cubierto dulcemente los ojos de Silvia para no dejar que reflejaran nada sucio o desagradable.

Con esta pureza, con esta amabilidad, con esta belleza, ella robaría el corazón de Soleil.

Por ejemplo, ella podría ser igual a una princesa de cuentos de hadas. Si eran capturadas, alguien vendría a rescatarlas, si se encontraban en una situación desesperada, alguien les extendería una mano amiga. Solo por estar aquí, serían amadas.

Eran diferentes de mí. Porque yo…

—Ustedes dos, ¿no va siendo hora de sentarse?

Mientras respondía a los elogios de Silvia por mi vestido, comentando que también se veía bonita, la voz de Soleil hizo eco. Parecía un poco molesto, ¿era porque estaba monopolizando la mirada de mi hermanita?

Silvia aceptó su reclamo y corrió de vuelta hacia él. Yo fui detrás de ella. Sus cabellos se mecían suavemente a la par de su vivo caminar.

—Tus cabellos…

— ¿Hmm?

—Tus cabellos, se parecen a las sombras de un bosquecillo proyectándose sobre la nieve.

—¿Qué? ¿A qué te refieres?

Cuervo había dicho eso con una pequeña risa, mientras era reflejada en sus negros ojos, en una de mis vidas. Nunca le había mencionado lo que pensaba de mi cabello. Sin embargo, como si hubiera leído mi mente, me dijo:

—En lugar de la nieve blanca acumulada en el valle, pienso que la sombra de los árboles proyectada sobre esa nieve es mucho más hermosa.

No entendía cuáles eran sus intenciones al decir eso.

—Pero, cuando incluso las sombras de esos árboles están incluidas, yo lo llamaría un paisaje nevado —dijo Cuervo mientras acariciaba suavemente mis cabellos. —La nieve es sólo nieve. No importa qué color de cabello tengas, qué color de ojos tengas, qué expresión hagas… No importa quién seas, creo que eres hermosa.

Probablemente no estaba tratando de animarme o consolarme. Porque Cuervo no debería saber que me comparaba con Silvia y me sentía deprimida. Pero, él siempre me ofrecía las palabras que quería escuchar.

—Me lo dijo el joven Saion.

—No le prestes atención a lo que dice Sai. Es un sujeto desagradable…

Incluso sin decir nada, los aperitivos fueron traídos hasta mi asiento. Mientras comía, observé como Silvia y Soleil conversaban alegremente. Ya fuera o no una continuación de la conversación que tenían cuando me los encontré en el corredor antes, aparentemente parecía ser sobre el amigo de Soleil. Como solían almorzar juntos, naturalmente, había oportunidades de que que conociera a los amigos de Soleil. Esa persona que nunca me habían presentado, Silvia parecía conocerla bien.

—¿Hermana…? ¿Sucede algo? Parece que no estás comiendo nada —dijo Silvia con una expresión de asombro. Aunque tomé mi tenedor por su insistencia, no pude tragar la comida en mi boca.

—¿Te sientes mal?

Cuando levanté los ojos, Soleil me miraba con el ceño fruncido. Hasta ahora, ni siquiera me había mirado con el rabillo de su ojo. Al seguir la línea de visión de Silvia, incluso si lo encontraba desagradable, en ese momento se fijó en mí.

—No…

Tratando de negar con la cabeza, intenté decir que volvería a mi habitación. Debido a mis dedos temblorosos, la punta del cuchillo golpeó la porcelana e hizo ruido.

—¡Hermana…! ¡El joven Soleil está aquí por tu bien…!

Probablemente pensó que estaba impaciente por dejar mi asiento y que había golpeado a propósito el plato con el cuchillo. Mientras permanecía humilde, Silvia levantó la voz en reproche. En sintonía con ella, Soleil cerró sus labios.

Cuando instintivamente baje la mirada, mis hombros comenzaron a temblar.

—¿Ilya?

Estaba a punto de reír. Quizás, desde el principio, todo había sido una gran farsa.

—Me disculpo por los inconvenientes que les he causado. Daré por hecho su benevolencia, pero creo que debería regresar a mi habitación —dije sin levantar la cabeza, dejando mis cubiertos.

—Te acompañaré de regreso a tu habitación.

Soleil se mostró preocupado. Esa era la reacción adecuada como mi prometido.

—Está bien. No está tan lejos. Por favor, tómese su tiempo, joven Soleil.

—Hermana, hum…

—Silvia, tú también, no me tengas en cuenta.

Me paré mientras intercambiaba el mismo tipo de conversación que en esa fiesta de té donde se conocieron Soleil y Silvia.

Cuando salí, Al me esperaba en el pasillo como era de esperar. Ya que mi retirada había sido considerablemente más temprana de lo previsto, hizo una expresión de asombro, luego preguntó si todo estaba bien.

Me reí y dije que estaba bien, con la misma sonrisa de siempre. Fingiendo que no había pasado nada, volví a mi habitación. Luego, en el instante en que se abrió la puerta, respiré hondo, preparándome. Era con el fin de contener mi expectante corazón, el cual se preguntaba si un ave negra se encontraría allí.

—Encantado de conocerte, princesa.

La primera vez que nos conocimos no supe por qué me había llamado así. Probablemente no había significado nada, incluso si le preguntara que no me daría una respuesta.

Pero en este mundo privado de toda esperanza, sólo él me había dado las palabras que quería escuchar. La yo de esta vida actual, las había recordado muchas, muchas veces, una y otra vez.


Kavaalin
Uy, Cuervo, pero qué conquistador (u//w//u)

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7 thoughts on “Mi prometido ama a mi hermana – Arco 6 – Capítulo 2

  1. Snezhinka says:

    No importa que pase, Cuervo es y siempre sera mi favorito.
    Desde el arco 5 no puedo evitar ver de forma totalmente diferente las cosas a como las veía antes.

  2. Ecle Chan says:

    Esta chica..
    1.- No tienes el deber de salvar a tu hermana.
    2.- Es extraña la actitud y la protección de tu madre, solo hacia ella.
    3.- Deja de poner a esa coqueta en un pedestal, eres hermosa y deja de defenderla… carajo, entiende es una coqueta.
    4.- Cuervo, no sé si eres bueno o malo, pero en serio… sacala de allí…
    5.- Solei ¿podrás dehacerse de las cadenas que te impiden el libre movimiento?

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