Traducido por Adara
Editado por Sakuya
Aunque no podía oír la conversación, ambos tenían una expresión seria.
¿De qué están hablando?
Rashta observó la escena en silencio.
Quería acercarse para espiar, pero el suelo era de hierba, así que obviamente haría ruido si intentaba acercarse.
Rashta entrecerró los ojos.
El duque Ergy era un hombre de la alta sociedad, pero se rumoreaba que era un playboy y que salía sobre todo con mujeres.
Tanto si provocaba un escándalo como si no, sus amistades eran mayormente mujeres.
Al menos, hasta donde ella sabía.
Incluso antes, en la fiesta del té, ¿no estaba hablando sólo con las mujeres? Sin embargo, la persona con la que estaba hablando ahora era un noble.
¿Por qué vino hasta aquí para tener una conversación seria con un noble?
Normalmente, le parecería extraño. Pero debido a lo que acababa de suceder, sintió un peso en su corazón.
♦ ♦ ♦
Pero, esa noche.
Cuando el noble, quien sacó a relucir la historia de las hijas perdidas frente a sus falsos padres, fue a su habitación para disculparse, el corazón de Rashta se sintió inmediatamente aliviado.
Porque en su disculpa mencionó el nombre del Duque Ergy.
—El Duque Ergy estaba muy enfadado.
—¿El Duque Ergy?
—Sí. Decir eso en la fiesta del té fue una falta de respeto no sólo a su madre, sino también a la señorita Rashta.
—… No fue para tanto, es solo que sacó un tema delicado de la nada e hirió nuestros sentimientos.
—Me disculpo, señorita Rashta.
Así que por eso estaban teniendo una conversación seria.
Rashta se sintió aliviada y dejó escapar un suspiro de alivio.
Sólo había una persona en la que podía confiar plenamente, y era el Duque Ergy.
Se preguntó si no debería haber depositado su confianza en el Duque Ergy, a quien había confiado todos sus secretos. Por un momento, se sintió ansiosa.
Afortunadamente, el malentendido se había aclarado.
Al ver a la bella Rashta suspirar, el noble que hizo el comentario inapropiado dijo pensativo.
—Por cierto, parece que al Duque Ergy le gusta mucho la señorita Rashta.
—¿A qué se refiere? —preguntó Rashta titubeante.
—Nada, me pidió que viniera a disculparme con usted sin pensarlo dos veces…
El noble sonrió sarcásticamente, como si sospechara que había algo entre Rashta y Ergy.
—Bueno, es fácil que una belleza encantadora como la señorita Rashta cautive el corazón de cualquier hombre.
Rashta no respondió. Sin embargo, cuando el noble se fue, se sonrojó y bajó la cabeza.
¿No tenía el Duke Ergy ese tipo de relación con el Rey Heinley? ¿No? ¿Esa carta era sólo una broma entre amigos? Bueno, ahora que lo pienso, se rumorea que el Duque Ergy ha estado involucrado en escándalos con muchas mujeres. Si tuviera esa relación con el Rey Heinley, no se habría visto envuelto en escándalos tan frecuentes.
Además… El Duque Ergy ha sido especialmente amable conmigo desde que nos conocimos. Incluso yo había oído que le gustaba de su propia boca, pero lo tomé como una broma.
Rashta miró al suelo avergonzada mientras se mordía los labios.
Las palabras del noble de antes le hicieron cosquillas en los oídos.
No, no lo creo.
Mientras reflexionaba en su interior, Rashta se sonrojó aún más y se abanicó con las manos.
Por cierto, ¿cuándo se celebrará la boda?
♦ ♦ ♦
—Él dijo que sería lo antes posible, que se encargaría personalmente de ello.
Al día siguiente, Rose, que llegó en cuanto amaneció, me contó lo que había oído de su hermano mientras me servía la comida.
El menú que trajo consistía en sopa de calabaza clara, huevos revueltos y tres tipos de mermelada con baguette sin cortar.
Mientras miraba los bonitos platos que colocó en la mesita, le pregunté: —¿De verdad dijo que prepararía personalmente la boda?
Antes me había dicho que la boda debía celebrarse cuanto antes, y yo estaba de acuerdo. Sin embargo, fue un poco sorprendente escuchar que Heinley iba a preparar la boda personalmente.
—Sí.
Rose puso todos los platos en la mesita y preguntó en voz baja, notando mi expresión: —¿Quiere… quiere prepararla usted misma?
—No es eso.
—Entonces, ¿por qué le sorprende tanto?
—Su Majestad está muy ocupado en este momento.
—Oh, bueno. Eso es verdad.
Pero no podía dejar los preparativos de la boda a Christa porque podría extender aún más su dominio.
Sonreí involuntariamente al imaginarlo meditando para llegar a esta conclusión.
Pero lo que vino a mi mente a continuación fue de nuevo la escena de la noche anterior, e inmediatamente puse una cara seria.
—Su Majestad, ¿realmente no quiere prepararlo usted misma…?
Volvió a preguntar Rose con ansiedad por mi expresión seria.
—No. —respondí con una sonrisa y cogí una cuchara.
Pero la figura de Heinley… que ya había surgido en mi mente no se desvanecía.
Ya que Heinley había sacado el tema de la boda, debía reunirme con él para saber más al respecto.
¿Cómo podría mantener una conversación adecuada con él sintiéndome tan incómoda?
Intenté no pensar en él centrándome en la comida, pero su imagen volvía a aparecer en mi mente con una intensidad inigualable mientras echaba un vistazo a la comida.
Tras tomar unas cuantas cucharadas de sopa clara, dejé la cuchara y me levanté.
—¿Eso es todo lo que va a comer?
—Tengo algo que pensar.
—No es porque no te guste la comida del Reino Occidental, ¿verdad?
—Por supuesto que no.
Sonreí deliberadamente y le pedí que me dijera la hora exacta porque hoy iba a ver a Heinley.
♦ ♦ ♦
Después de pasar unas dos horas en mi habitación, salí a tiempo para encontrarme con Heinley. Todavía me daba vergüenza ver su cara, pero no pude evitarlo.
Caminé, contando repetidamente en mi mente del 1 al 100 y del 100 al 1.
Pero una vez que llegué frente a la oficina de Heinley, mi vergüenza desapareció cuando me encontré con una persona inesperada frente a la puerta.
—Navier, cuánto tiempo sin verte, ¿cómo has estado?
Era Christa, la antigua reina. Me miró y luego miró a Rose que estaba de pie detrás de mí con una sonrisa.
Pero no contesté nada en particular.
De todos modos, la puerta se abrió, así que ambas entramos en el despacho sin más conversación.
Heinley se levantó de su escritorio y sus ojos se abrieron de par en par al vernos entrar juntas.
—¿Por qué están juntas…?
—Nos encontramos por casualidad en la puerta.
Tras una breve explicación, Heinley comprendió rápidamente la situación: —¡Ah!
Christa se quedó callada, pero en cuanto Heinley salió de detrás de su escritorio, dijo lo que pensaba.
—Su Majestad, he oído que piensa preparar la boda usted mismo, ¿es cierto?
Heinley se detuvo junto a su escritorio y la miró con rostro serio.
—Sí. Así es, cuñada.
También miré a Christa.
Ella vino aquí por la misma razón que yo.
Christa parecía un poco tensa.
Cuando captó la mirada de Heinley y la mía, parecía aún más tensa. Sonrió torpemente y habló con cautela,
—Su Majestad, si me permite. Me gustaría que me dejara los preparativos de la boda a mí.
Las cejas de Heinley se alzaron.
—¿A la cuñada?
—Es raro que usted prepare su propia boda. Como su cuñada y antigua reina, soy la más indicada para preparar la boda en nombre de ustedes dos. Eso sería lo mejor.
Heinley sonrió torpemente y abrió la boca.
Parecía querer decir no….
Yo hablé primero, antes de que Heinley pudiera hablar.
—Es un matrimonio que empezó de forma diferente a los demás, también es mejor hacer los preparativos de forma diferente. Haz lo que decidiste al principio, Heinley.
Si no hubiera intervenido, Heinley también se habría negado, pero para él, Christa era la esposa de su hermano, que murió antes de tiempo.
Sería incómodo para él enfrentarse directamente a Christa. Pensé que sería mejor que lo hiciera yo.
Christa me miró con una ceja levantada, sin imaginar que yo me opondría. No parecía enfadada, pero sí un poco sorprendida.
En lugar de discutir, bajó la mirada y murmuró: —Ya veo… —Luego se disculpó—. Vine aquí porque me pareció correcto ocuparme de ello como tu cuñada y antigua reina. Al parecer, no leí bien el ambiente. Lo siento.
Parecía impotente y decepcionada. Su tez se había puesto pálida.
Cuando se disculpó en voz baja, se sintió extraña.
En lugar de seguir hablando, salió del despacho en silencio. Fruncí el ceño mientras miraba la puerta.
Me sentí como si la hubiera intimidado. Como si hubiera empujado a un animal débil que enseñaba los dientes con impotencia.
Era extraño.
Nunca me había sentido así con Rashta, que estaba en una posición más lamentable que Christa.
En cierto modo, me sentí especialmente mal después de enfrentarme a Christa, así que fruncí el ceño.
Pensándolo bien, me pareció que se debía a una diferencia de etiqueta.
Rashta solía hacer comentarios que iban más allá de mi sentido común. Quería ir a sitios que no debía, tocar mis cosas y que la tratara como a mi hermana. Incluso había veces en que me imitaba tan descaradamente que se me ponía la piel de gallina.
Pero el lado débil de Christa estaba dentro de mi sentido común.
Quizá por eso me sentía tan mal.
Por supuesto, la mente humana es compleja, así que es difícil de saber claramente….
—¿Reina?
Supongo que estaba demasiado metida en mis pensamientos. Cuando Heinley se acercó y me llamó, rápidamente lo miré sorprendida.
Heinley me miró con una expresión de preocupación.
—Tienes una expresión sombría, ¿estás bien?
—Estoy bien.
Heinley frunció el ceño ante mis palabras, como si yo no pareciera estar bien en absoluto.
—Me pediste que me mantuviera al margen… pero en mi opinión, Reina, creo que debería decirle a mi cuñada que se abstenga de venir a mi despacho. ¿No estás de acuerdo? —Heinley me hizo la pregunta con cuidado.
—No te preocupes por eso. —Sacudí la cabeza.
No era bueno que se involucrara en este asunto de ninguna manera.
En lugar de hablar de Christa, pasé al tema por el que había venido.
—Ah. Yo también he venido por algo.
—Reina, ¿quieres preparar tu propia boda?
—No exactamente. Vine a ver si había algo que pudiera hacer para ayudar.
—Bueno, es para la Reina, así que me gustaría ocuparme yo mismo.
—Entiendo…
—Por supuesto que tendrás que ayudarme con tu vestido de novia. No se puede hacer con mis medidas.
Agregó Heinley juguetonamente y sonrió con dulzura.
Pero en el momento en que mencionó “medidas”, recordé su cuerpo desnudo en la fuente, que había olvidado por un momento al ver a Christa, y mi cara se calentó.
Me apresuré a bajar la cabeza, pero el ángulo era aún peor. Finalmente, levanté la cabeza y me giré hacia un lado.
—Reina, ¿estás enfadada?
Necesitaba quedarme así un momento.
Heinley se acercó al lado al que yo estaba mirando, doblando las rodillas. Luego me miró de cerca a los ojos.
Al mirar directamente sus ojos púrpura, mi rostro se calentó aún más.
Cuando me mordí el labio inferior y me giré de nuevo hacia un lado, Heinrey se confundió y se movió para mirarme de nuevo.
—¿Reina? ¿Estás realmente enfadada?
No contesté.
—¿Reina?
Después de dar vueltas, pensé en que esto no resolvería nada.
Así es. No es algo de lo que avergonzarse para siempre. Había decidido darle la oportunidad de ser honesto.
Me daba vergüenza, pero no podía dejar que me siguiera engañando. Seguir así sería molesto e incómodo para el propio Heinley.
Finalmente, me decidí a hablar.
—Heinley. Por casualidad…
Estaba a punto de preguntarle si me estaba ocultando algo, pero en el momento en que vi su expresión llena de preocupación. Lo que salió de mi boca fue completamente diferente.
—Invita al Gran Duque Kapmen.
[Sakuya: Noooo, él noooo, no lo aguanto ni en pintura x_x]
La expresión de Heinley se volvió rígida.
—¿Qué?
El nombre del Gran Duque, salido de la nada, parecía haberle desconcertado. Yo también estaba desconcertada.
Tenía la intención de hablar del Gran Duque Kapmen sólo después de la boda.
¿Por qué lo mencioné de repente?
Me reproché interiormente, pero ya lo había hecho.
Me mostré tranquila, como si desde el principio hubiera tenido la intención de sacar el tema, y me limité a decir lo que había pensado decir dentro de unas semanas.
—¿Te acuerdas del Gran Duque Kapmen? Estoy segura de que lo conociste durante las celebraciones de Año Nuevo.
—¿Cómo no iba a acordarme de él?
Murmuró Heinrey con una extraña sonrisa. Tal vez sea porque Heinley casi se pelea con él.
Aunque Heinley no podía enfadarse porque estaba delante de mí, no pudo evitar que su expresión se distorsionara.
—Reina, ¿quieres invitarlo?
—Cuando estaba en el Imperio del Este, trabajamos juntos para establecer un comercio intercontinental entre los dos países.
—¿Comercio… intercontinental?
Sin embargo, su expresión distorsionada se volvió rápidamente sería cuando mencioné el comercio.
—Te escucho.
Continué hablando.
—Pero se arruinó cuando él y Su Majestad se pelearon.
—Ah, ya me enteré de eso. Además…
Los ojos de Heinley parpadearon hacia mi puño.
—¿Es eso cierto?
Entonces, se tocó con un dedo la mejilla. Parecía referirse al golpe que el Gran Duque Kapmen le dio a Sovieshu.
—Sí.
—Aunque puedo entenderlo, eso fue demasiado imprudente.
El Gran Duque Kapmen, en ese momento, estaba bajo los efectos de la poción de amor.
Ahora que lo pienso, ¿ha sido capaz de deshacerse de los efectos?
Mientras reflexionaba, Heinley tomó mi mano.
—Siéntate. No te quedes de pie.
Luego me llevó hasta su escritorio y me pidió que me sentara en la silla, apoyándome en el borde del escritorio mientras me sentaba.
Puede que no fuera intencionado, pero naturalmente la parte inferior del cuerpo de Heinley estaba alineada a la altura de mis ojos.
Apreté los puños y giré la silla hacia la ventana. De nuevo, el ángulo había sido el problema.
Pregunté, fingiendo que miraba por la ventana a través de un hueco entre las cortinas.
—Quiero finalizar el intercambio. Si lo invitas, intentaré que el comercio entre Rwibt y el Reino del Oeste tenga éxito.
—Si la Reina ha trabajado en ello, por supuesto que habrá una alta probabilidad de éxito… —Murmuró Heinley con voz ligeramente apagada.
—Este es el primer comercio dirigido por el Estado con este continente. Aunque el comercio directo será beneficioso en sí mismo, si el comercio con este continente se hace popular, haremos que Rwibt y el Reino del Oeste sean países intermediarios en el comercio.
Heinley no dijo nada, así que continué.
—Incluso los mercaderes que han tenido dificultades para involucrarse en el comercio se sentirán más a gusto si se involucran en un negocio dirigido por el Estado, por lo que será aún mejor conseguir inversiones.
Hablé con determinación hacia la ventana. La viabilidad de los negocios había sido examinada a fondo en el Imperio del Este.
En ese momento, Heinley murmuró con voz apagada.
—Pero, Reina, ¿tiene que mirar hacia ahí para hablar?
Me sorprendí ante su respuesta.
—Por favor, mírame cuando hables, si realmente no estás enfadada conmigo. Es extraño que sigas evitando mi mirada.
—Yo… no estoy evitando tu mirada.
—¿De verdad?