La Princesa del Ataúd – Capítulo 3: Memorias olvidadas (7)

Traducido por Akatsuki

Editado por Sakuya


—Magia. Gundo, mansión misma, muy probable —dijo Chaika con sus brazos cruzados sobre Toru mientras era cargada.

Mientras recorrían la mansión, Toru las había llevado a un breve enfrentamiento con el dueño de la casa. Ante tanta magia irracional, Toru quería escuchar lo que tenía que decir un experto en el tema.

— ¿La mansión misma? —Aunque Toru lo murmuró reflexivamente. —Ya veo —realmente lo entendió.

El Conde no había estado recitando nada, y no llevaba ningún tipo de Gundo.

Naturalmente, su Gundo sería la mansión en sí.

Aunque se llamaba “Gundo” la verdad era que su forma no tenía que ser la de un bastón o una varita necesariamente. Siempre y cuando incluya todas las funciones, no importa de qué se tratará. De hecho, era más fácil hacerlo más grande que más pequeño.

Y así, era algo realmente mágico. Toru inicialmente había pensado que el Conde había estado usando magia en cada elemento individualmente para lanzarlos, pero eso era incorrecto.

Simplemente estaba usando magia para crear una “mano invisible”, una que se movía según su voluntad.

Por supuesto, tal magia requería un período particularmente largo por el canto, además requería un Gundo lo suficientemente grande; Sin embargo, después de todo ese tiempo, probablemente ya no era un problema.

—Y tampoco había cantado nada…

Además de controlar cuán efectivo era un hechizo, se usaban cánticos para configurar y ajustar el objetivo hasta el más mínimo detalle; además, la mansión no se movió y todo dentro de ella estaba dentro del alcance efectivo, incluido el mismo Conde, por lo que él simplemente podría mantenerse en una posición sin moverse y activar la magia sin tener que apuntar a nada. Si ese fuera el caso, el ajuste no era necesario en primer lugar.

—En otras palabras, tal vez la mansión y ese tipo son uno… —murmuró Toru.

Ahora, esa sensación incómoda tenía sentido. El alcance de la magia del Conde, su “mano invisible”, probablemente cubría toda la mansión. La magia era lo que lo había hecho sentir tan extraño. Naturalmente, Toru y las chicas técnicamente estaban corriendo en el cuerpo de su oponente, por así decirlo.

—No, esperen un minuto.

De repente, Toru dejó de correr.

— ¿Nii-sama? —Akari también se detuvo y se volvió para mirar a su hermano.

—No hay nadie más en la mansión… y también, hace un rato…

No había nadie más en la mansión—o al menos nadie se había molestado en venir corriendo al escuchar el alboroto que Toru y compañía habían hecho. Y, además, era muy probable que fuera difícil para el Conde distinguir entre un intruso y un aliado.

—Entonces supongo que realmente es una ‘mano’.

No podía ver ni escuchar; todo lo que tenía que hacer era determinar las ubicaciones de Toru y los demás con el sentido del tacto.

Y eso significaba—

Él solo puede hacer una cosa a la vez…

El Conde solo tenía una “mano invisible.”

Si ese no fuera el caso, no habría razón para que los objetos arrojados hacia Toru cayeran al suelo al momento en que la mano atrapó los cuchillos arrojadizos de Akari en el aire.

O tal vez, el Conde había llegado a su límite con la magia. Cuando todos los objetos flotaban en el aire, probablemente los estaba recogiendo todos a la vez en lugar de arrojarlos uno por vez.

—Chaika.

— ¿Mui?

—Si estuvieras en los zapatos del conde, ¿en qué lugar de la mansión pondrías el núcleo de un Gundo?

—Lugar: área exterior, poco efecto.

—Entonces, en el centro de la mansión —murmuró Toru.

Con eso, Toru bajó a Chaika.

—Akari, toma a Chaika y busquen el Gundo del Conde. Yo lo mantendré ocupado. En lo que respecta a sus actuales medios de ataque, probablemente solo pueda atacar de una forma a la vez. Como mínimo, no puede usar dos “manos” a la vez. Mientras trato con él, ustedes dos cortaran la fuente de su poder.

—Entendido.

Akari asintió con la cabeza y, con eso, Toru dobló en una esquina y se alejó, dejando a ambas atrás.

♦ ♦ ♦

[Traducido por Reino de Kovel]

El Conde Roberto Abarth no estaba muy contento.

Él había estado tan cerca de acabar con ese ladrón de una vez por todas, pero a pesar de sus mejores esfuerzos, había fallado.

—Y después del problema que pasé para configurar ‘eso’ para mi uso. Esto no es divertido en absoluto.

Durante las guerras, él había probado la amargura de hacer el ridículo a manos de los caballeros y soldados.

Claro, la magia de un hechicero era llamativa, pero debido a que sus habilidades solo podían usarse desde atrás, tomar la posición de vanguardia estaba fuera de cuestión. Y así, luchar sin ayuda era básicamente imposible–y para eso, muchos caballeros, soldados y similares veían a los magos con desprecio. Incluso el público en general equiparaba a los magos con ser “valets de los caballeros” o simplemente “armas en reserva.”

Para empezar, el legado de los magos era poco en comparación con el de otros guerreros.

Hasta que el Gundo, que permitía que rituales y cánticos sean más cortos, surgió, el mero hecho de estar parado en el campo de batalla ya no era una pequeña hazaña para ellos. La primera nación en implementar el Gundo fue el país del Emperador, el Imperio Gaz. En resumen, al comienzo a los magos a menudo se les daba un tratamiento duro.

Y desde el principio, los Abarth habían sido una familia militar.

Dentro de su larga historia, muchos de los jefes habían acumulado hazañas. Por supuesto, no todos a lo largo de los años podrían llamarse exactamente “guerreros”, pero en general, ser un Abarth significaba destacar en las artes marciales. Su credo era que una persona debía ser criada por su entorno.

Naturalmente, Roberto también había sido entrenado en artes marciales… al principio.

Pero entonces… un día, cuando tenía diez años, él se había roto el hueso del brazo derecho a la altura del codo.

Gracias al tratamiento médico, no afectó su vida cotidiana y pudo mover su brazo, pero los médicos le dijeron que nunca más podría blandir una espada.

Ese día, comenzó el infierno de Roberto.

Su padre, su madre y hasta sus sirvientes perdieron sus esperanzas y expectativas hacia él y lo consideraron completamente inútil. Sus comportamientos hacia él siguieron siendo los mismos, pero la ligera diferencia entre sus acciones y sus palabras lo hicieron fácil de decir.

Él ya no sería capaz de empuñar una espada.

En ese caso, él tenía que alcanzar alguna otra forma de poder militar en lugar de la espada.

Entonces pensó que intentaría mejorar su magia. Él pensó que, si lograba tener éxito como un mago, podría conservar su honor militar incluso sin blandir una espada.

Y esa era la razón por la cual había participado desesperadamente en esa última batalla–para obtener elogios militares como hechicero.

Para ser honesto, tuvo muchos enfrentamientos con la muerte en el proceso, pero logró sobrevivir y al final, incluso obtuvo una recompensa especial, otorgada a solo unos pocos.

Y aquella recompensa, la misma cosa conectada en el centro de control del Gundo que ahora se encontraba dentro de su habitación como una reliquia familiar, era algo que había utilizado para amplificar su poder mágico hacia toda la mansión.

Con sus propias manos (y la magia que literalmente tenía la forma de una mano), él finalmente había adquirido el poder de estrangular a todos esos caballeros y soldados. Además de eso, podía hacerlo a corta distancia. Con el fin de poder utilizarlo a toda su capacidad, había informado a sus sirvientes que ya no eran necesarios. Cualquier aliado que se acercara, sería virtualmente indistinguible de los enemigos.

Sin embargo–

—Esa chica.

La niña que había estado parada detrás de ese ladrón. Se suponía que ella estaba muerta. Ella debería haber sido asesinada.

No, eso no fue todo. Incluso si, por algún milagro, de alguna manera ella había logrado sobrevivir, habían pasado cinco años desde entonces. ¿Por qué parecía no haber crecido? Para alguien de su edad, cinco años era una gran brecha, pero su apariencia no había cambiado en absoluto–¿por qué?

—No, eso no es importante en este momento… —murmuró Roberto, sofocado por la fuerza de la creciente ansiedad dentro de él. —En cualquier caso, si no la maté entonces, todo lo que tengo que hacer es acabarla correctamente esta vez.

Por supuesto, ella tenía que estar muerta. Más bien, si él no la había acabado, eso plantearía un problema.

Y entonces, él no vio más problemas que matarla de verdad esta vez.

—Ahora entonces…

Él caminó por el pasillo, arrastrando su cuerda por el piso.

—Esta vez te aplastaré, ladrón.

El ladrón se paró frente a él en el pasillo.

No se escondió ni escapó.

Para Roberto esto parecía un poco como si él estuviera agachándose en señal de resignación.

Pero…

—Cuando me enfrento con mis enemigos, no dudo. Soy un arma para destruirlos.

El ladrón parecía estar murmurando algo incomprensible, y su cabello era–

— ¡…!

Roberto levantó las cejas con sorpresa.

El cabello del ladrón se había vuelto completamente rojo.

Rojo, como el color de la sangre.

—Tú—

Él había oído hablar de ellos.

El honor de un caballero, el orgullo de un soldado—estas cosas no significaban nada para ellos. Vivían únicamente por la batalla. Era su razón para existir. Aquellos que vivían en el campo de batalla, los saboteadores. Una de sus habilidades secretas era llamada “keyword” unas frases que cuando las decían amplificaban su poder.

— ¡Eres un saboteador!

— ¡—!

El ladrón, exhalando bruscamente, saltó hacia Roberto.


– El kanji usado con la palabra “Gundo” incluye el kanji para “caña”, o varita. Creo que el rifle de Chaika también se considera una varita en que es un conductor de magia. Entonces, “varita” aquí no significa necesariamente “cosa de palo que dispara magia”, simplemente es algo a través de la cual se dispara la magia.

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