La Princesa del Ataúd – Capítulo 3: Memorias olvidadas (6)

Traducido por Akatsuki

Editado por Sakuya


Al pasar de un lugar discreto a otro, Toru por fin llegó a la mansión. En el interior, se abrió paso con la ayuda de un plano que había elaborado de antemano basado en los exteriores de la mansión.

La estructura interna de la mansión terminó cayendo dentro de sus expectativas. Sin embargo…

— ¿…? —Toru dudo. Este lugar estaba extrañamente desprovisto de personal.

Había una cantidad suficiente de guardias afuera, pero dentro casi todas las luces estaban apagadas y no había nada que sugiriera que alguien estaba patrullando. Ahora que lo pensaba, lo único que le había impedido entrar en primer lugar, había sido una configuración de cerradura y llave–el nivel mínimo absoluto de seguridad–que Toru fácilmente pudo evitar.

¿Qué pasa con este lugar?

Algo se sentía extraño. ¿Qué era? Toru no podía decirlo exactamente con palabras, pero tenía una vaga sensación de incomodidad. A decir verdad, esta era la primera vez que había pisado una casa perteneciente a alguien rico, y noble, por lo que era posible que su inquietud provenga simplemente de no estar acostumbrado al ambiente.

En cualquier caso, definitivamente debería haber gente aquí… Se sentía como si lo hubiera tragado una gran criatura.

Ahora no es el momento de preocuparse por eso, sin embargo. Toru agito un poco la cabeza, como si quisiera librarse de su incómodo sentimiento. Solo puede haber unos cuantos lugares donde se guardaría algo valioso.

Como no era una obra de arte ni nada, era improbable que se guardara en un almacén o deposito. Pero probablemente tampoco estaría como decoración en los pasillos.

Entonces, a la izquierda…

El centro de la mansión. Su propio dormitorio u oficina, o tal vez una habitación de la que pueda llegar rápidamente.

Esos tipos de habitaciones generalmente se ubicaban alrededor de la misma área.

…Entonces, por aquí.

Aunque Toru no estaba completamente seguro, se dirigió hacia donde pensaba que debía ser el centro de la mansión.

Ahora que lo pienso, Akari y Chaika deberían estar entrando a la mansión justo ahora. Él lo supuso.

Toru entró en una habitación que parecía una oficina. Por supuesto, no había ninguna luz encendida ya que era muy tarde, y todas las ventanas estaban cerradas, por lo que tampoco entraba la luz de la luna. Estaba completamente oscuro. Pero…

— ¿¡…!? —En el siguiente instante, Toru giró.

Él había sentido una señal de vida. Alguien estaba aquí.

Entonces–

—Hmm.

Una luz llenó la habitación.

La luz no era de una vela o una lámpara de gas. Fue un instante, lo suficientemente brillante como para cegar a Toru, eso solo podía ser magia. Probablemente había un dispositivo así en alguna parte. Aunque sería impensable para los plebeyos tener uno, ocasionalmente aparecían en casas de la nobleza y la realeza.

—Un ladrón, ¿verdad? Mi, mi.

Ahí, en el centro de la espaciosa oficina, había un hombre de mediana edad.

Era grande, con cabello rubio. Tenía un físico de hombros anchos, elegantes rasgos faciales y su pijama adornada con hilo de oro y plata, hacían que su clase fuera bastante clara.

Este tenía que ser Roberto Abarth, dueño de esta mansión.

—Te había pedido que te fueras, y ni siquiera podrías estar un día sin recurrir al robo. Como pensaba, los nobles del campo no tienen clase.

— ¿?

Toru estaba confundido. Él no entendía de qué estaba hablando este tipo.

—No importa. Estaba pensando que usar mi precioso tesoro era un poco aburrido. Es posible que seas un ladrón humilde, pero poder llegar hasta aquí significa que no eres un completo aficionado. ¿Estoy en lo cierto? —El Conde cruzó su oficina mientras hablaba. Mostrando un toque de amabilidad en su voz.

En el cuello del conde había un collar que claramente intentaba mantener escondido, pero Toru lo notó de todos modos. Algo parecido a una delgada cuerda salió de su cuello, por bajo de la espalda del conde y se deslizó por el suelo hacia una de las paredes de la oficina, donde atravesó la pared y pareció irse al otro lado.

Para Toru, parecía un perro con una correa. Era una visión extraña. Sin embargo…

—… ¿Y qué?

Toru se preparó.

Pero—había algo que él no entendía.

Esa sensación incómoda.

Había sentido que algo no estaba bien, y en el instante en que el Conde se había mostrado, esa sensación se había disparado hasta su máximo punto.

Entonces–

— ¿¡–!?

La conducta extraña e incomprensible del Conde le había hecho desconfiar de cualquier guardia que pudiera haber existido, así que había estado preparado, pero, aun así, fue debido principalmente a la suerte que había logrado esquivarlo a tiempo.

Algo había salido volando desde la pared con una cantidad increíble de fuerza. En un instante, él logró inclinar su cuerpo hacia abajo, esquivándolo por poco.

Eso pasó junto a él, arrancándole la máscara que estaba usando para ocultar su rostro.

Haciendo todo lo posible para evitar otro ataque, Toru se tomó un momento para mirar detrás de él, lo que había pasado volando, y se dio cuenta de que era una espada larga que había estado colgada en la pared hace solo unos segundos. Lo más probable es que se haya diseñado con fines de exhibición y no para una verdadera batalla–en su empuñadura había una decoración que parecía demasiado excesiva como para ser tomada en serio en una pelea, y encima era una espada tan quebradiza que probablemente se rompería inmediatamente si se usaba en combate. Pero–esta espada estaba ahora incrustada en la pared, todavía temblando por el impacto.

[Traducido por Reino de Kovel]

— ¿¡Qué demonios!?

No había nadie en la dirección de la que había provenido la espada.

Por supuesto, había sido un lugar diferente de donde estaba parado. Y eso había estado en un lugar que el Conde no podía alcanzar, incluso si extendiera su brazo.

Entonces, ¿cómo ejecutó un ataque así?

—Ya veo. Esa es la situación. Ahora tengo una buena vista, ¿dónde aprendiste todo eso a tan temprana edad?

— ¡…!

No está bien. El Conde había visto su rostro.

Pero—no había tiempo para que Toru se pusiera nervioso. En cuanto a por qué…

—Bueno, ¿qué te parece esto?

Luego de las palabras del Conde, todo tipo de cosas del interior de la habitación volaron de repente hacia Toru.

Un jarrón, un cenicero, un bolígrafo, un marco, un candelero, algunos cubiertos y otros objetos similares. El Conde no había tocado a ninguno de ellos, pero uno a uno se levantaron bruscamente y volaron hacia Toru a una velocidad asesina.

— ¡Tch!

Toru desenvainó el par de kodachi de su cintura.

Los diseños tatuados en sus palmas se sincronizaron con el diseño de las empuñaduras de las armas, y los sentidos de Toru se intensificaron. Él agarró las cuchillas, que ahora literalmente se habían convertido en parte de él, y destruyeron los objetos que volaban hacia él.

—…Lo entiendo.

En ese momento, Toru se dio cuenta de algo.

El Conde tenía un collar. Eso solo podría significar–

—Bastardo–eres un mago, ¿verdad?

—Claro que lo soy. No creías que solo los espadachines pudieran alcanzar elogios militares, ¿verdad? —él se burló.

Él era un usuario de magia. El collar que llevaba era probablemente un dispositivo para conectarse con su Gundo. Eso tenía que ser un objeto mágico para hacer que los elementos de la habitación volaran uno tras otro.

Pero–

¿Cómo está usando magia así?

No importa cuántas veces fueran derribados, los objetos flotaban en el aire y luego atacaban a Toru una vez más. No había duda de que este era el trabajo de la magia. Sin embargo–

¿En qué momento recitó los hechizos? No, primero, ¿¡qué clase de magia es esta!?

La magia era algo que requería que las posiciones tanto tuyas como las de tu oponente estuvieran claramente definidas, y también había que considerar cosas como el alcance, la dirección, la temperatura y el nivel de humedad, ya que podrían influir mucho en la efectividad de un hechizo. Por esa razón, los magos no podían luchar en el frente. Para los espadachines que se especializaron en el combate frontal, los magos que tenían que ajustar su magia debían parecerles que simplemente estaban tarareando una melodía.

Pero el Conde no recitaba ningún hechizo.

Además, ni siquiera estaba tomando en cuenta la distancia entre él y Toru, o cualquier otra cosa. Estaba atacando demasiado rápido. ¿Y cómo es capaz de atacar continuamente?

—Haha, un espadachín siendo abrumado por un mago como yo en un encuentro cara a cara, es algo verdaderamente excelente.

El Conde se rio.

Su voz, llena de arrogancia, como la de un gato que se burlaba de un ratón, causó que la expresión de Toru se distorsionara dramáticamente. Este tipo estaba convencido de que ya había ganado. Probablemente estaba pensando que podría matar a Toru en cualquier momento que quisiera, así que, quería jugar con él un poco más.

— ¡No me tomes tan a la ligera!

Con un golpe él derribó los proyectiles del conde, se agachó en el suelo y, en el siguiente momento, se lanzó hacia el conde con todas sus fuerzas. Por espaciosa que fuera la habitación, en realidad era solo una habitación, por lo que con la fuerza de las piernas de Toru podría cerrar la distancia entre sus kodachi y el conde en un segundo. Sin embargo–

Toru se encontró con cierta resistencia en el aire.

Algo que no podía ver detuvo su ataque y lo envió volando hacia atrás. Al girar su cuerpo, Toru pudo aterrizar en la pared, lo que detuvo su impulso y lo dejó caer al suelo. Si no hubiera asumido la técnica ukemi1 al estrellarse contra la pared, probablemente él se habría roto un hueso–o varios.

—… ¿Qué fue eso ahora? —gruñó Toru.

Sin embargo, al contrario de lo que dijo, él ahora se había dado cuenta de algunas cosas.

No había guardias dentro de la mansión porque no eran necesarios. Con este tipo de fuerza, la pelea podría acabar instantáneamente con cualquier intruso habitual. No… de hecho, la razón por la que no había otras personas era porque solo serían un obstáculo si se involucraban. Hace un momento, cuando el Conde había estado haciendo que los objetos volaran, Toru había sido su único objetivo, así que no necesitaba tener una precisión de tiro muy buena. Si alguien más entraba descuidadamente en la refriega, había una buena posibilidad de que esa persona terminara mezclándose en ella.

—Mi, eres terco. Aunque no esperaba menos. —el Conde asintió. —Pero, ¿qué te parece esto?

Los objetos que hasta ahora habían sido arrojados uno tras otro, se elevaron en el aire al mismo tiempo. Toru estaba completamente rodeado.

—Ahora muere, ladrón.

Una sonrisa sádica se extendió por los labios del conde.

En ese momento–

— ¡Nii-sama!

Se oyó un grito y un cuchillo silbando al pasar.

Se dirigió directamente hacia el conde, pero en el siguiente momento se detuvo en el aire–todo su impulso murió y cayó al suelo, inutilizado. Al mismo tiempo, todos los objetos flotantes también cayeron al suelo con un estruendoso ruido, como si sus cuerdas hubieran sido cortadas.

Entonces…

— ¡Quédate atrás, Akari, este tipo es peligroso! —gritó Toru mientras se giraba hacia la entrada de la habitación y se retiraba.

Akari tenía otro cuchillo listo en su mano izquierda y su martillo favorito listo en su derecha.

—Nii-sama, ¿quién es él?

—Un mago, probablemente–pero es un problema. Él no usa un Gundo, y no ha cantado ni un solo hechizo.

—… ¿Oh?

En un instante, Akari parecía haber comprendido cuán extraña era esta situación. Era una magia que permitía al usuario ejecutar la acción de lanzamiento una y otra vez sin usar una varita y sin necesidad de cantar hechizos. ¿Había algún tipo de magia como esa?

Sin embargo–

— ¿Mago? —Chaika apareció detrás de la espalda de Akari. Ella había reaccionado ante las palabras de Toru, probablemente porque también era una maga. Pero–

— ¡No te muestres!

Toru simplemente no tenía el margen para proteger a la tonta Chaika. Hasta ahora, ni siquiera había tenido tiempo de recitar las palabras clave de “Transformación Hierro-Sangre”. No, incluso ahora, si lo cantaba aquí sin pensar, una espada o algo más definitivamente saldría volando–

— ¡—!

No. Nada estaba volando hacia él.

Por el contrario, el Conde Roberto Abarth tenía una expresión aturdida en su rostro, e incluso se tambaleó con un paso adelante.

—Tú…

Él parecía estar jadeando–este mago que hasta ahora había mirado a Toru con una actitud arrogante. Ahora, se había derrumbado, su boca se abrió y se cerró como un pez varado mientras tartamudeaba.

—Ridículo… tú… ¡se supone que estás muerta!

— ¿?

¿A quién dirigía esas palabras?

Ciertamente, no eran para Toru o Akari.

Que significa…

— ¿Muerto?

¿Era esta chica ladeando la cabeza con curiosidad, Chaika Trabant?

Pero entonces…

—Esto es una locura. En aquel entonces… ¡definitivamente tú estabas…!

Con ese grito, los objetos dentro de la habitación se levantaron nuevamente.

— ¡Todos, corran! —gritó Toru.

Él tomó a Chaika entre sus brazos, y junto a Akari salieron corriendo de la habitación y del pasillo.


  1. “Ukemi” es el “arte de caer con seguridad”. Una técnica para minimizar las lesiones cuando te caes. En este caso, es “cuando te estrellan contra una pared”.

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