La Tierra está en línea – Capítulo 28: Abuela Lobo en el Valle de los Monstruos~

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


Una vez que la torre negra terminó su anuncio, una luz blanca deslumbrante inundó los ojos de Tang Mo, haciéndolo incapaz de abrirlos.

Cerró los ojos y esperó para ingresar al juego. Pasaron tres segundos, pero no fue la alegre música del juego lo que llegó a sus oídos. No se trataba de una extraña canción infantil, sino del magnífico sonido del canto de los pájaros.

Abrió los ojos con sorpresa.

Era un vasto bosque.

El cielo era de un azul aterrador, como si lo hubieran manchado con pintura. Unas pocas nubes blancas parecidas a malvaviscos flotaban en el horizonte. Parecían haber sido hechas y pintadas una a una con una herramienta de dibujo. El mundo estaba dividido en cielo y tierra; los robustos troncos apuntando directamente al cielo, sin una sola rama bifurcada a la vista.

Tang Mo se sorprendió, de pie en este bosque de cuento de hadas.

Pronto se calmó y comenzó a observar los alrededores.

Los árboles eran muy altos. El tronco más pequeño tenía un diámetro de setenta y ocho metros. Sin embargo, las flores y plantas eran de tamaño normal. Mientras exploraba, evitó con cuidado cada flor, en caso de que pisarla produjera sonido; llevaba un par de zapatillas deportivas de suela blanda y casi no hacía ruido al pisar el suelo húmedo.

Cinco minutos después, regresó a su punto original y comprobó lo que llevaba consigo.

La mochila contenía dos bolsas de galletas, una botella de agua, una linterna, un encendedor y una cuerda. La pierna derecha de Tang Mo tenía dos pequeños cuchillos atados a ella y cuatro pequeños dardos estaban ocultos en el bolsillo interior de su chaqueta.

Después de verificar todo, comenzó a avanzar.

Habían pasado diez minutos desde que entró en el primer piso de la torre negra. A diferencia de la última vez, donde fue arrastrado por Fu Wenduo, Tang Mo no había recibido aún la misión principal. Aparte del mensaje de bienvenida que le dio la torre negra al llegar al mundo de los monstruos, no se dijo nada más.

Diez minutos después, la torre negra todavía no había lanzado ningún juego o tarea, y él no podía quedarse allí sin hacer nada.

Miró a su alrededor con cautela, eligió una dirección y se encaminó con decisión.

Esta era la forma más fácil de perderse en este tipo de bosque, pero él no había preparado una brújula ya que nadie sabía si esta tendría efecto en ese mundo. La elección de Tang Mo fue encontrar el punto de referencia más obvio y dirigirse allí, para al menos no dar vueltas alrededor.

Los árboles altos bloqueaban el sol, por lo que era imposible confiar en este para orientarse. Pero en medio del denso follaje, un pico en forma de cuchillo se erguía.

La montaña era como un cuchillo de cocina; delgada y empinada en extremo. Una capa blanca de nieve e hielo se encontraba condensada en la cima de la montaña.

Tang Mo usó la montaña para orientarse y así salir del bosque.

Caminó durante una hora.

El pico en forma de cuchillo todavía estaba lejos, y la base de la montaña era completamente invisible.

Los árboles del bosque se veían todos iguales. Cada diez minutos, Tang Mo buscaba diez guijarros y los colocaba en forma de cruz. En esa hora, no se había encontrado con ninguna forma de cruz que hubiese dejado.

—No he dado vueltas, pero todavía no he salido de este bosque…

Los labios de Tang Mo se apretaron mientras aceleraba, queriendo encontrar una salida de allí.

Mientras pasaba junto a una secuoya alta, sus oídos se movieron como si hubiese escuchado un sonido. Se detuvo de inmediato. Entonces, apoyándose contra la secuoya, se concentró en escuchar el extraño sonido.

Escuchó durante unos segundos. Aparte del sonido del canto de los pájaros y el susurro de las hojas, no parecía haber nada más.

Sus ojos se estrecharon y, con el bolso aún en la espalda, se inclinó, puso las manos en el suelo, apoyó la oreja en el suelo y siguió escuchando.

Lentamente, escuchó un sonido extraño, como un retumbar.

El sonido se volvió más frenético, como si alguien estuviera golpeando una batería; el sonido estruendoso acelerando el corazón de Tang Mo.

¡El sonido se estaba acercando!

Saltó del suelo, se dio la vuelta y corrió. Ahora no le importaba pisar hojas y hacer ruido. Solo se concentró en escapar tan rápido como podía. Sin embargo, la fuente del sonido era más rápida que él. Tres minutos después, un destello blanco voló por el cielo y aterrizó frente a él.

Los ojos de Tang Mo se entornaron.

Un enorme conejo de tres metros de altura se detuvo frente a él, mirándolo con ojos rojos brillantes. Sus patas gigantes arañaron el suelo y un pedazo de tierra del tamaño de un sofá fue arrojado sin dificultad alguna hacia atrás, chocando contra un árbol enorme y haciendo un fuerte ruido.

Tang Mo retrocedió lentamente mientras miraba al conejo blanco sin parpadear.

Un hombre y un conejo cruzaron miradas entre árboles espesos.

Al momento siguiente, las fuertes patas traseras del gran conejo se movieron en un hermoso arco a través del aire hacia él.

Por su parte, no dudó en sacar el fósforo de su muñeca. Moviéndose hacia los lados para evitar el impacto del gran conejo, lo golpeó en la espalda. El fósforo chocó contra el pelaje del conejo y chispas volaron. La piel del animal parecía blanda pero era tan dura como el acero. El conejo fue empujado hacia atrás, deslizándose por el suelo, y Tang Mo se estrelló contra un árbol gigante a causa del gran impacto de rebote. Casi tosió sangre, pero consiguió tragarla.

El hombre y el conejo se miraron el uno al otro a una distancia de más de diez metros antes de volver a encontrarse.

A pesar de su gran tamaño, el animal no era torpe, al contrario, era muy rápido, obligando a Tang Mo a retirarse continuamente. Entonces, bloqueando una vez más las patas del conejo con el fósforo, finalmente se vio arrinconado en la esquina muerta de un árbol.

Detrás de él se encontraba un árbol gigante de diez metros de diámetro con  espesos arbustos a ambos lados. Sin dudar, dio media vuelta y corrió hacia los arbustos.

El gran conejo se apresuró, buscando alcanzarlo, pero luego vio que Tang Mo no estaba tratando de escapar sino que se encontraba de pie en los arbustos con las manos en las caderas.

—¡Devuélveme a mi abuelo! —gritó, mirando al conejo.

»Mi abuelo…

»Abuelo…

»Elo…

Una fuerte voz masculina hizo eco en el vasto bosque. Entonces Tang Mo abrió la boca, sus labios tomando la forma de una circunferencia. Las orejas del gran conejo se erizaron como si supiera que algo andaba mal. Dio media vuelta y corrió. Al segundo siguiente, un gas caliente emergió de la boca del joven, seguido de fuego.

Las llamas cayeron sobre los arbustos inflamables, los cuales se encendieron de inmediato.

La habilidad «Espíritu maligno, ¡devuélveme a mi abuelo!» solo se podía usar una vez al día. Para usarlo, necesitaba ponerse las manos en las caderas y gritar: «Devuélveme a mi abuelo». Luego, podría esparcir llamas a ochocientos grados centígrados durante treinta segundos.

Tang Mo roció llamas de manera incontrolable. Una vez que terminó de usar la habilidad, el conejo había desaparecido y su entorno se había convertido en un interminable mar de llamas.

Recogió la mochila que estaba tirada en la esquina y escapó.

Tang Mo no había querido usar esta habilidad en el bosque salvo como último recurso. El bosque era rico en vegetación, y una vez que se producía un incendio no se podía controlar en absoluto. El gran conejo fue expulsado, pero él también tuvo que huir de prisa por un desvío que hizo que su caminata de una hora fuera en vano.

El incendio forestal ardió con ferocidad. Tang Mo corrió decenas de kilómetros y en la distancia, pudo ver el fuego que había encendido.

Árboles gigantes se derrumbaron en las llamas. El incendio forestal se propagó a un ritmo acelerado, dejándole menos tiempo. Avanzaba corriendo tan rápido como podía cuando se escuchó la voz de un niño en sus oídos:

¡Ding, dong! Misión secundaria nro. 1 activada: 

Disfrázate de Caperucita Roja y entra en el Valle de los Monstruos.

La expresión de Tang Mo cambió ligeramente, sin embargo, no pudo reaccionar ante lo que esta oración significaba cuando escuchó un grito de sorpresa:

—¡Dios mío, fuego! ¡El Bosque Monstruo está en llamas!

—¿Cómo pudo incendiarse de repente? ¡Iré a buscar al Abuelo Elefante para extinguirlo!

Escuchó el sonido de muchos pasos acercándose. Calculó que debía haber al menos veinte personas. Tang Mo se encontraba apenas a cien metros de distancia cuando escuchó sus voces. Fue imposible escapar. Como era una emergencia, se trepó a un árbol grande y usó las hojas para ocultar su cuerpo.

Cinco segundos después, el corazón de Tang Mo se detuvo de repente.

Finalmente vio a quienes hablaban.

No eran humanos sino animales. ¿O eran monstruos?

El líder era un hombre corpulento con cabeza de gorila. Tenía la cabeza de un gorila y el cuerpo de un humano. Estaba vestido con un chaleco negro y llevaba un tanque de agua del tamaño de una habitación en ambas manos mientras corría hacia el incendio forestal. Además de él, había un hombre con cabeza de cerdo, otro con cabeza de mono y una serpiente gigante arrastrándose con una pipa de agua.

Algunos solo tenían la cabeza de un animal, mientras que otros tenían el cuerpo de uno.

Tang Mo contuvo la respiración mientras se aferraba al árbol. Escuchaba su corazón latir, pero lo único que podía hacer ahora era reducir su presencia tanto como fuera posible y rezar por que los monstruos no lo encontraran.

De repente, una persona con cabeza de perro se detuvo y olfateó dos veces. Luego miró en dirección a las hojas que ocultaban a Tang Mo.

Él se sintió entumecer. Acto seguido, tomó uno de los pequeños dardos en su bolsillo, pero no lo tiró. Solo escuchó mientras el hombre con cabeza de perro gritaba.

—¡Una persona clandestina! ¡Hay una persona clandestina!

Todos los monstruos se detuvieron y simultáneamente miraron a Tang Mo.

—¡Atrapen a la persona clandestina!

—¡Captúrenlo!

Tang Mo se agachó sobre el tronco y aprovechó la fuerza para saltar a otro árbol.

No obstante, dos monstruos mono gigantes treparon al árbol para atraparlo. Tang Mo no tuvo tiempo de dudar y siguió saltando de árbol en árbol con dos monos detrás de él mientras el grupo de monstruos lo seguía por el suelo.

¡Maldita sea! ¿No deberían apagar el fuego primero?

Por primera vez, Tang Mo quería maldecir, pero por los momentos solo podía gritarlo  en su corazón. Ni siquiera tuvo tiempo de hablar mientras saltaba al siguiente árbol.

El incendio forestal ardió con más fuerza, a punto de alcanzar el árbol junto a él. Sin embargo, el grupo de monstruos continuaba persiguiéndolo. Con ojos rojos como la sangre y saliva chorreando de sus afilados dientes, los dos monos lo miraban.

La fuerza física de Tang Mo era naturalmente inferior a la de los monos, maestros en trepar árboles. Pronto, uno de ellos lo agarró por el brazo y el otro aprovechó la oportunidad para colgarse boca abajo de un árbol y atraparlo por ambos brazos. Entonces el fósforo gigante apareció en su palma, y sin desperdiciar ningún esfuerzo, lo blandió y golpeó el pecho del mono.

El mono salió volando del impacto, pero en el proceso también le pateó el pecho.

El cuerpo de Tang Mo cayó y se estrelló contra el suelo.

En el siguiente segundo, estaba rodeado de monstruos.

—¡Una persona clandestina! —dijo el orangután mientras tragaba—. No he visto a una persona clandestina en mucho tiempo.

—¿Podemos comerlo? —Los ojos del hombre con cabeza de cerdo brillaron cuando lo miró.

—¡Comámoslo! ¡Comamos a la persona clandestina!

—¡Sí!

El cerebro de Tang Mo se puso en marcha de prisa mientras pensaba en las habilidades y armas que tenía ahora.

El fósforo no funcionó. Aunque era un buen arma de combate Tang Mo no podía vencer a tantos monstruos por sí mismo, y no veía forma de escapar.

Solo podía maldecir a un objetivo con «Dibuja un círculo para maldecirlo» y el efecto era desconocido.

También había utilizado ya la habilidad de «Espíritu maligno, ¡devuélveme a mi abuelo!», la cual era la única que podía amenazar a este grupo de monstruos.

También contaba con la capacidad de encontrar el tipo de jugador, escupir viento, habilidad defensiva…

La expresión de Tang Mo se tornó sombría.

¡Sus habilidades no podían lidiar con tantos monstruos!

¿Debería guardar este punto primero? Guardar el juego tan pronto como entró… Maldita sea, ¿y si hubiera peligro en el futuro? ¡Acababa de ingresar al juego de ataque a la torre y ni siquiera conocía la misión principal!

Misión principal…

Hubo un destello en el cerebro de Tang Mo, de pronto recordando que antes de su momento de crisis, la torre negra había emitido una misión secundaria, sobre la cual no había tenido oportunidad de ponderar mientras escapaba.

Era imposible que la torre negra no le diera una forma de salir airoso. Tang Mo no había pasado nada por alto desde que ingresó al juego. Recordaba cada una de sus acciones y no hubo errores ni pistas que se perdieran sobre la marcha. Usó una habilidad como último recurso cuando lidiaba con el conejo blanco. Si no lo hubiese hecho en ese momento, ciertamente no se habría librado del conejo.

Entonces solo…

Sacó un hermoso rubí de su bolsillo y se lo llevó a la cabeza. De repente, apareció un sombrero maloliente en su cabeza y sintió que algo crecía debajo de su nariz.

—Soy Caperucita Roja —dijo mientras reprimía el deseo de vomitar.

Los monstruos se sorprendieron.

—¿Caperucita Roja?

—¿Quién es Caperucita Roja?

—¿Alguna vez has oído hablar de Caperucita Roja?

Tang Mo estaba rodeado por estos monstruos. Bajó la cabeza y escondió su expresión bajo el apestoso sombrero de Mario. Era la única posibilidad en la que podía pensar en ese momento. La torre negra no le daría una situación mortal sin ninguna solución. De lo contrario, esto no sería un juego.

Pero si fingir ser Caperucita Roja no funcionaba o si el sombrero de Mario no podía disfrazarlo de ella, Tang Mo solo podía usar la función de guardar y luego luchar desesperadamente contra los monstruos.

Quizás la crueldad de la torre negra llegaba hasta ese punto, obligándolo a usar el huevo de pavo.

—Ah, lo recuerdo. ¿No se llama Caperucita Roja la nieta mixta de la abuela? —dijo un loro con picardía—. ¿Te acuerdas de la hija de la abuela? ¡Se fugó con una persona clandestina hace diez años y dio a luz a un mestizo! La abuela me dijo ayer que su nieta es especialmente filial. Su nieta debe haber venido del mundo subterráneo para verla, ¿correcto?

—Es un hombre, no una mujer. —El gorila gigante señaló la bigote en el rostro del aludido.

Tang Mo se arrancó el bigote de Mario de forma inexpresiva y se levantó del suelo.

—Viste mal.

El gorila se tocó la cabeza.

—Ah, vi mal. Eres la Caperucita Roja de la abuela. ¿Por qué no lo dijiste antes? Oigan, los demás vayan y apaguen el fuego. Caperucita Roja, te llevaré con tu abuela.

El gorila se volvió para escoltar a Tang Mo.

Un dolor ardiente se extendió por la zona bajo su nariz. Con su cuerpo actual, su piel no se rompió cuando se arrancó el bigote, pero el dolor que sintió no palideció en comparación al que habría sentido antes de que la tierra se pusiera en línea.

—Caperucita Roja, ¿por qué estás tan apestosa? —preguntó el gorila.

—A la gente clandestina no nos gusta bañarnos —respondió Tang Mo con frialdad.

—No es de extrañar que debajo de tu nariz estuviera tan sucio. A los monstruos nos encanta bañarnos. No deberías seguir el ejemplo de la gente clandestina. —El gorila asintió.

Tang Mo se tocó la cara y no habló.

El gorila lo condujo a través del bosque laberíntico, tomándoles apenas media hora en llegar a un valle.

El valle estaba en dirección diametralmente opuesta a la montaña que Tang Mo vio antes.

—Eres una Caperucita Roja realmente sensata. La temporada de cosecha está por comenzar. Este es el momento más ajetreado, pero viniste a ayudar a tu abuela.

Tang Mo se paró a medio metro del gorila y tarareó.

—En los últimos dos años, el Valle de los Monstruos no ha sido muy pacífico. —El gorila empujó una roca y apareció una madriguera, en la cual entró mientras que Tang Mo se congeló—. ¿Caperucita Roja? —Lo miró con curiosidad.

«Entra en el Valle de los Monstruos», se escuchó en la mente de Tang Mo.

Finalmente apretó los dientes y siguió al gorila al interior del agujero.

La roca se cerró detrás de él.

¡Ding, dong! Se ha completado la misión secundaria nro. 1.

El gorila tomó una antorcha ubicada al lado de la roca e iluminó la madriguera. Tang Mo lo siguió y se fueron adentrando en el túnel.

El túnel era muy espacioso y parecía más una enorme caverna. Estalactitas negras colgaban de la parte superior del túnel y pequeñas gotas de agua se habían formado en las puntas. Tang Mo caminó con tranquilidad detrás del gorila a medida que avanzaban cada vez más bajo tierra.

Después de unos pocos minutos, el túnel llegó a su fin y el gorila empujó la gran piedra al final del túnel.

Tang Mo miró el vasto espacio escondido debajo del suelo con los ojos muy abiertos.

—Este espacio subterráneo pertenece al primer piso de la torre negra. —El gorila suspiró—. Me siento incómodo cada vez que subo a la superficie. Caperucita Roja, ¿por qué estabas en el bosque que lleva al segundo piso?

Tang Mo tarareó, pero no respondió.

El gorila no volvió a hablar una vez que entraron en el valle.

Antes de verlo, nunca hubiese creído que habría un mundo tan enorme debajo de la tierra.

El valle estaba rodeado por tres colinas subterráneas en forma de pirámide. En el centro había un río rosado claro que iba de un extremo del valle al otro, donde desaparecía.

Entre las tres colinas había casas cubiertas de paja y barro. De lejos a cerca, había más de veinte pequeñas casas visibles a simple vista. También había un campo de hortalizas frente a cada una de ellas. Por el momento, los campos de hortalizas estaban desnudos. El terreno había sido arado, pero no había cultivos.

No había nadie en el valle. Imaginaba que todos fueron a apagar el fuego.

El gorila llevó a Tang Mo, quien caminaba con lentitud mirando con cautela frente a él y con la mano sobre el tatuaje del fósforo, a las profundidades de la última colina.

Una chimenea rosa que sobresalía de la colina apareció frente a ellos.

—¿Lo ves? Esa es la casa de tu abuela. —El gorila señaló la chimenea.

Tang Mo asintió mientras continuaba tocando el tatuaje.

El gorila pudo haber reconocido a Caperucita Roja, pero su abuela no necesariamente sería el mismo caso. Tang Mo entró en el Valle de los Monstruos según lo requerido por la torre negra, por lo que se imaginaba que la clave para atacar la torre, o la misión principal, debería encontrarse en ese valle. Si la abuela no lo reconocía como Caperucita Roja, la única opción que tendría sería huir de inmediato y esconderse en un rincón del valle, buscando oportunidades para completar la misión principal.

Después de doblar la siguiente esquina, la casa de la abuela saltó a la vista.

Una cabaña de barro rosa se encontraba situada entre dos árboles muy verdes de manera abrupta. Una valla dorada rodeaba el campo de verduras frente a la cabaña y, en medio de este, había una piedra con forma de espejo incrustada en el suelo. Por último, un camino pavimentado de piedra llevaba desde el patio hasta la casa.

—Abuela, abuela, traje a tu Caperucita Roja. —El gorila llamó a la puerta.

Tang Mo estaba tenso y muy concentrado, preparado para huir en cualquier instante. En ese momento, escuchó pasos ahogados. Era como si un gigante estuviera arrastrando los pies por el suelo. Cada paso sacudía la montaña.

Con un crujido, la puerta rosa se abrió y Tang Mo ya había comenzado a girar sobre su talón derecho, listo para huir.

Entonces, un enorme animal que se comportaba como humano con sombrero blanco y vestido rosa apareció en el umbral. Tenía músculos fuertes y tuvo que agacharse para salir de la cabaña. El vestido rosa quedaba tenso sobre él, como si un hombre musculoso llevara un vestido de niña. Era extremadamente ridículo.

Sin embargo, su rostro estaba cubierto por el enorme sombrero y Tang Mo solo podía ver manos peludas.

Dio un paso como una dama de la clase alta al salir de la casa. La altura de 1.8 metros de Tang Mo solo alcanzaba su hombro. A continuación, subió el ala de su sombrero con lentitud, revelando una hocico prominente y… los ojos de un lobo.

—Abuela Lobo, te traje tu Caperucita Roja. —El gorila sonrió.

Tang Mo se había vuelto para huir en el momento en que vio al lobo. Sin embargo, la gruesa palma del animal se presionó sobre su hombro. En ese momento, se horrorizó al descubrir que no podía liberarse. Con solo presionarlo hacia abajo, lo hizo incapaz de moverse.

—Esta es mi Caperucita Roja. Nunca olvidaré el sombrero apestoso de su padre. Tío Gorila, no sabes lo apestoso que es el sombrero de su padre. Mira, es un poco mejor que el de ella.

La Abuela Lobo abrió el hocico ensangrentado y sonrió levemente.

Tang Mo vio un dedo humano entre sus dientes.

Entonces tiró directamente de su brazo y lo llevó al jardín.

—Mi linda Caperucita Roja debe tener hambre. La abuela te llevará a casa a cenar.

El lobo gigante arrastró a Tang Mo a la casa con una pata y cerró la puerta de golpe. Fuera de la casa, el gorila se rascó la cabeza.

—La abuela está de buen humor hoy. —Dio media vuelta y bajó la colina.

Tang Mo fue llevado a la casa por la Abuela Lobo.

Una vez que la puerta se cerró, esta lo arrojó. Tang Mo tropezó dos veces y aterrizó junto a la chimenea. A continuación, se puso de pie con torpeza, pero la abuela Lobo, quien ya no le prestaba atención, se acercó a la chimenea y agarró un brazo humano marchito.

La ropa diminuta se rasgó debido a sus bruscas acciones, tras lo que maldijo, se arrancó el vestido, lo arrojó a la chimenea y lo quemó.

—¡Quítate el maldito sombrero! —La Abuela Lobo mordió la muñeca del brazo marchito—. Ese sombrero apestoso es el mismo que el de tu padre. No creas que te voy a dar nada bueno. En estos siete días, solo obtendrás siete monedas de cobre.

Tang Mo se relajó cuando escuchó esto. La parte clave pasó por su mente: Siete días.

No quería usar ese sombrero, pero en el momento en que se lo quitó la Abuela Lobo lo miró con crueldad y rompió el brazo que se estaba comiendo a la altura del codo.

—El cabello de una persona clandestina es de verdad la cosa más repugnante del mundo. Vuelve a ponerte el sombrero y no me dejes volver a ver ese pelo. ¡De lo contrario, te lo sacaré de la cabeza! —La Abuela Lobo masticó toda la carne, escupió el hueso y miró a Tang Mo.

Este volvió a ponerse el sombrero y se arrancó el bigote que le había vuelto a crecer.

La Abuela Lobo lo fulminó con la mirada antes de continuar con su cena.

La habitación estaba llena de muebles rosas. Era un sitio reducido y la mesa, acorde en tamaño con el lugar, estaba cubierta de polvo. Tang Mo observó con atención la mesa y supuso que no la habían tocado al menos durante un mes. Quizás el dueño prefería comer en el suelo.

Debajo del sofá había una alfombra hecha de una piel rosa que Tang Mo nunca había visto antes. Sus ojos continuaron desplazándose por la habitación antes de finalmente aterrizar en la chimenea, tras lo que su mirada se movió hacia arriba, percatándose de la cabeza que allí colgaba.

Era como las cabezas de ciervo que colgaban en las paredes sobre las chimeneas. La única diferencia era que esta era humana.

El cabello negro ligeramente rizado cubría el rostro del hombre de mediana edad, el cual tenía los ojos cerrados y la boca abierta como si se hubiera quedado dormido en la pared, excepto por el hecho de que su rostro estaba pálido y sin sangre como un cadáver.

Tang Mo lo miró antes de darse la vuelta.

La Abuela Lobo finalmente terminó de comerse el brazo y arrojó los restos óseos a la chimenea. Las llamas chisporrotearon y el penetrante olor a huesos quemados llenó la cabaña.

—No creas que te preparé la cena. —La Abuela Lobo se limpió la boca ensangrentada con la mano—. Siete monedas de cobre ya son una gran recompensa. A partir de mañana, saldrás a cazar un hámster dorado. Si no veo el hámster dorado cuando regrese dentro de siete días…

Tang Mo miró con frialdad al hombre lobo frente a él.

Por su parte, la Abuela Lobo sonrió, revelando el dedo aún sin terminar clavado entre sus dientes.

—Serás mi cena. —La construcción se estremeció cuando la Abuela Lobo salió de la habitación y cerró a la fuerza la puerta del dormitorio.

Pronto, Tang Mo escuchó un estruendoso ronquido. Comenzó a caminar por la habitación. Examinó cada mesa, silla e incluso el cabello humano escondido en las costuras del sofá. Ese lugar no era diferente de la cabaña de un humano común, haciendo a un lado el hecho de que la cabeza que colgaba sobre la chimenea era la de un humano en lugar de la de una bestia.

Tang Mo no podía dormir debajo de una cabeza humana.

Caminó hasta la mesa con su bolso y se tumbó en el suelo. Miró hacia el techo rosa y recordó todo lo sucedido desde que ingresó al primer piso de la torre negra.

El primer piso de la torre negra era subterráneo y el bosque era la intersección entre el primer y segundo piso.

El gorila, los monos, la Abuela Lobo, Caperucita Roja…

Caperucita Roja estaba aquí para ver a su Abuela Lobo.

Siete monedas de cobre, siete días.

¿La misión durará siete días?

Tang Mo entendió claramente que no era oponente para la Abuela Lobo. Todo lo que podía hacer era esperar a que apareciera la misión principal.

La torre negra seguramente emitiría la misión principal.

Miró al techo y pensó en ello toda la noche.

Al mediodía del día siguiente, se escuchó un fuerte ruido proveniente del dormitorio de la Abuela Lobo. Cuando esta salió, vestía una falda de encaje rosa. La pequeña prenda en la que el fuerte cuerpo estaba envuelto parecía que explotaría en cualquier momento. Se retorció y se movió mientras se dirigía a la entrada de la cabaña.

Tang Mo no quería mirar.

La Abuela Lobo entonces tomó un paraguas rosa y colocó una mano en la manija de la puerta. De repente, se volvió y lo miró.

—¿Sabes cómo atrapar a ese repugnante hámster dorado?

Tang Mo guardó silencio por un momento.

—No lo sé.

—¿Tu madre ni siquiera te enseñó esto? Maldita sea, me corresponde a mí enseñar todo. Entonces solo te daré seis monedas de cobre… ¡No! ¡Son cinco monedas de cobre y ninguna más! —La Abuela Lobo dejó caer el paraguas y se dirigió a Tang Mo, tras lo que tomó un frasco rosa y se lo arrojó—. Dentro de siete días será la temporada de la siembra. Escuché que el director del circo consiguió un tesoro interesante y tengo que ir a verlo, por lo que estaré ausente por siete días. Mientras tanto, deberías echar un buen vistazo a la tierra en la parte trasera de la colina.

La Abuela Lobo caminó hacia la ventana y Tang Mo la siguió.

A través de la ventana, vio un huerto más extenso. La tierra oscura ya había sido removida y estaba lista para la siembra. El campo de hortalizas estaba ubicado al pie de la colina, y los ojos de Tang Mo destellaron cuando vio nueve grandes agujeros en toda la ladera.

—Esos malditos hámsteres cavaron los agujeros de nuevo. —La Abuela Lobo apretó los dientes—. Hoy es el primer día. Todos los días a las seis en punto tienes que poner comida en uno de los agujeros y luego esconderte en el agujero. Una vez que el hámster dorado salga a comerse la comida, ¡agárralo rápido!

Tang Mo entendió de inmediato que esta era su tarea.

—¿Puedo ponerlo en cualquier agujero? Hay nueve hoyos.

—Por supuesto. Tan pronto como coloques la comida en ese agujero y te quedes ahí, el estúpido hámster dorado pensará que lo estás alimentando. Al hámster dorado le gusta más la gente clandestina. Siempre que la comida y tú estén en un agujero, confiará en ti. Por supuesto, la probabilidad de que aparezca es solo del 80%. Hay un 20% de probabilidad de que aparezca el hámster negro. —La Abuela Lobo respondió con rectitud.

—¿Qué es el hámster negro? —preguntó Tang Mo y frunció el ceño.

—Al hámster negro le gusta mucho comerse a la gente clandestina. —La Abuela Lobo sonrió con malicia—. Les arrancan la cabeza y la sumergen en salsa de tomate fresca. ¡Oh! ¡Es la cosa más deliciosa del mundo! Pero no te recomiendo que atrapes al hámster dorado el primer día. Esta es la temporada en la que los hámsteres han terminado de hibernar y salen a comer. Los hámsteres dorados son más perezosos que los hámsteres negros y les encanta dormir un rato. Un hámster negro suele aparecer el primer día. Existe al menos un 50% de probabilidad.

Tang Mo almacenó estas palabras en su corazón.

—¿Dónde consigo comida para el hámster dorado? —preguntó.

La Abuela Lobo miró a Tang Mo con expresión extraña.

—¿El frasco en tu mano? Si pones algo que pertenezca a tu reino allí, recibirás la batata favorita del hámster dorado. Dios sabe por qué al estúpido hámster dorado le gusta tanto la gente clandestina. Las batatas no se pueden comparar con la deliciosa carne fresca de la gente clandestina… —La Abuela Lobo tragó saliva mientras miraba el cuerpo de Tang Mo.

Ya tenía una idea aproximada de la misión.

—¿Puedo atrapar un hámster dorado en siete días? —Hizo una pregunta final.

—Ciertamente. Pero si no veo el hámster dorado cuando regrese en siete días…

La Abuela Lobo sonrió, tomó su paraguas, abrió la puerta y salió de la casa. El sonido de su voz a rebosar de emociones se escuchó a través de la puerta:

—La carne de la gente clandestina…

Entonces se escuchó una voz fuerte:

¡Ding, dong! Se ha activado la misión principal «El juego del hámster feliz en el Valle de los Monstruos».

Las reglas del juego:

Primero, solo hay un hámster dorado en el Valle de los Monstruos.

Segundo, hay un total de nueve hoyos.

Tercero, las 24 horas del día son las mismas en el mundo de los monstruos y en la Tierra.

Cuarto, ponga cualquier cosa que pertenezca al reino subterráneo en el frasco rosa y podrá obtener la batata favorita del hámster dorado. Esta comida debe colocarse en el agujero a las seis en punto o no será válido.

Quinto, siempre que el jugador y la batata estén presentes en el mismo hoyo, existe una probabilidad del 80% de que aparezca un hámster dorado y una del 20% de que aparezca un hámster negro.

Sexto, la probabilidad de que el hámster dorado aparezca el primer día es del 40% y el hámster negro es del 60%.

Séptimo, los jugadores solo pueden colocar alimentos una vez todos los días. Si lo coloca en dos o más hoyos o si el jugador y la comida no están presentes en el mismo hoyo, la probabilidad de que aparezca el hámster dorado es del 0%.

Octavo, antes de la siembra, los hámsteres solo están activos en los agujeros.

La Abuela Lobo planta cultivos una vez al año y el odioso hámster dorado siempre la roba. A la Abuela Lobo le dolía la cabeza y se preguntaba cómo atraparlo hasta que de repente pensó que tal vez su adorable nieta sabría cómo hacerlo.

♦ ♦ ♦

La autora tiene algo que decir:

Tang Tang: Siento que todavía soy demasiado débil. ¡Esa Abuela Lobo puede intimidarme!

Gorila, cerdo y todos los monstruos del Valle de los Monstruos: También puede intimidarnos QAQ …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

error: Contenido protegido