La Tierra está en línea – Capítulo 57: Una expresión inacabada de amor podría representar un amor inconcluso

Traducido por Shisai

Editado por Shiro


—Esta puerta ya no se puede abrir. Si queremos ir al invernadero de cristal, solo podemos avanzar. —La mujer vestida de oficinista habló deprisa—. Contamos solo con diez minutos, apresurémonos.

Los tres aceleraron y recorrieron con rapidez el magnífico corredor.

La misión de la torre negra llegó de manera muy brusca y el límite de tiempo era muy corto. Diez minutos era un número muy sutil, y no había manera de saber si era mucho o poco porque no sabían dónde quedaba el invernadero de cristal. Si este se encontraba lejos del pasillo, sin duda debían darse prisa, mientras que, si el corredor era parte del invernadero, podrían observar el entorno con calma.

De cualquier modo, si la torre negra había emitido esa misión, con certeza había una manera de llegar al invernadero en el tiempo indicado.

Tang Mo cubría la retaguardia del equipo y avanzaba mientras observaba en silencio las acciones del joven con cara aniñada para evitar que volviera a hacer algo como «golpear la ventana». Por otro lado, la mujer había tomado el control del liderazgo del equipo desde el principio y caminaba en la vanguardia.

Sin embargo, el auto proclamado Bruce no hizo nada anormal por el camino.

Cruzaron el pasillo, empujaron la puerta y entraron en una habitación oscura. De repente, quedaron sumergidos en la oscuridad. Tang Mo agarró el mango de la pequeña sombrilla y estudió si había algún peligro desconocido. Las tres personas se quedaron inmóviles. Después de dos segundos, Tang Mo y la mujer sacaron linternas y las encendieron.

—Parece ser un dormitorio normal —dijo la de apellido Wang en tanto que iluminaba  todos los rincones de la habitación.

Era una habitación estilo europeo con cortinas de encaje en las ventanas, una cama redonda de princesa y una alfombra de felpa extendida en el suelo. En una esquina de la habitación había un tocador con tres diminutos abanicos de plumas insertados en un pequeño cilindro sobre el tocador. Uno tenía plumas teñidas de rojo, otro las tenía teñidas de verde y otro estaba extrañamente teñido de púrpura brillante.

Después de que los tres observaran la habitación, Tang Mo apuntó con la linterna detrás de él y notó algo.

—No hay ninguna puerta —dijo.

La mujer vestida de oficinista se apresuró hacia él y vio que había un armario blanco detrás de los tres.

—¿No acabamos de abrir una puerta para entrar? —preguntó desconcertada.

Tang Mo tiró del armario utilizando el 70 % de su fuerza, pero no pudo abrir la puerta.

—Una vez me topé con un problema de caos espacio-temporal en un juego. En efecto, entramos a este dormitorio por una puerta, pero ahora la puerta ha desaparecido y se ha convertido en este armario. Quizá en este juego debamos prestar atención al problema del espacio —dijo con calma.

La mujer de cuello blanco asintió:

—Bien. Han pasado dos minutos. Tenemos que encontrar el invernadero de cristal.

Tang Mo la siguió mientras ella seguía avanzando, su linterna moviéndose por la habitación e iluminando al joven con cara aniñada. Los ojos del exbibliotecario pasaron por su cara y vio que el chico lo miraba significativamente, tras lo que reveló esa extraña sonrisa que lo caracterizaba.

La expresión de Tang Mo no cambió mientras seguía avanzando.

Salieron del dormitorio y llegaron a un extraño túnel. Tang Mo volvió a mirar la puerta del dormitorio que acababan de atravesar y sus ojos se entrecerraron.

—Efectivamente, la puerta ha desaparecido.

La mujer también miró hacia atrás.

—Este juego espacial tiene algunos problemas, pero es posible que el invernadero de cristal esté en un lugar lejano y que no podamos llegar allí en diez minutos en circunstancias normales con nuestra velocidad.

Por lo que, el juego alteraría el espacio y acortaría la distancia. Aunque esta conjetura tenía una pizca de verdad, Tang Mo quiso señalar los vacíos legales, pero la mujer dijo:

—Vamos, solo quedan cinco minutos y treinta y dos segundos.

Tang Mo quedó ligeramente aturdido y le siguió al tiempo que pensaba: La percepción del tiempo de esta mujer era demasiado potente.

Tal vez debido a las limitaciones de tiempo, las tres personas avanzaron sin más disputas ni discusiones. Si se encontraban con un problema, dirían sus conjeturas lo más rápido posible antes de apresurarse a avanzar.

El joven con cara aniñada no habló de nuevo; limitándose a seguir a Tang Mo y a la mujer mientras sonreía. Cuando discutían un problema, escuchaba como si estuviera interesado, pero cuando las miradas de ambos caían sobre él, no les daba ninguna respuesta, limitándose a sonreír extrañamente.

El túnel era mucho más largo que los dos pasillos que encontraron antes. Era oscuro y estrecho, y había un pequeño brasero colgado a ambos lados de la pared a intervalos de diez metros; sus tenues llamas parpadeaban débilmente, iluminando el espacio. Tang Mo caminaba al final del equipo y observó los pequeños braseros negros; estaban grabados con extrañas curvas, pero no parecían tener un patrón. Parecía como si los artesanos hubiesen dibujado a su antojo sin seguir ninguna regla.

De igual forma, el brasero de este túnel no necesita ser tallado con hermosos patrones. Nadie lo verá, pensó Tang Mo.

—¡Ah! ¡Me gusta este!

Una voz fuerte resonó en el estrecho pasillo, haciendo que la mujer saltara de miedo. Acto seguido, se dio la vuelta y gritó:

—¿Qué estás haciendo?

Tang Mo ya se había preparado para un sinnúmero de acciones del joven con cara aniñada, y solo le dirigió una gélida mirada a la otra persona mientras extendía la mano y tocaba uno de los pequeños braseros en la pared. Este estaba caliente por las llamas y cuando el joven lo tocó, un sonido chisporroteante alcanzó los oídos de los otros presentes.

El chico no parecía sentir el calor ni el dolor. Sonrió y tocó el brasero, moviendo su dedo sobre los patrones curvos.

—¿No se parece a un corazón?

Tang Mo miró el pequeño brasero.

Ese pequeño brasero tenía una curva torcida. Tal vez fue sin querer, pero luego del accidente, la forma se parecía vagamente a un corazón pequeño. Era solo que el último trazo estaba mal hecho, lo que lo había dejado inconcluso.

El joven con cara aniñada lo tocó un par de veces antes de retirar la mano. Era muy veloz, pero los agudos ojos de Tang Mo notaron que su mano estaba intacta; no se había quemado en absoluto.

—Es una pena que este corazón no esté terminado. ¿Creen que implique algo sobre el juego? —preguntó con pesar. El joven se volvió de repente para mirar a Tang Mo, pero este, tranquilo, no le dirigió la palabra. Por lo que, a continuación, sonrió y miró a la mujer—. Una expresión inacabada de amor podría representar un amor inconcluso.

—¡Estás demente! —exclamó ella.

El auto proclamado Bruce no se enfadó al ser regañado, limitándose a reír mientras seguía a la mujer que había dejado de prestarle atención y que había aprovechado para continuar avanzando. Tang Mo observó cuidadosamente al chico durante un rato antes de volver a mirar los patrones del brasero. Esta vez, ya no se limitó a observar las curvas, empezando a prestar atención a los gráficos formados por estas curvas.

El patrón de un corazón era una mera coincidencia, y Tang Mo no vio ningún patrón especial similar, pero cuanto más miraba esas intrincadas curvas, la sensación de familiaridad más lo embargaba. Su mirada continuó fija en las curvas sin poder apartarse de ellas. Tal era la sensación de familiaridad que no conseguía pensar en nada más.

El trío caminó durante tres minutos y todavía no había salido del túnel.

Justo entonces, se oyó una extraña risa por encima de sus cabezas. Tang Mo apretó de inmediato su pequeña sombrilla, mientras que la mujer y el joven miraron hacia arriba.

En ese momento, se oyó el sonido de llamas chisporroteantes en el estrecho túnel y Tang Mo siguió buscando con la mirada en la parte superior y, pronto, vio algo.

—¿Qué es eso? —La mujer se sorprendió. Miró a un lado y volvió a decir—: ¡Hay otro!

En la parte superior del túnel, había dos pequeños cuervos a ambos lados de la pared. Una vez que la mujer encontró las dos estatuas de piedra, uno de los cuervos, inesperadamente, habló:

—Charles, ¿has oído que la reina ha vuelto a apresar a una persona clandestina y que la ha arrojado al Corredor de Gemas?

—Querido Reed, ¿qué te hace pensar que estás más informado que tu hermano mayor? Por supuesto que lo sé. La Reina de Corazones apresó a un hombre clandestino sucio y maloliente y lo arrojó a su Corredor de Gemas favorito. También sé que se ha convertido en una estatua. Al igual que tú y yo, los que no encuentren la salida del corredor se convertirán en estatuas de piedra y pasarán a decorar el hermoso Castillo de Gemas de la Reina de Corazones.

La otra estatua de piedra, Reed, dijo:

—Querido Charles, solo me llevas un minuto de ventaja. No vuelvas a llamarte «mi hermano mayor». Me pone enfermo.

—Pero, querido Reed, incluso a la hora de convertirme en estatua de cuervo, cambié tres segundos antes que tú. Así que siempre seré tu hermano mayor.

—¡Esto apesta!

Los dos cuervos continuaron graznando y riendo juntos. Parecían estar compitiendo a ver quién era más ruidoso. Entonces, uno de los cuervos preguntó:

—Querido Charles, ¿crees que estos tres humanos también se convertirán en estatuas de piedra? Pocas personas en el mundo pueden salir del Corredor de Gemas; como aquella niña, ¿recuerdas? En cambio, pienso que estos se convertirán en estatuas de bichos, como ese gran bicho fuera del castillo.

Gran bicho… Gran bicho fuera del castillo.

Tang Mo recordó cómo el topo gigante dijo una vez que había bichos en el segundo piso de la torre negra y que el Zapatero de Hierro también dijo que el veneno que Xing Feng usó era del segundo piso de la torre negra.

¿El Castillo de Gemas de la Reina de Corazones se encuentra en el segundo piso de la torre negra? 

Ese era el mismo piso que estaba atacando.

¿La mujer y el joven con cara aniñada también están atacando el segundo piso de la torre negra?

—¡Solo nos quedan cuarenta y cinco segundos! —gritó la mujer de repente con fuerza.

El corazón de Tang Mo se encogió.

Justo en ese momento, las estatuas de cuervos habían comenzado a hablar y los tres dejaron de moverse. Como consecuencia, quedaban apenas decenas de segundos. Las tres personas ya no pensaron en los demás. Tang Mo se precipitó hacia la pequeña puerta de madera del final del túnel a toda velocidad, la abrió de una patada y, aún sin haber entrado, una sombra negra se precipitó, atravesando el umbral antes que él.

Entonces, Tang Mo entró corriendo, seguido por la mujer. Ella fue la más lenta, pero también logró salir del túnel.

Una vez que las tres personas salieron del túnel, una clara voz se escuchó en sus oídos:

¡Ding, dong! La misión secundaria «Llegar al invernadero de cristal en 10 minutos» ha sido completada.

¡Ding, dong! Ha sido desencadenada la segunda misión secundaria «Encontrar la flor lunar a la que le gusta mentir».

♦ ♦ ♦

La autora tiene algo que decir:

Tang Tang: No hay comparación, no hay belleza. Siento que el Viejo Fu es muy bueno, ¡un gran compañero de equipo en China!

Viejo Fu: …¿Era necesario que me compararan para llegar a la conclusión de que soy bello?

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