La Villana Revierte el Reloj de Arena – Capítulo 104: Confirmación (2)

Traducido por Maru

Editado por Sharon


—Conde, ha pasado mucho tiempo.

—Sí. Cuánto tiempo sin verte, Vika. ¿Cómo estás?

—Perfecto.

Vika no pudo devolverle la pregunta, por lo que sonrió, y el conde asintió hacia el marqués, preguntándole quién era.

—Ah, el conde lo ayudó un poco el otro día.

—Es Piat. Te he estado agradecido por lo de ese momento.

—Ya veo. Lamento no recordarte.

—No, no hay problema. Hubo rumores que fue usted quien le prestó su gracia a algunos pobres.

—Ja, ja. ¿Fue así? Sería muy feliz si pude ayudar —respondió el conde con una mirada brillante. Como ya no podía ser un activo, recordar la gloria del pasado le hacía sentir bien, a pesar de no recordarlo.

Esto permitió a Vika y al marqués tener una larga conversación con el conde. Retrasaron el tiempo lo más posible y esperaron a Aria, pero ella no salió de su habitación.

—Oh, el tiempo ya está aquí. Ya es hora de cenar —comentó la condesa, aburrida por su visita, pidiéndoles que se retirasen. Pero el conde no quería que se fueran, por lo que les ofreció la cena para que pudieran quedarse en la mansión un poco más.

—¿Ya cenasteis?

—No, aún no.

Vika mordió el anzuelo, preguntándose si Aria aparecería en el comedor, y la condesa le dio una mirada incómoda y ordenó a los sirvientes que prepararan la cena. No fue difícil agregar una comida para dos personas porque los ingredientes estaban bien preparados.

Vika y el marqués se sentaron en el comedor, esperando con el corazón palpitante a que Aria bajara. Poco después, la figura que estaban esperando apareció.

—¿Tenemos un invitado?

El marqués, que volvió la cabeza hacia la voz clara y transparente, tuvo que endurecerse como si el tiempo se hubiera detenido, y los ojos de Vika brillaron y sonrió al verlo.

—Usted es el señor Vika, ¿verdad?

—Ha pasado mucho tiempo, señorita Aria.

—Sí, ¿qué le trae por aquí?

—Vine a preguntar por la salud del conde.

Ante su respuesta, Aria le dio una mirada de desconfianza. Sabía que Vika no era un hombre tan puro, y no estaba en posición de preocuparse por el conde. En respuesta, él le dio una risa vaga, y le mostró su asiento como si fuera el dueño de la casa.

—La comida se enfriará, y tendrá mal sabor.

—Está bien… Nunca había visto a este caballero antes.

Esta vez los ojos de Aria se volvieron hacia el marqués. Los familiares ojos verde claro… Si los extraños la vieran, podrían pensar que se parecían a los de la condesa, pero no para el marqués, esos ojos claros y hermosos eran idénticos a los de su hijo. Era difícil de notar porque los colores eran diferentes, pero estaba seguro. También lo eran las pupilas, y su apariencia general.

Alguien que conociera los rostros de ambos notaría el parentesco de inmediato; si Aria se cortara el cabello, sería igual a Chloe. Cuando el marqués quedó cautivado e incapaz de responder, Vika intervino.

—Ah, conocía un poco al conde, vino a saludar y luego se unió a la cena.

—¿Es así? Es una persona bastante tranquila —dijo mirando al marqués con agudeza porque no creía en las palabras de Vika.

Ella parecía pensar que él tenía un asunto secreto. Incluso esa expresión se parecía a la de Chloe.

No había venido a buscar a Aria, sino a encontrar a su madre, y cuando la conoció, no mostró ningún interés por la condesa. Los ojos del marqués estaban solo en Aria.

—Es… muy grosero —señaló Aria. En lugar de ofenderse, o disculparse, quedó conmovido. ¿Cómo no podría estar impresionado por su propia carne y sangre que conoció en un país extranjero?

—Eres hermosa y él no puede evitarlo —excusó rápidamente Vika al marqués, quien ni siquiera pudo decir una palabra de disculpa; pero él no apartó su mirada grosera.. Si ella hubiera sentido deseo carnal en sus ojos, podría haberle salpicado agua, pero él se mostraba conmocionado y sorprendido no por la lujuria, por lo que Aria comenzó a comer

El marqués parecía tener muchas preguntas que hacerle, pero no podía hablar con ella hasta que terminara de comer.

♦ ♦ ♦

—¡Señor Asterope! ¡Señor Asterope!

—¿Qué? —dijo Asher, frunciéndole el ceño a Vika, quien lo había visitado de repente.

—¡No tienes que responder eso como si estuviera siendo molesto!

—¿Por qué?

Había varias cosas que le molestaban, pero lo más importante era que estuvo tan ocupado con el trabajo que no había podido visitar a Aria durante los últimos días.

—¿Puedes ver a quién traje?

—¿A quién? —Pensando en algo, se apresuró a preguntar con cara de sorpresa—. ¿La señorita Aria vino de visita tan tarde en la noche?

—No, no es eso. ¿Lo dices, sabiendo lo ocupada que está la señorita Aria? No es tan bueno como ella, pero es a quien has esperado —dijo Vika, algo irritado.

Antes de que pudiera enfadarse por las convulsivas palabras de Vika, alguien abrió la puerta de la oficina y entró, aunque todavía no lo había permitido. Era un extraño de pelo blanco y cercano a un anciano.

—¿Quién es?

—Saludos a su alteza, mi nombre es Piast de Croa.

Los ojos de Asher se agrandaron ante la presentación del marqués.

Si era el marqués de Piast, era el hombre que había estado esperando, tanto como Aria.

—Supongo que has terminado de confirmarlo —dijo, y sus ojos brillaron porque supo la respuesta sólo con verlo.

—Su alteza… ¿cómo y qué sabe? —preguntó directamente el marqués de Piast.

—Creo que deberíamos movernos, y esa no es la historia para hablar de pie.

—De acuerdo…

Vika llamó a un sirviente rápidamente y le ordenó que trajera el té. El criado había estado esperando desde que apareció cerca de la oficina, y dos tazas estaban listas. Los tres se trasladaron al salón, que estaba preparado en la habitación contigua de la oficina.

—No fui el primero en saberlo. Fue Frey.

—¿Te refieres a esa Frey…?

¿La hija mayor de Violet?

Aunque no se veían desde que Chloe y Violet fueron deportados, le fue posible reconocer a Aria de un vistazo porque se había quedado con Chloe durante mucho tiempo.

—Sí, Frey Franz, la conoces bien.

—¿Cómo está ella?

—Parece estar bien. No sería tan malo ir a verla.

¿Cómo podría yo, que le quité a toda su familia?

Por supuesto, fue la familia real imperial quien se llevó a Violet primero, pero como resultado, Frey se había quedado sola en el imperio, por lo que no podía ir a verla con orgullo. Y ella no era su propia sangre.

—Gracias —dijo, aunque no lucía agradecido, y quiso cambiar el tema.

Asher, que se dio cuenta de esto, no perdió el tiempo, y fue al grano de inmediato.

—De todos modos, es por eso que investigué sobre Chloe. Recordé haber visto su rostro cuando era un niño. Cuanto más investigaba, más se solapaba con la señorita Aria, y no pude evitar dudarlo.

—Por eso viniste a mí, para confirmar la verdad.

—Sí. No podía pensar en nadie más, excepto en ti, que te llevaste a la madre y al hijo que habían sido deportados del imperio. Y si un hombre poderoso aparecía de repente, no había duda de que sería informado al respecto.

El razonamiento era bastante plausible, pero estaba conectado. Era una mala noticia que la condesa se hubiera casado, pero mucho mejor que en el pasado cuando ni siquiera sabía dónde estaba. Incluso pudo encontrar a Aria.

—¿Chloe no sabía sobre Aria? —le preguntó Asher al marqués, que bebía con una mano temblorosa de alegría.

—Sí, él no sabe nada de ella porque el secreto de su nacimiento fue revelado, y terminó deportado tan pronto como conoció a una mujer llamada Manzana.

—¿Manzana?

—Era el nombre de la condesa Roscent, y es un alias común para una prostituta.

Era extraño, pero en el imperio donde las flores simbolizaban a la familia aristocrática, era común usar otras cosas que no fueran flores como alias. La manzana era una fruta fácil de ver, y muchos la utilizaron, por lo que no fue fácil encontrarla.

—Fue sólo una reunión, pero todavía la echa de menos.

—¿Por qué no dejaste que la gente preguntara? No importa si fueran deportado, podría habérsela llevado.

—Cuando deportaron a Chloe, estaba loco. No pudo hablar durante un tiempo. Incluso ahora… No, envié gente a buscarla más tarde, pero no pude encontrarla.

—Así que viniste aquí tú mismo, porque Chloe está en malas condiciones.

—Sí, tienes razón.

Pero había conocido a Aria, y Asher notó que su propósito había cambiado. Cualquiera podría saberlo si vieran su expresión de alegría. Estaba puramente conmovido por la presencia de Aria y su encuentro con ella.

—Ahora es el momento de volver. Espero que tanto Chloe como Violet estén felices.

—¿Estás pensando en volver solo?

—¿Solo? ¿Qué quieres decir?

—La condesa se casó con el conde y ya no podría estar con Chloe, y la señorita Aria no seguiría al marqués porque se estableció en el imperio. Acabas de comprobar que es tu descendencia, por eso te pregunto si volverás —preguntó, preocupado.

Ese era el resultado más deseable para Asher. Si Aria siguiera al marqués y se fuera a Croa, sería más difícil verse. Su poder tenía un límite, y no podía usarse con tanta distancia. Como decía el dicho: “Fuera de la vista, fuera de la mente”.

—No. Simplemente no quiero volver. Manzana, no, la condesa… No es fácil que me acompañe porque está casada, pero creo que será diferente si es la señorita Aria. Solo he oído hablar de ella por rumores, pero le será más fácil quedarse en Croa que en el imperio donde ha sido tratada con desdén hasta ahora. También quiero apoyar todo lo que no ha disfrutado.

Quizás sería lo mejor para Aria.

La mayoría de la gente consideraría al marqués. No importa cómo se instaló en el imperio, sería mejor para ella irse al Reino de Croa.

—Bueno, me pregunto si será tan fácil como parece.

Pero incluso si todos estuvieran a favor, Asher no estaría de acuerdo. Los rumores de la relación entre ambos eran conocidos; el marqués estaba al tanto de eso, por lo que no cuestionó su respuesta negativa.

—El corazón de la señorita Aria será importante. No podrías llevártela aunque quisieras.

—Estoy al tanto. Así que debería pedirle su opinión.

—¿Su opinión?

Si él aparecía de repente y decía que vino a llevársela cuando ella comenzaba a tener éxito, ¿quién estaría feliz de aceptarlo? En el pasado, Aria, que solo había sido hija de una prostituta, habría sido muy feliz, pero ahora no sabían lo que pensaba.

Y en algún lugar de su mente, también confiaba en que Aria no lo dejaría. Estaba claro que se elegiría a sí misma en lugar del marqués que apareció de repente.

Y si no, simplemente cerraría la frontera con Croa. No estaría mal hacer una ley de que los menores no puedan salir al exterior.

Sabía que era una idea ridícula, pero no quería dejar ir a Aria.

¿No existía el poder para este uso?

—Bueno. Como dice, será mejor que le pregunte directamente —le dijo con una mirada aliviada mientras pensaba en maneras de evitar que el marqués se la llevara, sin importar lo que Aria misma respondiera.

—¿Directamente…? ¿Quieres decir ahora? —preguntó el marqués, sorprendido, porque recordaba que tuvieron un mal primer encuentro.

—Si te sientes incómodo, puedo pedírselo.

Si hacía eso, era claro que recibiría una respuesta negativa. Como no conocía bien las circunstancias, Asher le escribiría para que no pudiera irse para siempre.

—Puede ser una buena idea llevar la relación con calma y preguntar más tarde, pero es mejor para ella conocer la situación. Le agradecería que su alteza hiciera eso.

No sabes que es una trampa.

Las comisuras de la boca de Asher se elevaron ante una respuesta satisfactoria.

♦ ♦ ♦

Al día siguiente, Asher visitó la mansión del conde Roscent por la mañana sin cita previa. Estaba con el marqués, disfrazado con una peluca.

Con la apariencia de un carruaje brillante, los soldados que daban un paseo matutino se reunieron con una cara de sorpresa. Poco después, todos bajaron la cabeza ante la forma de un sello en forma de tulipán dibujado en el carro.

—¿Qué estás haciendo aquí tan temprano en la mañana? —le preguntó Aria con los ojos abiertos al verlo entrar a última hora de la mañana.

—¿Qué propósito hay además de venir a verte?

—¿Yo? Pero es demasiado pronto…

Además, ¿por qué vienes en el carruaje brillante? ¿Querías presumir de volver a verme en toda la capital? Puedes venir directamente a mi habitación.

—¿Por qué no desayunas conmigo afuera? —le preguntó Asher.

—¿Fuera?

—Sólo nosotros dos.

¿No una cena tranquila, sino un desayuno? Era una invitación extraña, pero su corazón se conmovió, así que Aria sonrió y asintió.

—Tengo que cambiarme de ropa.

—Esperaré.

Le tomaría algo de tiempo porque tenía que recortarse el cabello. Aria volvió a desaparecer en la mansión rápido y comenzó a vestirse.

—¡Señorita! ¿Qué tal este vestido?

—¡Este collar es bueno para este atuendo!

—¿Quiere rociar oro en su cabello?

—¡Dios mío, tengo que hacer brillar sus uñas!

No solo Aria estaba ocupada. Las sirvientas también estaban atareadas con la repentina visita del príncipe heredero, y la condesa, que estaba a punto de desayunar, también ayudó a su hija a vestirse en un escándalo.

—¿Le traigo mis joyas? Este nuevo diamante es muy hermoso.

Al final, Aria tuvo que agitar su mano ante la apariencia aparentemente excesiva.

—Por favor, no olvides que es de mañana. Voy a desayunar, no a una fiesta.

De lo contrario, aunque luciera hermosa sería difícil mirarla.

¿Hay alguien que se decore tanto por la mañana? A pesar de que era una noble, tenía que clasificar el tiempo y el lugar. Entonces sonrió feliz mientras le quitaban los accesorios exagerados.

—Si sales con un vestido tan hermoso, no puedo sacarte del carruaje.

—No sé qué hacer con tanto cumplido.

Al final, recogieron todos los adornos y ella no se arregló tan espléndidamente, pero no pudo evitar que su boca dibujara una sonrisa.

El carruaje que transportaba a Aria salió inmediatamente de la mansión del conde y se dirigió la ciudad. Las personas que se enfrentaron al luminoso carruaje desde la mañana no pudieron ocultar sus caras de sorpresa por un rato, pero luego de darse cuenta de que esto había sucedido varias veces, sacudieron la cabeza, comentando sobre el enamoramiento del príncipe heredero.

—Por cierto, ¿por qué viniste? ¿De verdad querías desayunar juntos?

—Por supuesto.

Aparte de hacer preguntas, era cierto que quería desayunar con ella.

—¿En serio?

—Sí. No te he visto por un tiempo y no pude dormir por la noche. Así que visité temprano esta mañana.

Esto tampoco era mentira. Cuando cerró los ojos, casi se había teletransportado a la habitación de Aria por estar imaginándola tanto. Gustándole esta respuesta, la duda desapareció del rostro de Aria y una sonrisa brillante floreció.

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