Princesa Bibliófila – Volumen 4 – Extra 1: El paso en falso del tonto

Traducido por Maru

Editado por Sakuya


Una vez que estuvimos en nuestro carruaje y a una distancia segura del baile de máscaras, la señorita Therese y Julia se quitaron las máscaras. Me miraron a la cara, sus sonrisas se ensancharon cada segundo.

—Entonces, ¿cómo estuvo, señorita Elianna? ¿Disfrutaste tu primer baile de máscaras?

Después de desatar mi máscara también, las miré por un momento y suspiré.

—Me siento un poco… exhausta.

—Oh, querida. —Therese y Julia intercambiaron una mirada.

Julia me sonrió.

—Eli, desapareciste en el jardín con ese chico apuesto. Pensamos que sería de mala educación interrumpirlos a ustedes dos, así que no nos entrometimos, pero…

—Honestamente, estaba esperando con la respiración contenida preguntándome si llegaría a tiempo. Ese hombre tiene la costumbre de aparecer en el momento más oportuno y robarse el espectáculo —gruñó la señorita Therese, interrumpiendo a mi prima.

—Bueno, no es como si hubiéramos hecho algo demasiado espectacular además de preparar el escenario —dijo Julia.

La señorita Therese se rió de eso, pero yo estaba completamente confundida en cuanto a qué se referían y solo pude inclinar la cabeza.

Sonreí con cuidado, tratando de reprimir mis sentimientos.

—Solo estoy llena de remordimiento por haberle causado tantos problemas a ese extraño.

Las dos me miraron, estupefactas.

—¿Eh?

—Eli —dijo mi prima—, seguramente debes haberte dado cuenta de que el fantasma era en realidad… no, estamos hablando de ti. Um… ¿No preguntaste su nombre?

—Era un baile de máscaras. ¿Pensé que no se te permitía preguntar los nombres de las personas?

—Bueno, sí, eso es cierto —murmuró, frunciendo el ceño por alguna razón mientras miraba a la señorita Therese.

Esta última exhaló un suspiro mientras abría su abanico plegable. Detrás de el, murmuró para sí misma:

—Ese tonto…

Ladeé la cabeza hacia ella, pero solo me sonrió.

—Está bien, señorita Elianna. Es el deber de un caballero limpiar los restos de una dama con una sonrisa en el rostro. Y si borra la participación de la Princesa de las Hadas en este asunto, estoy segura de que estará muy ansioso por llevarlo a cabo. —Una sonrisa maliciosa se extendió por los labios de la señorita Therese—. Además, esto es lo que obtiene por no decir su nombre. Y este es nuestro pequeño secreto, después de todo. Su alteza no sabe nada al respecto, por lo que no tiene derecho a regañar a nadie.

—¿Supongo que sí…? —Asentí con la cabeza, aunque todavía no estaba segura de qué estaba hablando.

A mi lado, Jean estaba pálido como una sábana mientras murmuraba:

—Chicas, seguro que sois despreocupadas frente al señor demonio. Estaría temblando en mis botas si fuera ustedes.

Por supuesto, ninguna de nosotras tenía forma de saber que otro hombre había compartido esos mismos sentimientos esa misma noche.

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