Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 78: Asistente personal, maestra y escolta (4)

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


—Enerine no está aquí…

Gracias a los grandes esfuerzos de Mellice-sama, los bandidos son eliminados y rápidamente damos una vuelta alrededor de la aldea.

Sin embargo, no la encontramos por ningún lado.

Preocupada de que sea una de las personas asesinadas por los bandidos, bajo temerosa de mi caballo y miro a mi alrededor. Sólo se encuentran aquellas personas aferradas a sus familiares muertos, llorando.

Incluso mientras intento apartar mis oídos del sonido de sus lamentos, continúo mirando por si alguna de las personas requiere tratamiento médico.

—¿Eh…? Tú, ¿ya has regresado? Aunque sólo seas tú, es genial que hayas vuelto a salvo…

Mientras lo hago, un aldeano que no conozco me habla.

—¿Eh…?

—¿Eh? Ya sabes, dijiste que irías tras los aldeanos que fueron secuestrados por los bandidos y te fuiste, ¿no? Es por eso que…

—Ahh… es verdad. Volví temporalmente para pedirle ayuda a mis compañeros.

En este momento, elijo fingir ser Enerine y digo una mentira, ya que no quiero preocupar más a este aldeano de tez pálida y con lágrimas en los ojos.

Pronto dejo ese lugar y voy a reportarle las circunstancias a Mellice-sama, para poder perseguir a Enerine.

—Entiendo la situación… ¿En qué dirección fueron los bandidos?

—¡H-Hacia ese bosque…!

—Comenzaremos inmediatamente nuestra persecución…

—¡Es demasiado peligroso! ¡No sabemos el número de bandidos…!

—Tomará mucho tiempo ir a reportar lo que pasó a la estación militar más cercana. Y… aunque no puedo decir nada hasta que confirmemos la ubicación a simple vista, si estamos dentro de un edificio entonces podremos arreglárnoslas.

—Sin embargo…

—Estás prestándole mucha atención a los detalles… Pero, lo que estás diciendo es verdad, así que quédate aquí, Anna.

—No… Si Mellice-sama insiste en ir, ¡entonces por favor llévame contigo!

—Esto es una orden.

—¡Pero…!

Por un momento, ambas nos miramos fijamente. Una fría y pesada atmósfera desciende en el lugar.

Al final, la que rompe el silencio es ella.

—Hablar aquí es una pérdida de tiempo… Anna, al menos deberías protegerte tú misma. Vámonos —me ordena y comienza a cabalgar.

Corre nuevamente delante de nosotros, haciendo que la sigamos. 

Nadie dice nada.

Sólo el sonido del crujir de la hierba seca y los relinchos de los caballos entran en nuestros oídos.

Bajo la luz de la luna, los caballos con jinetes corren por un sendero de animales.

De repente, Mellice-sama se detiene.

—Aquí… Las huellas de los caballos que vinieron desde el pueblo terminan aquí.

Mientras murmura eso, baja del caballo y mira fijamente al edificio. Dentro del bosque existe un solo edificio aislado que no está tan lejos de la aldea.

Se puede oír a alguien riendo desde el interior.

De repente siento una presencia que está investigando el edificio de forma similar… es Enerine.

—¡Enerine!

—Eh, Anna… ¿eh?

Una expresión de alivio aparece momentáneamente en su rostro al verme pero luego su boca se abre sorprendida al ver a Mellice-sama detrás de mí.

—Enerine, es bueno que estés a salvo.

—¿Por qué se encuentra aquí Mellice-sama?

—Dejaremos las explicaciones para más tarde… Cada una hará pareja con un miembro del Cuerpo de Guardias. Uno se infiltrará por la puerta trasera con Enerine, siendo su prioridad rescatar a las mujeres secuestradas. No duden en matar a cualquier enemigo que encuentren en el camino.

—S-Sí.

Probablemente tiene muchas preguntas… pero el aire intimidante de Mellice-sama sólo le permite asentir en respuesta.

—El otro vendrá con Anna y conmigo para hacer un ataque frontal.

—S-Sí.

—¿Todos recuerdan los gritos de los aldeanos…?

En el momento en que la sensación de tensión alcanza su punto máximo, ella murmura eso en voz baja.

Ante esa pregunta, todos los demás asienten con la cabeza aunque estén confundidos.

—En este momento, las personas capturadas están temblando de miedo, y están pidiendo ayuda. Incluso ahora, hay personas en la aldea rezando por su regreso y se aferran con lágrimas en los ojos a aquellos que ya no volverán… No podemos permitir que esos bandidos les quiten algo más.

El aire frío y la sed de sangre que emite Mellice-sama hace temblar a todos, incluyéndome.

—Vivan… y hagan lo que tengan que hacer.

—¡¡Sí!! —gritamos.

Después de eso, Enerine y un miembro del Cuerpo de Guardias se separan de nosotros para dirigirse hacia la puerta trasera.

—¿Puedo preguntar algo…?

—¿Qué?

Aunque me acobardo por la mirada aguda de Mellice-sama, me animo y abro la boca.

—¿Por qué reaccionas tanto a la palabra bandido?

Probablemente no es algo que deba preguntar en este momento, en este lugar.

Sin embargo, tengo que saberlo.

Desde que se encontró con los bandidos en el pueblo, la presión que liberó sólo se ha vuelto más mordaz.

En particular, cuando estaba mirando este edificio, por un momento tuvo una mirada de odio, demasiado fría y temible.

Al escuchar mi pregunta, se sorprende y hace que sus ojos se abran brevemente.

—Porque mi madre fue asesinada…

Sin embargo, al siguiente instante, esa pequeña niña suelta esas palabras.

—¿Eh…?

Esta vez, sus inesperadas palabras hacen que mis ojos se abran, sorprendida.

Una señorita protegida rebosante de felicidad.

Esa fue mi impresión de ella.

Sin embargo, si ese fuera el caso, entonces… ¿qué demonios era ese intento de asesinato tan frío y agudo, y esa temible habilidad con la espada?

Sí, de acuerdo con esa respuesta, su madre fue asesinada por bandidos… ¿cómo la he visto hasta ahora?

Esa pregunta da vueltas dentro de mí.

—Aceptaré tus preguntas después, así que deja la charla para más tarde… Vamos.

No obstante, en medio de mis pensamientos, sus palabras me obligan a volver a la realidad

Durante ese tiempo, Mellice-sama se acerca al edificio sin hacer ningún ruido. Y con una velocidad mayor a la que mis ojos pueden captar, mata a las dos personas que están de pie en la entrada.

En el momento en que ambos están a punto de desmoronarse, el miembro del Cuerpo de Guardias corre hacia la entrada y los atrapa, haciéndolos rodar en silencio.

Entonces, ella abre suavemente la puerta, aplastando a los enemigos que encuentra en el pasillo, uno tras otro. Son incapaces de responder de forma adecuada, y caen.

Mientras sucede todo eso, el guardia y yo sólo podemos observarla asombrados y en silencio.

En poco tiempo, no queda nadie en el pasillo.

En contraste con el silencio que reina en el, se pueden oír alegres risas desde más allá de la puerta al final del pasillo.

Estoy segura de que nadie ha imaginado que la escena fuera de esa habitación se ha convertido en esto.

Cuando Mellice-sama abre la puerta, antes de que el enemigo pueda siquiera cuestionar su existencia, mata al más cercano a ella.

En un instante, la habitación en la que sólo había risas hace unos momentos, se vuelve tan silenciosa como el pasillo.

Antes de que sus cerebros puedan comprender la situación, los enemigos son derribados por ella, uno tras otro.

Comienzan a darse cuenta de la realidad después de que un tercio de las personas en la habitación han caído.

¿Qué es eso…? ¿Qué demonios está sucediendo?

Es tanto el miedo que sienten que se muestra en sus rostros.

—¡S-Sólo hay uno de ellos! ¡Todos, ataquen! —grita uno de ellos aún preso del miedo mientras mueve su espada hacia Mellice-sama.

A esa señal, los enemigos en la habitación dirigen sus espadas hacia ella de forma sucesiva.

Como pensé, estará en desventaja si se enfrenta a muchos al mismo tiempo… Con las cosas llegando a este punto, el guardia y yo, que hemos estado vigilando el curso de los acontecimientos distraídamente, comenzamos a movernos por primera vez.

Sin embargo, ella traiciona esa predicción, ya que derriba a los enemigos fácilmente, una y otra vez.

—¡No! ¡Detente! ¡S-Sálvame! —grita uno de los bandidos, haciendo que ella se detenga de repente.

Tomando ese momento como una buena oportunidad, todos comienzan a atacar.

—Alguna vez le han concedido tal deseo a una persona, ¿el ser salvados?

Sin embargo, mientras pregunta eso, evita magníficamente los ataques que vienen de todas las direcciones inimaginables.

—Pedir misericordia es un movimiento tonto… Todo lo que puedes hacer es seguir rogando en el infierno.

En el siguiente instante, un intento de asesinato aún más denso se desborda de ella.

Un sudor frío comienza a gotear en todas las personas de la habitación, por la densa intención de matar que se envuelve en nosotros.

—No importa qué tipo de antecedentes tengan… ustedes lo eligieron. Hicieron esa elección. Empuñar la espada. Robar vidas con ella. Siendo ese el caso, deberían estar listos para morir por la espada… ¿no es así?

Aunque lo dice de forma fría, su voz es tan encantadora como el sonido de una campana. No obstante, una sensación de fiereza se desprende de sus palabras, abrumando el contraste de su voz.

Después de esa pregunta, una persona y luego otra, le dan la espalda y salen corriendo.

—¡Estás en el camino!

Se vuelven hacia nosotros que estamos en la entrada, y levantan sus espadas.

Interceptamos ese ataque.

Al otro lado, los que no pueden huir una vez más comienzan a atacarla todos juntos.

En lugar de decir que la están desafiando en la batalla, parece que ella, que se convirtió en la misma imagen del miedo para ellos, es algo que quieren mantener alejado de sí mismos… Y quizás porque quieren cumplir tal deseo, han tomado tales acciones.

Incluso cuando nos enfrentamos al enemigo, el miembro del Cuerpo de Guardias y yo, tenemos nuestra atención naturalmente dirigida hacia ella.

Hacia esa hermosa y afilada esgrima que vimos en el pueblo. Y, esa temible y fría intención de matar.

Eso era todo lo que habíamos sido capaces de reconocer hasta ahora.

Tal vez porque su estilo de lucha es tan impactante, esos aspectos atrapan toda nuestra atención. Por encima de todo… 

En el camino, como ella seguía corriendo delante de nosotros, el hecho de que sólo pudiéramos ver su espalda era grandioso.

Por fin me doy cuenta de ello al ver su apariencia mientras se mueve libremente por la habitación.

En contraste con su temible estilo de lucha, la expresión en su rostro… hace parecer que está a punto de llorar, al no saber qué hacer con su resentimiento y su dolor.

Es hasta el punto en que siento que puedo oírla gritar… No quiero perder nada más, no dejaré que me quiten algo.

Parece estar rezando.

Su fría y temible intención de matar es como una armadura destinada a ocultar su tristeza. 

Después de eso, en poco tiempo termina de derribar a todos los que estaban en la habitación.

Aunque debería haber sido una situación desventajosa en la que es una persona contra muchas, tal hecho no la detuvo en absoluto.

Como prueba, no muestra ningún signo de alegría ni de alivio, e inmediatamente se vuelve hacia nosotros para salir de la habitación.

—¡Anna…! ¡Cuidado! —grita ella de repente.

Cuando dirijo mi mirada a un lado, una de las personas que debería haber estado postrada en el suelo, está blandiendo su espada sobre mí.

Era el enemigo al que me enfrenté…

—¿Eh…?

Mi cabeza no puede seguir el ritmo de la situación, y por un momento me quedo aturdida.

A pesar de que sé que la más mínima brecha puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, la espada sigue bajando y se refleja terriblemente despacio ante mis ojos.

Sin embargo, esa espada nunca llegó a alcanzarme ya que Mellice-sama vino con una aterradora velocidad y usó su espada para recibir el golpe en mi lugar.

Mientras lo recibe, gradualmente corrige su postura y patea al atacante, tomando distancia de él. Luego lo derriba.

—¿Estás bien…? ¿No estás herida?

Mi cerebro finalmente comienza a funcionar de nuevo al escuchar su pregunta.

—No se puede evitar… Esta es tu primera vez en un combate real, ¿verdad? Más bien… me disculpo por hacerte exceder.

Mientras dice eso, una vez más comienza a salir de la habitación. Y con indiferencia, abre las puertas una por una, comprobando si queda alguien.

Así, continúa luchando hasta que todos los miembros del grupo de bandidos son aniquilados.

—Con esto, está hecho —murmura, abriendo la última habitación.

Dentro de ella están las mujeres secuestradas, así como Enerine y el otro miembro del Cuerpo de Guardias.

Los bandidos que han estado vigilando ya han caído al suelo.

—¡Mel…!

Para interrumpir las palabras de Enerine, Mellice-sama coloca su dedo en sus labios mientras mueve la cabeza.

Enerine siente sus intenciones y asiente, cerrando la boca.

Al principio, las mujeres capturadas reaccionaron de forma dudosa cuando entramos a la habitación, pero después de que Mellice-sama explica que la amenaza de los bandidos ha desaparecido y que podrán volver a la aldea, lloran de alegría.

Llevando a las mujeres con nosotros, dejamos la fortaleza de los bandidos.

| Índice |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *